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siervo
y su amo. / Y si bien el espíritu envía átomos
para que / olfateen, toquen, sientan, estamos en verdad /
en el ámbito donde somos iguales a los dioses”. Este
es Tomaz Salamun (Zagreb, 1941) con su poesía que hace del
lenguaje un rito y un ritmo de vocablos y sentires.
En muy poco tiempo, sus conceptos e imágenes, fraguados originalmente
en los ritmos y las melodías del esloveno, han conseguido
resonar en multitud de lenguas como el serbo-croata, el polaco,
el alemán, el italiano y ahora, el castellano.
Singularmente dotado para el piano desde la infancia, el autor suele
despertar a media noche al imperioso llamado de la palabra que lo
fuerza a escribir en sonidos, ritmos y frases insistentes: “La
poesía, al igual que la belleza y / la técnica, es
el ámbito de la perfecta realización / de todas las
fuerzas en el vacío. El amor perfecto no / necesita del orgasmo,
ellas tres sí, / usan todo, incluso el orgasmo”.
La pluma de Salamun no reconoce límites. La poesía,
dice, entraña algo demoníaco: la palabra que se precipita
en lo ignoto, en el abismo. “Todo verdadero poeta es un monstruo.
/ Destruye la voz y a los hombres. / El canto construye una técnica
que destruye/la tierra para que no nos coman los gusanos, / El borrachín
vende su abrigo. / El bandido vende a su madre. / Sólo el
poeta vende su alma para separarla del cuerpo amado”. Si no
se ha vuelto loco –reflexiona–, si el lenguaje no ha
conseguido aplastarlo, ello se ha debido tal vez a la virtud humanizadora
de sus seres queridos.
El sorprendente Salamun creció en Koper, un pueblo localizado
al sur de Trieste, en la costa del Mar Adriático. En 1960
comenzó sus estudios de Historia e Historia del Arte en la
Universidad de Liubliana. En 1964, como editor de una revista literaria
publicada durante los últimos momentos del estalinismo yugoslavo,
fue encarcelado durante cinco días para salir convertido
en héroe de la cultura. En 1966 apareció su primer
libro: Póker. Desde entonces ha publicado otros
24 poemarios. Ha traducido a William Carlos Williamas, Apollinaire,
Balzac, y Simone de Beauvior. Pertenece a la generación de
poetas de Europa del Este, entre quienes se cuentan Joseph Brodsy
y Adam Zagajewski.
Con la antología reunida en Las montañas, que
están toda la vida, la Editorial de la UV se enorgullece
en dar a conocer en nuestro país a Tomaz Salamun.
Se puede adquirir en el Servicio Bibliográfico Universitario,
Hidalgo 9 y Xalapeños Ilustres 37, o en la Dirección
General Editorial, en Juan de la Barrera 209.
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