Consumo de sustancias psicoactivas
en una muestra de jóvenes universitarios

Consumption of psychoactive substances in a sample
of undergraduate students 

María José López López1, Carmen Santín Vilariño1,
Esperanza Torrico Linares1 y José Manuel Rodríguez González
2
 


RESUMEN

Los objetivos de este trabajo fueron, en primer lugar, conocer los hábitos de consumo (sustancias más consumidas y frecuencia de consumo) en una muestra formada por 90 estudiantes de Psicopedagogía y, en segundo lugar, determinar las dimensiones de personalidad asociadas a las conductas de consumo. Los resultados indican una elevada incidencia en el consumo de alcohol y cannabis, mientras que el consumo del resto de drogas (cocaína, éxtasis, alucinógenos, tranquilizantes e hipnóticos) es prácticamente inapreciable. Asimismo, con respecto a las variables de personalidad asociadas a las conductas de consumo, tanto los consumidores de cannabis como los de alcohol se caracterizan por poseer una actitud muy favorable hacia todo lo novedoso, destacándose además por un mayor nivel de extraversión que los no consumidores. Se discuten las implicaciones de los hallazgos obtenidos para el desarrollo de programas de prevención.

Palabras clave: Consumo de drogas; Jóvenes universitarios; Dimensiones básicas de personalidad.

 


ABSTRACT

The goals of the present paper were, in the first place, to know the consumption habits (the most consumed substances and consumption frequency) in a sample of 90 Psychopedagogy students, and, in second place, to determine the dimensions of personality associated with the consumption behaviors. The results indicate a high incidence in the consumption of alcohol and cannabis, while the consumption of the remaining drugs (cocaine, ecstasy, hallucinogens, tranquilizers, and hypnotics) was practically negligible. Also, with regard to the variables of personality associated with the consumption behaviors, both cannabis and alcohol consumers are characterized by having  very favourable attitudes toward any new things and tendencies, and a higher level of extraversion than non-consumers. The implications of the findings shown above are discussed for the development of preventive programs.

Key words: Drug consumption; Undergraduate students; Basic dimensions of personality.


INTRODUCCIÓN 

No cabe duda que el consumo de alcohol y otras sustancias psicoactivas (cannabis, anfetaminas, cocaína...) es uno de los comportamientos más problemáticos de los jóvenes en la actualidad; no en vano la adolescencia constituye la etapa de mayor riesgo en el inicio de conductas de consumo. Este hecho quizás se encuentre favorecido por determinadas características distintivas de este período evolutivo, tales como la búsqueda de autonomía e identidad personal, la necesidad de experimentar sensaciones nuevas y la importancia otorgada al grupo de iguales (Luengo, Otero, Romero y Gómez, 1996).

De los distintos modelos teóricos explicativos del consumo de sustancias psicoactivas, destaca el desarrollado por Kandel (1975); dicho modelo plantea que la introducción del adolescente en el mundo de las drogas se produce secuencialmente. En España, Luengo, Otero, Mirón y Romero (1995) confirman dicha hipótesis al poner de manifiesto la existencia de tres etapas en el consumo: en primer lugar, el adolescente se introduce en el consumo de tabaco y alcohol; en segundo lugar, en el de cannabis y, por último, en el consumo del resto de drogas ilegales; no obstante, este planteamiento no implica que todos los sujetos que inicien el consumo de alguna de las sustancias de una determinada etapa deban pasar necesariamente a consumir las de la siguiente, sino que la mayoría de los jóvenes que se encuentren en una etapa superior han consumido previamente las propias de la etapa o etapas precedentes.

La mayor parte de los jóvenes consumidores de sustancias psicoactivas se caracterizan por presentar un perfil de policonsumo, es decir, por consumir distintas drogas (Farrell, 1993; Martin, Arria y Mezzich, 1993). En España, las sustancias más consumidas por los jóvenes, tanto de enseñanza secundaria como de bachillerato son, en orden, alcohol, tabaco y cannabis, principalmente (Cerezo, Ruiz, Jiménez y cols., 1996; Sáiz, González, Jiménez y cols., 1999; Sánchez, 2000). Muy distanciado en cuanto a incidencia se sitúa el resto (cocaína, heroína, inhalantes, anfetaminas, alucinógenos, tranquilizantes y demás), con consumos muy poco significativos. No obstante, en la actualidad no cabe duda que el consumo de este tipo de sustancias constituye un auténtico problema de salud pública con consecuencias evidentes incluso a corto plazo, como ocurre con los accidentes de vehículos de motor, una de las principales causas de muerte prematura entre jóvenes y adolescentes (Álvarez y Del Río, 2000; Montoro, 1997).

En el medio sociocultural español, el alcohol es una droga muy extendida, bastante arraigada en las costumbres y de amplia aceptación y valoración social, circunstancias éstas que han ido favoreciendo tanto el desarrollo de conductas de consumo excesivas como la existencia de bebedores cada vez más jóvenes. Diversos estudios (Ballester, Gil y Guirado, 2000; Del Barrio y Alonso, 1994; Elzo, Elorza y Laespada, 1994; Pons, 1998) señalan que el consumo diario de alcohol entre adolescentes ha disminuido en los últimos años, a la vez que ha aumentado espectacularmente el de los fines de semana (que oscila entre el 50 y 75%, dependiendo de la muestra), correspondiendo éste último a lo que Sánchez (2000) denomina “conducta de consumo de tipo compulsivo”. Al mismo tiempo, resulta alarmante el descenso detectado en la edad en dicha conducta (Espada, Méndez e Hidalgo, 2000; Gil y Ballester, 2002).

El consumo de tabaco también representa otro de los problemas graves de salud en el medio, y es responsable de múltiples patologías crónicas (cardíacas y pulmonares, sobre todo) y muertes prematuras. Se trata de otro hábito universalmente extendido, de gran arraigo social que ha ido incrementando su prevalencia en los países menos desarrollados, al mismo tiempo que va disminuyendo en los más desarrollados (Pierce, 1991). Igual a lo que sucede en el caso del alcohol, la adolescencia es un período crítico para iniciar su consumo; la mayoría de adolescentes que comienzan a fumar con regularidad se vuelven dependientes, resultando muy difícil la modificación de este comportamiento una vez establecido.

En relación con estas drogas legales o institucionalizadas, en el contexto familiar se observa cierta permisividad hacia su consumo, en especial con respecto al alcohol. En general, dicho medio es mucho más tolerante hacia el consumo de alcohol que al de tabaco, lo que facilita un acceso mucho más fácil a las bebidas alcohólicas (Del Barrio y Alonso, 1994). Esto es de vital importancia si se tiene en cuenta que, como ya se ha mencionado, el inicio del consumo de ese tipo de sustancias en la adolescencia es uno de los factores de riesgo más importantes a tenerse en cuenta en la posible posterior progresión o escalada de dicha conducta hacia el consumo de otras (anfetaminas, heroína, cocaína y otras) con un potencial adictivo mucho mayor y cuyo abuso conlleva la desestructuración psicosocial del individuo (Mendoza, Sagrera y Batista, 1994).

Es posible afirmar que el consumo de sustancias psicoactivas es un fenómeno bastante complejo que no puede explicarse sobre la base de causas únicas. Por el contrario, se considera un fruto de la interacción conjunta de diferentes tipos de factores: variables o dimensiones de personalidad y variables sociales o contextuales (familiares, escolares y grupales). En cuanto a las primeras ―ya que son el objeto de este trabajo―, el interés por las relaciones entre factores de la estructura básica de la personalidad y el uso de sustancias se remonta a los años sesenta, con los primeros estudios de Eysenck, Tarant, Woolf y England (1960) y Eysenck (1965) sobre el hábito de fumar. En la actualidad, aunque se acepta la inexistencia de una personalidad prototípica del consumidor de sustancias legales o ilegales, es indudable que la personalidad puede jugar un papel relevante en el incio, desarrollo y mantenimiento de la adicción.

Al momento de estudiar las relaciones entre las variables de personalidad y el consumo de sustancias, sin duda el alcohol ha acaparado el mayor número de investigaciones, vinculándose, por ejemplo, con puntuaciones elevadas en extraversión y psicoticismo (Chinnian, Taylor, AlSubaie y Sugumar, 1994; Cook, Young, Taylor y Bedford, 1998; González, Ibáñez y Peñate, 1997; Grau y Ortet, 1999; Guy, Smith y Bentler, 1994; Martsh y Miller, 1997; Sáiz y cols., 1999). Con respecto al neuroticismo, los resultados no son concluyentes, ya que mientras que en algunos casos puntuaciones elevadas en este factor aparecen asociadas a la conducta de consumo (Loukas, Krull, Chassin y Carle, 2000; Martin y Sher, 1994), en otros sólo se relacionan con la ingesta de alcohol en el caso concreto de los alcohólicos (Chinnian y cols., 1994; King, Errico y Parsons, 1995). En este mismo sentido, en algunos estudios que han investigado la vinculación entre ansiedad y consumo de alcohol también se encuentra que generalmente no aparece relación entre ambas variables en sujetos no alcohólicos (González y cols., 1997; Grau y Ortet, 1999), en tanto que la correlación es positiva cuando la muestra está formada por sujetos alcohólicos; las elevadas puntuaciones en ansiedad y neuroticismo pueden por tanto ser más bien consecuencia del elevado consumo de este tóxico.

Por otra parte, las puntuaciones altas en impulsividad (Cook y cols., 1998; Wills, Vaccaro y McNamara, 1994) y bajas en el factor de responsabilidad aparecen también asociadas a la ingesta de alcohol (Brooner, Herbst, Schmidt, Bigelow y Costa, 1993), así como a la búsqueda de sensaciones, una de las variables de personalidad más claramente vinculadas a su consumo (Andrew y Cronim, 1997; Del Barrio y Alonso, 1994; Cárdenas y Moreno, 1989; González y cols., 1997; Grau y Ortet, 1999; Luengo y cols., 1995, Luengo y cols., 1996; Ortet y Pérez, 1989; Sáiz y cols., 1999).

Menos numerosos son los trabajos en los que se estudia la posible vinculación entre variables personales y consumo de otras sustancias psicoactivas, debido quizá a la dificultad de encontrar consumidores “puros”. En la mayoría de los casos aparece el consumo conjunto de varias sustancias, por lo que es posible que las características diferenciales de personalidad no sean específicas del consumo de una sustancia determinada sino que se encuentren asociadas al policonsumo. Con estas reservas, pueden citarse algunos estudios recientes realizados en el entorno hispano más próximo de adolescentes consumidores de cannabis, donde aparecen elevadas puntuaciones en neuroticismo y psicoticismo (González, Sáiz, Quirós y López, 2000) y en búsqueda de sensaciones (González y cols., 1997; Luengo y cols., 1996). Con respecto al consumo de heroína, las características predominantes se relacionan con el neuroticismo (Berrocal, Ortiz, Fierro y Jiménez, 2001; Fernández, Llorente, Gutiérrez y Niso, 1996), la introversión y el aislamiento social (Fernández y cols., 1996), el tesón y la apertura mental (Berrocal y cols., 2001), mientras que el consumo de cocaína lo hace con elevadas puntuaciones en psicoticismo (Sáiz, González, Paredes, Martínez y Delgado, 2001) y búsqueda de sensaciones (Luengo y cols., 1996; Sáiz y cols., 2001).

Siendo el consumo de sustancias psicoactivas por parte de jóvenes y adolescentes uno de los problemas más graves de salud pública que en la actualidad tiene el país, no ha sido sin embargo estudiada la verdadera dimensión de dicho problema entre los estudiantes universitarios. De ahí que, como primer objetivo de este trabajo, se planteó evaluar las conductas de consumo (sustancias más consumidas y frecuencia de consumo) en una muestra formada por tales estudiantes. En relación con las características de personalidad, sólo un factor ―la búsqueda de sensaciones― aparece sistemáticamente relacionado a las conductas de consumo en los jóvenes, mientras que en relación con las dimensiones básicas que configuran la estructura de personalidad los resultados no son concluyentes. De ahí que el segundo objetivo haya sido el de determinar aquellas características de personalidad concurrentes con las principales conductas de consumo detectadas.

 

MÉTODO

Sujetos

Participaron en el estudio 90 jóvenes que realizaban sus estudios conducentes a la obtención del título de licenciatura en Psicopedagogía impartida por la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Huelva. Del total de alumnos participantes, 52 (57.7%) estaban matriculados en el primer curso y 38 (42.2%) en el segundo (de hecho, al tratarse de una titulación de segundo ciclo, son estos los únicos cursos que la integran). En cuanto a la distribución del género, 43 fueron hombres (47.7%) y 47 mujeres (52.2%). La edad de los integrantes de la muestra osciló entre los 20 y 25 años, con una media de 22.30 años y una desviación típica de 1.61.

Instrumentos

Los instrumentos utilizados para llevar a cabo este trabajo fueron sido los siguientes:

a) Un cuestionario elaborado por los autores del presente estudio, cuyo objetivo genérico era el de recabar información acerca de los conocimientos y conductas de los jóvenes relacionadas con determinados ámbitos de la salud, concretamente el consumo de sustancias psicoactivas y el comportamiento sexual. La información que aquí se ofrece procede, por tanto, de los ítems que se refieren únicamente al consumo de sustancias. Esta primera parte del cuestionario, basada en instrumentos similares utilizados en España, como son el de Elzo (1996), Navarro (1999) o el empleado por el Plan Nacional sobre Drogas (Ministerio del Interior, 1999), consta de 76 ítems con diferentes opciones de respuesta en función del contenido de los mismos. Además de recoger las principales características sociodemográficas de los alumnos (edad, género, número de hermanos y lugar que ocupa entre ellos, nivel cultural, profesión y situación laboral del padre y la madre y nivel económico familiar), ofrece también información de las siguientes áreas o bloques temáticos:

Conductas de consumo: Se encuadran aquí 48 ítems relacionados con el consumo de diversas sustancias psicoactivas (alcohol, cannabis, heroína y otros opiáceos, cocaína, anfetaminas, hipnóticos, tranquilizantes, alucinógenos e inhalantes); concretamente, con respecto a cada sustancia, los reactivos hacen referencia a haberla probado o no en alguna ocasión, edad del primer consumo, consumo actual (últimos treinta días) y frecuencia de dicho consumo (menos de una vez por semana, una vez por semana, de dos a seis veces por semana y diariamente).

Nivel de información: Esta escala consta de 14 ítems de verdadero/falso que hacen referencia a los conocimientos que poseen los jóvenes acerca de las drogas y sus efectos (por ejemplo: “El hachís es una droga que distorsiona el funcionamiento del sistema nervioso”, “Todos tenemos el mismo nivel de tolerancia al alcohol”, “El síndrome de abstinencia es igual en todas las drogas”...).

b) Cuestionario “Big Five” (BFQ), publicado originariamente por Caprara, Barbaranelli, Borgogni y Perugini (1993), con el objetivo de aportar algunas mejoras en la comprensión y evaluación de los cinco grandes factores. En concreto, los autores pretendían ser más parsimoniosos (tanto en la identificación de las subdimensiones o facetas que componen cada factor como en el número de elementos componentes), así como incorporar en la evaluación de los cinco factores una medida de la tendencia de los sujetos a dar una imagen falseada o distorsionada de sí mismos. En este estudio, se utiliza la adaptación de Bermúdez a la población española (Caprara, Barbaranelli y Borgogni, 1995). Dicho cuestionario consta de 132 elementos tipo Likert agrupados en diez subdimensiones bipolares (que se resumen posteriormente en cinco), más una escala de distorsión (D). Las diez subdimensiones del BFQ son las siguientes: dinamismo (Di), dominancia (Do), cooperación/empatía (Cp), cordialidad/amabilidad (Co), escrupulosidad (Es), perseverancia (Pe), control de emociones (Ce), control de impulsos (Ci), apertura a la cultura (Ac) y apertura a la experiencia (Ae).

Dichas dimensiones se agrupan en los siguientes cinco factores:

1) Energía (E) (Di+Do): La persona que alcanza una puntuación alta tiende a describirse como muy dinámica, activa, enérgica, dominante y locuaz.

2) Afabilidad (A) (Cp+Co): La persona que puntúa alto se define como cooperativa, cordial, altruista, amigable, generosa y empática.

3) Tesón (T) (Es+Pe): La persona que obtiene una elevada puntuación se describe como muy reflexiva, escrupulosa, ordenada, diligente y perseverante; hace referencia al factor de responsabilidad.

4) Estabilidad emocional (EE) (Ce+Ci): Polo opuesto al factor de neuroticismo, la persona con una puntuación alta se describe como estable emocionalmente, controlada y poco ansiosa.

5) Apertura mental (AM) (Ac+Ae): La persona que puntúa alto se define como muy culta, informada, interesada por las cosas y experiencias nuevas, dispuesta al contacto con culturas y costumbres distintas; hace referencia por tanto a la dimensión de apertura a la experiencia.

Procedimiento

El motivo de seleccionar alumnos de la titulación de Psicopedagogía obedece al hecho de que, una vez concluidos sus estudios, su práctica profesional se llevará a cabo en centros escolares, donde ejercerán el papel de formadores y orientadores de sucesivas generaciones de jóvenes de enseñanza secundaria y bachillerato, principalmente.

Para garantizar la máxima representatividad de la muestra, se estableció contacto personal con profesores que impartían asignaturas (troncales u obligatorias, al ser las que cuentan con una mayor asistencia) en la mencionada licenciatura. Una vez explicados los objetivos del estudio, se acordó con ellos día y hora para la administración de los instrumentos, por lo que la aplicación de los mismos se realizó a aquellos alumnos que en ese momento se encontraban presentes en el aula. Se proporcionaron a los sujetos instrucciones genéricas acerca de la investigación, se les explicó que su participación era voluntaria y se les garantizó el anonimato y la confidencialidad de los resultados. Una vez recogidos los datos, el análisis de los mismos se realizó con el paquete estadístico SPSS para Windows, versión 10.0, llevándose a cabo análisis descriptivos, pruebas no paramétricas de comparación de medias (U de Mann-Whitney) y correlaciones bivariadas.

RESULTADOS

Se comenzará la exposición de los resultados obtenidos ofreciendo el análisis descriptivo de las frecuencias de consumo de las drogas estudiadas.

Los datos obtenidos en el cuestionario autoadministrado en relación con el consumo de sustancias indican que ninguno de los jóvenes dijo haber tenido contacto con drogas  como la heroína, las anfetaminas o el “crack”. Por otra parte, los inhalantes tampoco eran consumidos por ninguno de los componentes de la muestra, aunque siete sujetos (7.8%) afirmaron haberlos probado en algún momento. En relación con el resto de sustancias, en la Gráfica 1 se aprecian las diferencias entre el porcentaje de jóvenes que las había probado en alguna ocasión y los que las consumían en ese momento.

En dicha gráfica es posible comprobar que el alcohol se sitúa en el primer lugar en cuanto a sustancia consumida, ya que la totalidad de los jóvenes lo había ingerido alguna vez; la edad media de ese primer contacto con la bebida fueron los 15.36 años. Aunque, como se ha dicho, todos los sujetos habían tenido contacto con el alcohol, 78 jóvenes (86.6%) declararon haberlo consumido en los últimos treinta días.

Gráfico 1. Consumo pasado y actual de las distintas sustancias.

La segunda sustancia en cuanto a frecuencia de con-sumo es la cannabis, ya que 39 sujetos (43.3%) habían tenido contacto con esta sustancia a una edad media de 17.33 años. Sin embargo, sólo 22 jóvenes (24.44%) dijeron consumir dicha sustancia en la actualidad; es de destacar que todos los sujetos consumidores de cannabis, lo eran también de alcohol.

El consumo de otras sustancias (alucinógenos, cocaína, tranquilizantes, hipnóticos) se encuentra bastante alejado del de las dos anteriores. Todas estas drogas habían sido probadas alguna vez por un número de jóvenes que osciló entre once para la cocaína, ocho para los tranquilizantes e hipnóticos y seis para los alucinógenos; las edades medias a las que tuvo lugar el primer contacto con dichas drogas fueron los 19.7, 19, 18.25 y 17.8 años, respectivamente. Sin embargo, el número de sujetos que mantenía el consumo actual de dichas sustancias, tal como se aprecia en la Gráfica 1, desciende apreciablemente, ya que sólo tres consumían cocaína y dos más tanto alucinógenos como tranquilizantes e hipnóticos.

Por su parte, el “éxtasis” no sigue el mismo patrón descendente al que se ha hecho alusión, ya que en ese momento mantenían el consumo de esa sustancia dos de los tres adolescentes que con una edad media 21 años la habían probado en alguna ocasión.

En cuanto al policonsumo, así como a la posible progresión en el consumo de sustancias psicoactivas a la que se ha aludido en el apartado introductorio, cabría destacar que todos los consumidores de cocaína, alucinógenos y éxtasis lo eran también de alcohol y cannabis. En el caso de los consumidores de tranquilizantes e hipnóticos (recuérdese que sólo había dos sujetos), sólo en un caso se había producido tal policonsumo; en el otro, se limitaba exclusivamente a dichas sustancias.

En la Tabla 1 se encuentra reflejada la pauta de consumo actual (tanto en frecuencias como en porcentajes) en los últimos treinta días mantenida por los jóvenes para las distintas sustancias estudiadas.

Tabla 1. Frecuencias y porcentajes de consumo de sustancias.

 

SUSTANCIAS

CONSUMO*

-1 vez/semana

1 vez/semana

2-6 veces/semana

diariamente

Alcohol

28 (31.10%)

30 (33.30%)

20 (22.20%)

0

Cannabis

14 (15.65%)

2 (2.20%)

1 (1.10%)

5 (5.60%)

Alucinógenos

2 (2.20%)

0

0

0

Cocaína

3 (3.30%)

0

0

0

Éxtasis

2 (2.20%)

0

0

0

Tranquilizantes

1 (1.10%)

0

0

1 (1.10%)

Hipnóticos

0

0

1 (1.10%)

1 (1.10%)

* Porcentajes calculados sobre el total de sujetos.

Con respecto a la sustancia más consumida, el alcohol, en dicha tabla se aprecia que el consumo se reparte bastante equilibradamente entre las tres primeras categorías (el 31.1% lo hacía menos de una vez por semana, el 33.3% una vez, y el 22.2% restante entre dos y seis veces por semana), mientras que ningún adolescente afirmó ingerirlo diariamente.

En relación con la cannabis, el 15.65% dijo consumirlo menos de una vez por semana, un 2.2% hacerlo entre una y dos veces por semana y un 1.1% entre dos y seis veces; en esta ocasión, sí había un consumo diario por parte de cinco sujetos (5.6%).

Por último, tal y como se puede advertir en la Tabla 1, el consumo del resto de drogas era bastante esporádico. Aunque no sean datos cuantitativo destacables, es necesario resaltar la importancia que cualitativamente tiene la presencia en la muestra de jóvenes que consumían diariamente hipnóticos y tranquilizantes.

En lo que respecta a los conocimientos que poseían los jóvenes acerca de las drogas y sus efectos, el rango de puntuaciones obtenidas en la escala Nivel de Información osciló entre 5 y 12 (coincidente con la puntuación máxima a alcanzar), con una puntuación media de 9.5 y una desviación típica de 2.4.

En relación con la segunda parte del presente trabajo —la posible existencia de determinadas características de personalidad asociadas a las principales conductas de consumo detectadas en los estudiantes (alcohol y cannabis) tras la aplicación del BFQ— en la Tabla 3 aparecen en primer lugar las puntuaciones encontradas en cada uno de los factores de dicho cuestionario por los jóvenes consumidores de alcohol y por los no consumidores. Debido a que en este último caso la muestra es pequeña (sólo doce sujetos no consumían alcohol), se compararon las puntuaciones de ambos grupos con la U de Mann-Whitney, obteniéndose diferencias significativas sólo en las escalas de energía (U = 289.0; p < 0.05) y apertura mental (U =  285.5; p < 0.05), así como en sus respectivas subdimensiones de dinamismo (U = 281.5; p < 0.05) y apertura a la experiencia (U = 288.5; p < 0.05).

Tabla 2. Dimensiones de personalidad y consumo de alcohol.

 

DIMENSIÓN

Consumidores

(n= 72)

No consumidores

(n= 12)

Media

Desviación

Media

Desviación

Energía (E)

55.43

9.87

46.98

9.18

Afabilidad (A)

55.55

9.51

51.35

6.20

Tesón (T)

51.52

9.67

47.64

6.52

Estabilidad emocional (EE)

48.38

10.51

49.94

9.41

Apertura mental (AM)

54.17

11.17

46.94

10.22

Dinamismo (Di)

55.52

9.33

46.23

10.43

Dominancia (Do)

49.62

9.71

49.35

8.02

Cooperación (Cp)

56.37

10.50

50.82

7.06

Cordialidad (Co)

52.92

8.63

50.35

6.33

Escrupulosidad (Es)

49.89

12.01

48.41

9.38

Perseverancia (Pe)

52.86

9.77

47.82

5.12

Control de emociones (Ce)

50,74

9.59

48.05

8.93

Control de impulsos (Ci)

46.14

10.20

52.52

10.90

Apertura a la cultura (Ac)

49.91

10.37

48.29

8.32

Apertura a la experiencia (Ae)

53.29

10.78

44.17

7.35

Por último, en cuanto a la siguiente droga más cosumida por los jóvenes ―cannabis―, en la Tabla 3 se presentan las puntuaciones obtenidas en las escalas del BFQ por consumidores habituales y no consumidores de dicha sustancia. Efectuadas las comparaciones entre ambos grupos con la U de Mann-Whitney (debido a que el grupo de consumidores sólo estaba formado por 19 sujetos), se obtuvieron diferencias significativas sólo en las puntuaciones obtenidas en la escala de apertura mental (U = 371.5; p < 0.05), así como en una de las subdimensiones de la escala de apertura a la experiencia (U = 315.00; p < 0.01). En el resto de las escalas y subdimensiones ―aunque algunas con ligeras diferencias―, en ningún caso al-canzan la significatidad estadística mínima requerida (p < 0.05).

Tabla 3. Dimensiones de personalidad y consumo de cannabis.

DIMENSIÓN

Consumidores (n=19)

No consumidores (n=65)

Media

Desviación

Media

Desviación

Energía (E)

53.10

10.78

51.83

9.87

Afabilidad (A)

55.05

9.55

54.60

8.99

Tesón (T)

48.63

9.35

51.35

9.16

Estabilidad emocional (EE)

50.15

7.93

48.27

10.86

Apertura mental (AM)

56.10

13.52

49.66

9.98

Dinamismo (Di)

53.26

11.27

53.75

9.97

Dominancia (Do)

51.42

9.72

49.03

9.24

Cooperación (Cp)

52.57

8.07

52.35

8.36

Cordialidad (Co9

52.57

8.07

52.35

8.36

Escrupulosidad (Es)

47.21

10.11

50.29

11.85

Perseverancia (Pe)

51.89

10.25

51.83

8.99

Control de emociones (Ce)

49.89

7.90

50.29

9.94

Control de impulsos (Ci)

50.94

10.01

46.41

10.62

Apertura a la cultura (Ac)

53.00

13.71

51.00

9.86

Apertura a la experiencia (Ae)

55.26

9.53

47.92

9.53


DISCUSIÓN

Sin lugar a dudas, puede afirmarse que, con una diferencia importante, el alcohol se sitúa a la cabeza de las sustancias más consumidas (86.6%), seguida, tal y como se aprecia en la Gráfica 1, por la cannabis (24.4%). Mucho menos importante es el consumo declarado de otras sustancias psicoactivas, el que osciló entre 3.3% para la cocaína y el 2.2% para los alucinógenos, tranquilizantes, hipnóticos y éxtasis. En cuanto al resto de drogas recogidas en el cuestionario administrado, puede decirse que no tienen ninguna implantación entre la población estudiada, ya que sustancias como la heroína o el crack ni siquiera habían sido probadas en alguna ocasión por los jóvenes; con respecto a los inhalantes, aunque sí habían si-do consumidos en el pasado, en la actualidad ningún chico afirmó hacerlo, quizá porque se trata de sustancias cuya ingestión se circunscribe a edades inferiores a las estudiadas aquí.

En lo referente a la droga más consumida por los universitarios ―el alcohol―, es ésta una sustancia de consumo considerablemente extendido y arraigado (no en vano se la considera como droga “institucionalizada”), pudiéndose constatar a lo largo de este estudio que todos los jóvenes que participaron en el mismo lo habían ingerido en alguna ocasión. Sin embargo, más preocupante aún que el dato anterior resulta el elevado porcentaje de jóvenes que, como se ha visto, presenta en la actualidad un consumo más o menos regular de alcohol.

Revisando la literatura al respecto, tal cifra no es novedosa ya que todos los estudios coinciden en señalar la elevada ingesta de alcohol por parte de los jóvenes españoles (Ballester y cols., 2000; Cerezo y cols., 1996; Del Barrio y Alonso, 1994; Sáiz y cols., 1999; Sánchez, 2000), no constituyendo los universitarios una excepción. Concretamente, los datos de incidencia nacional se sitúan en el 89.9% (EDIS, 1995) y los de la Comunidad Autónoma andaluza en torno al 83.7% (Navarro, 1999). De todas formas, no por esperado debe ser éste un dato que no obligue a la reflexión. Aunque el desmesurado consumo no se traduzca en ningún caso en una ingestión diaria, no por ello son menos importantes las repercusiones sociales de este consumo. En los jóvenes ―según se desprende de este trabajo―, el consumo de alcohol está fuertemente asociado a las relaciones sociales y a la diversión propias de los fines de semana, produciéndose además a edades cada vez más tempranas, con los consiguientes problemas de desarrollo físico, psicológico y social.

Como ya se ha comentado con anterioridad, del resto de sustancias psicoactivas estudiadas, la cannabis, consumida por casi la cuarta parte de los jóvenes, es la que concentra la mayor frecuencia de consumo. Tal patrón de consumo, como se ha podido apreciar en la Tabla 1, aparece, igual que en el caso del alcohol, principalmente vinculado al consumo de fines de semana, aunque, a diferencia de éste, hay muchos jóvenes que afirman consumirla diariamente. En cualquier caso, todos los consumidores de cannabis se caracterizan por ingerir también alcohol, poniéndose de manifiesto la relación existente entre el consumo de sustancias institucionalizadas y el inicio del consumo de las no institucionalizadas, donde el consumo de las mismas no puede entenderse sin hacer referencia al de aquéllas. Además, aunque con escasa incidencia en la muestra estudiada ―excepto en un caso―, todos los consumidores de drogas como la cocaína, alucinógenos, éxtasis, tranquilizantes e hipnóticos lo son también de alcohol y cannabis. Quedan patentes, pues, tanto el policonsumo como la escalada o progresión que se produce en el consumo de sustancias psicoactivas, desde las mal llamadas drogas “legales” a las “ilegales”.

Teniendo en cuenta que, en general, los estudiantes universitarios poseen unos conocimientos adecuados acerca de las drogas y sus efectos, no puede considerarse que las conductas de consumo se deban a la desinformación. Por el contrario, esta circunstancia, unida al hecho ya mencionado de que las frecuencias más elevadas de consumo (sobre todo en el caso del alcohol) se producen durante los fines de semana, permite apuntar otra posible explicación. Debido a que las conductas de consumo se llevan a cabo preferentemente en el tiempo de ocio de los jóvenes y adolescentes en su interacción con el grupo de iguales y en consonancia con el consumo de tipo compulsivo que vienen desarrollando en los últimos años en España, en muchos casos esos hábitos pueden reflejar un déficit en las relaciones sociales de los jóvenes al considerar el consumo de sustancias

psicoactivas como un complemento indispensable de las mismas. Por lo tanto, es necesario que los programas de prevención promovidos rompan la asociación entre relaciones sociales, diversión y consumo de sustancias (especialmente alcohol), para lo cual es imprescindible que dichos programas incluyan, más que acciones basadas en la acumulación de conocimientos acerca de los efectos nocivos de las drogas, estrategias dirigidas a fomentar actitudes negativas y opiniones críticas hacia el consumo de drogas, entrenamiento en ha-bilidades sociales (que les ayuden a hacer frente a la presión ejercida por el grupo), asertividad y habilidades de toma de decisiones, así como actividades de ocio alternativas a las asociadas al consumo de sustancias.

Por otra parte, ante la constatación de que los estudiantes universitarios mantienen conductas de riesgo para la salud ―como es el consumo de sustancias psicoactivas― en un porcentaje considerable, parece necesario, por lo menos en el corto plazo, que dichos programas se extiendan más allá de la enseñanza secundaria (población a la que mayoritariamente van dirigidos en la actualidad), para abarcar también la formación universitaria. El papel de los docentes no debe limitarse a la transmisión de una serie de contenidos teóricos y habilidades que capaciten al alumno para el desempeño profesional, sino que, desde la universidad, debe fomentarse y posibilitarse una formación integral de los estudiantes en la que la educación y promoción de la salud sea una condición indispensable. Por tanto, como uno de los medios para la consecución de dicho objetivo, se propone que sea la propia universidad, a través de su personal docente e investigador, la que promueva y lleve a cabo programas específicos de intervención (que incluyan los contenidos explicitados más arriba) dirigidos a ese segmento de la población.

Otra circunstancia que no debe pasarse por alto tiene que ver con el tipo concreto de alumnos que conforman la muestra utilizada en este estudio. Como es sabido, se trato de estudiantes de los dos cursos que componen la licenciatura de Psicopedagogía en España, titulación encaminada a formar profesionales capacitados para trabajar en el sistema educativo, específicamente en la educación secundaria obligatoria y el bachillerato.

Por tanto, junto con otros profesionales de la educación, sus egresados serán responsables de la formación y orientación psicoeducativa de los adolescentes en dichas etapas, por lo que deberán tener  entre sus competencias la educación y promoción de la salud. A la vista de los resultados obtenidos en este trabajo, difícilmente estos futuros profesionales podrán realizar una adecuada labor de transmisión de hábitos saludables si ellos mismos mantienen actitudes positivas y conductas de consumo de sustancias. Urge, pues, una intervención en el sentido ya expuesto anteriormente.

Por  otro lado, abordar otras posibles explicaciones a las conductas de consumo de sustancias implica la inmersión en un campo de trabajo extremadamente complejo debido a la interacción conjunta de diferentes factores. De hecho, como principales determinantes del consumo se apuntan las variables del entorno social en el que se desarrolla el individuo (familia, escuela y grupo de iguales), junto con variables de personalidad y conductuales.

En relación con las variables personales, los trabajos que han investigado la posible existencia de características asociadas al consumo de sustancias no han obtenido resultados concluyentes, sobre todo en lo que se refiere a las dimensiones básicas que configuran la estructura de personalidad de sujeto. En el caso presente, partiendo del modelo de los cinco grandes factores, tal y como es evaluado por el BFQ, se encuentran ligeras diferencias en la estructura de la personalidad de los jóvenes en cuanto al consumo o no de sustancias psicoactivas (alcohol y cannabis).

En primer lugar, hay diferencias entre consumidores habituales de alcohol y no consumidores en dos de las escalas básicas de dicho cuestionario ―energía y apertura mental―, así como en dinamismo (subdimensión de energía) y apertura a la experiencia (subdimension de apertura mental). Con respecto a la primera de las escalas y a su subdimensión de energía (recuérdese que se corresponde con el factor denominado tradicionalmente extraversión), los resultados son coincidentes con los obtenidos en muchos de los estudios que investigan las posibles relaciones entre dimensiones de personalidad y consumo de alcohol (González y cols., 1997; Grau y Ortet, 1999; Saíz y cols., 1999), en el sentido de que los sujetos consumidores son más abiertos, sociables, dinámicos, activos, enérgicos y locuaces que los no consumidores. En definitiva, la asociación entre alcohol y relaciones sociales a la que anteriormente se hacía referencia se pone aquí de manifiesto en el sentido de que las mayores probabilidades que tienen los extravertidos para relacionarese con la gente hacen también que aumenten las oportunidades para beber alcohol (Cook y cols., 1998).

Al mismo tiempo, las diferencias halladas a favor de los consumidores habituales de alcohol en la escala de apertura mental, así como en su subdimensión de apertura a la experiencia, los revelan como personas abiertas a lo novedoso y con actitudes favorables hacia valores, estilos y modos de vida distintos; tal apertura hacia todo lo que implique novedad sin duda puede estar ejerciendo una influencia considerable, sobre todo al momento de determinar las primeras experiencias con la bebida. Una vez producida la toma de contacto, probablemente contribuya aún más al mantenimiento de la conducta la asociación ya comentada entre alcohol y relaciones sociales.

Por el contrario, no se han encontrado diferencias significativas entre consumidores habituales y no consumidores en la escala de estabilidad emocional (o neuroticismo en su polo opuesto) ni en el rasgo de impulsividad (control de impulsos en el BFQ). En el presente caso, se confirman los resultados obtenidos por autores como González y cols. (1997) y Grau y Ortet (1999), para quienes se trata de variables irrelevantes en la diferenciación de ambos grupos (sobre todo neuroticismo), aunque se encuentre presente en el caso de acusadas y frecuentes ingestas (alcoholismo). A juicio de Cloninger, Sigvardsson, Prybeck y Svrakic (1995), una vez iniciada la ingesta abusiva de alcohol, se trata de una variable que incrementa la severidad y progresión de dicha conducta.

Con respecto a las dimensiones de personalidad que concurren en el consumo de cannabis, cabe señalar únicamente la diferencia encontrada en la escala de apertura mental, así como en su subdimensión de apertura a la experiencia, circunstancia ésta que indica que, al igual que en el caso anterior, se trata de jóvenes con propensión hacia experiencias novedosas y, en general, bastante abiertos hacia valores y estilos de vida distintos de los propios. Sin embargo, en esta ocasión no es posible afirmar que sea una característica diferencial específica del consumo de cannabis ya que, al asociarse en todos los casos a la ingesta de alcohol y en otros al de sustancias como la cocaína, alucinógenos, tranquilizantes e hipnóticos, sería más bien una particularidad asociada al policonsumo.

La relación entre los factores de personalidad y el consumo de sustancias psicoactivas ha sido y continúa siendo objeto de controversia debido quizás a las dificultades que plantea el diseño de investigaciones multivariadas y a los diferentes resultados obtenidos en función de las variables sociodemográficas de los sujetos, así como de sus patrones de consumo. Se puede decir ―y de hecho así se obtiene que algunas características de personalidad se asocian al consumo de sustancias, pero es difícil determinar si como consecuencias o como antecedentes del mismo. Serían necesarios, por tanto, estudios longitudinales para poder establecer de forma sólida si los factores de personalidad preceden e influyen en la conducta de consumo o si sólo constituyen su secuela. En el caso de que se pudiera determinar de forma fehaciente su papel como factores predisponentes en el inicio de las conductas de consumo de sustancias, sería necesario detectar poblaciones de riesgo sobre las cuales dirigir los programas preventivos específicos.

Por último, las conclusiones más importantes de este estudio serían las siguientes. En primer lugar, se destaca la elevada incidencia que entre los estudiantes de la licenciatura de Psicopedagogía de la Universidad de Huelva tiene el consumo de alcohol, seguido del de cannabis. En relación con el resto de drogas (cocaína, éxtasis, alucinógenos, tranquilizantes e hipnóticos), aunque con escasa incidencia, habría que señalar en prácticamente todos los casos la existencia de un policonsumo en el que a dichas sustancias se asocia tanto el alcohol como la cannabis. Por otro lado, debido al importante papel que estos jóvenes realizarán en la educación de los futuros adolescentes, es necesario que desde la propia universidad se promuevan programas de intervención que, entre otros aspectos, rompan la asociación existente entre el consumo de sustancias, las relaciones sociales y la diversión. Finalmente, en cuanto a las variables de personalidad asociadas a las conductas de consumo ―y siempre con las reservas que imponen este tipo de estudios―, es posible afirmar que tanto los consumidores de cannabis como los de alcohol se caracterizan por poseer una actitud muy favorable hacia todo lo novedoso, destacándose además los últimos por un mayor nivel de extraversión que los no consumidores.

1 Departamento de Psicología. Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad de Huelva. Avda. de las Fuerzas Armadas 3, 21007 Huelva. España. tel. y fax: 959-019220, correos electrónicos: mjlopez@uhu.es, santin@uhu.es y torrico@uhu.es. Artículo recibido el 14 de octubre de 2002 y aceptado el 22 de febrero de 2003.

2 Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos. Facultad de Psicología, Universidad de Sevilla. C/ Camilo José Cela s/n, 41018 Sevilla. Tel.: 954557799, fax: 954557807, correo electrónico: pepe@us.es.


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