
Rocío de Aguinaga Vázquez, investigadora del ITESO.
La educación intercultural debe tomar como materia de trabajo las aspiraciones y voluntades de superación y trasformación colectiva de quienes padecen las relaciones asimétricas de poder, señaló Rocío de Aguinaga Vázquez, investigadora del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), al participar en las Jornadas Internacionales sobre Educación e Interculturalidad en las Américas, organizadas por la Universidad Veracruzana Intercultural (UVI), en Xalapa.
Al abrir las actividades del seminario II, denominado “La universidad pública ante el horizonte de la interculturalidad”, la investigadora narró su experiencia como gestora del proyecto educativo intercultural Tatuutsi Maxakwaxi, mediante el cual el ITESO ha impulsado la creación de secundarias y bachilleratos en San Miguel Huaixtita, en la zona Wixárika (huichol) del estado de Jalisco.
De Aguinaga Vázquez dijo que la interculturalidad constituye un medio para generar nuevas experiencias educativas ante los retos que plantea la construcción social de la autonomía. En ese sentido, Tatuutsi Maxakwaxi “es un proyecto de carácter comunitario, identitario y emancipatorio”.
Por su parte, Célia Govea Collet, de la Universidad Federal de Acre de Brasil, comentó que en el caso de su país las prácticas educativas interculturales son muy diferentes a lo que presuponen los programas oficiales. Ejemplo de ello es la escuela del pueblo Bakairi, basada en su perspectiva y visión del mundo, en donde la educación es un espacio para el quehacer colectivo.
Además, destacó de los desafíos y perspectivas de la educación intercultural indígena en Brasil: “Debemos llevar a cabo un proceso de universalización, pero con espacios y garantías reales para que la cultura indígena emerja entre la pesada estructura de la educación occidental”.

Gabriela Czarny, Célia Govea Collet, Mariano Báez Landa y Matías Alberto Stival.
A su vez, Gabriela Czarny, de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), calificó como preocupante la manera en que los profesores ven a los alumnos que provienen del medio rural y que han debido adaptarse al contexto urbano.
Opinó que el debate sobre la interculturalidad se plantea desde la perspectiva de la población no indígena, por lo que se hace necesario analizar los procesos de ciudadanización que no han funcionado.
Al no tener espacios educativos en sus comunidades, dijo, los jóvenes indígenas siguen concibiendo la universidad como un espacio lejano.
“Lo que interpelan los estudiantes indígenas son las relaciones de poder, tanto las que se manifiestan entre maestro y alumno como las que existen entre ellos mismos; así, de paso, interpelan a las misma instituciones de educación superior.”
Para concluir, Matías Alberto Stival, de la Universidad de Buenos Aires, Argentina, habló del trabajo que ha llevado a cabo con la comunidad Toba establecida en Rosario, ciudad que cuenta con una población estimada de más de 20 mil indígenas que viven en un estado de pobreza estructural.
Señaló que uno de los principales problemas que enfrentan es el de los servicios de salud, pues los programas dirigidos a los pueblos originarios desconocen sus prácticas, tienden a la individualización y no incluyen los procesos comunitarios.