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Un alma y un animal
Nahuales, magia entre las montañas
Es una de las creencias más arraigadas entre los nahuas veracruzanos y, muy particularmente, en la Sierra de Zongolica
La UVI llevó la obra de teatro de Inocencio y el venado, en náhuatl y español
María Leticia Cruz
Los indígenas nahuas creen que nacen con un nahual que es un guía espiritual en forma de animal, una alma gemela que estará presente en todo momento para auxilio del propio ser. La creencia en nahuales y magia continúa arraigada en las altas montañas de Veracruz.
El culto a la naturaleza, los animales y su relación con lo divino forma parte de las prácticas diarias de los indígenas nahuas, refirió Claudia Patricia Eguiarte Espejo, titular de la Orientación en Lenguas de la Licenciatura en Gestión Intercultural para el Desarrollo de la Universidad Veracruzana Intercultural (UVI).
En las altas montañas del estado de Veracruz habitan los indígenas nahuas. La orografía de la región ha encunado las tradiciones y creencias, la magia. Una de las creencias más arraigadas entre los nahuas veracruzanos, y muy particularmente en la Sierra de Zongolica, es la de los nahuales.
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De acuerdo con algunas tradiciones, se dice que cada persona, al momento de nacer, tiene el espíritu de un animal que se encarga de protegerlo y guiarlo. Estos espíritus, llamados nahuales, usualmente se manifiestan sólo como una imagen que aconseja en sueños o con cierta afinidad al animal que nos tomó como protegidos. Una mujer cuyo nahual fuera un cenzontle tendrá una voz privilegiada para el canto.
"Los nahuales nos permiten revisar nuestro mundo espiritual y nuestras prácticas cotidianas, en este caso específicamente en torno a la atención y el cuidado a la naturaleza, para que el ser humano no se vea como algo distinto a la naturaleza", explicó Claudia Patricia Eguiarte al ahondar respecto a la importancia de preservar y difundir las tradiciones que forman parte de un arraigo y expresión en la vida cotidiana, y que son parte de la diversidad cultural del estado de Veracruz.
Los nativos prehispánicos, a quienes llamamos indígenas, creían que si un hombre puede llegar a conocer su espíritu primitivo o nahual, entonces lo podía usar para curar a la gente y practicar la magia. Muchos dibujos primitivos en viejas cuevas muestran a personas como hombres-lobo, esa creencia y esa fe se han guardado y proliferado entre los nahuas.
La palabra azteca para nahual es nahualli, que significa lo que es mi vestidura o piel, y se refiere a la habilidad del nahual de transformarse en una criatura mitad hombre mitad animal (lobo, jaguar, lince, toro, águila, coyote, etcétera).
Para los pueblos prehispánicos, el nahualli era uno de los hechiceros llamados tlatlacatecolo, literalmente "hombres búhos", lo cual indica que sólo aparecía de noche.
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En el Imperio Azteca los nahuales eran protegidos por Tezcatlipoca, el dios azteca de la guerra y el sacrificio. La leyenda contaba que un nahual podía desprenderse de la piel del hombre y transformarse en una criatura. Muchos cazadores aztecas y colonizadores decían que durante la noche habían matado a un animal y al amanecer el cadáver se había transformado en el de un hombre.
Se cree también que los brujos y chamanes del centro de Mesoamérica pueden crear un vínculo muy cercano con sus nahuales, lo que les da una serie de ventajas que ellos saben aprovechar. La visión del gavilán, el olfato del lobo o el oído del ocelote pasan a ser herramientas de estos videntes, e incluso se afirma que algunos –más preparados– pueden hasta adquirir la forma de sus nahuales.
Existen varias versiones de cómo se logra esta metamorfosis: que el brujo simplemente desaparece y se encarna en el animal, a voluntad; otra más afirma que el cuerpo dormido del brujo permanece en su casa, mientras su espíritu vaga en la figura de animal. Pero sea posible que los brujos puedan hacer una unidad corporal con su nahual o no, la creencia prehispánica supone que todo ser humano tiene la extensión de su alma en un animal que siempre será su guía, lo que algunas otras civilizaciones han llamado tótem.
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Teatro y nahuales
Don Inocencio es un talador de árboles que habita en las grandes montañas. Un día se le aparece Tlalocanana, la Madre Tierra, y le dice que la está dañando cada vez que tala árboles. El hombre, incrédulo, se sorprende pero no hace caso, y aunque lo cuenta con los habitantes, desdeña lo que le ha dicho Tlalocanana.
Inocencio regresa al bosque y se encuentra un venado, en su intento por cazarlo le dispara, pero al tiempo de hacerlo, el hombre siente un gran dolor en la pierna. El hombre no sabe que ese venado es su nahual. Inocencio va al médico pero no siente alivio del dolor, entonces su familia lo convence de ir con una curandera, quien le explica que ha dañado a su nahual.
El hombre, escéptico, reniega de la medicina tradicional, pero una noche entre sueños se le presenta Tlalocanana. Inocencio, conmovido vuelve al bosque para auxiliar al venado, su nahual.
La UVI llevó la obra de teatro de Inocencio y el venado. El mundo de los nahuales, a las comunidades de la Sierra de Zongolica. La obra se realizó en náhuatl y español, pues ambas lenguas son habladas en las altas montañas de Veracruz, y aunque muchos nahuas no leen ni escriben, la tradición se ha inculcado de manera oral de generación en generación.
"Para nosotros hacer teatro en náhuatl y en español es fundamental porque la riqueza y variedad lingüística permite tener acercamientos con otro tipo de cosmovisiones que son parte de nuestro propio estado y país. En la Sierra de Zongolica ni todos hablan español ni todos hablan náhuatl, y llevarles una obra de teatro en ambas lenguas permite que más personas tengan acceso a conocer e identificarse con la representación de sus propias creencias aunque no entiendan conceptualmente lo que se dice ahí", refirió Eguiarte Espejo.
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Magia y fe diarias
La creencia en nahuales está fundamentada en las prácticas culturales de la cultura nahua, y es imprescindible mantener vivas las creencias y fomentar su conocimiento como parte de la diversidad cultural del estado de Veracruz.
Al respecto, el académico e investigador de la Universidad Veracruzana, Pedro Jiménez Lara, ha insistido en el valor de preservar las creencias y saberes indígenas, muchos de ellos cultivados mediante la tradición oral. Ello implica además que la sabiduría indígena sea retomada y no discriminada, pues el México mestizo tiende, desde la Colonia, a desdeñar todo lo relacionado a lo nativo, convirtiéndose incluso en un país racista.
Se estima que en el estado de Veracruz habitan 294 mil 711 indígenas nahuas.
Por su parte, estudiantes de Antropología de la máxima casa de estudios del estado expresan que de acuerdo a la realización de proyectos de investigación, es evidente que la cosmovisión de los pueblos indígenas prehispánicos permanece en el México actual, siendo parte de la vida cotidiana.
Muy particularmente en la región montañosa de Veracruz, la magia y tradiciones nahuas tienen un arraigo especial. En la zona de Tihuatlán, incluso un cerro recibe el nombre de Nahual, en donde leyendas de la población del lugar suponen que ese sitio es especial para los chamanes y sus encuentros con los animales de su alma.
Las creencias mágico-religiosas están en los quehaceres diarios, afirman los expertos. La fe en la magia, en lo divino, en la atribución de dones especiales a plantas, animales y elementos está presentes en la rutina de los mexicanos y forma parte de la cosmovisión e idiosincrasia.
En el caso de los nahuales, subraya Eguiarte Espejo, se logra un acercamiento con la naturaleza (Tlalocanana), con la madre tierra, y el respeto para una mejor convivencia en la vida diaria.
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