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Año 10 • No. 407 • Julio 19 de 2010 Xalapa • Veracruz • México Publicación Semanal
 
 

Escuchar a Mozart no hace
niños más inteligentes: Delannoy

“El efecto Mozart considera a los niños como un experimento: aplicarles 10 compases de música tres veces al día es como tomar una pastilla y es absurdo”

El Proyecto Neuroartes implica el estudio del cerebro humano y sus funciones, además de un acercamiento al entendimiento de la mente y de la conciencia humana

Marcelo Sánchez Cruz

El reconocido músico de jazz, escritor y filósofo Luc Delannoy lanzó en 2003 el Proyecto Neuroartes, un programa preventivo y terapéutico para niños con trastornos mentales que se basa en una filosofía transdisciplinaria integral sobre la que ha escrito más de 200 de artículos para varios periódicos y revistas europeos.

Originario de Bruselas, Bélgica, y actualmente radicado en Brooklyn, Nueva York, ha publicado varios libros de filosofía en Bélgica, Francia, Canadá, Estados Unidos y México.

Delannoy es invitado frecuente del programa de enseñanza Jazzuv de la Universidad Veracruzana (UV), donde ha ofrecido seminarios sobre el desarrollo de las neuroartes. En entrevista, Delannoy explica los fundamentos de esta teoría y los alcances que puede tener en el desarrollo personal y social del hombre.

¿Cómo se puede entender el término neuroartes?
Es un concepto complejo pues, partiendo del ser humano como persona, busca un enfoque transdisciplinario para ilustrar las relaciones entre los criterios fisiológicos del desarrollo del cerebro y el sistema nervioso (central, periférico, voluntario y autónomo) vinculándolos con el mundo que nos rodea y nuestra interacción con él, incluyendo las expresiones artísticas.

Entonces, el término neuroartes implica el estudio del cerebro humano, su evolución, su estructura y sus funciones, proponiendo además un acercamiento al entendimiento de la mente y de la conciencia humana mediante la formulación de nuevas propuestas sobre percepción, imaginación, conocimiento y su propósito, sabiduría y bienestar individual y colectivo.

¿Por ello se habla de un enfoque transdisciplinario, para ver este desarrollo desde una perspectiva enriquecida por aspectos fisiológicos, sociales y culturales?
Las neuroartes se fundan en un fuerte componente filosófico basado en el precepto de que no existe tal cosa como una verdad absoluta, que cada quien elabora hipótesis del mundo y de las cosas del mundo a través de su propia percepción de procesos cognitivos, estas hipótesis se nos presentan por medio del lenguaje.

Entonces, es a través del lenguaje que vamos a encontrar un campo intersubjetivo para abrir espacios de diálogo, en los cuales nos vamos a actualizar de acuerdo con nuestra propia percepción, estableciendo terrenos comunes.

Y como el arte tiene también esta posibilidad de abrir espacios de diálogo movibles y dinámicos, la música, la poesía, las artes visuales, todas las expresiones artísticas sirven como un foro en el cual se intercambian ideas y emociones para que cada quien las interprete y después dialogue sobre ellas. El arte y la música podrían considerarse ejemplo de espacio de convivencia en un ámbito social.

Teniendo estos criterios en mente, uno de los propósitos de neuroartes es apoyar en el diseño de estructuras que involucren a todos los sectores de la sociedad en el espacio de diálogo, principalmente en las áreas de salud mental y física, o de política educativa, por poner algunos ejemplos.

¿La propuesta implica la comprensión de la evolución cerebral de forma individual y, también, toda una vinculación con su ámbito social y cultural?
Es evidente la retroalimentación de los procesos cerebrales con las conductas sociales, es parte del proceso natural de desarrollo; el asunto es que, neurológicamente, el cerebro actúa a nivel de todo el cuerpo y no sabemos en qué grado es una encarnación exacta de nuestra realidad o cómo ésta se establece en el cerebro y cómo lo afecta.

Estas influencias van mucho más allá de los procesos individuales, pues con ellas establecemos relaciones de alteridad; cuando escuchamos música, el impacto fisiológico y neurofisiológico es evidente en nuestro cuerpo, pero esa música está creada por otros.

Así, el otro tiene una presencia en nuestro propio cuerpo, no es que se renuncie a una identidad biológica propia, sino que el otro, a través de la música, la impacta. De esta forma, la música nos permite abrirnos al otro, al compositor, a los intérpretes, a toda la gente que forma parte del proceso creativo de la música o de la pintura; es lo mismo.

Y con esto vinculamos los procesos neuronales de los otros con los nuestros, haciéndolos parte del desarrollo personal.

¿Las neuroartes han desarrollado una técnica o un método científico para mejorar el desarrollo cerebral mediante estímulos artísticos, como la música, propiciando un beneficio a nivel de desempeño social?
Voy a responder la pregunta en tres partes que espero ayuden a comprender un poco mejor de qué hablamos con esto de la ciencia y el arte involucrados en el desarrollo cerebral.

Primero, el método científico es fundamental pero no debe ser el único criterio pues nos lleva a objetivar al sujeto, o sea, a la persona, y esto nos aleja del propósito de Neuroartes, que es reconocer lo objetivo mientras se abren espacios intersubjetivos, sin caer en extremos como el relativismo absoluto.

No se rechaza la ciencia empírica pues es fundamental a nivel experimental, pero no a nivel conceptual; de lo que se trata es buscar un enfoque de transdisciplinariedad con un equilibrio entre ambos niveles.

Segundo, con base en estas observaciones experimentales, hay que determinar cómo evoluciona y se organiza el cerebro y cómo mediante las artes se podría favorecer la constitución de redes neuronales de forma más armoniosa, propiciando un comportamiento que integre a la persona de una manera adecuada a la sociedad.

Un problema para esto es que no sentimos los procesos neuronales; por ejemplo, se siente la acción mecánica de la mano al escribir, pero cuando pensamos no identificamos esos procesos, y tenemos la ilusión de que los pensamientos, la mente, la conciencia están separados físicamente de nuestro cuerpo.

Ahora, el estudio de casos patológicos confirma que existen enfermedades de la conciencia relacionadas con el desarrollo cerebral; por ejemplo, alguien con un aneurisma, o con una lesión en la parte orbito-frontal del cerebro los puede manifestar como problemas de conciencia, entonces sí pueden existir relaciones, correlatos biológicos de los cuales no somos conscientes porque no los sentimos.

Llegamos al tercer punto: existen muchos estudios que determinan que los músicos profesionales han desarrollado habilidades cerebrales que otros no tienen; no implica que sean más inteligentes, simplemente hay un aprovechamiento cerebral diferente, pues la práctica instrumental permite desarrollar redes neuronales más amplias, más conectadas, y tenemos entonces individuos con tendencia a integrarse más con la sociedad, pero eso requiere de todo un criterio de educación y formación, más allá de una técnica o fórmula determinada.

La dificultad es saber cómo la música puede influir la evolución del cerebro y determinar cuáles son los correlatos neuronales de los procesos musicales, para ver si existe una evolución cerebral gracias a la práctica musical que mejore la conducta personal y social, no sólo los procesos de aprendizaje.

¿Se puede definir un proceso práctico y una metodología de implementación de estos criterios a nivel general?
El riesgo es creer que se pueda establecer un método científico estricto, que defina que escuchando equis compases o practicando tantos minutos al día se mejoran las redes neuronales; esto sería una visión simplista con una fórmula de pesos y centavos que no es adecuada para cada individuo.

Un ejemplo muy difundido es el famoso efecto Mozart, que supone un beneficio en el desarrollo de habilidades motrices en bebés si escuchan un número de compases de una obra determinada del compositor; sin embargo, no se ha producido ninguna investigación que pruebe de manera fehaciente esta correlación.

Estas creencias toman fuerza por el enfoque de mercadeo –volvemos a la objetivación del sujeto–; se considera al niño como un experimento al que se le aplican 10 compases de Mozart tres veces al día; es como tomar una pastilla, hay un abuso de este asunto, una desinformación y una manipulación por parte de las editoriales que quieren ganar dinero.

De manera parcial, puede parecer que modificar ciertas conductas tiene impacto directo en el desarrollo cerebral de los bebés, pero el cerebro evoluciona a diario, influido no sólo por lo que escucha, sino por todos los aspectos que impactan a alguien como individuo.

Mejorar habilidades sensomotrices, poder hacer más cosas más rápido y mejor es el resultado de una práctica larga y constante, no es porque vas a escuchar 10 veces 10 compases de música durante 10 días.

Y esto nos coloca en el otro extremo de la estimulación al desarrollo cerebral; los padres que se acercan a estas prácticas por las promesas de resultados efectivos e inmediatos pueden sentir frustración si no funciona de la manera adecuada. Y, entonces, la música no sirve; ven en eso tantas esperanzas para resolver sus problemas que, al no ser así, descalifican cualquier avance.

La música no resuelve problemas, no es una salvación, pero eso es lo que la gente piensa al considerar el efecto Mozart, y esto es un riesgo muy grande para la música y para el arte en general, pues estas percepciones equívocas lo van marginando porque no tiene los efectos que uno quiere, aunque no haya fundamentos para esperarlos.

Finalmente, ¿cómo se lleva a la práctica el concepto de neuroartes?
El Programa de Neuroartes tiene dos vertientes: una propuesta terapéutica y una preventiva. Terapéuticamente buscamos trabajar con niños, adolescentes, adultos, que tienen las llamadas enfermedades mentales o trastornos neurológicos, como puede ser diferentes grados de parálisis cerebral, y lograr una estimulación adecuada por medio de talleres diseñados de acuerdo con las necesidades de la población afectada.

La parte preventiva es donde queremos hacer énfasis, difundir a través de charlas, conferencias y cursos la importancia de una teoría de la percepción para poder desarrollar competencias transversales; por ejemplo, en lugar de hacer modificaciones en disciplinas específicas, hay que tomar conciencia de nuestro cerebro, de los procesos cerebrales, de nuestra neurofisiología, de la importancia de tratar de desarrollar una ecología que permite realmente una evolución cerebral neurofisiológica y humana completa. La parte preventiva es más de difusión, de divulgación, y ahí es donde aún nos queda mucho trabajo por hacer.