El
proceso de modernización en nuestro país, al igual que en otros de
América Latina, se caracteriza por el desarrollo de cambios profundos
frecuentemente difíciles de interpretar. A menudo, cuestiones de
importancia escapan al análisis o a la acción de los especialistas hasta
el momento en que el impacto de estos problemas sobre los patrones de
desarrollo es inevitable. Eso es lo que ocurre con el fenómeno
del envejecimiento de la población en el subcontinente; en un mundo
acostumbrado a planificar en términos de la explosión
demográfica, ha resultado difícil
reconocer y ajustarse a las nuevas
condiciones impuestas por una población en rápido proceso de
envejecimiento que impacta los
patrones de desarrollo
de la región (Alfonso y Mena, 1999).
El
interés regional por la situación
de los adultos mayores genera acciones de investigación orientadas a
asegurar
información con la cual sea
posible establecer estrategias de atención.
En la actualidad se
cuenta con un mínimo
de información empírica en la que puedan
fundarse algunas conclusiones; la
información recogida acerca de las necesidades y servicios
considerados como críticos por las personas
mayores es consistente con un patrón de
carácter universal: los sistemas de
servicios de salud y seguridad
social aparecen como los más importantes. El examen de dichos sistemas ilustra
la naturaleza compleja del problema de atención de la
población senescente; en la práctica,
la resolución óptima de tal cuestión exige cambios profundos
en la manera como nuestras sociedades
deciden y administran las cuestiones
relativas quién, qué,
por qué, cómo, cuándo y a qué costo recibe beneficios, especialmente en
épocas de carencia y demandas
conflictivas crecientes (Tapia, 1994).
El incremento de la
población mayor de 60 años, por una parte, y la permanente escasez de
recursos, por la otra, han puesto de
relieve la importancia de la calidad y el tipo de atención que se
les brinda, dado que mejorarla es también una forma de aumentar la
eficiencia de los recursos. En la última década se ha insistido en la
búsqueda de métodos que permitan evaluar esa atención
para así planificar y asegurar una
calidad adecuada en los servicios brindados a la mayoría de la
población senecta (Fleishman, 1994).
Aunado a lo anterior, la cobertura de
los servicios de salud para la
población de 60 o más años es desigual por lugar de residencia y por grupo de edad y género.
Las características del adulto mayor en las zonas rurales de México
muestran la inequidad en la prestación de los servicios: 82%
carece de seguridad social y, en el caso de solicitar
servicios médicos, primero acude a
los particulares
y después a los diversos centros de la
Secretaría de Salud y Asistencia (Borges y Gómez, 1998).
En la
realidad, la evolución de las instituciones
prestadoras de salud es un ejemplo muy concreto de la respuesta
social hacia la vejez ya que
demuestra cómo la sociedad invirtió en la salud de
la población económicamente activa
con servicios diseñados para atender a los trabajadores y sus familias, pero sin
anticipar las demandas de atención que resultarían de la transición
demográfica.
En muchos
países, los principales factores que impiden la instauración de
programas geriátricos incluyen la carencia de información esencial
y comparable, los fracasos para vigilar los programas
existentes, la carencia de personal con conocimientos y
capacitación en esta área, la escasez
de recursos económicos, la duplicación de funciones,
los intereses políticos diversos y la falta de un enfoque
adecuado a las condiciones locales y
nacionales. Se ha demostrado que las medidas preventivas,
el diagnóstico eficaz, los procedimientos apropiados para el
manejo de los pacientes crónicos y los cuidados geriátricos
proporcionados por la comunidad mejoran la capacidad funcional, la
adaptación a la vejez y, en general, el bienestar y
la independencia. Esta perspectiva confirma la po-sibilidad de
modificar los factores que afectan e invalidan al añoso, pero para
hacerla posible se requieren estudios
epidemiológicos que orienten sobre su padecimiento de mayor
morbilidad (De Gortari, 1993).
Por otra
parte, el mejoramiento de las condiciones
generales de vida y el mayor acceso a los servicios de salud han
provocado un descenso en las tasas de
mortalidad por enfermedades infecciosas
y un ascenso marcado en las enfermedades crónicas
(cánceres diversos, diabetes mellitus y enfermedades cardiovasculares) como las principales
causas de muerte (Secretaría de
Salud, 1994), que son las que de manera natural afectan más a la
gente mayor.
También es importante
señalar que el incremento en volumen y
frecuencia de la demanda y uso de servicios de salud por parte de la
población senescente, el aumento de
la diversidad y complejidad del tipo de servicios de salud
demandados, el incremento en la longitud temporal de su
uso continuo y otros aspectos
relacionados se pueden
traducir en una elevación de los costos sociales
de atención a la salud y de los gastos directos, personales y
familiares, en el uso de servicios de
salud para personas de este
sector poblacional (Stum y Bauer, 1996).
Una de las propuestas de solución a
este problema es la elaboración de modelos de atención
gerontológica, consistentes en un conjunto de actividades
preventivas, asistenciales,
terapéuticas,
de rehabilitación y capacitación,
preparadas especialmente por el
equipo de salud para un grupo
de pacientes y sus familias que comparten necesidades
y problemas médicos, psicológicos y sociales. Existe una gran
diversidad de modelos, e incluso pueden crearse otros o adaptar los
aplicados e n otros países para un medio específico (Morales,
Rodríguez y Morales, 2000). Del equipo de salud
depende el ingenio, la creatividad y
la flexibilidad para implantar los modelos que en cada caso se
requieran para llenar las
expectativas de la atención de una población geriátrica.
Los profesionales del área de la
salud deben participar en el diseño de los planes y las estrategias a
fin de generar un sistema de atención a la salud adaptado a los
padecimientos frecuentes crónicos y múltiples, además de tomar en
consideración la medicina preventiva
para disminuir las posibilidades de daño en el corto o largo
plazo.
Ante esta perspectiva,
la presente investigación tuvo como objetivo conocer las
opiniones de una muestra de adultos
mayores en relación con el
proyecto de establecimiento de una clínica de atención geriátrica
y de las características que debiera
tener. Se recogió, además, información sobre su
estado de salud, situación económica,
tipos de servicios médicos que recibe y opiniones en relación
a éstos. Con base en tal exploración, complementada
con algunos fundamentos teóricos, es que
se
llegó a una serie de conclusiones en
cuanto a proponer un modelo de
atención geriátrica para la
atención de la salud del adulto mayor. Así,
el
presente trabajo propone ese modelo
sin dejar de considerar los
problemas que el asunto plantea en
cuanto a su viabilidad, pues los
demandantes potenciales carecen de recursos en su mayoría y los
seguros médicos no cubren gastos
relacionados con la vejez, y,
por otra parte, incluye al oferente potencial
porque requiere sobrada especialización y,
por ende, una gran inversión del sector público
―destinatario
último de
la propuesta―, pero concientes
también del creciente aumento del grupo etario de referencia y de la
necesidad de atención especializada
para la evaluación, prevención, tratamiento
de sus enfermedades y mantenimiento de su salud.
Finalmente, este proyecto está encaminado a servir de antecedente y a
sentar las bases teóricas y empíricas que demuestren la necesidad
de instaurar un prototipo de organismo
integrado por un equipo
multidisciplinario que satisfaga
las necesidades de salud integral de la población senecta.
Los resultados derivados de
diversos estudios comprueban que los
porcentajes de enfermedades más altos corresponden a
padecimientos de tipo
crónico-degenerativo
―como
son las enfermedades del sistema circulatorio y del sistema
osteomuscular―,
los cuales requieren de tratamientos
largos, costosos y especializados, además de una atención
específica en cuanto a su tratamiento y prevención en las personas
mayores.
En
relación con la distribución y absorción
de los costos de la atención médica
en lo que toca a México, estos adoptan tres formas: la
primera está integrada por la Secretaría de Salud, misma que presta
atención a la población abierta; la segunda corresponde a las
dependencias de “entrega” de atención a la salud del Instituto Mexicano
del Seguro Social (IMSS)
y del Instituto de Servicios Sociales al Servicio de los Trabajadores
del Estado (ISSSTE)
(Durán, Sánchez, Vallejo, Carreón y Franco,
1996; Maceira, 1996), y la tercera forma
es la que corresponde al pago directo por parte de los usuarios.
En cuanto a estas formas de atención a la
salud, en un estudio anterior
(Hernández, en revisión) se ha demostrado que la mayoría de las personas añosas
requieren de servicios médicos específicos y que en su mayoría
recurren a instituciones públicas del sector salud como las citadas arriba, el Sistema
Nacional para el Desarrollo Integral
de la Familia (DIF)
y otras dependencias de la
Secretaría de Salud, siendo los menos quienes consultan médicos particulares, y casi nulo el número de los que
asisten a especialistas en geriatría,
servicio que no se ofrece en
ninguna de las dependencias
públicas citadas.
En referencia al uso de
estos servicios, y contrariamente al resultado de otras investigaciones de
este tipo (Huerta, 1999), en donde se
menciona que la mujer hace
mucho más uso de los servicios
médicos, en el estudio ya citado de Hernández (en revisión) la
frecuencia con que solicitan la atención médica fue similar en ambos
sexos.
Habitualmente, la salud del adulto mayor se
deteriora al paso de los años; no
puede tener la misma fuerza y capacidad física que un joven, pero
ello no significa que una persona mayor tenga
que enfermar con frecuencia y mucho
menos suponer que la enfermedad es parte natural del
envejecimiento. Mas, ¿qué hacer para permanecer sano? En el estudio
referido, a pesar de que más de la
mitad de los adultos mayores dijo saber cómo
cuidar su salud y evitar enfermedades, muy
pocos
eran los que cuidaban su alimentación,
ha-cían ejercicio (a pesar de la mayoría contestó que no tenían ningún
impedimento físico para hacerlo) o tomaban
complementos alimenticios, y
aún fueron menos los que hacían las tres cosas.
Generalmente, se da como un hecho que los tres principales factores para
una buena calidad de vida son la salud, el aspecto económico y el
afectivo, en ese orden; en efecto, la salud parece
ser una preocupación fundamental en
la vejez, así como la
situación económica, pero todavía es posible discutir cuál de los
tres factores es determinante en la calidad de vida (Casas, 1998). Otra
de las situaciones que dificultan la
valoración del estado de salud de los ancianos es la presencia de
varias enfermedades simultáneas (multimorbilidad),
y hay personas que reportan más de una docena de enfermedades al
mismo tiempo.
Así mismo, el crecimiento de la
población de ancianos ha
originado la necesidad de personal preparado en el campo de la
gerontología, lo que implica cambios
de actitud hacia el adulto mayor. Además del
suministro de servicios, los ancianos necesitan tener un contacto
estrecho con las personas que los proporcionan, quienes actúan también
como acompañantes o confidentes.
Para afrontar estos
problemas, se hace necesaria la participación
de un equipo multidisciplinario conformado por médicos geriatras y
gerontólogos, enfermeras
gerontólogas, gericulturistas,
terapistas físicos, trabajadores sociales, psicólogos,
dietistas, odontólogos y podólogos
(Conde, 1998), equipo que debe
trabajar en un establecimiento, llámese clínica, hospital de día
u hospital geriátrico.
Basados en estudios anteriores, y
teniendo en consideración las
características que debería tener la propuesta del modelo a
seguir para la atención de la salud
de los mismos, es que se estudiaron las
particularidades de dos de los
diversos modelos (Morales y
cols., 2000) que hay para la atención de este
grupo etario, las que se
mencionan a continuación:
Hospital de día: desarrollado como una alternativa
para las estancias hospitalarias prolongadas, reduce
significativamente los costos en la atención de la salud del viejo,
brindando un desprendimiento gradual
de los cuidados hospitalarios
que favorece la autonomía y disminuye los costos económicos de la
hospitalización y sus riesgos.
Unidades de evaluación geriátrica:
unidades
donde se centren los recursos médicos y
diagnósticos que pueden situarse en los servicios de consulta
externa dentro de los modelos tradicionales ―como el hospital, los
servicios de rehabilitación (Fleites, 1995) o cualquier otro medio―,
evitando la permanencia en el hospital que, aun siendo breve, puede
tener serias repercusiones.
Precisamente el modelo
que se propone reúne ambas condiciones, teniendo como primera consideración que
tales instituciones respeten la autonomía, voluntad y calidad de vida de
la población geriátrica a la que se apliquen, sin que deriven en cuestiones políticas, de lucro personal o de
mera improvisación. El equipo
geriátrico podría planear
mejor estos servicios si antes consultara con los propios viejos
sus necesidades y preferencias.
La propuesta del
presente proyecto no incluye la cuestión referente a cuidados
hospitalarios, ya que la hospitalización de
los pacientes viejos, en la mayoría de
los casos, suele ocasionar temor,
desesperanza, desconfianza,
agotamiento, soledad,
confusión, declinación física, conflicto y otros sentimientos
adversos que experimentan los pacientes cuando por alguna circunstancia
se hace necesario hospitalizarlos y cuya estancia en la institución se
prolonga debido a complicaciones. De hecho, el hospital es un lugar
hostil para muchos de los ancianos
frágiles con enfermedades graves, pues son vulnerables al
ambiente hospitalario, al reposo forzado en cama, al estrés y a la iatrogenia (Romero y
Rodríguez, 2000). De ahí que se proponga un modelo de atención
geriátrica donde el paciente añoso acuda para llevar un control de su
salud (prevención) que le haga posible gozar de una vida
independiente, o bien a hacer uso de los servicios para la evaluación de
su salud o el alivio de sus padecimientos.
Esta
propuesta del modelo que se menciona se hizo
a partir del fracaso de los esquemas
tradicionales de sistemas de salud y de seguridad social,
sistemas en los cuales los problemas
y necesidades de la población
añosa permanecen ignorados,
pues las decisiones sobre políticas públicas de servicios favorecen a los
grupos más numerosos y efectivos
en cuanto a su capacidad
para articular
y promover sus intereses.
Tomando en
consideración las
propuestas del
Plan Nacional Gerontológico (Conde,
1998) en donde se incluye el desarrollo de modelos de asistencia
para el grupo etario
mencionado,
es que se llegó a
la conclusión
que el modelo de atención geriátrica debe
reunir las siguientes características:
●
Estar ubicada en un
centro urbano con una población geriátrica
importante.
● Destinar
sus servicios única y exclusivamente a personas de 60 años o más.
● Tener
derecho, cualquier persona que cumpla con el
requisito anterior, a solicitar los
servicios, sin importar su clase o condición socioeconómica.
●
Tener informado al
paciente sobre
sus condiciones
de salud, para decidir junto con el
equipo multidisciplinario las metas
del tratamiento.
● Cobrar
los servicios
dependiendo de los recursos de cada persona.
● Especificar
que sólo en casos de urgencia el profesional de la salud correspondiente
acudirá al domicilio del paciente.
● Determinar
que, preferentemente, la institución dependerá del gobierno, o sea, del
sector público.
● Tener
en consideración que la mayoría de las personas sólo puede pagar por
consulta
médica un equivale a dos dólares,
aproximadamente.
● Puntualizar
que los servicios que no se refieran
a la consulta médica (como estudios de gabinete, análisis,
rehabilitación, curaciones,
tratamientos dentales, psicológicos,
psiquiátricos y otros) se cobrarán
dependiendo de los recursos de la persona.
● Contar
con los servicios de especialistas en
personas mayores, como médicos, psicólogos,
enfermeras, gericulturistas,
trabajadoras sociales, nutriólogos, dietistas, odontólogos,
podólogos y otros.
● Establecer
que sólo se dará consulta o cualquier otro
servicio para el mejoramiento de la
salud de tipo externo; no dispondrá de instalaciones para
aquellos pacientes que requieran hospitalización.
● Señalar
que en lo que se refiere a la adquisición de
medicamentos, el gobierno deberá instaurar un plan para que los
mismos sean accesibles, en especial
por aquellas personas que carecen de recursos económicos.
● Llevar
a cabo programas destinados a la prevención
de enfermedades y al autocuidado de la salud.
● Incluir
a los servicios de rehabilitación como parte
de las funciones.
● Instaurar
como política principal que el trato que se
dé a los pacientes deberá ser de
calidad total, lo cual quiere decir que, además de que la
atención médica o de cualquier otro
tipo sea excelente, el cuidado
que se les brinde sea expedito,
amable, paciente y afectuoso.
● Diseñar
las instalaciones para que sean funcionales,
armoniosas, motivadoras y adecuadas al propósito buscado en lo
correspondiente a áreas verdes, consultorios, salas
de rehabilitación, de espera,
área de recepción, de información y demás.
Para
concluir, es recomendable hacer más investigaciones en relación con el
adulto mayor, sobre todo en lo que se refiere a los aspectos de salud y
socioeconómicos; la ejecución de programas para elevar su calidad de
vida debe estar sustentada en hechos sólidos y obtenidos a partir de la
realidad que actualmente viven las personas que atraviesan por esta
etapa.