El investigador Alfredo Zavaleta Betancourt.
Susana Castillo Lagos
El narcotráfico es una respuesta de los excluidos de la sociedad, la forma que eligieron para ser parte del sistema económico y político; por ello es difícil que éste se frene si no se atacan los verdaderos problemas de fondo, aquellos que lo originan y alimentan: pobreza, miseria, desempleo, abandono escolar, falta de oportunidades de esparcimiento y de seguridad social.
Así lo expresó Alfredo Zavaleta Betancourt, integrante del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales (IIH-S) de la Universidad Veracruzana (UV) donde sigue líneas de investigación vinculadas con la sociología, la seguridad y la política.
El problema del crimen organizado, explicó, no es estrictamente delincuencial: “No sólo es eso, sino que bien podría caracterizarse como una revuelta patológica con un programa empresarial; es una respuesta de los excluidos de nuestras sociedades”.
Los jóvenes representan un sector vulnerable, más si te toma en cuenta que en el país hay más de siete millones de personas de entre 12 y 29 años que están sin empleo y sin trabajo, según cifras oficiales.
“Los propios narcotraficantes reclutan a jóvenes ofreciéndoles alternativas ilegales para obtener aquello que difícilmente conseguirán de otra forma; ellos acceden a pesar del costo que tengan que pagar en el intento”, comentó.
Lo anterior porque al observar las condiciones de desigualdad piensan que no tienen tiempo ni oportunidades para lograrlo por otra vía. “Más allá de las consecuencias y con todos los riesgos que implica, incluyendo perder la vida, consideran que más vale tener eso ahora a vivir toda la vida aspirándolo sin obtenerlo nunca”, mencionó.
En general, señaló, quienes pertenecen al crimen organizado “quieren vivir bien, consumir lo mejor y ser reconocidos como todos los integrantes de la sociedad”.
Agregó que al analizar –sistemáticamente– notas informativas sobre aprehensiones de gente vinculada al narcotráfico, se detectan varios lugares comunes: “Te percatas de que acumulan dinero, residencias, amantes, autos, viajan, y saben perfectamente que eso es efímero”.
Por ello, sostuvo, sería importante que se empezara a pensar la naturaleza del tráfico y consumo de drogas con una perspectiva más compleja.
Sin embargo, Zavaleta Betancourt dijo que en México los ciclos de gobierno imposibilitan la continuidad de las políticas públicas para atacar problemas estructurales.
En contraste, para disminuir el impacto que el crimen organizado tiene en la sociedad, es necesario “articular, a corto y mediano plazos, en estos últimos años de gobierno y en el que sigue, medidas de prevención del delito y de regulación suave del consumo”.
Además, los narcotraficantes deben ser pensados no sólo como delincuentes, “sino como sujetos que han sido obligados por las circunstancias a tomar ese tipo de estrategias para incluirse en la sociedad mexicana”.
Lo anterior propicia que desarrollen estrategias de comercialización y de obtención de ganancias que requieran de protección de sus procesos de distribución y circulación, “y para ello, obviamente, tienen que pactar con el gobierno federal”.