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Modelo de intervención psicológica en el VIH/sidaA psychological intervention model in HIV-AIDS Sergio Tobón1 y Stefano Vinaccia2
Manuel
Pando Moreno,
Darío Bermúdez,
Carolina Aranda Beltrán1, Jesús Pérez Castellanos1,
El objetivo del presente artículo es describir un modelo general de intervención psicológica en el VIH/sida3. Para ello, se tienen en cuenta diez ejes esenciales: el estudio epidemiológico, la prevención, la preparación para el análisis del VIH, el informe de los resultados de no seropositividad, la comunicación de seropositividad, la evaluación psicosocial integral, el tratamiento de la persona infectada en estado asintomático, el tratamiento en la fase sintomática (sida propiamente dicho), la preparación para la muerte y, finalmente, la elaboración del duelo en la pareja y familia tras la muerte de la persona con sida. La intervención por ejes puede ser simultánea o secuencial, de acuerdo a las necesidades de la persona infectada. En cada eje se definen los objetivos de la intervención psicológica, la forma de evaluar el proceso, las técnicas a emplear y el tiempo promedio de duración de la intervención. Palabras clave: Intervención psicológica; VIH/sida; Psicología de la salud; Psicología clínica; Modelo de intervención.
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ÁMBITO DE ACCIÓN |
Toda la comunidad. |
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OBJETIVOS |
1. Determinar la incidencia
y prevalencia del sida. |
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TÉCNICAS |
1. Metaanálisis de
investigaciones. |
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EVALUACIÓN |
1. Corroborar la eficacia de
los estudios epidemiológicos. |
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TIEMPO |
Proceso permanente dentro del marco de una política de salud pública. |
Eje 2: Prevención de la infección
A partir de los estudios epidemiológicos, se pasa al eje de la prevención de la infección, el cual tiene como objetivo central que las personas desarrollen conductas saludables que minimicen los riesgos de infección por el VIH. Hasta el momento, se tiene conocimiento de que el virus se transmite a través de los fluidos corporales, sobre todo por me-dio de la sangre (transfusiones sanguíneas y transplantes de órganos) y del semen (durante contactos sexuales sin medidas de protección) (Ballester, 1997). El VIH también se halla presente en fluidos como la saliva, el sudor y las lágrimas, pero en cantidades insuficientes para que la infección se transmita a otros seres humanos.
Teniendo en cuenta que en todo el mundo ha habido avances muy importantes en el análisis de las reservas de sangre que se emplean en las transfusiones, el principal factor de riesgo radica en conductas tales como tener relaciones sexuales sin usar el preservativo, tener contacto con la sangre de una persona infectada y consumir drogas por vía intravenosa con una jeringa no esterilizada. Sin embargo, modificar el comportamiento humano es un asunto altamente complejo debido al número tan elevado de factores psicosociales que es preciso considerar. De allí la importancia de que la psicología esté en el centro de todos los programas de prevención del VIH aportando diversas estrategias comportamentales, cognitivas y afectivas que logren implantar en la comunidad conductas efectivas para prevenir la transmisión del virus.
En la prevención del sida, el psicólogo tiene el reto de favorecer actitudes positivas hacia el uso del condón y la esterilización de las jeringas en el empleo de drogas por vía intravenosa. En esta línea es necesario 1) promover la percepción del riesgo de la infección en la población, ya que con frecuencia se encuentran personas para quienes el sida no es un problema que les incumba (Keeling, 1987); 2) fomentar prácticas educativas en la familia sobre el uso del condón; 3) desarrollar la comunicación asertiva con el fin de favorecer el sexo seguro y soportar la presión de algunas parejas sexuales que se niegan a usar los medios apropiados (Wong, Archivald, Chan-Roy y cols., 1994); 4) entrenar a los adolescentes en ha-bilidades de afrontamiento de situaciones de riesgo, tal como un estudio de Brown, Fritz y Barone (1989) sugiere; 5) buscar no sólo el desarrollo de conductas saludables, sino también crear condiciones psicológicas y sociales para que se mantengan en el tiempo, pues se ha observado una alta tasa de recaídas en las conductas de riesgo a pesar de haber al comienzo un cambio en ellas (véase, por ejemplo, Kelly y Murphy, 1992), y 6) hacer que las conductas de salud sean atractivas a las personas, enlazándolas a situaciones placenteras (Ballester, 1997) con el fin de que eso fomente su puesta en práctica (Tabla 2).
Tabla 2. Componentes de la prevención de la infección.
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ÁMBITO DE ACCIÓN |
Toda la comunidad. |
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OBJETIVOS |
1. 1. Informar a la
comunidad sobre el sida. |
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TÉCNICAS |
Modelamiento, persuasión, técnicas de comunicación, encuestas. |
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EVALUACIÓN |
1.
1. Eficacia del programa en la creación de conductas de
salud y |
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TIEMPO |
Debe ser un proceso permanente de largo tiempo en el marco de una política de salud pública. |
La prevención también busca mejorar el bienestar de las personas para que puedan vivir cada vez mejor a través del fomento de la autoestima, la autoeficacia, la responsabilidad con la vida y demás. Debe combinar varios medios para que sea efectiva, tales como el trabajo comunitario, los medios de comunicación y la educación mediante diferentes lenguajes.
Eje 3: Preparación para la evaluación del VIH
En este punto puede hallarse a dos tipos de personas: aquellas que acuden a practicarse una evaluación de rutina para el VIH dentro de una conducta de prevención individual o pública o para tener una constancia de no estarlo, y quienes acuden porque consideran que han realizado conductas de riesgo para la infección y sospechan de su posible seropositividad, pero que todavía no tienen una constancia fehaciente de ello. Debido a las connotaciones, denotaciones, símbolos y mitos altamente negativos que hay en torno al sida, la posibilidad de ser seropositivo es altamente estresante (Bayés, 1995).
Cuando el médico o enfermero concluyen que es necesario que la persona se someta al procedimiento de rutina para la prueba de anticuerpos para el VIH, es necesario que lo hagan con mucha prudencia y que en ese momento le brinden al paciente un espacio en el cual éste pueda expresar sus emociones y pensamientos. Deben brindarle información suficiente sobre el procedimiento y las estrategias de afrontamiento que le permitan manejar de una forma adecuada sus emociones ante la posibilidad de ser seropositivo. El profesional de la salud debe tener en cuenta que con frecuencia acuden personas angustiadas que creen tener sida sin mostrar comportamientos de riesgo. Muchas de ellas son hipocondríacas, las cuales se deben derivar a la consulta psicológica.
Suele suceder que la intervención psicosocial solamente se lleva a cabo una vez que se establece de manera firme que la persona es seropositiva; no obstante, se ha podido establecer que cuanto más temprano comienza la intervención psi-cosocial, la enfermedad se desarrolla de una forma menos negativa (Antoni, Schneiderman, Flechter y Goldstein, 1990). La experiencia muestra que la intervención en este momento debe ser individual. El modelo de intervención se describe en la Tabla 3.
Tabla 3. Elementos de la preparación para el análisis del VIH.
TIPO DE INTERVENCIÓN |
La intervención debe ser individual y confidencial. |
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OBJETIVOS |
1 1. Escuchar al paciente de
manera activa y darle un espacio para |
TÉCNICAS |
1 1.
Entrevista. |
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EVALUACIÓN |
11. Pre:
Aplicar un cuestionario para evaluar información sobre |
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DURACIÓN |
Desde que asiste el paciente por primera vez hasta la anterior a aquella en que se comuniquen los resultados. |
Eje 4: Comunicación de resultados de no seropositividad
Es importante que la comunicación de resultados de que no hay seropositividad se lleve a cabo entre el psicólogo y otro miembro del equipo sanitario preparado previamente para ello. El acto de entrega debe ser individual y confidencial, posibilitándole a la persona sentirse en un ambiente de confianza y apoyo. En la Tabla 4 se describen los diferentes componentes de este proceso.
La experiencia muestra cómo en muchos casos en que no hay seropositividad la infección ha ocurrido posteriormente debido a que se continúan practicando conductas de riesgo. Es por ello esencial aprovechar el momento de la comunicación para reforzar en la persona comportamientos saludables y prevenir situaciones de riesgo. Al respecto, le corresponde al psicólogo capacitar al equipo sanitario sobre cómo establecer una relación empática con la persona y cómo brindarle información y motivarla en torno a la prevención (Tabla 4).
Tabla 4. Componentes de la comunicación de no seropositividad.
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TIPO DE INTERVENCIÓN |
La intervención debe ser individual y confidencial. |
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OBJETIVOS |
1. Darle un espacio para que exprese sus temores,
ansiedades |
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TÉCNICAS |
1. Comunicación asertiva. |
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EVALUACIÓN |
1. Pre: Aplicar un cuestionario para evaluar actitudes y |
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DURACIÓN |
Dos sesiones. |
Eje 5: Comunicación de resultados de seropositividad
En caso de seropositividad, es necesario llevar a cabo el programa descrito en la Tabla 5. Para ello, es preciso tener en cuenta que la comunicación de seropositividad es un hecho altamente estresante y, por ende, el profesional que comunique tal resultado debe tener una sólida formación profesional y personal para acompañar a la persona y ayudarle a superar ese crítico momento. Además, es necesario comprender que cada paciente es único en la manera de reaccionar ante la noticia de que está infectado, ya que tal reacción está mediada por su personalidad, condiciones económicas, educación, conocimiento del VIH/sida y otras características.
Durante la comunicación de resultados han de emprenderse tres acciones fundamentales: 1) comunicarle al paciente la seropositividad para la infección, 2) informarle todo lo relacionado con el tratamiento, la infección y los factores de un buen pronóstico y 3) promover en él estrategias de afrontamiento adecuadas para un buen control de la infección y de los estados emocionales, tales como la aceptación, reevaluación, optimismo y demás.
La comunicación de seropositividad debe hacerse en el marco de una intervención psicosocial que posibilite una disminución del estrés, desarrolle estrategias de afrontamiento adecuadas para un buen pronóstico, favorezca la expresión emocional y habilite competencias en el paciente para que pueda comunicar el hecho de su seropositividad a otras personas.
El diagnóstico de VIH conlleva una percepción negativa de la salud general, disminuye la vitalidad y la práctica de conductas saludables y favorece las no saludables. Es por ello muy importante que, además de otro miembro del equipo sanitario, esté presente el psicólogo para ayudar al enfermo a manejar el estrés y el impacto emocional (Tabla 5).
Tabla 5. Componentes de la comunicación de resultados de seropositividad.
TIPO DE INTERVENCIÓN |
La intervención debe ser individual y confidencial. |
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OBJETIVOS |
1. Comunicar los resultados de forma clara, precisa y
asertiva al |
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TÉCNICAS |
1. Comunicación asertiva, persuasiva y empática. |
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EVALUACIÓN |
1. Pre: evaluar el nivel de información que se tiene sobre
la |
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DURACIÓN |
Una sesión. |
Eje 6: Evaluación psicológica integral
Se realiza después de la comunicación de los resultados de seropositividad y tiene como objetivo comprender la dinámica del procesamiento cognitivo-afectivo y los patrones de comportamiento de la persona infectada, teniendo en cuenta los diversos
entornos en los cuales se desenvuelve la persona y considerando el momento evolutivo de la infección en el cual se encuentre. De esta forma, se pretende facilitarle al paciente un mejor conocimiento de sí mismo y establecer un plan de intervención. La Tabla 6 describe los elementos esenciales que componen la evaluación psicológica.
Tabla 6. Componentes de la evaluación psicológica.
TIPO DE INTERVENCIÓN |
Individual. |
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OBJETIVOS |
1.
Promover un mejor conocimiento en la persona infectada de |
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TÉCNICAS |
1.
Anamnesis: Se explora el funcionamiento de la persona en las |
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EVALUACIÓN |
Se determinan
con el paciente los aportes de la evaluación psicológica
para su conocimiento personal. |
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DURACIÓN |
Una sesión. En algunos casos puede requerirse de dos e incluso tres sesiones cuando hay trastornos psicopatológicos o neuropsiquiátricos. |
A continuación se exponen los componentes de la evaluación procesal del estrés en las personas con VIH, acorde al modelo presentado por Sandín (1995, 1999). Aunque lo ideal es evaluar todos los componentes descritos, pueden seleccionarse sólo algunos de acuerdo a las necesidades de cada persona en particular. Aun así, siempre será de fundamental importancia considerar por lo menos las es-trategias de afrontamiento, los recursos personales y la personalidad, ya que estos factores son esenciales para planificar el proceso de intervención.
● Demandas psicosociales relacionadas con sucesos vitales (Cuestionario de Sucesos Vitales, de Sandín y Chorot [1987]), estrés diario (Cuestionario de Estrés Diario, de Santed, Chorot y Sandín, [1991]) y estrés crónico (por ejemplo, el estrés laboral puede evaluarse con la Escala de Estrés UNCAHS, de Luecken, Suárez, Kuhn y cols. [1997]). Pueden elaborarse también entrevistas semiestructuradas para evaluar los eventos en concordancia con la condición de la persona.
● Recursos personales para afrontar el estrés, tales como la autoestima (Cuestionario de Autoestima, de Rosenberg [1965]).
● Estrategias de afrontamiento (Cuestionario de Afrontamiento del Estrés (CAE), de Sandín y Chorot [2003]) y apoyo social (SS-B, de Vaux, Riedel y Stewart [1987]).
● Personalidad (Inventario Clínico Multiaxial, de Millon [1998]) y el afecto positivo y negativo (Cuestionario PANAS, de Watson, Clark y Tellegen [1988], versión española de Sandín, Chorot, Lostao y cols. [1999]).
● Respuestas emocionales en el ámbito de la ansiedad (Escala Conductual de Ansiedad-Estado, ECAE, de Chorot y Sandín [1985]) y de la depresión (Cuestionario de Depresión, de Sandín y Valiente [1998]).
● Estatus de salud mental (Cuestionario de Síntomas SCL-90 R, de Derogatis [1983], adaptado a la población española por González de la Rivera, Derogatis, De las Cuevas y cols. [1989]) y salud general (Cuestionario SF–36, de Alonso, Regidor, Barrio y cols. [1998], el cual mide la salud desde la perspectiva del paciente tanto en el ámbito físico como mental).
También es necesario tener en cuenta que el VIH es un virus que afecta el sistema nervioso central, produciendo con frecuencia alteraciones neurológicas (Ayuso, 1991), sobre todo en los casos avanzados. Los problemas más comunes en esta área son la demencia, el delirio y la sintomatología psicótica (Ballester, 1997). Es por ello necesario que el psicólogo practique una evaluación neuropsicológica, ante todo en la fase sintomática de la enfermedad o cuando sea necesario para establecer un diagnóstico diferencial. Al respecto, se recomienda el empleo de la Batería Neuropsicológica de Luria-Nebrasca (Ayers, Abrams, Newell y Friedrich, 1987).
Finalmente, es importante anotar que los instrumentos de evaluación psicológica deben aplicarse como mínimo una semana después de habérsele comunicado al paciente su seropositividad y nunca en el mismo momento (Ballester, 1997; Calvo, 1990), ya que en ese instante el psicólogo y el personal de salud deben dirigir sus esfuerzos en torno a que la persona pueda asimilar la noticia y pueda afrontar el hecho de la manera más adaptativa posible.
Eje 7: Tratamiento psicosocial en el paciente infectado asintomático
Este eje transcurre desde que se le comunica al paciente su seropositividad hasta que comienzan a aparecer los síntomas. Una vez que se produce la infección, la persona permanece generalmente varios años sin síntoma alguno. Al respecto, se calcula que alrededor de 60% de las personas seropositivas desarrolla el sida durante los diez años siguientes a la infección, un 20% manifiesta síntomas menores (fiebre, sudoración nocturna, diarrea, aumento del volumen de los ganglios, pérdida de peso, etc.) y otro 20% continúa asintomático (Ballester, 1997).
Se ha concluido que la duración del periodo sin síntomas y de los años de vida está estrechamente relacionado con la carga viral (cantidad de virus) en el momento de la infección y su producción en el transcurso de la enfermedad, así como con la capacidad del sistema inmunitario (cantidad de células CD4) (véase Ho, 1995). Al respecto, se realizó un estudio con 39 varones homosexuales seropositivos al VIH que habían perdido a sus parejas en el último año, hallándose una mayor progresión de la infección por VIH en comparación con un grupo control conformado por otros 39 homosexuales que no habían perdido a sus parejas en idéntico periodo de tiempo (Kemeny, Weiner, Durán y cols., 1995).
También se han reportado beneficios del apoyo social en las personas infectadas en cuanto a la búsqueda de tratamiento, especialmente el farmacológico, en la adherencia a actividades de ejercicio físico y en la atenuación del estado emocional negativo (Sherman, 1996). Asimismo, se ha referido que el apoyo social no sólo influye en el estado emocional alterado del paciente con sida, sino que también tiene efectos benéficos en la respuesta del sistema inmune a la enfermedad (Theorell, Blomkvist, Jonsson, Schulman y Berntorp, 1995).
Por lo tanto, se ha propuesto que las intervenciones psicológicas se realicen lo antes posible, cuando el nivel de células CD4 es todavía elevado, para que estas no disminuyan y en lo posible aumenten (Bayés y Borrás, 1999). La intervención podría también disminuir la carga viral, pero ello requiere nuevas investigaciones. Hay evidencia en torno al hecho de que las intervenciones psicológicas ayudan a que el desencadenamiento de la enfermedad sea más lento, aumentando así el número de años de vida saludables y también la calidad de vida (Bayés, 1994).
Asimismo, se propone dirigir las intervenciones psicológicas de asesoría y terapia en las personas con VIH tomando como base el modelo de afrontamiento de Lazarus (2000) (cfr. Lazarus y Folkman, 1986; Lazarus y Lazarus, 2000), pues puede ser asumido como heurístico de las intervenciones terapéuticas en psicología (Casado, 2002). Dicha propuesta se fundamenta en el hecho de que las intervenciones psicológicas basadas en el manejo de estrategias de afrontamiento han demostrado tener beneficios en la salud mental y física de las personas infectadas con VIH (Kelly y Kalichman, 2002). En la Tabla 7 se describen los componentes más importantes de la intervención psicológica basada en las estrategias de afrontamiento del estrés.
Tabla 7. Componentes del tratamiento psicosocial en la fase asintomática.
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TIPO DE INTERVENCIÓN |
Individual. |
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OBJETIVOS |
1.
Promover una vida normal. |
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TÉCNICAS |
1.
Entrenamiento en reevaluación y reestructuración cognitiva. |
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EVALUACIÓN |
Pre y post.
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DURACIÓN |
Se recomienda una fase de terapia de 10 a 20 sesiones, con una sesión de seguimiento mensual o semestral, de acuerdo a las necesidades. |
Eje 8: Tratamiento psicosocial en los pacientes sintomáticos con sida
El periodo sintomático corresponde al sida propiamente dicho y se produce cuando hay una disminución significativa de las células C4+ y la aparición de una de las 26 enfermedades especificadas por los Centers for Disease Control (1992) de Estados Unidos (cfr. Baratas y cols., 1996). La intervención psicológica durante este periodo pretende que el paciente tenga los niveles más altos de calidad y cantidad de vida posibles de acuerdo a sus posibilidades, de tal manera que goce de un pleno bienestar a pesar de la infección.
Las intervenciones psicosociales hacen una contribución de gran importancia para el mejoramiento de la salud de los pacientes en la fase sintomática, toda vez que ayudan a controlar los síntomas físicos y los psíquicos (Bayés, 1994). Para ello, se propone ―al igual que en la fase asintomática― tener como base el modelo del afrontamiento del estrés de Lazarus y Folkman (1986). La Tabla 8 describe las principales técnicas que se pueden emplear al respecto.
Con respecto a los objetivos descritos en la Tabla 8, hay que hacer las siguientes consideraciones. En primer lugar, es necesario que los sujetos con VIH/sida desarrollen habilidades de ocultación de síntomas en virtud de que los síntomas fí-sicos externos son causa de un rechazo considerable por parte de la sociedad, dados los tabúes y estereotipos sociales que existen. El hecho de que se padezca la infección y se desarrolle el sida implica para muchos pacientes dejar de hacer cosas que antes hacían o entregarse a la pena. La intervención psicosocial debe promover un estilo de vida lo más normal posible para que el paciente se sienta integrado a la sociedad y eso le brinde un mayor bienestar y más posibilidades para controlar la infección.
La intervención busca también fomentar comportamientos y estrategias de afrontamiento saludables que potencien un mejor estado de salud. Los factores emocionales son un factor muy importante en la evolución de patologías relacionadas con el sistema inmunológico como el sida. Es por ello que la intervención psicosocial debe apuntar a que los sujetos infectados desarrollen técnicas y estilos de vida que favorezcan el bienestar emocional y controlen situaciones emocionales re-lacionadas con la misma enfermedad.
Otro factor muy importante sobre el que hay que intervenir es el relacionado con el apoyo social, variable estrechamente implicada en el bie-nestar emocional. Se debe procurar que la familia sea solidaria con el paciente, pero que no sea a partir del pesar sino del apoyo mutuo. Es nece-sario también intervenir en los sentimientos de culpa, los cuales emergen en muchos pacientes debido a que sus comportamientos no suelen ser aceptados por sectores importantes de la sociedad. La intervención en estos casos se dirige a que los pacientes infectados aprendan a reconocerlos y a afrontarlos para evitar situaciones emocionales negativas.
Tabla 8. Componentes del tratamiento en la fase sintomática.
TIPO DE INTERVENCIÓN |
Individual. |
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OBJETIVOS |
2. Aprender a ocultar los síntomas. |
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TÉCNICAS |
Las técnicas
están dirigidas a ayudar a la persona a afrontar la fase
sintomática de su enfermedad y a manejar situaciones
estresantes durante este periodo: |
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EVALUACIÓN |
Pre y post.
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DURACIÓN |
Es intensiva al
principio (diez sesiones como mínimo) y puede luego
realizarse una sesión cada mes a través de un formato
grupal. |
Eje 9: Preparación para la muerte
La percepción de la proximidad de la muerte genera en muchos pacientes con sida profundas emociones negativas, así como en sus familiares y amigos. La preparación para la muerte ocurre cuando el afectado con sida esté próximo a morir y solicite dicha preparación. Tal demanda de intervención psicosocial puede formularse también por par-te de los familiares, pareja o amigos.
La preparación para la muerte pretende: 1) Trabajar con el paciente y personas cercanas el manejo de las emociones negativas y alteraciones emocionales; 2) Facilitar el proceso de despedida, de preparación para la muerte, de cierre del ciclo vital del individuo; asimismo, ha de facilitársele al paciente que va a morir la expresión de sus últimos deseos. La intervención va más allá de la muerte del paciente ya que se está interviniendo también con la pareja, familiares o amigos con el fin de que puedan “elaborar” la pérdida, y 3) Proporcionarle apoyo espiritual. Esto debe hacerse sin importar las creencias religiosas específicas de los pacientes. Toda persona vive de una u otra forma la experiencia espiritual, pues es una forma de ser au-ténticamente humana. Todos los profesionales que trabajan con el sida deben de tener una profunda vivencia espiritual para que puedan acompañar en este proceso a la persona que va a morir. Teniendo en cuenta estos fines de la preparación para la muerte, se muestran las estrategias de intervención en la Tabla 9.
Tabla 9. Componentes de la preparación para la muerte.
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TIPO DE INTERVENCIÓN |
Individual. |
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OBJETIVOS |
1. Controlar posibles alteraciones emocionales. |
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TÉCNICAS |
1.
Entrenamiento en técnicas de autocontrol emocional. |
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EVALUACIÓN |
Pre y post.
|
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DURACIÓN |
Cinco sesiones aproximadamente. La duración depende de las necesidades del paciente y su familia. |
Eje 10. Elaboración del duelo
La
muerte de un ser querido produce crisis emocionales y requiere de un
proceso de elaboración de la pérdida. En muchos casos es necesario que
el psicólogo acompañe a la familia de la persona que fallece
asesorándola en la elaboración del duelo. Sin embargo, cuando se
encuentra un proceso de duelo patológico, es recomendable que el
psicólogo que trabaja en el ámbito sanitario remita el caso a otro
especialista para que se pueda llevar a cabo una intervención a fondo y
con la duración necesaria (Tabla 10).
Tabla 10. Intervención en la elaboración del duelo en la pareja y la familia.
TIPO DE INTERVENCIÓN |
La intervención es esencialmente con toda la familia. En casos extremos, se realizará intervención individual a la pareja, hijos y familiares próximos (padres). |
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OBJETIVO |
Ayudar a la elaboración del duelo en la pareja o familia por la pérdida del ser querido afectado por el sida. |
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TÉCNICAS |
1. Escucha,
empatía y acompañamiento. |
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EVALUACIÓN |
Pre y post. |
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DURACIÓN |
De una a cuatro sesiones, de acuerdo a las necesidades de acompañamiento. |
CONCLUSIONES
El objetivo de este trabajo fue el de elaborar un programa de intervención psicosocial que posibilite a los profesionales de la salud en general y a los psicólogos en particular una visión completa de los momentos en los cuales ha de llevarse a cabo dicha intervención en las personas infectadas con VIH. En cierta medida pudo llevarse a cabo lo anterior, y se espera que los profesionales que trabajan en este campo adopten esta visión de conjunto para desarrollar propuestas de intervención específicas que se ajusten a la realidad de los pacientes y sus concepciones teóricas y expectativas profesionales.
Con el presente trabajo se pretende lograr cierto consenso en la intervención psicosocial, considerando la gran importancia que tienen las intervenciones que busquen aumentar la cantidad de vida y mejoren su calidad. En nuestro medio todavía no se le ha dado la suficiente importancia a la intervención psicosocial tal como está ocurriendo en otros países. Además, muchas veces la intervención psicosocial se lleva a cabo por compasión hacia el paciente para aliviar su dolor y sufrimiento, lo que no debe ser así. Este programa general brinda una amplia gama de actividades que se pueden llevar a cabo en la intervención psicosocial con pacientes con sida a partir de un análisis de los diferentes momentos por los que pasa esta enfermedad y de las necesidades de intervención psicosocial que hay en cada una de ellas.
3 Se ha optado aquí por sustantivar las siglas SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida), como ya es ampliamente aceptado (N. del E.).
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