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Los programas de intervención
contra los agentes microbianos
Intervention programs
against microbial agents
César Aburto
Galván
RESUMEN
Las principales causas de muerte
tienen un fuerte componente comportamental que se hace evidente si se buscan
los antecedentes que hacen aparecer las causas de muerte reportadas
oficialmente; por lo tanto, resulta de interés describir las principales
acciones que se realizan para disminuir la proporción de muertes por esas
causas e identificar la medida en que se incide en el comportamiento de las
personas. Este trabajo es parte de una serie que se inició con los programas
de intervención contra el tabaquismo, que continuó con los enfocados a la
dieta y patrones de actividad, así como contra el alcoholismo.
Palabras clave: Programas
de intervención; Agentes microbianos; Enfermedades transmisibles;
Resistencia a antimicrobianos.
ABSTRACT
The main causes of death have an
important behavioral component evident in the antecedents of death
officially reported; therefore, it is important to describe the main actions
that are being realized to diminish the proportion of casualties by those
causes, identifying the extent in which those actions direct the behavior of
the people. This work is part of a series of intervention programs that
began with those against tobacco, diet/activity patterns, and alcoholism.
Key
words: Intervention programs; Microbial agents; Communicable diseases;
Antimi-crobial resistance.
INTRODUCCIÓN
En un trabajo anterior,
Aburto y Gamundi (1996), al ir más atrás en la búsqueda de los factores
que inician el proceso que causa la muerte ―entre otras razones por la
participación que tiene el comportamiento humano y la relación que
podrían tener tales problemas con la psicología de la salud―, y
basándose en un estudio de MacGinnis y Foege (1993), propusieron como
las principales causas reales de muerte en México, en 1993, a las
siguientes, en orden de importancia: tabaquismo, dietas y patrones de
actividad, alcoholismo, agentes microbianos, agentes tóxicos, armas de
fuego, comportamiento sexual, vehículos de motor y uso ilícito de
drogas. Ya se ha hecho referencia a los programas de intervención de las
tres primeras (Aburto, 1998, 1999, 2002), por lo que en este documento
se hará referencia a los programas de intervención contra los agentes
microbianos.
QUÉ SON LOS AGENTES
MICROBIANOS
Entre los agentes
microbianos se incluye a las bacterias, hongos, virus, parásitos y
priones. Afortunadamente para el hombre, sólo un pequeño número de
bacterias y hongos ha adquirido el poder de existir dentro del cuerpo
vivo y producir así enfermedades. El término microbiología se ha hecho
popular en lugar de “bacteriología” porque incluye también a los hongos,
virus y ricketsias y a los protozoarios y helmintos (Boyd, 1972; Strohl,
Rouse y Fisher, 2001). La vasta mayoría de bacterias viven únicamente en
la materia muerta y son por ende llamadas saprofitas para distinguirlas
de los parásitos que medran en la materia viva, aunque a menudo el
término es equivocadamente restringido a las formas animales, en
oposición a las formas vegetales que invaden y viven en el cuerpo.
Algunas bacterias pueden
producir enfermedades en prácticamente todos los órganos del cuerpo,
tales como los estafilococos, estreptococos y el bacilo tuberculoso.
Muchas tienen predilección especial por ciertos órganos y raramente se
les encuentra en algún otro; ejemplos de este grupo son el gonococo
(tracto genital), el meningococo (meninges que cubren el cerebro y la
columna vertebral), el neumococo (pulmones y vías respiratorias
superiores) y el bacilo de la tifoidea (intestinos).
Es muy fácil matar a las
bacterias fuera del cuerpo por medio de antisépticos. Es mucho más
difícil hacerlo en el cuerpo vivo porque los venenos que son dañinos
para las bacterias son aun más lesivos para las células del cuerpo. El
tratamiento es específico cuando ataca a las bacterias sin dañar las
células. En el pasado, formas específicas de tratamiento habían sido muy
raras, pero la terapia antibiótica cambió esa situación. Los
antibióticos modernos ―por ejemplo la penicilina y la estreptomicina,
que son preparados de hongos en el suelo― pueden aniquilar a las
bacterias in vitro con asombrosa rapidez. En el cuerpo vivo no pueden
hacer esto directamente, pero sí evitar que las bacterias se
multipliquen y brindar a las fuerzas defensivas del organismo el tiempo
necesario para movilizarse y atacar a las invasoras (más adelante se
describirá la situación relacionada con la resistencia actual de las
bacterias a los antibióticos). En otras palabras, son bacteriostáticos
en su acción, pero algunos son también directamente bactericidas. Sin
embargo, también se ha encontrado que los antibióticos pueden también
matar a las bacterias útiles del intestino y dejar un vacío, que pronto
es ocupado por los organismos patógenos.
En cualquier caso, el
diagnóstico temprano de laboratorio de la naturaleza del agente
infectante es de importancia fundamental, pues de esa manera se puede
iniciar oportunamente la terapia antibiótica apropiada.
En contraposición con las
bacterias, los virus no son capaces de sobrevivir por sí mismos porque
carecen de enzimas. Para existir y multiplicarse deben ocupar células
vivientes, que les proveen del material y energía necesarios. La
posición intracelular de los virus hace que sea singularmente difícil
atacarlos, pues las sulfonamidas y los antibióticos ―que resultan tan
efectivos contra las bacterias extracelulares invasoras― no pueden
penetrar a la célula y afectarlos (Boyd, 1972).
Un virus puede ingresar en
una célula y no producir cambio alguno en la estructura o una
perturbación en su función. Es el caso de los enterovirus (cultivados
del excremento de personas infectadas y que por ende actúan como
portadoras), siendo un ejemplo de ellos los virus Coxsackie. En el otro
extremo tenemos los efectos explosivos del virus de la fiebre amarilla
en las células del hígado y del virus de la poliomielitis en las células
motoras del cuerno anterior de la médula espinal. Hay, por lo tanto, una
gran diferencia entre infección viral y enfermedad viral.
A los hongos, incluidos las
levaduras y los mohos, se les considera plantas, aunque generalmente se
les asigna ahora su propio reino, Micota (Boyd, 1972; Strohl y cols.,
2001). Como carecen de clorofila, no pueden manufacturar su propio
alimento y son, así, saprófitos o parásitos que viven en y a expensas de
otras plantas y animales y del hombre.
El tema de las infecciones
micóticas está adquiriendo rápidamente una importancia creciente en
razón del uso y abuso de antibióticos múltiples. Estos eliminan a las
bacterias inofensivas con los que los hongos viven y que sirven de
limitantes de su crecimiento. Con la eliminación de las bacterias, los
hongos pasan a ocupar el campo, para multiplicarse sin limitación y
asumir el papel de patógenos.
Una de las características
más notables del ciclo de vida del parásito es que los huevos producidos
en el cuerpo de un animal o del hombre no se desarrollan en el mismo
huésped (Boyd, 1972). Pueden desarrollarse como larvas en el suelo, pero
usualmente deben ser ingeridos por otro huésped y desarrollarse en él.
El huésped definitivo es el del parásito adulto (ciclo sexual) y el
huésped intermedio es el del embrión (ciclo asexual). El hombre, por
ejemplo, es el huésped definitivo de la tenia común, pero huésped
intermedio del parásito del paludismo.
El parásito no
necesariamente daña al huésped; los dos pueden convivir en armonía
durante mucho tiempo. Ciertamente, el parásito triunfador es el que no
pone en peligro la supervivencia de su huésped, porque al hacerlo
arriesga la propia. Los parásitos productores de enfermedad pertenecen a
dos grandes grupos: los protozoarios u organismos unicelulares y los
helmintos. Los helmintos, a su vez, se dividen en nemátodos, tenias y
lombrices.
En el estudio de la
microbiología se incluye la frase “agente infeccioso no convencional”
para referirse a un agente particular, transmisible, infeccioso, que,
mientras que tiene algunas propiedades comunes con los virus, no se
ajusta a su definición clásica. Uno de tales agentes infecciosos no
convencionales, el prión, ha estado fuertemente implicado como agente
causal de la encefalitis espongiforme que se transmite de los animales a
los humanos (en estos tiene varios nombres, pero frecuentemente se le
refiere como la enfermedad de Creutzfeld-Jakob).
El huésped tiene su propio
mecanismo de defensa llamado sistema inmune innato, que está constituido
por un conjunto interactuante de células y proteínas especializadas
diseñado para identificar y destruir a los invasores extraños o a
sustancias anormales antes de que puedan dañar al organismo. Para que el
sistema inmune pueda montar una defensa en contra de los invasores
extraños, debe poder reconocer a miles de millones de estructuras
diferentes en los antígenos
extraños, incluidas las moléculas que el cuerpo nunca antes había
encontrado. La discriminación entre lo propio y lo extraño, la
destrucción subsecuente y la remoción de material extraño se logran
mediante las dos armas del sistema inmune: el sistema inmune innato (o
“natural”) y el sistema inmune específicamente adaptado (o “adquirido”).
Algunos sistemas están completamente preparados desde la primera vez que
encuentran la sustancia extraña (sistema inmune innato); otros sistemas
requieren una exposición inicial a dicha sustancia para combatirla
(sistema inmune adaptable o adquirido), como ocurre, por ejemplo, con la
vacuna antipoliomielítica.
La piel consiste de capas de
células epiteliales secas, cornificadas. Esta barrera contra las
bacterias y los virus es esencialmente impermeable a menos que esté
dañada. Las lágrimas, la saliva y el moco contienen la enzima lisozima,
que protege contra las bacterias grampositivas pero no contra las
gramnegativas. Los organismos comensales ―los microorganismos no
patógenos que constituyen la flora microbiana normal que se lo-caliza en
las superficies internas y externas del cuerpo― son benéficos porque
compiten con los patógenos potenciales.
El movimiento normal de
fluidos y moco es crítico para destapar y limpiar las superficies
corporales, ayudando así a evitar la invasión microbiana. Tales defensas
mecánicas pueden verse debilitadas en algunos individuos en razón de sus
estilos de vida inconvenientes. Por ejemplo, el tabaquismo, la
farmacodependencia, el tipo de alimentación y el grado de consumo de
alcohol pueden impedir o limitar los mecanismos que expulsan a los
organismos invasores de los pulmones.
La inflamación resulta
cuando las defensas químicas y fisiológicas de la superficie son
dominadas por un patógeno. La respuesta inflamatoria provoca que las
uniones normalmente apretadas que hay entre las células epiteliales de
la superficie mucosa se separen reversiblemente; como resultado, las
células especializadas y componentes del suero pueden moverse del plasma
al espacio intersticial para proveer una inmediata defensa mientras la
respuesta inmune adquirida está siendo montada. Algunas de dichas
células (colectivamente llamadas fagocitos) destruyen a los
microorganismos invasores a través de la fagocitosis (ingestión de
microorganismos y otras células y partículas extrañas), seguida por una
digestión intracelular, mientras que otras (células mortíferas
naturales) delimitan la infección liberando compuestos que son tóxicos
para los microorganismos.
En muchos sentidos, se puede
considerar al sistema inmune como la fuerza de seguridad del cuerpo. El
sistema inmune innato es como una policía local, que proporciona
protección inmediata no específica contra todos los tipos de intrusos.
El oficial puede no estar capacitado para restaurar completamente el
orden en todas las situaciones, pero al menos está disponible
inmediatamente y puede intentar hacerse cargo de ellas hasta que puedan
arribar los refuerzos específicos altamente adiestrados que provee el
sistema inmune adquirido. El sistema inmune adquirido es más específico
y se enfrenta a invasores determinados, de la misma manera que lo hace
una fuerza especializada, como un equipo para desactivar bombas o
rescatar rehenes. Las fuerzas de seguridad específicas del sistema
inmune adquirido no están disponibles de inmediato, pero pueden ser
convocadas cuando es necesario. La respuesta adquirida de-mora más para
desarrollarse que la respuesta innata, pero es más poderosa porque se
enfoca a patógenos específicos y exhibe memoria; esto es, una
confrontación subsiguiente con el mismo antígeno produce una respuesta
inmune más rápida e intensa, que frecuentemente conduce a una protección
de por vida contra muchos agentes infecciosos.
Las defensas del organismo
se refuerzan mediante vacunas, lo que ha dado como resultado la
erradicación de la viruela y la virtual eliminación de la poliomielitis,
el tétanos y la difteria. La protección de los individuos por la
vacunación puede tomar dos formas: inmunización pasiva e inmunización
activa. Se logra la primera con la inyección de inmunoglobulinas
preformadas dirigidas contra una infección ya existente, mientras que la
segunda implica la inyección de patógenos modificados o purificados o de
sus productos. Las inmunizaciones activa y pasiva difieren de forma
significativa y las situaciones en las que se prefiere una u otra
dependen del tipo de microorganismo, edad del paciente, contacto
inminente con el patógeno o tiempo transcurrido desde tal contacto.
La otra forma de ayudar al
organismo a defenderse de las infecciones es por medio de los
antibióticos. Las drogas antimicrobianas son efectivas en el tratamiento
de las infecciones por su toxicidad selectiva; es decir, pueden matar o
dañar a un microorganismo invasor sin dañar las células del huésped. En
la mayoría de los casos, la toxicidad selectiva es relativa más que
absoluta, y se necesita que la concentración de la droga sea
cuidadosamente controlada para atacar al microorganismo y que a la vez
sea tolerada por el huésped. La terapia antimicrobiana selectiva se basa
en las diferencias bioquímicas que hay entre los microorganismos y los
seres humanos. En algunos textos de microbiología se divide a las drogas
antibacterianas en siete grupos, seis de ellos específicos (penicilinas,
cefalosporinas, tetraciclinas, aminoglucósidos, macrólidos y
fluoroquinolones) y uno residual. Cada tipo de antibiótico tiene una
aplicación que debe ser indicada por el médico (Strohl y cols., 2001).
PROBLEMAS DE SALUD CAUSADOS POR LOS AGENTES MICROBIANOS
Los agentes microbianos son
los causantes de una gran cantidad de enfermedades, a algunas de las
cuales ya se ha hecho referencia en anteriores párrafos, pero la
inclusión específica de ellas no puede hacerse debido a las limitaciones
de espacio, por lo que sólo se citarán los grandes grupos incluidos en
la décima revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades
(Organización Panamericana de la Salud, 1995): enfermedades infecciosas
intestinales; tuberculosis; ciertas zoonosis bacterianas; otras
enfermedades bacterianas; infecciones con modo de transmisión
predominantemente sexual; otras enfermedades debidas a espiroquetas;
otras enfermedades causadas por clamidias y rickettsias; infecciones
virales del sistema nervioso central; fiebres virales transmitidas por
artrópodos; fiebres virales hemorrágicas; infecciones virales
caracterizadas por lesiones de la piel y de las membranas mucosas;
hepatitis viral; enfermedad por virus de inmunodeficiencia humana (VIH);
otras enfermedades virales; micosis; enfermedades debidas a
protozoarios; helmintiasis, pediculosis, acariasis y otras
infestaciones; secuelas de enfermedades infecciosas y parasitarias;
ciertas infecciones localizadas; enfermedades infecciosas propias del
periodo perinatal; enfermedades infecciosas y parasitarias que complican
el embarazo, el parto y el puerperio; influenza y otras infecciones
respiratorias agudas.
En el presente texto, aunque
están incluidas en el párrafo previo, no se aborda el impacto atribuible
a la enfermedad por el VIH o que sea consecuente al uso o exposición al
tabaco o drogas que fueron o serán consideradas en otros trabajos.
FORMAS DE TRANSMISIÓN DE
LOS AGENTES MICROBIANOS
Hay cuatro métodos
principales de difusión: contacto físico, aire, alimentos e insectos.
Contacto físico. El contacto
puede ser directo (la bacteria infectante no sobrevive fuera del cuerpo;
el ejemplo clásico son las enfermedades venéreas) o indirecto a través
de fomes (o fomites); es decir, ropa, utensilios y otras posesiones del
paciente, mientras la bacteria sobrevive durante algún tiempo fuera del
cuerpo. El agua de las albercas merece especial atención.
Infección a través del aire.
Las infecciones bacterianas y virales del tracto respiratorio se
transmiten a través del aire en el polvo o en pequeñas gotas. La
infección por polvo proviene de las bacterias en los esputos secos que
se adhieren a las partículas de polvo; ejemplo de ello es la
tuberculosis. El peligro surge al barrer el polvo. La infección por
gotas es la base de las epidemias de enfermedades de las vías
respiratorias superiores; se estima que en un solo estornudo se expulsan
unas 20 mil gotitas que contienen posibles patógenos, y que aquéllas de
un milímetro de diámetro pueden llegar a una distancia de tres metros.
Si no fuera por la inmunidad, prácticamente todas las personas estarían
enfermas.
Infección a través de los
alimentos. La posibilidad de infección por alimentos o agua debe
considerarse en toda epidemia importante de enfermedad intestinal. El
método de transmisión no tiene que ser directo, pues las patas de moscas
que se alimentan de materia fecal pueden contaminar los alimentos. Las
epidemias de tifoidea, disentería y cólera se deben a la contaminación
del alimento o el agua.
Infección por medio de
insectos. Los insectos pueden ser importantes vehículos de infección no
sólo bacteriana sino también viral y por protozoarios. La plaga se
transmite de la rata al hombre por la pulga de la rata, el tifo por los
piojos, y el virus de la fiebre amarilla y el parásito de la malaria por
los mosquitos (Boyd, 1972).
En el caso de las bacterias,
el proceso infeccioso puede, en general, ser dividido en varias etapas:
1) entrada al huésped evadiendo sus defensas primarias; 2) adhesión del
microorganismo a las células del huésped; 3) propagación del
microorganismo; 4) daño a las células del huésped por toxinas o por una
respuesta inflamatoria, y 5) evasión de las defensas secundarias del
huésped. La patogenicidad de un organismo depende de su éxito en la
consecución de alguna o todas de tales etapas. Las bacterias
constituyen, con mucho, la causa más común de enfermedad.
Los virus, por definición,
únicamente se pueden replicar dentro de las células vivas. Por
consiguiente, las primeras manifestaciones patogénicas de una infección
viral ocurren en el nivel celular. El curso de eventos que sigue a la
exposición inicial a algunos virus puede incluir una rápida aparición de
síntomas observables, lo cual es referido como una infección aguda.
Después de la infección inicial, el resultado más común es que el virus
sea eliminado por completo del cuerpo por el sistema inmune; sin
embargo, la infección inicial por ciertos virus se ve seguida por uno de
dos resultados alternativos de significancia médica: el establecimiento
de una infección persistente o de una infección latente.
La esporulación es el
principal medio mediante el cual se reproducen y difunden los hongos a
través del ambiente. Las esporas de los hongos pueden ser transportadas
por el aire o el agua a nuevos sitios en donde germinan y establecen
colonias. Es posible que las esporas se generen sexual o asexualmente (Strohl
y cols., 2001). Algunos hongos producen enfermedades en la piel y otros
en los tejidos subcutáneos; otros más ingresan al huésped por inhalación
y de ahí se distribuyen a todos los órganos, y finalmente otros, que son
raros en individuos normales, se denominan “oportunistas” porque afectan
a individuos debilitados o con problemas de inmunidad.
Los protozoarios, que
frecuentemente se clasifican por su modo de locomoción, son organismos
unicelulares que han desarrollado características estructurales que se
asemejan a los órganos de los multicelulares. Los relevantes
clínicamente se dividen en cuatro grupos: las amebas, que se desplazan
extendiendo proyecciones del citoplasma; los flagelados, que se mueven
por proyecciones en forma de látigo; los ciliados, que se impulsan por
proyecciones en forma de vellos, y los esporozoarios, que son parásitos
intracelulares que, en términos generales, no se desplazan, aunque
excepcionalmente lo hacen por medio de flagelos (Strohl y cols., 2001).
Los protozoarios afectan frecuentemente al intestino, a los tractos
urogenitales, a la sangre y a los tejidos (Perlin y Cohen, 2002).
Los helmintos son gusanos,
algunos de los cuales son parásitos del ser humano. Entre ellos se
encuentran los cestodos, que son fundamentalmente parásitos
intestinales; los trematodos, que infestan varios órganos del ser
humano, y los nematodos, que son gusanos redondos que se introducen por
la piel o durante la ingestión de tierra contaminada, carne de puerco no
bien cocinada y por mordedura de insectos (Strohl y cols., 2001).
IMPACTO DE LOS AGENTES MICROBIANOS EN LA SALUD
Al inicio de este trabajo se
había afirmado que los agentes microbianos ocupan el cuarto lugar como
causa de muerte, según el número de defunciones. Hay otras referencias
indirectas al impacto que tienen los agentes microbianos, pues Murray y
López (1996) señalan a la malnutrición en primer lugar, pero en segundo
término se incluye a la pobre calidad del agua, saneamiento e higiene,
de modo que, siendo estos los principales medios de transmisión de los
agentes microbianos, se corrobora su importancia en los daños a la
salud.
ESTRATEGIAS UTILIZADAS
PARA COMBATIR A LOS AGENTES MICROBIANOS
La primera medida que se
debiera considerar es cumplir con uno de los compromisos de la
Declaración de Ottawa sobre Promoción de la Salud, el cual se refiere a
“contrarrestar las presiones hacia los productos dañinos, la disminución
de los recursos, condiciones de vida y ambientes no saludables, y
enfocar la atención sobre temas de salud pública, tales como la
contaminación del aire, riesgos ocupacionales, vivienda y asentamientos
humanos” (World Health Organization [WHO]), 1986). En segundo lugar,
cumplir con el esquema de vacunación en la infancia recomendado por las
autoridades sanitarias con la intención de lograr la inmunización a que
se hizo previamente referencia en los niños, que frecuentemente incluye
a las vacunas contra la hepatitis vírica B, difteria, tos ferina y
tétanos, sarampión, rubéola, parotiditis infecciosa, poliomielitis e
influenza.
Una de las principales
herramientas con las que se cuenta para combatir enfermedades causadas
por agentes microbianos es el libro El control de las enfermedades
transmisibles, que constituye el informe oficial de la Asociación
Estadounidense de Salud Pública, cuya edición número 17 fue editada por
James Chin (2001) y publicada en español por la Organización
Panamericana de la Salud. La obra contiene información actualizada de
las enfermedades transmisibles, y para cada una de ellas sigue un
formato estandarizado que permite encontrar la información siguiente: el
nombre de la enfermedad, según la terminología estándar de las últimas
revisiones de la Clasificación Internacional de Enfermedades de la
Organización Mundial de la Salud, y después continúa con su descripción,
el agente infeccioso que la causa, la distribución de su prevalencia en
el mundo, el reservorio que constituye el punto de partida de la
infección para el huésped susceptible, el modo de transmisión, el
periodo de incubación entre la exposición inicial y efectiva al agente
infeccioso y el primer signo o síntoma de la enfermedad, el periodo de
transmisibilidad del agente infeccioso, la susceptibilidad y resistencia
a la enfermedad y los métodos de control. Estos últimos se subdividen en
términos de las medidas preventivas individuales y colectivas y control
del paciente, de los contactos y del ambiente inmediato, medidas en caso
de epidemia, repercusiones en caso de desastre, medidas internacionales
y medidas contra el terrorismo biológico.
El primer paso para
controlar las enfermedades transmisibles y reconocer la aparición de las
nuevas es su detección e identificación inmediatas. Para ello es
esencial contar con un sistema organizado de vigilancia de las
enfermedades prevalentes, conocidas y diagnosticadas, y de las nuevas y
desconocidas. La detección inicial de cualquier enfermedad transmisible
o infecciosa está en manos del agente de atención primaria de salud que
atiende a una persona con alguna enfermedad conocida o que primero
reconoce el caso de un paciente con un trastorno distinto.
El clínico, otro agente de
salud responsable o las propias autoridades municipales deben notificar
sin demora a las autoridades locales de salud la presencia de una
enfermedad transmisible o distinta que haya surgido en su jurisdicción.
Las normas administrativas que indican las enfermedades transmisibles
que se deben notificar y la forma de hacerlo pueden variar mucho de una
región a otra, por diferentes circunstancias y también por la frecuencia
con que aparece el trastorno.
Cada autoridad local de
salud, de conformidad con las disposiciones de la autoridad superior,
determinará cuáles son las enfermedades que deben notificarse en forma
sistemática y rutinaria. Además del requisito de notificación de casos
individuales, siempre que se produzca una cantidad anormal de casos
aislados o en grupo de una enfermedad que pudiera tener importancia
pública, se notificará a la autoridad local de salud por el medio más
rápido, sea que esté o no incluida en el grupo de enfermedades que deben
notificarse oficialmente en la localidad particular, se trate de una
enfermedad bien conocida o de una entidad clínica indefinida o
desconocida.
A los efectos de
notificación, las enfermedades transmisibles incluidas en la obra
mencionada líneas atrás se clasifican en cinco clases, con base en el
beneficio práctico que podría esperarse de su notificación: 1)
enfermedades sobre las que el Reglamento Sanitario Internacional exige
la notificación de todos los casos, o que son objeto de vigilancia por
la OMS; 2) enfermedades cuya notificación por lo común se exige donde
sea que los casos aparezcan; 3) enfermedades de notificación selectiva
en zonas consideradas endémicas; 4) notificación obligatoria de
epidemias; no se exige la notificación de casos individuales, y 5)
enfermedades cuya notificación oficial no se considera por lo regular
justificada.
En la Tabla 1 se enlistan
algunas medidas específicas contra algunas enfermedades que ocurren o
podrían aparecer en algunas regiones del país, usando códigos que se
describen en la Tabla 2.
Tabla 1. Comportamientos convenientes en contra de agentes
microbianos.
|
ENFERMEDAD |
MÉTODOS DE
CONTROL |
|
PREVENTIVOS |
CONTROL DEL
PACIENTE,
DE CONTACTOS Y
AMBIENTE |
|
Actinomicosis
Amebiasis
Anisaquiasis
Ascariasis
Aspergilosis
Babesiosis
Balantidiasis
Botulismo
Brucelosis
Candidiasis
Carbunco
Chancroide
Cigomicosis
Coccidioidomicosis
Cólera
Conjuntivitis
hem.adenov.
Conjuntivitis
por clamidias
Criptosporidiosis
Dengue
Dengue
hemorrágico
Dermatofitosis
Diarrea
enterohemorrágica
Difteria
Enfermedades por
anquilostoma
Enfermedades
estafilocócicas
Enfermedades por
estreptococos A
Enterobiasis
Escabiosis
Fiebre tifoidea
Gastritis H.
Pylori
Gastroenteritis
víricas agudas
Giardiasis
Hepatitis
víricas
Herpes simple
Infec. genitales
por clamidias
Infecciones
gonocócicas
Infecciones
víricas citomegálicas
Intoxicaciones
alimentarias
Neumonía
Oncocercosis
Parotiditis
infecciosa |
HB,
HP, LM, VH, AP,
EE, ESR, HA
PMC,
EE, LM,
MAH.
CR
HP, HA, EE, HC,
AP.
PEC, ECA.
LP, MAC, EG
DTT
V, HP, CAE, VA
ESR, DTT, UC, HP
CD
CP
LM, HA, EE, AP,
EM, LP, LN
HP, LM, CAP
UC, ESR, DTT,
AEE, POGN
HP, EE, HAP, HA
PCM, EHL
PCM, EHL
ECI, AEG, AEP
MAC, LP, RC, CAC,
CAP, LM
V
UZ, EE, AEG, AEP
HP, MAH, T, UAA
LP, HA, TC
HP, LM, T, EE
HP
LM, HA, EE, AP,
EM, LP, LN
L, MAH
V, EE
HP, AP, EE
V, MAH, NDS, LM,
EE
HP, UC,ESR, DTT.
ESR, DTT, HP, UC
ESR, DTT, HP, UC
LM, MAH
HA, CAA
EH, VAR
EPM, EHL
V |
T.
A, EE, T, IC.
T
EE, T, IC
L, T.
A, IC, NDS, T
EE, IC, T.
DAC, LM, T
EE, IC, T.
T
A, DC, T
DC, IC, MAH, T
DC, T
DC, T
A, DC, IC, T
A, EE, DC, IC
A, DC, IC, T
A, DC, IC, T
A, IC
A, IC, T
DC, IC, T
A, DC, IC, TC, T
A, DC, C, IC, TC,
T
DC, IC, T
A, DC, IC, T
A, DC, IC, T
DC, IC, T
A, DC, IC, T
A, DC, IC, T
DC, T
A, DC, IC, T
A, DC, IC, T
A, DC, T
DC, MAH, IC, T
DC, IC, MAH, T
DC, IC, MAH, T
DC, T
A, DC, T
AH, DC, T
IC, T
A, DC, C, IC |
|
Pediculosis y ftiriasis
Rubéola
Salmonelosis
Sarampión
Shigelosis
(disentería bacteriana)
Sífilis
Teniasis
Tos ferina
Toxoplasmosis
Tripanosomiasis
A. (E. de Chagas)
Tuberculosis
Varicela-Herpes
Zoster |
HP
V, AEE
HA, CH, ECI, LM,
RCH
V
LM, HA, EE, AP,
EM, LP, LN
ESR, DTT
HC, AP, EE, HA,
LP, MAC
V, PC
AEE, AEG, LM
CV
DTT, EH, TP, PM,
LP
V |
A, DC, IC, T
AH, IC
AH, DC, IC, T
IE, VC, IC
A, DC, IC, T
IC, MAH, DC, T
DC, IC, T
A, DC, C, IC, T
IC, T
IC, T
A, DC, IC, TC,
UAA, T
A, DC, PC, IC, T |
Tabla 2. Claves de los métodos de control.
|
A: aislamiento
ADV: aseo de
duchas y vestidores de gimnasios
AEE: atención
especial a embarazadas
AEG: atención
especial a gatos
AH: aislamiento
en hospitales
AP: agua potable
C: cuarentena
CAA:
conservación adecuada de alimentos
CAC: cocer
adecuadamente carnes
CAE: control de
ambientes especiales
CAP: cloración
de agua de piscinas
CD: control de
diabetes
CP: control del
polvo
CR: control de
roedores
CV: control de
vectores
CH: cocer bien
los huevos
DAC:
destoxificación de alimentos contaminados
DC: desinfección
concurrente
DTT: detección
temprana y tratamiento
ECA: evitar
consumo de alimentos de envases abombados
ECI: evitar
contacto con infectados
EE: eliminación
sanitaria de excretas
EG: examinar
ganado
EH: evitar
hacinamiento
EHL: eliminar
hábitat de larvas
EM: eliminar
moscas
EPM: evitar
picaduras de mosquitos
ESR: evitar
prácticas sexuales riesgosas
HA: higiene de
alimentos
HAP: hervir agua
potable
HB: higiene
bucal |
|
HC: evitar
contacto con heces de cerdos
HP: higiene
personal
IC:
investigación de contactos
IE: inasistencia
a la escuela
L: limpieza
LM: lavado de
manos
LN: promover
lactancia natural
LP: consumir
leche pasteurizada
MAC: manejo
adecuado de carnes
MAH: medidas en
ambiente hospitalario
NDS: no donar
sangre (algunos pacientes)
PC: protección
de contactos
PCM: protección
contra mosquitos
PEC: preparación
adecuada de enlatados y conservas
PM: prueba de
Mantoux
PMC: pescados y
mariscos cocidos
POGN: profilaxis
de oftalmia gonocócica neonatal
RC: radiación de
carnes
RCH: radiación
de carnes y huevos
T: tratamiento
TC: tratamiento
de contactos
TP: tratamiento
preventivo riesgo
UAA: uso
adecuado de antimicrobianos
UC: uso de
condón
UZ: uso de
zapatos
V: vacunación
VA: vacunación
de animales
VAR: vacunación
a personas en alto riesgo
VC: vacunación
de contactos
VH: verduras
higiénicas |
Como puede verse en la relación de los métodos de control, éstos
involucran fundamentalmente al comportamiento humano, de manera que, por
ejemplo, si las personas prepararan higiénicamente sus alimentos, se
lavaran las manos frecuentemente, tu-vieran una higiene personal
satisfactoria (para lo cual se requiere contar con agua y con las
instalaciones apropiadas), muchas de las enfermedades transmisibles
citadas serían prevenidas o su transmisión sería limitada.
LA EFICACIA DE LAS INTERVENCIONES CONTRA LOS AGENTES MICROBIANOS
En términos generales, por
los mecanismos de transmisión que se citaron previamente, los métodos de
control referidos en la Tabla 1 para evitar ponerse en contacto con el
agente microbiano debieran resultar eficaces, y si los agentes
microbianos todavía tienen el impacto arriba referido, se de-be
fundamentalmente a la insuficiencia de recursos de los gobiernos para
implantar programas de saneamiento que incluyan medidas para la dotación
de agua potable; eliminación sanitaria de excretas; disposición de
basuras; manejo higiénico de los alimentos en los expendios públicos;
lucha contra vectores; imposibilidad de algunas familias para disfrutar
de los resultados de las medidas anteriores por inaccesibilidad
geográfica, económica o de otro tipo, y, finalmente, por el
comportamiento de los individuos que, aun disponiendo de los recursos
adecuados, no los usan por ignorancia o indiferencia y omiten medidas
como el lavado de manos, la higiene personal y demás.
La otra medida importante
para reducir la morbilidad por agentes microbianos es la vacunación. Es
un arma que, al menos en Estados Unidos, ha sido determinante para que
desde 1995 no se haya presentado un solo caso de poliomielitis y de
difteria, cuando antes de que estuvieran disponibles las vacunas contra
esas enfermedades, de la primera aparecían unos 60 mil casos y de la
segunda unos 500 mil; de tétanos se presentaron unos diez casos, de
rubéola cerca de 200 y de sarampión unos 300 en 1995, en comparación con
unos 5 mil, 55 mil y 900 mil casos, respectivamente, en los años en que
no se disponía de las vacunas correspondientes (Strohl y cols., 2001).
En el estado de Veracruz no han ocurrido casos de tétanos, menos de 50
de tos ferina (sólo uno confirmado), no ha habido casos de sarampión ni
de poliomielitis (Secretaría de Salud, 2003), por citar algunos
ejemplos. Se encuentran estos resultados a pesar de que, aun siendo la
cobertura de los programas de vacunación muy cercana al cien por ciento,
no se ha logrado vacunar a todos los niños debido a la inaccesibilidad
de algunos asentamientos humanos muy pequeños, y también porque la
efectividad de los programas de vacunación tampoco es total; dicho de
otra manera, vacunación no es sinónimo de inmunización (Rothman y
Greenland, 1998).
Un problema adicional se
relaciona con las personas que enferman y que no obtienen atención en
los servicios de salud oportunamente, ya por ignorancia, por
indiferencia o por inaccesibilidad geográfica o económica a los
prestadores de atención a la salud, lo que da lugar a que se difundan
los padecimientos incrementando la morbilidad y mortalidad.
Un factor más es el
incremento en la movilidad de las personas, no únicamente local o
regional sino incluso internacional, lo cual hace posible que aparezcan
casos de padecimientos no comunes en la región porque la infección se
importa de otras zonas.
Pero, supuestamente, el
problema más importante en la actualidad es la creciente resistencia de
los agentes patógenos a los antimicrobianos, al grado que ha obligado a
la Organización Mundial de la Salud (OMS) a elaborar la Estrategia
mundial de la OMS para contener la resistencia a los antimicrobianos
(OMS, 2001).
En el documento citado se
afirma lo siguiente (citamos en extenso):
Las infecciones
respiratorias agudas, las enfermedades diarreicas, el sarampión, el
sida, el paludismo y la tuberculosis causan más del 85% de la mortalidad
por infecciones en el mundo. La resistencia de los agentes infecciosos
respectivos a los medicamentos de primera línea va desde cero hasta casi
100% y, en algunos casos, la resistencia a los fármacos de segunda y
tercera línea afecta significativamente el resultado del tratamiento. A
esto se agrega la importante carga de enfermedad que representan en todo
el mundo las infecciones nosocomiales resistentes, los nuevos problemas
que plantea la resistencia a los fármacos antivirales y los problemas
crecientes de resistencia a los medicamentos entre las enfermedades
parasitarias olvidadas que afectan a las poblaciones pobres y marginadas
[...] La resistencia toma mucho tiempo en revertir; también puede ser
irreversible.
El problema podría
resolverse con la obtención de nuevos fármacos, pero “el interés de la
industria farmacéutica por la investigación y el desarrollo de nuevos
antimicrobianos se ha ido perdiendo como consecuencia de la conquista de
las enfermedades infecciosas que se ha logrado en los países más ricos,
que ha llevado a un cambio en las prioridades de la industria a favor de
los fármacos llamados de estilo de vida” (OMS, 2001).
La OMS prosigue:
Hay muchas pruebas que
avalan la posición de que el consumo total de antimicrobianos es el
elemento fundamental de la selección de la resistencia [y] poco se
conoce sobre la contribución relativa del modo de empleo (dosis,
duración del tratamiento, vía de administración, intervalo entre dosis)
en comparación con la del consumo total. Paradójicamente, el uso
insuficiente debido a falta de acceso, dosis inadecuadas, incumplimiento
o productos de mala calidad pueden ser tan importantes en cuanto a la
resistencia como el uso excesivo [...] La Estrategia Mundial de la OMS
define como uso apropiado de los antimicrobianos el uso eficaz en
relación con el costo de los antimicrobianos con el cual se obtiene el
máximo efecto clínico-terapéutico y simultáneamente se minimiza la
toxicidad del medicamento y el desarrollo de resistencia microbiana
[...] Se cree que los siguientes factores relacionados con los pacientes
contribuyen al problema de la resistencia a los antimicrobianos:
percepciones erróneas, automedicación, propaganda y promoción y falta de
cumplimiento de regímenes o dosis [...] En relación con los que
prescriben y dispensan antimicrobianos resultan de interés los
siguientes elementos: falta de conocimientos y preparación, falta de
acceso a información, falta de medios diagnósticos, temor a malos
resultados clínicos, percepción de las preferencias y demandas del
paciente, incentivos económicos, presión de los grupos de pares y normas
sociales, factores relacionados con el ámbito de trabajo en que se
prescriben los antimicrobianos, falta de legislación apropiada o de
aplicación de la ley e infraestructura inadecuada del suministro de
medicamentos.
Con referencia a los
hospitales:
[...] es común que no se
apliquen las prácticas más sencillas de control de infecciones, como el
lavado de manos o el cambio de guantes antes y después del contacto con
cada paciente [...] Las infecciones también pueden transmitirse por
medio de inyecciones o intervenciones quirúrgicas con equipo que no ha
sido esterilizado [...] El lavado de manos, las prácticas de
aislamiento, la disponibilidad de camas suficientes con espacio entre
ellas y una buena ventilación son elementos que el hospital necesita
para prevenir la diseminación de bacterias, incluidas las resistentes a
los antimicrobianos [...] En los países desarrollados son bien conocidos
los beneficios de contar con [comités terapéuticos hospitalarios] para
promover buenos hábitos de prescripción, hacer el monitoreo del uso de
medicamentos y contener los costos [...] También habrá que considerar la
interacción con la industria farmacéutica, incluso el control apropiado
del acceso de los representantes de dicha industria al personal clínico
y el monitoreo de los programas educacionales auspiciados por la
industria para los proveedores de atención de la salud [...] Cuando los
datos del laboratorio de diagnóstico se retrasan o son errados, se
provoca una extensión del tratamiento antimicrobiano empírico.
Otro aspecto que debe ser
considerado para combatir la resistencia a los antimicrobianos y que
también está considerado en la publicación de la OMS es
[...] la administración de
antimicrobianos a los animales de consumo humano, [que] puede afectar la
salud de las personas debido a la presencia de residuos de fármacos en
los alimentos y, especialmente, por la selección de bacterias
resistentes en los animales [...] El uso de los antimicrobianos en
relación con los animales tiene tres formas: como profilaxis,
tratamiento y promoción del crecimiento [...] en algunos países, 40% o
más del ingreso de los veterinarios está constituido por la venta de
medicamentos, de modo que no hay incentivos para limitar el uso de
antimicrobianos.
Además, se sugiere
considerar la promoción de los medicamentos, ya que aunque “el público
objeto de las actividades de promoción depende del producto y del ámbito
normativo local [...], incluye a médicos, farmacéuticos, dentistas,
personal de enfermería y la comunidad en general”, y la promoción entre
los profesionales de la salud se refiere a la variedad de fármacos
disponibles y sobre los medicamentos nuevos, destacando las ventajas de
éstos sobre los ya existentes, y “es difícil reglamentar los incentivos
de la industria, como comidas, entradas a espectáculos y viajes a
conferencias. Estos pueden servir de premio por usar los productos de la
compañía e incentivos para prescribir los nuevos fármacos”.
Finalmente, la OMS (2001)
hace recomendaciones de intervenciones dirigidas a los pacientes y la
comunidad en general, especialmente educación; a quienes prescriben y
dispensan, en relación con educación, tratamiento, directrices y
formularios y reglamentación; a hospitales, particularmente gestión
(programas, comités, directrices, monitoreo); a laboratorios de
diagnóstico, en cuanto a su interacción con la industria farmacéutica y
administración de antimicrobianos a los animales destinados al consumo
humano, recomendaciones que están referidas a diversos aspectos; a
gobiernos nacionales y sistemas de salud, relativas a actividades de
sensibilización y acción intersectorial, reglamentación, políticas y
directrices, educación, vigilancia de la resistencia, uso de los
antimicrobianos y carga de morbilidad, desarrollo de medicamentos y
vacunas, promoción de los medicamentos y aspectos internacionales de la
contención de la resistencia a los antimicrobianos.
CONCLUSIONES
Aunque el diccionario (cfr.
Taber, 1972) define a un microbio como un organismo unicelular, es
costumbre incluir en los textos de microbiología (Strohl y cols., 2001)
a las bacterias, hongos, protozoarios, virus y helmintos, aunque estos
últimos son pluricelulares, y por ello se les ubica bajo el rubro de
‘agentes microbianos’ al que se refiere el trabajo.
Utilizando varios criterios,
los agentes microbianos son responsables de una proporción muy
importante de casos de enfermedad y de muerte, ya sea que se haga
referencia expresa a ellos o a los factores que favorecen su propagación
(por ejemplo, malnutrición, deficiente calidad del agua, fauna nociva,
saneamiento e higiene), lo que obliga a que se les dedique especial
atención.
Las acciones gubernamentales
para dotar de agua potable, eliminar las excretas, disponer de las
basuras y limitar la contaminación del aire son básicas para prevenir la
aparición de casos por tales agentes, y para algunos padecimientos
resulta fundamental el desarrollo de programas de vacunación. Sin
embargo, como se ve en la tabla referida a los métodos de control para
prevenir y curar los casos, son las conductas individuales del sano y el
enfermo ―como lavarse las manos, tener aseo personal, hervir o
desinfectar el agua en los lugares en donde no se disponga de agua
potable― las que podrían determinar la diferencia entre una población
sana y una enferma.
Por otra parte, resulta
también muy importante la información que reciba especialmente el médico
para evaluar de modo apropiado la propaganda de la industria
farmacéutica, ya por la revisión periódica de los curricula de las
escuelas de medicina, ya por cursos de actualización, para que esté en
condiciones de intervenir eficazmente desde el punto de vista
terapéutico, y también adecuada desde el punto de vista educacional para
el paciente, para propiciar la promoción de la salud, la prevención de
enfermedades y la adherencia al tratamiento, a fin de que contribuya a
limitar la resistencia de los agentes microbianos a los antibióticos,
aunque este último problema requiere la aplicación de un programa más
integral, según lo propone la Organización Mundial de la Salud (WHO,
2002a, 2002b).
Instituto de Investigaciones
Psicológicas, Luis Castelazo Ayala s/n, Col. Industrial Ánimas, 91190,
Xalapa, Ver., México tel. 2288-125740, fax 2288-128683, correo electrónico:
caburto@uv.mx. Artículo recibido el 13
de julio y aceptado el 27 de septiembre de 2003.
2
Sustancias que
inducen la formación de anticuerpos; un antígeno puede ser introducido en el
cuerpo o puede formarse en su interior.
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