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Calidad de vida relacionada con
la salud en la infección por el
VIH
Health related quality of life
in HIV infection
Inmaculada
Teva, María de la Paz Bermúdez,
José Hernández-Quero y Gualberto Buela-Casal
RESUMEN
El concepto de calidad de vida
es global, multidisciplinar e implica aspectos objetivos y subjetivos. La
calidad de vida relacionada con la salud involucra el funcionamiento y los
síntomas físicos, los factores psicológicos y los aspec-tos sociales. Existe
un gran interés por el estudio de la calidad de vida en la población de
pacientes con VIH/sida, y las investigaciones han mostrado que existe una
relación entre la calidad de vida y variables psicológicas tales co-mo la
ansiedad y la depresión. La prevalencia de la depresión y la ansiedad en los
pacientes con VIH/sida es muy alta e incluso superior a la que presen-tan
otras personas con otras enfermedades crónicas. Algunos factores que se han
hallado asociados con la calidad de vida relacionada con la salud en
pacientes con VIH/sida son la fase de la infección en la que se encuentre la
persona con VIH, los parámetros biológicos en el VIH, como los niveles de
linfocitos CD4 y de carga viral, y la presencia de lipodistrofia. Es muy
impor-tante la puesta en marcha de intervenciones que estén orientadas a
mejorar la calidad de vida de los pacientes que padecen el VIH/sida a lo
largo de todo el período evolutivo de la infección.
Palabras clave: Calidad
de vida; Calidad de vida relacionada con la salud; Virus de
inmunodeficiencia humana; Síndrome de inmunodeficiencia adquiri-da; Ansiedad
y depresión; Lipodistrofia.
ABSTRACT
Quality of life is a global
concept that involves a variety of disciplines, objective and subjective
aspects. The concept of health-related quality of life includes physical
functioning, physical symptoms, psychological factors and social as-pects.
There is a high interest in the study of quality of life in the population
of patients with HIV and AIDS. The research has shown that there is an
associa-tion between quality of life and psychological variables like
depression and an-xiety. The prevalence of depression and anxiety in
patients with HIV and AIDS is very high, and it is higher than the
prevalence that shows people with other chronic illnesses. Some factors that
have been found associated to health-re-lated quality of life of patients
with HIV and AIDS are the stage of HIV infec-tion, levels of CD4 cells and
viral load and the presence of lipodystrophy. It is very important to carry
out interventions whose aims improve the quality of life of patients with
HIV and AIDS throughout the evolutionary period of the in-fection.
Key
words: Quality of life; Health-related quality of life; Human immunodefi-ciency
virus; Acquired immunodeficiency syndrome; Anxiety and depression;
Lipodystrophy.
INTRODUCCIÓN
La epidemia de VIH/sida es un
problema de grandes dimensiones y su situación en el mundo es muy
heterogénea, pues existen grandes diferencias entre las distintas regiones.
Por ejemplo, las tasas de prevalencia en Europa oriental y Asia central se
sitúan entre 0.5 y 0.9%, y la de Europa occidental se halla en 0.3%.
Teniendo en cuenta las regiones que tienen las mayores tasas de prevalencia,
se puede observar que el África subsahariana, con una prevalencia de entre
7.5 y 8.5%, se ubica en primer lugar, seguida del Caribe, Europa oriental y
Asia central. Igualmente, esa región tiene el mayor número de personas
aquejadas por el VIH/sida, a la que le siguen Asia meridional y América
Latina (ONUSIDA/OMS, 2003). En México, entre los años de 1995 y 2002, el
número de personas infectadas por el VIH ascendía a 21,104. A finales del
año 2003, el número de personas aquejadas de este mal era de 71,153. Es de
destacarse que la prevalencia media del VIH por cada 1,000 habitantes en
México era de 2.02 a finales del año 2002 y, en lo que se refiere al SIDA,
era de 6.83 en ese periodo (Bermúdez y Teva, 2004).
Con respecto al continente
europeo, éste ocupa los primeros puestos en comparación con el resto del
mundo en cuanto a tasa de prevalencia. Concretamente, Europa oriental se
sitúa en el tercer lugar en el orbe en cuanto a tasa de prevalencia, y se
ubica en el cuarto puesto en relación con el número total de personas
diagnosticadas de VIH/sida en el mundo. Europa occidental se localiza en el
séptimo lugar en tasa de prevalencia y número de per-sonas que viven con el
VIH/sida, siendo España el país de esta región con mayor tasa (Bermúdez y
Teva, 2003). Los datos más recientes de los que se dispone actualmente ponen
en evidencia que la prevalencia media de sida en España a finales del año
2003 era de 1.61 por cada 1,000 habitantes (Bermúdez y Teva, en prensa).
La infección por el VIH se
considera actualmente como una enfermedad crónica gracias a los fármacos
antirre-trovirales que frenan la evolución de la infección y que son los que
se emplean en su tratamiento médico. Por tanto, hoy día los pacientes
infectados por el VIH que están recibiendo tratamiento antirretroviral
tienen una menor proba-bilidad de desarrollar una enfermedad oportunista que
si no recibieran dichos tratamientos, debido a la mejora que se produce en
la función del sistema inmune (Chaisson, Sterling y Gallant, 2002). No
obstante, hay que considerar que los fármacos antirretrovirales tienen una
serie de efectos secundarios de carácter fisiológico y psicológico, co-mo
por ejemplo cefalea, convulsiones, dificultad para concentrarse, síntomas
gastrointestinales, reacciones cutá-neas, ansiedad, depresión e ideas
suicidas. Los efectos secundarios de naturaleza psicológica suelen aparecer
al comienzo del tratamiento y desaparecen entre la segunda y la cuarta
semanas, y no están entre los más fre-cuentes, ocasionales o potencialmente
graves (Corzo y Gómez, 2003; Podzamczer y Rosón, 2001). Por tanto, es
crucial tratar la cuestión referida a la calidad de vida relacionada con la
salud de los pacientes infectados por el VIH/sida, toda vez que los
tratamientos farmacológicos pueden afectarlos, así como la propia situación
de vivir con una enfermedad crónica que trae implícitos el rechazo y la
estigmatización.
El estudio de la calidad de vida
constituye un área de interés que atañe a múltiples profesiones. El término
“calidad de vida” apareció en el año 1975, y aunque los orígenes de este
concepto se sitúan en el ámbito de la medicina, el interés por él se ha
extendido a otras disciplinas, como la sociología y la psicología (Moreno y
Ximénez, 1996). El estudio de la calidad de vida se está centrando en las
enfermedades crónicas, como la artritis reumatoide, que es una enfermedad de
origen autoinmune que afecta a las articulaciones; se trata de una
enfermedad progresiva y deteriorante ―al igual que la infección por el VIH―
que afecta la calidad de vida puesto que a los síntomas propios de la
enfermedad hay que añadir la pérdida de un número considerable de
actividades cotidianas. Las investiga-ciones realizadas han mostrado que los
pacientes con artritis reumatoide tienen una peor calidad de vida que la
población general (Tobón, Vinaccia, Cadena y Anaya, 2004); no obstante,
otros estudios han puesto de manifiesto que los pacientes infectados por el
VIH/sida muestran una peor calidad de vida que los pacientes que sufren otro
tipo de enfermedades crónicas (Martín y cols., 2002). En esta misma línea,
existe interés por el estudio de la calidad de vida de aquellos pacientes
con enfermedades avanzadas, progresivas e incurables que han ingresado en
las unidades de cuidados paliativos (Peñacoba, Fernández, Morato y cols.,
2004). Otro campo en el que se ha suscitado interés por la evaluación de la
calidad de vida es el área de la salud mental, puesto que desde la reforma
psiquiátrica se comenzó a tener en consideración la calidad de vida de los
pacientes con trastornos psicológicos (Verdugo y Martín, 2002).
Por tanto, si se considera lo
anteriormente expuesto y se tiene en cuenta que la calidad de vida
constituye en la actualidad un campo de estudio muy en boga, el objetivo del
presente estudio fue realizar una revisión bibliográfica de algunas de las
investigaciones realizadas dentro del área de la calidad de vida en el
ámbito de la infección por el VIH.
Conceptos de calidad de vida y
de calidad de vida relacionada con la salud
El concepto de calidad de vida
es difícil de definir ya que se trata de un término global y
multidisciplinar (Moreno y Ximénez, 1996). Además, hay que considerar los
aspectos objetivos y subjetivos al momento de definirla. Por otra parte, es
necesario tener en cuenta que el concepto de calidad de vida debe
considerarse desde una perspectiva cultural, puesto que cambia dependiendo
de las culturas, el momento histórico y la sociedad (Ardila, 2003).
Según la Organización Mundial de
la Salud, la calidad de vida implicaría una serie de componentes, todos
ellos de carácter objetivo, que son la salud, la alimentación, la educación,
el trabajo, la vivienda, la seguridad social, los vestidos, el ocio y los
derechos humanos. Sin embargo, es importante atender el aspecto subjetivo,
esto es, las percepciones de las personas acerca de esos componentes
objetivos (Moreno y Ximénez, 1996). Aunque no existe un consenso acerca de
una definición de calidad de vida, los expertos afirman que es un concepto
que implica el funcionamiento conductual y el bienestar psicológico
subjetivo. Diferentes autores han elaborado definiciones de calidad de vida
en términos de la satisfacción personal en distintos ámbitos, que oscilan
entre los aspectos ma-teriales y financieros hasta los políticos y otros
referidos al bienestar (Reig-Ferrer, 2003). Una de las definiciones de
calidad de vida que mejor aglutina el trabajo realizado en esta área es la
de Katschnig (crf. Gladis, Gosch, Dishuk y Crits-Christoph, 1999), que
afirma que es “un cuerpo de trabajo relacionado sobre el bienestar psicoló-gico,
funcionamiento social y emocional, estado de salud, desempeño funcional,
satisfacción con la vida, apoyo social y un patrón de vida, mediante el cual
son utilizados los indicadores normativos, objetivos y subjetivos del
funcionamiento físico, social y emocional”. Ardila (2003) propone a su vez
una definición de calidad de vida más integradora y actual:
Calidad de vida es un estado de
satisfacción general, derivado de la realización de las potencialidades de
la persona. Posee aspectos subjetivos y aspectos objetivos. Es una sensación
subjetiva de bienestar físico, psico-lógico y social. Incluye como aspectos
subjetivos la intimidad, la expresión emocional, la seguridad percibida, la
productividad personal y la salud objetiva. Como aspectos objetivos, el
bienestar material, las relaciones armónicas con el ambiente físico y social
y con la comunidad, y la salud objetivamente percibida (p. 163).
Como consecuencia, un aspecto
importante en su estudio es la evaluación de los factores psicológicos, que
se han convertido en una característica clave de las medidas de calidad de
vida (Gladis y cols., 1999).
Respecto de la importancia de
los componentes de la calidad de vida, la salud es uno de los principales ya
que influye de forma directa e indirecta en aquélla; de forma directa,
puesto que las actividades cotidianas que realiza el ser humano dependen del
estado de salud, y de forma indirecta debido a que afecta a otros aspectos
presentes en la calidad de vida de las personas, como son las relaciones
sociales, el ocio, la autonomía y demás (Moreno y Ximénez, 1996).
Actualmente, el área que más
interés despierta y a la que más investigación se está dedicando es la
salud. Así, es importante distinguir entre calidad de vida y calidad de vida
relacionada con la salud (CVRS). Si se comparan la calidad de vida y la CVRS,
se observa que ésta es más descriptiva, se centra en aspectos del estado de
salud, y une directamente la calidad de vida con el concepto de enfermedad (Reig-Ferrer,
2003). Por otra parte, aunque no consta ningún modelo conceptual sobre la
CVRS que sea aceptado de forma unánime por la comunidad científica, y por
otra parte ―como se mencionó anteriormente― tampoco existe consenso acerca
de una definición de calidad de vida, hay acuerdo, sin embargo, con respecto
a que la CVRS es un concepto multidimensional que debe incluir los
siguientes aspectos: a) el funcionamiento físico, que incluye el cuidado
personal, el desempeño de actividades físicas y de roles; b) los síntomas
físicos relacionados con la enfermedad o su tratamiento; c) los factores
psicológicos, que aglutinen desde el estado emocional ―por ejemplo, la
ansiedad y la depresión― hasta el funcionamiento cognoscitivo, y d) los
aspectos sociales, es decir, las relaciones sociales de la persona con los
demás (cfr. Badía, Guerra, García y Podzamczer, 1999; Badía y Podzamczer,
2000).
Importancia de la CVRS en la
infección por el VIH/sida
El estudio de la CVRS constituye
un aspecto especialmente importante a evaluar en el grupo de pacientes
infectados por el VIH dado que esta enfermedad deteriora lenta y
progresivamente al organismo y que los efectos de los tratamientos no están
perfectamente determinados. Los tratamientos antirretrovirales que se
utilizan en la actualidad aumentan la supervivencia de los pacientes, pero
el período en el que dichos fármacos son efectivos no está previamente
establecido, a lo que hay que añadir sus frecuentes efectos secundarios (Hays,
Cunningham, Sherbourne y cols., 2000). Teniendo en cuenta que los
tratamientos antirretrovirales han prolongado la vida de di-chos pacientes,
un aspecto importante que surge es la consideración de la calidad de vida en
esta población. Por tanto, la calidad de vida es un objetivo dentro de la
intervención psicológica en los pacientes infectados por el VIH/sida. Sin
embargo, la mayoría de los estudios que se han realizado sobre calidad de
vida se han llevado a cabo dentro del ámbito de la salud, componente clave
de la calidad de vida (González y Sánchez, 2001).
Las investigaciones han mostrado
que existe una relación entre la calidad de vida y las variables
psicológicas de la ansiedad y la depresión. En el estudio realizado por
Martín, Cano, Pérez de Ayala y cols. (2002), se evaluaron la ansiedad y la
depresión presentes en pacientes infectados por el VIH, la calidad de vida y
la influencia de los fármacos antirretrovirales en los aspectos clínicos,
inmunológicos y psicológicos y en el estado de salud percibido por el
paciente. Se encontró que 7 de los 52 pacientes evaluados (13.4%) mostraban
depresión según el Inventario de Depresión de Beck. Del resto de la muestra,
13 pacientes (25%) manifestaban una depresión grave y en el resto aparecían
signos de depresión. Respecto de la ansiedad, que se evaluó mediante la
aplicación del Inventario de Ansiedad Estado-Rasgo, 76.9% de los pacientes
evaluados mostraba ansiedad, de los cuales 75% exhibía una ansiedad grave.
El estudio halló una relación significativa positiva entre ansiedad y
depresión y el encontrarse en fases más avanzadas de la infección por VIH,
tener un nivel cultural e ingresos económicos más altos, así como haberse
infectado a través de la vía de transmisión sexual. Los mencionados autores
concluyen que la prevalencia de la depresión y la ansiedad en estos
pacientes es muy alta e incluso superior a la que muestran personas con
otras enfermedades crónicas. Asimismo, se hace patente el hecho de que la
calidad de vida se halla más de-teriorada en los pacientes infectados por
VIH en fases avanzadas, comparados con pacientes que padecen otras
enfermedades crónicas. Un aspecto que destacan los autores es que la
depresión repercute de forma importante en la calidad de vida y, por otra
parte, que los pacientes deprimidos pueden presentar una percepción
distorsionada de las mejoras en la salud que producen los tratamientos
antirretrovirales como consecuencia de las alteraciones en el estado de
ánimo.
En cuanto a la influencia de
variables sociodemográficas sobre la calidad de vida, la investigación
realizada por Swindells, Mohr, Justice y cols. (1999), en la que se evaluó a
138 pacientes infectados por el VIH, se encontró que la calidad de vida no
estaba relacionada con variables demográficas como la edad, el sexo, la
raza, el nivel educativo o el estado civil. Los niveles más altos de calidad
de vida tenían que ver con un mayor nivel de ingresos económicos y el
empleo, entre otras variables. En esta misma línea, se halló que los
pacientes seropositivos de mayor edad, con un menor nivel educativo y que
consumían drogas por vía parenteral mostraban unos niveles más bajos de
calidad de vida (Gielen, McDonnell, Wu, O´Campo y Faden, 2000). Según los
resultados de otras inves-tigaciones (Gielen y cols., 2000; Lenderking,
Testa, Katzenstein y Hammer, 1997), las mujeres seropositivas manifiestan
una peor calidad de vida en comparación con los hombres en esta
circunstancia. Un estudio realizado por McDonell, Gielen, Wu, O´Campo y
Faden (2001) evaluó la CVRS en una muestra de 287 mujeres seropositivas;
este grupo de mujeres mostró, comparado con los hombres seropositivos, unos
niveles más bajos de bienestar. Las mujeres que el año anterior al estudio
estaban trabajando exhibían unos niveles más altos de calidad de vida;
además, los mayores niveles educativo y de ingreso económico correlacionaban
de forma positiva con la calidad de vida, lo que corrobora lo hallado en
otras investigaciones (por ejemplo, Hays y cols., 2000). Con respecto a los
pa-cientes seropositivos que consumen drogas por vía parenteral, los
estudios han puesto de manifiesto que su ca-lidad de vida, cuando se
encuentran en el período asintomático de la infección, es menor comparada
con la de los pacientes seropositivos homosexuales (Carretero, Burgess,
Soler y Soler, 1996).
La fase de la infección en la
que esté el paciente (asintomática, sintomática o sida) constituye otro
factor rela-cionado con la calidad de vida y, por ende, es importante la
puesta en marcha de intervenciones dirigidas a estos pacientes cuyo objetivo
sea la mejora de su calidad de vida a lo largo del período evolutivo de la
infección (Nunes, Raymond, Nicholas, Leuner y Webster, 1995). Los resultados
hallados en la investigación realizada por Burgoyne y Saunders (2001) ponen
de manifiesto que los pacientes que se encontraban en el período
asintomático de la in-fección tenían una mejor CVRS que quienes estaban en
el período sintomático o que habían progresado a la fase de sida. Otras
investigaciones que han tenido resultados similares a los anteriores (Teva,
Bermúdez y Buela-Casal, 2004) han desmostrado que los pacientes en la fase
asintomática muestran mayores niveles de CVRS física que los pacientes en la
fase sintomática o sida. En esta misma línea, Aguirre (1998) expuso que los
hombres con sida tienen una peor CVRS; sin embargo, el aspecto que más
impacto tiene sobre la calidad de vida es recibir la noticia de que se es
seropositivo.
Los parámetros biológicos en el
VIH son importantes en la calidad de vida. Aunque existe evidencia de que
hay una clara relación entre recuento de linfocitos CD4 y CVRS, está
relación no ha sido hallada de forma consistente en los estudios realizados.
Sin embargo, la investigación llevada a cabo por Call, Klapow, Stewart y
cols. (2000) con una muestra de 158 pacientes infectados por el VIH mostró
que había una fuerte relación entre la carga viral y la CVRS. Dicha relación
era independiente del recuento de linfocitos CD4. Por tanto, la baja carga
viral tiene un im-pacto positivo sobre la CVRS de los pacientes
seropositivos.
Otro aspecto importante en la
infección por el VIH y su relación con la calidad de vida es la presencia de
lipo-distrofia, puesto que repercute sobre los aspectos emocionales y el
bienestar. Hay pocos estudios que hayan evaluado de forma objetiva la
calidad de vida en los pacientes con VIH/ sida y que padecen lipodistrofia,
pues los cuestionarios utilizados no evalúan los aspectos relacionados con
la imagen corporal, factor muy importante en la ponderación de los pacientes
que sufren lipodistrofia (García y Font, 2004). Estos autores realizaron una
inves-tigación en la que valoraron el impacto de la lipodistrofia sobre la
calidad de vida de los pacientes con VIH/sida que padecían aquélla.
Encontraron que únicamente había diferencias entre los que sufrían
lipodistrofia y los demás en calidad de vida con respecto al malestar
emocional. Los autores concluyeron que la lipodistrofia produce un malestar
emocional que repercute negativamente sobre la calidad de vida. Por otra
parte, no se hallaron diferencias significativas entre hombres y mujeres en
las subescalas de calidad de vida, aunque las mujeres percibían una mayor
pérdida de atractivo físico que los hombres.
DISCUSIÓN
El estudio de la CVRS es un
aspecto que está recibiendo un gran interés en el caso de las enfermedades
cró-nicas, especialmente en la infección por VIH/sida. Es importante
profundizar más en el estudio de las relaciones entre calidad de vida y
algunos factores emocionales, como la ansiedad y la depresión. La evaluación
de tales fac-tores en los pacientes con VIH/sida es primordial, toda vez que
hay una elevada prevalencia de dichas alteraciones en esos pacientes,
incluso superior a la que manifiestan quienes sufren otras enfermedades
crónicas (Martín y cols., 2002). Además, los citados aspectos de índole
psicológica constituyen factores clave de las mediciones de la calidad de
vida (Gladis y cols., 1999), por lo que es interesante el estudio de las
relaciones entre ambos. Por otra parte, la evaluación del impacto de esos
factores emocionales sobre la calidad de vida en los pacientes infectados
por el VIH/sida es fundamental porque puede contribuir a una evolución más
rápida de la infección, que en último término implica la muerte.
Se enfatiza la puesta en marcha
de intervenciones que estén dirigidas a la mejora de la calidad de vida de
los pacientes que padecen el VIH/sida a lo largo de todo el período
evolutivo de la infección porque las investigaciones han mostrado que,
dependiendo del estadio de la infección, el paciente con VIH/sida tiene
niveles de CVRS más altos o más bajos (Burgoyne y Saunders, 2001; Teva y
cols., 2004).
Por último, entre los efectos
secundarios que manifiestan los pacientes que están bajo los tratamientos an-tirretrovirales
se halla la lipodistrofia. Hay que destacar el impacto de la lipodistrofia
sobre la calidad de vida de los pacientes con VIH/ sida que la padecen,
puesto que esta condición implica un mayor nivel de malestar emocional
(García y Font, 2004). Una esperanza que existe para el futuro es que, con
el avance en los conocimientos científicos y el perfeccionamiento de los
fármacos para el tratamiento de la infección por VIH y sida, la
lipodistrofia y la ingesta de una gran cantidad de medicamentos y sus
efectos secundarios dejen de constituir un problema, puesto que son aspectos
que dificultan la adherencia a dichos tratamientos.
Facultad de Psicología,
Universidad de Granada, Campus de Cartuja s/n, 18071 Granada, España. Correspondencia: María de la Paz Bermúdez, correo electrónico: maripaz@ugr.es.
Artículo recibido el 7 de septiembre y aceptado el 25 de octubre de 2004.
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