RITOS Y CEREMONIAS DEL CICLO AGRÍCOLA LAS CASAS Y SUS CEREMONIAS Cerrar Ventana

CEREMONIAS FAMILIARES

EL MATRIMONIO

BODA MESTIZA TRADICIONAL

Las bodas tradicionales mexicanas tienen influencia tanto de las tradiciones católicas españolas, como de las indígenas.

Cada uno de los pasos a seguir para celebrar una boda tradicional son ritos que desde la primera boda cristiana celebrada en la Nueva España -en Huejotzingo en 1525- han cambiado, pero que en lo esencial siguen siendo los mismos.

Los matrimonios han sido considerados por muchos como la base de la sociedad, y de alguna manera son también un reconocimiento “oficial” del cambio de estatus social: de hijo de familia pasa a ser cabeza de una nueva célula social y adulto autosuficiente. Por otra parte, el matrimonio establece las condiciones contractuales de una unión en la que cada uno de los contrayentes adquiere social y legalmente derechos y obligaciones.

Como sucedió con muchos otros ritos y costumbres prehispánicos, el ritual católico cambió el rito indígena, aunque en las formalidades actuales todavía permanecen muchas formas ancestrales entre los grupos étnicos del país, como el intercambio de regalos, el sistema de compadrazgo, la obligación de servir antes en casa del futuro suegro sin esperar ningún pago a cambio, etc. Por otra parte, una de las condiciones que han cambiado más, tanto entre las costumbres europeas como entre las autóctonas mexicanas, es el hecho de que los futuros esposos estén de acuerdo con la boda.

A partir de 1776, había una ley en la que los padres de los futuros novios, debían dar su consentimiento. La sociedad española era entonces particularmente estratificada y los padres siempre arreglaban el matrimonio de sus hijos, sin consultarlos, atendiendo cuestiones como el dinero y la posición social del elegido o la elegida, mediante lo que se llamaba la “petición de mano”. Algunas veces las parejas se conocían el día de la boda, y aunque los matrimonios no eran actos de amor sino obligaciones sociales y de respeto por la institución, duraban para siempre. La ceremonia de petición de mano también existía entre los aztecas, quienes consultaban a sus adivinos para elegir a la novia. El casamentero católico español se parece al cihuatlanque azteca, persona encargada de arreglar los matrimonios.

Para la estructura social de entonces era perfectamente entendible que la familia de ella pidiera un tipo de “pago” a cambio de aceptar la unión, porque con el matrimonio, la familia de ella perdía lo invertido hasta ahora, y dos manos para trabajar, que adquiría la familia de él. Este pago se llamaba chichitomin, que significa literalmente “leche mamada”, refiriéndose a la que le dio su madre para criarla. El joven entonces se obligaba a traerles leña y agua del pozo todos los días, por lo menos durante dos años, hasta que las dos familias hubieran recibido igual beneficio. La mujer que se iba valía esos años de leña y agua y todos los regalos que se acumulaban durante el mismo período. En el fondo era un acuerdo de equidad.

Actualmente, en la mayor parte de las comunidades indígenas de México, los jóvenes y sus padres visitan a la familia de la novia con obsequios durante varias noches seguidas, hasta que los padres de ella dan su consentimiento. El matrimonio no es un arreglo de acuerdo a la conveniencia de los padres, sino que generalmente es la elección de un joven que pide en matrimonio a una jovencita que le gusta; aunque muchas veces ni siquiera ha tenido la oportunidad de cruzar una palabra con ella. El padre del novio, acompañado por sus padrinos o por un anciano de la comunidad al que todos respetan, son los encargados de “pedir la mano” de la muchacha.

Entre los puntos de “negociación”, se incluye lo que la familia de ella recibirá de la del novio a cambio del acuerdo. Además, al novio le corresponde llevar regalos para ella, entre los que se incluyen joyas de oro o textiles tejidos por la madre del enamorado. Cuando aceptan los regalos significa que aceptan el matrimonio de su hija y lo que sigue es fijar la fecha de la boda. El novio y su familia y padrinos o el casamentero, le ponen flores y velas al santo de la casa de la novia y continúan con las visitas hasta el día de la ceremonia. Algunas comunidades fijan fecha para la boda bastante lejana: dos años contados desde el momento de la aceptación.

Los rituales tradicionales de los españoles se parecen también al de los indígenas. Las personas empezaron a elegir sus parejas por sí mismos cuando los matrimonios arreglados dejaron de ser comunes; sin embargo, los padres siempre debían ser tenidos en cuenta para que dieran la aprobación definitiva. Los padres del novio lo acompañaban a pedir la mano de la mujer, que generalmente ya era su novia sin que los padres de ninguno de los dos lo supieran. Dentro de las formalidades de la pedida de mano, entre los más ricos de la Nueva España, se hablaba sin vacilación de las condiciones económicas del acuerdo.

La ceremonia consistía en que la familia de la novia ofrecía una cena íntima para los padres de las dos familias y los padrinos de ambos. La novia llegaba después de la cena, vestida con sus mejores galas y se presentaba ante su nueva familia. Ella, con todo pudor, debía saludar a sus suegros y ofrecerse a ellos como su “atenta servidora”. Después los novios se arrodillaban frente a su padrino o frente al hombre mayor de la familia de ella, para que les pusieran un rosario alrededor del cuello; primero a ella y luego a él. Con esto quedaban formalmente comprometidos o prendados, palabra que literalmente quiere decir dados en prenda. Los rituales del “prendorio” son el intercambio de “prendas” que simbolizan el contrato del matrimonio y la alianza económica entre ambas familias.

Todos los invitados procedían a darles la bendición. Después el novio y la novia se daban mutuamente un regalo, que simbolizaba el intercambio marital entre ellos. Ella usualmente le regalaba una medalla con la imagen de la virgen, como símbolo de su pureza y virginidad. Él le entregaba una caja llamada entonces “dona” que contenía el ajuar: el vestido que ella luciría el día de la boda, sedas, brocados, listones, linos; cosas para la casa y, algunas veces, dinero y joyas. La dona o "trousseau" debía ser abundante, para demostrar la posición económica del prendado.

El padre de la novia entregaba la “dote” por el ajuar que su hija recibía del novio. Esta dote era como una herencia anticipada, que demostraba que podía obtener un marido cuya capacidad económica era similar a la suya. Este dinero financiaba los gastos de instalación de la nueva familia y le daba cierta seguridad en caso de que quedara viuda. Legalmente, la dote era propiedad inalienable de la mujer y era un capital que, aunque administraba el marido, lo recibía íntegro si éste faltaba. En realidad, algunas veces él usaba y agotaba la dote de su mujer, sin que ella pudiera hacer nada.

Durante la Colonia, los hombres más pudientes le entregaban a la mujer las llamadas “arras”, que equivalían al 10% del total de su fortuna en ese momento. Estas arras pasaban a ser propiedad de la novia y a su muerte, de sus herederos.

Los padres de los novios, ahora consuegros, elegían una pareja como padrinos de los recién casados, lo que era considerado siempre un honor para los elegidos, por lo que generalmente no se rehusaban. Les correspondía la responsabilidad de preparar a los novios y de aconsejarlos posteriormente, durante su vida matrimonial.

Estas relaciones de compadrazgo, que incluyen a los padrinos de bautizo y de boda, se han honrado y se siguen honrando hasta ahora y construye lazos económicos y sociales muy sólidos entre las familias. Las costumbres indígenas, que incluyen la búsqueda de “patronos” para sus ceremonias, contribuyó mucho para que la institución del compadrazgo adquiriera tal importancia.

Entre los criollos, a la familia de la novia le correspondía pagar los gastos de la fiesta y los padrinos eran un apoyo, especialmente ante los sacerdotes. La madrina, por ejemplo, ayudaba a confeccionar prendas para la nueva casa o para la recién casada, y el padrino ayudaba al novio en lo suyo. También acompañaban a la pareja a celebrar el matrimonio civil, que tenía lugar antes del matrimonio católico. Por otra parte, como también acostumbraban los aztecas, los novios recibían consejos de sus padrinos: ella debía aprender a obedecerlo y respetarlo y él, debía proveerla.

El día de la boda, la novia salía en carruajes adornados con flores blancas rumbo a la iglesia, donde él ya la estaba esperando acompañado por sus padres y su padrino. A ella la acompañaban muchachas de su edad, llamadas “damas”; niñas que le sostenían la cola al vestido y un niño que servía de “paje” y llevaba los anillos de boda. El padrino era el que acompañaba a la novia desde el atrio hasta el altar y la entregaba al novio.

Después de la entrega de argollas, lazo y arras, la novia le ofrecía su ramo a la Virgen de Guadalupe, para que con este gesto de la recién casada, la cuidara y le ayudara a tener un buen matrimonio. Al final, la pareja encendía un cirio de la iglesia con las velas usadas en su bautizo.

A la salida de la iglesia empezaba la celebración “social”. La pareja marchaba a la fiesta, seguida por los músicos. Quienes esperaban afuera de la iglesia les lanzaban arroz crudo o pinole y cohetes, ambas cosas se hacían para alejar cualquier mal que pudiera afectar la vida futura de la pareja. Esta última tradición se ha conservado hasta nuestros días.

Los invitados a la fiesta solían regalarle a la pareja una moneda de oro, lo que ahora se ha reemplazado con otros regalos. En algunos lugares se acostumbra que los invitados varones le peguen billetes al novio con alfileres o ganchos sobre el traje, mientras que las mujeres le regalan dinero a la novia, poniéndosela en una zapatilla de ganchillo almidonada, tejida con estambre blanco.

Durante la Colonia, la entrega de novios marcaba el fin de la fiesta. Algunas veces se acostumbraba que un poeta recitara versos a los recién casados y a sus padres, especialmente versos de despedida para la recién desposada.

Muchas de las tradiciones hasta relatadas aun se conservan, a pesar de que las costumbres han cambiado y que mucha gente ya no recuerde su origen ni su significado.

LA PEDIDA DE MANO ENTRE LOS INDÍGENAS

Generalmente, la familia del muchacho tiene que actuar cuando el hijo va a casarse. Algunas veces ellos van a pedir la mano directamente, o por intermedio de una persona mayor “que sepa hablar bien” o una casamentera. La pedida nunca se resuelve en la primera visita y muchas veces son tres. Cada vez, deben llevar regalos a la casa de la novia, para sus padres; sin embargo, aunque todos saben el propósito de la visita, no se aborda el tema inmediatamente. En algunas comunidades se acostumbra que el padre de la novia hable mal de ella para disuadir al novio, diciéndole que no sabe hacer nada, que es perezosa e incluso les aconseja buscar una mejor en otra parte. Los padres del novio, con mucho respeto, le dicen que le enseñarán a hacer lo necesario porque lo importante es que ellos quieren que la esposa de su hijo sea ella y no otra.

Los padres de la muchacha generalmente se resisten y al final de la visita prometen pensarlo. Repetido este ceremonial varias veces, al final acuerdan la fecha en la que se celebrará la boda.

Tanto “la pedida” como la boda pueden resultar demasiado costosas, así que algunas veces optan por “robarse a la novia”. Éste es un proceso con muchas variables: algunas veces la pareja se pone de acuerdo, pero también sucede que la muchacha no quiere y el joven, con ayuda de amigos y parientes, se la “roba” sin que ella pueda hacer nada para evitarlo. De hecho, en algunas comunidades, todavía no aceptan que las mujeres, después de haber sido violadas por sus novios, regresen a su vida familiar, puesto que como ya no son vírgenes, no podrán tener un marido que las quiera y las respete. Estas mujeres terminan viviendo al lado del hombre que se las robó aun sin quererlo, y el costo social de separarse o de vivir sola es demasiado alto para que lo puedan hacer.

BODA TZELTAL

Los tzeltales de Oxchuc, Chiapas, celebran tres ceremonias de matrimonio: la primera, cuando los padres aceptan dar la mano de la hija, llamada “la primera servida”, para lo cual el novio lleva bebida hecha con caña de azúcar; en la segunda, un año más tarde, llamada “la segunda abundante”, sirven el doble de bebida que en la anterior; y en la última, se celebra el verdadero matrimonio y se fija el precio que se pagará por la muchacha.

En Cancuc acostumbran una sola fiesta, en la que el novio ofrece veinte cuartos de chicha -bebida alcohólica de maíz fermentado-. La pareja vive con la familia de la novia y el muchacho trabaja durante un año “en pago” por ella. Durante las primeras dos semanas, la mujer le sirve y le prepara la comida en silencio ya que la pareja no puede hablarse. Si todo va bien, el padre le ordena a la hija que vaya a dormir con su esposo y ésa es la primera noche que pasarán juntos.

Entre algunos tzeltales está permitido que un hombre tenga dos esposas; sin embargo, la formalidad de la ceremonia sólo se observa con la primera. Todos viven en la misma casa, ambas esposas son tratadas de la misma manera y con el mismo respeto, aunque siempre la primera es la que tiene más autoridad.

Cuando la mujer elegida no tiene padre o hermano mayor que exija el “pago de la novia”, el novio tiene que ponerse de acuerdo con las autoridades de la localidad, quienes le permitirán “robársela”. Si ella deja de gritar o llorar y se pone a moler maíz, quiere decir que todo está bien; en caso contrario, la mujer se escapa en la primera oportunidad y lo hará tantas veces como sea necesario; porque para los tzeltales, el hecho de no ser virgen, no perjudica a la mujer.

Cuando una pareja se separa, los padres devuelven la chicha y todos los regalos recibidos; sin embargo, la separación es muy poco frecuente.

BODA ENTRE LACANDONES

La costumbre lacandona es diferente y muy a menudo el matrimonio se celebra entre parientes cercanos. Algunas veces, cuando un joven elige a una niña, se va a vivir con los padres de ella y los ayuda en el trabajo hasta que ella crece y puede tener hijos. La ceremonia consiste en ofrecer pozol y balché a los dioses. Después, la pareja come por primera vez al mismo tiempo, lo que indica que son marido y mujer. Una vez casados, nunca vuelven a comer con sus padres.

Los lacandones pueden tener hasta tres esposas y viven todos en la misma casa. Incluso, un hombre puede casarse con madre e hija; la primera para preparar la comida y la otra para que tenga hijos.

BODA MAYA

El “muhul” es un paquete de regalos de matrimonio y está formado por una cadena de oro, dos listones para adornarse el cabello, un pañuelo de seda, algunos metros de tela de algodón, ron, pan, chocolate, dinero y un huipil especial que la mujer usará el día de la boda. La cadena de oro es el elemento más significativo ya que muestra la riqueza de la familia del novio.

La entrega del muhul a la novia tiene lugar en la cuarta visita de “pedida de mano” y toda la familia está invitada a presenciar este evento.
La novia prácticamente no interviene en el asunto: permanece en su hamaca y finge dormir.

En el casamiento, el novio pone los regalos sobre una mesa en la que hay una cruz de madera y mientras lo hace, pronuncia un discurso. El padre de la novia le agradece los regalos en su nombre y el de su esposa.

MIXES DE OAXACA

Los mixes de Oaxaca no acostumbran “pedir la mano” con tantos regalos y la boda es más sencilla. Una vez acordada la boda, parientes y padrinos son invitados a tomar chocolate o atole.

El novio lleva guajolotes y los demás ingredientes necesarios para preparar mole; pan blanco y panqués, chocolate y tepache. Los novios comen primero, luego sus padres, los padrinos y al final los invitados. Cuando tienen posibilidades, riegan la sangre de un pavo sobre varias mazorcas de maíz, para que la nueva pareja sea feliz, próspera y tenga muchos hijos.

La fiesta se celebra un domingo en la noche en la casa de la novia y los novios se van a vivir en pareja al día siguiente, en casa de sus padres o en la suya propia. Algunos matrimonios se celebran entre parejas que ya tienen hijos.

BODA PURÉPECHA

Los purépechas prefieren “robarse” a la novia que “pedirla”. Cuentan que en los años 50, los muchachos esperaban que la muchacha saliera de misa el domingo en la mañana acompañada por amigas, para llevársela, y aunque ella pretendía resistirse, se cree que entre ambos existía un acuerdo previo. Sus compañeras corrían a avisarle a los hombres de la familia lo sucedido, y los amigos del novio les impedían pasar cuando trataban de “rescatarla”. Si la familia de la muchacha los detenía antes de llegar a la casa de alguno de los parientes del novio, tendría que devolverla. En caso contrario, los padres tienen que aceptar el matrimonio y se fija la fecha de la boda.

La noche de la fiesta es de baile. Los músicos empiezan a tocar en la casa de los padrinos, luego en la de la novia y terminan en la del novio. A la mañana siguiente, la novia se viste en la casa de los padrinos y de ahí van juntos a la iglesia. La pareja se arrodilla frente al altar con un manto que les cubre la cabeza a ambos. Cumplida esta ceremonia, los músicos repiten el mismo circuito de la noche anterior, empezando el festejo en casa del novio. La pareja vive desde esa noche en su propia casa, la cual empezó a construir el novio, cuando los padres le otorgaron la mano de ella.

BODA ZAPOTECA

Entre los zapotecas, las bodas más elaboradas tienen lugar cuando se celebran por el rito católico. En comunidades como Mitla, los padres del novio le solicitan ayuda a un hombre mayor o huehuete para que hable en su nombre y pida la mano de la muchacha elegida. La “pedida” es un discurso formal, que debe ir acompañado de regalos como flores, velas para el altar de la casa de la muchacha, cigarros, etc. Si los padres de ella aceptan los regalos es buen signo; pero la solicitud no se resuelve antes de tres visitas similares.

Cuando no hay pedida de mano, el novio opta por el “rapto”. Si es exitoso, la muchacha permanece escondida mientras se hacen los arreglos para la boda, y un casamentero va a aplacar la ira de sus padres mediante visitas en las que acompaña al novio a “pedir perdón” de acuerdo con las formalidades: el novio y sus acompañantes entran a la casa y se arrodillan en silencio, mientras el casamentero habla y le ofrece cigarros al padre ofendido. Cuando él no los acepta, significa que tendrán que convencerlo con mejores regalos y más esfuerzo. El padre, si no quiere recibirlos, sale de la casa y se esconde en el campo para que lo encuentren. Sin embargo, todos saben que tiene que dar su consentimiento por el bien de su hija que ya ha dejado de ser virgen y por lo tanto, no va a tener oportunidad de casarse con otro.

Cuando el padre los perdona y acepta la boda, se celebra una fiesta a la que invitan a parientes y amigos. Ocho días después, se celebra el matrimonio católico. Los padres de la mujer le entregan pan al novio y éste les da tamales a cambio. Ésta es la primera vez que ella está presente.

Los padres de ella contratan una banda y se presentan en la casa del novio, con ropa para entregarla a cambio de ciertos regalos. Los padrinos y familiares de la novia aportan dinero y ropa para el novio. Él se la pone para la ceremonia y las hermanas de la novia llevan listones para dárselos a las mujeres de la familia de él, quienes asistirán a la fiesta con ellos en el cabello. Cuando termina esta entrega de regalos, la banda toca un son que el novio debe bailar.

A la mañana siguiente, los padres, padrinos y parientes cercanos del novio le llevan regalos a la novia, que para entonces, ha regresado a vivir a la casa de sus padres. Le llevan tres rebozos, blusa, aretes, zapatos, etc. Ella se viste con esto, y se pone los tres rebozos, uno sobre otro, y sale a la iglesia seguida por los músicos. Después de la ceremonia católica, los familiares de cada uno regresan a su propia casa. Un poco más tarde, la familia de él regresa a la casa de ella e invita a toda la familia de ella a desayunar chocolate y pan.

Todos los hombres se sientan en bancos de madera a tomar el desayuno. En un extremo de la mesa ponen la imagen de un santo con flores, incienso y una vela prendida. Los padrinos se sientan cerca del altar y el casamentero que ayudó al novio, pronuncia una oración y agradece a los invitados por asistir. Después, las mujeres sirven el chocolate y el pan a los hombres y se sientan aparte, sobre un petate que extienden en el patio. La madrina se sienta en el centro.

Después del desayuno, la novia y sus acompañantes regresan a la casa de ella, mientras la banda y la fiesta siguen en la casa del novio. Entre las diez y las once de la mañana, llegan el resto de los invitados y se les sirve de comer; pero aparte, no con los parientes del novio.

Después de la fiesta, el novio, sus amigos y hermanos, llevando hojas de iris, van por la novia y antes de llegar, se paran en la casa de los padrinos. Los amigos más cercanos, los hermanos y el casamentero entran con el novio y les piden permiso de ir por la novia. El padrino responde que sí y todos festejan. Salen acompañados por los padrinos, rumbo a la casa de ella, seguidos por mucha gente y la banda.

Cuando llegan, solamente los más cercanos y los músicos entran a la casa y el casamentero le pide permiso al padre de llevarse a la novia. El novio y ella salen, seguidos por sus amigos, que le ayudan a cargar las servilletas, huipiles, bolsas, etc. que les regalan a los recién casados.

La fiesta y los regalos continúan en la casa del novio. Le ponen más listones y adornos en el cabello a la madrina. Sobre la mesa ponen un plato de cerámica cubierto con una servilleta. Los invitados ponen dinero en él, pero la servilleta impide que se vea la cantidad que hay, y lo que cada persona les pone.

Al final, el padre del novio le entrega un pan a cada invitado, y los familiares de ella entregan más piezas de ropa. Cuando el intercambio de regalos termina, le cuelgan al novio servilletas en el cuello y los brazos, y él debe bailar dos sones. Al otro día, los padres del novio visitan a los padrinos de bautizo del muchacho para darles las gracias, mientras que los familiares de la muchacha contratan una banda y se presentan con ella en la casa del novio para limpiar y lavar los trastes del día anterior; lo cual a partir de ese día, será siempre su obligación. Así termina la fiesta y la pareja ya puede vivir unida.

Estas fiestas, generalmente costosas, cada vez resultan más difíciles de realizar y los jóvenes ya casi nunca celebran su matrimonio de la manera tradicional.

LOS SERIS: FAMILIA Y MATRIMONIO

La familia, que incluye a todos los parientes, es la unidad que constituye el centro de la de los seris o conca’ac.

Las relaciones familiares están determinadas por obligaciones estrictas para todos los miembros del grupo familiar. Una de éstas es que cada persona tenga la obligación de compartir una de cada dos posesiones materiales o alimentos que posea, con otros miembros de la familia. Éstos, a su vez, tienen la misma obligación para con aquélos. Este sistema social asegura una distribución equitativa de la riqueza y nadie aspira a acumular posesiones, porque esta práctica se considera mezquindad, un defecto que ningún seri quiere tener.

Otra costumbre es la prohibición de hablar con ciertos parientes. En este aspecto, el hombre tiene muchas más restricciones que la mujer: no puede hablar directamente con su padre, sus tíos, sus hermanos, ni sus hijos después de que llegan a la pubertad; tampoco con sus suegros y la mayor parte de sus parientes políticos.

Entre los conca’ac, los padres arreglan el matrimonio de sus hijos y no se permite que se casen miembros de la misma familia, incluyendo a los primos. En el pasado, frecuentemente consultaban al curandero en este asunto. Después de que la proposición ha sido aceptada por la familia de la señorita, sigue un período de seis meses a un año, en el que la familia del joven le da regalos a la familia de la novia, como un radio o comida, telas, materiales para hacer canastas, maderas talladas, etc.

La familia de la muchacha es la que da su consentimiento para la boda, la cual se celebra en la iglesia local. Los recién casados se van a vivir en un cuarto construido cerca de la casa de los padres del muchacho y desde el momento de la boda, el hombre debe aportar alimentos y dinero para sus suegros, mientras vivan. Los divorcios son raros.

BODA NAHUA

En Chicontepec, Veracruz, las bodas conjugan costumbres ancestrales, música y danza. El ceremonial conserva ritos cargados de simbolismo: sahuman a los novios “para que los vientos los reciban bien”; le dan aguardiente a la tierra para que ésta permita vivir a la pareja muchos años, le ponen flores a los novios, invitados, músicos, e incluso a sus instrumentos musicales.

Huehuetlácatl, el más viejo de la comunidad, practica el rito y se desempeña como casamentero. Este personaje, como máximo depositario de la tradición, le entrega al novio un calabazo, una mazorca de maíz y una botella de aguardiente para propiciar la abundancia en el nuevo hogar, y mientras lo hace, le recuerda que el hombre debe procurar el alimento a la mujer. Después, emplea agua para lavamiento de manos y ritos de purificación, e invoca al pozo para que proteja a los desposados. El agua, elemento mágico, es fuente de protección.

La música que acompaña la ceremonia son sones tocados con violín y guitarra huapanguera, aunque algunas veces también hay una tambora o un arpa. Bailan algunos sones.

BODA TOTONACA O DEL CÍRCULO

El novio le compra el atuendo a la novia, quien será vestida y arreglada por su madrina de bautismo; lo mismo sucede con el muchacho y su respectiva madrina. La novia porta una corona de flores y un velo corto. Viste un quechquémitl transparente y brillante, una camisa bordada y unas naguas de seis metros de largo con una faja en la cintura. El calzado son botines y se adorna con anillos y aretes de oro. Los hombres portan camisa y calzón almidonados, confeccionados de popelina blanca. Cuando hace frío se utilizan cotonetas.

Durante la ceremonia participan un rezandero y una rezandera, para que la pareja nunca se separe; y se encargan de que los músicos toquen los 12 sones chiquitos, llamados en totonaco xalaktzú. Por lo general, participan tres músicos: violinista, jaranero y huapanguero.

Antes de comenzar el baile se lleva a la novia a la casa del novio, encabezando el contingente un trío de huapangueros que tocan un son especial y tradicional para este caso. Los sigue una rezandera con su incensario humeante y, detrás de ella, caminan los padres, sus padrinos, otros familiares y todos los invitados. Mientras tanto, el novio y su familia esperan a la novia y su comitiva con un petate, que al llegar, extienden frente al altar. Los prometidos y la rezandera se hincan para recibir las bendiciones de sus padres, mientras que los músicos tocan el son de la santiguada.

Después, sentados sobre el mismo petate, les pasan una charola con trozos de carne; el novio toma uno con la mano y se lo ofrece a la novia, y luego ella hace lo mismo. Posteriormente toman vino. Mientras tanto, el rezandero cuida el aguardiente que está enterrado, y le da de beber a la tierra antes de que tomen los invitados.

Cuando todos han bebido, inicia propiamente el baile tradicional de La Boda del Círculo. Los novios permanecen sentados sobre el petate, mientras los acompañantes bailan alrededor de la mesa, donde se ponen los alimentos que serán degustados por todos los invitados y participantes de la boda. La mitad de las personas dan vuelta a la derecha y la otra mitad a la izquierda. El padrino toma un guajolote y le pone un collar de flores. Al término de la comida se toca un son huasteco.

BODA TZOTZIL

Se celebra frente al altar familiar en la casa de los padres de la novia.

El matrimonio es una ceremonia de “mayoría de edad”, que le da al individuo derechos y obligaciones dentro de su comunidad. Las mujeres se casan entre los 15 y los 20 años, y los hombres entre los 18 y los 22. Los trámites les corresponden a los padres y generalmente son costosos y complicados, tanto más, cuantos más bienes tenga la familia de la mujer. Muchas veces las niñas son pedidas y comprometidas para la familia del joven siendo todavía muy chicas.

La familia del novio debe pedirle a un anciano prestigiado que le haga el favor de hablar en su nombre ante los padres de la novia. El día de la petición de mano, el novio, su padre y el anciano llevan a la casa de la muchacha regalos como frutas, carne salada, aguardiente y cigarros. Los que llegan a hacer la petición se arrodillan y el anciano le pide al padre de la muchacha que acepte los regalos y le dice que vienen para pedir la mano de su hija.

Normalmente, el padre de la muchacha rechaza tanto los regalos como la propuesta de matrimonio, argumentando que su hija es floja y que no sabe hacer nada porque todavía es joven.

Las visitas y regalos se repiten, por lo menos seis veces, hasta que los padres de la muchacha aceptan y fijan la fecha de la boda, determinan el “precio” de la mujer, el tiempo durante el cual el muchacho trabajará al servicio de sus futuros suegros y acuerdan dónde vivirán los recién casados. Generalmente, lo harán en casa de los padres del novio y el “precio de la novia” suele calcularse en especie: una cantidad de leña, maíz, fríjol, ganado y otros animales domésticos.

El día fijado para el matrimonio, el novio se presenta en la casa de la muchacha con más regalos y con el “precio” acordado a cambio de la novia. Él espera afuera, mientras que sus padres entran y les ofrecen una botella especial de aguardiente a los de la novia. Siguen los saludos y la presentación de respetos de ambas partes, lo que demuestran utilizando el título que, por parentesco, usarán en adelante. Los padres de la novia invitan a los del novio a pasar y consumen todo lo que ellos han llevado de regalo, al lado de los demás miembros de la comunidad. Si alguien no asiste a la fiesta, le envían bebida y comida a su casa, para evitar que se enoje y algún día pueda hacerle daño a los recién casados.

Los padres de la novia tienen preparado un petate nuevo frente al altar familiar, en donde la pareja debe arrodillarse. Amarran el chamarro de él al huipil de ella y los padres, ancianos y demás personas mayores, pasan uno a uno junto a los novios, los sahuman, bendicen y piden a la Santa Tierra que les dé hijos y los proteja.

Dos semanas más tarde, el joven se muda a la casa de sus suegros, llevando todo lo necesario para alimentar a la familia de ella durante un tiempo; así como su ropa, su machete y sus propias jícaras para beber. La mamá del novio borda una servilleta para la novia y el novio teje dos morrales que también le entrega a su nueva esposa: el más grande para las compras y el pequeño para que guarde lo que él vaya ganando. Le regalan también un chamarro de lana.

A partir del día siguiente, la familia ayuna tres días, al cabo de los cuales, cada persona enciende una rama de ocote (corteza de pino) y una vela, y con ambas cosas sahuman tres ramas de pino clavadas en el suelo, acompañados por un “rezador”, que le vuelve a pedir a la Santa Tierra protección y fertilidad para la pareja.

Los padres del novio y él mismo, rezan a la Santa Cruz y a los Santos Católicos para evitar sufrimientos causados, por la envidia que pudieron causarle los otros pretendientes rechazados.

El joven empieza a trabajar para el suegro durante el tiempo convenido y al final de este período, el padre del muchacho se presenta con una botella de aguardiente y le pide a su consuegro que le conceda a los jóvenes vivir como marido y mujer, ya que su hijo demostró poder cumplir con todo lo solicitado. Los jóvenes no tienen permitido hablarse sino hasta ese momento, cuando ya se les considera esposos y se les permite consumar el matrimonio.

Durante los primeros años viven en la casa de los padres de la novia y después, si tienen recursos, construyen su propia vivienda; si no, tienen que irse a vivir a la casa de los padres del novio.


INDUMENTARIA TOTONACA PARA BODA

INTERIOR DE UNA VIVIENDA TOTONACA, ADORNADA PARA BODA