Julio-Septiembre 2003, Nueva época No. 67-69 Xalapa • Veracruz • México
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Ofrece Pitol donar su biblioteca a la Universidad
Entrega UV el doctorado Honoris Causa a Ida Rodríguez Prampolini y a Sergio Pitol
Álvaro Belin Andrade y Edgar Onofre Fernández

Para Rodríguez Prampolini, este reconocimiento le causa mayor alegría que el Premio Nacional de Historia 2001, por tratarse de la Universidad de su estado natal y una de las mejores del país / Al reconocer a Pitol, la UV incorpora la alegría y agradecimiento de lectores y amigos por el reconocimiento a su obra: Carlos Monsiváis.

En la cumbre de sus carreras, reconocidos en el país y más allá de nuestras fronteras por sus aportes a la literatura mexicana, uno, y al estudio, conservación y valoración de nuestras artes, la otra, Sergio Pitol e Ida Rodríguez Prampolini, veracruzanos ambos, recibieron el viernes 29 de agosto el reconocimiento de sus paisanos, al obtener el doctorado Honoris Causa por parte de la uv. Los dos, emocionados por tan alta distinción, no ocultaron su orgullo por haber sido objeto de un homenaje que proviene de la institución educativa señera de Veracruz.
Durante su intervención, Sergio

Por sus aportes al estudio, conservación y valoración del arte y la cultura, Ida Rodríguez Prampolini recibió el doctorado Honoris Causa. La acompañan el gobernador Miguel Alemán y el rector Víctor Arredondo. (Foto: Luis Fernando Fernández)
Pitol hizo un anuncio que provocó el júbilo de todos: la donación a la UV de su biblioteca personal, cuando ya no esté entre nosotros.
En tanto, Ida Rodríguez Prampolini hizo pública la enorme alegría que le significa recibir un reconocimiento que la hace, por fin, profeta en su tierra: “Cuando en febrero de 2001 recibí el Premio Nacional de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía, ninguna autoridad de Veracruz me acompañó al acto, me sentí desamparada… Por ello, el grado Honoris Causa que hoy recibo de la Universidad veracruzana me causa mayor alegría que el premio nacional”.
Ahí, en la Unidad de Servicios Bibliotecarios y de Información que albergará también algún día la biblioteca personal de otro doctor Honoris Causa, Carlos Fuentes, el gobernador Miguel Alemán Velazco y el rector Víctor Arredondo entregaron el reconocimiento que, apenas el mes pasado, aprobó por unanimidad el Consejo Universitario General.

Ida Rodríguez propone crear carrera en Arte popular en la UV
Rodríguez Prampolini, quien se dijo heredera de una tradición de simpática altanería basada en la seguridad de descender de una estirpe de libertadores, defensores de la patria, destacó la necesidad de trabajar con la sociedad –que la llevó a fundar y dirigir el Instituto Veracruzano de Cultura, Ivec, en 1987– y felicitó al rector, con cuyos propósitos dijo coincidir, por orientar el rumbo de la Universidad Veracruzana hacia una mayor contribución en el abatimiento de la desigualdad de niveles y oportunidades de desarrollo individual y colectivo a través de

El escritor veracruzano Sergio Pitol recibió el grado de doctor Honoris Causa, y anunció su decisión de donar su biblioteca a la Universidad Veracruzana. (Foto: Luis Fernando Fernández)

un paradigma alternativo en la educación superior basado en la distribución social del conocimiento.
“Sin la cercanía con la realidad social y sin el propósito de incidir en ella, aunque sea de mínima manera, y tratando de modificarlo en pro de la educación y la justicia social, la vida, para mí al menos, no tiene mucho sentido”, señaló.
Rodríguez Prampolini citó a Pablo Latapí Sarre para definir el lugar desde donde ha transcurrido su trayectoria. Citó el artículo “El año nuevo y la historia oculta”, de quien ella calificó una autoridad de México en educación: “En este año regreso a mi reflexión sobre la doble historia del país: la visible que protagonizan los actores políticos y la oculta que construyen muchos ciudadanos anónimos con sus acciones cotidianas: maestros que forman valores diferentes en las siguientes generaciones, pensadores y críticos sociales, artistas que imaginan otros mundos posibles, líderes de opinión, que concientizan e impulsan procesos de cambio”. ¿Qué mueve a la historia oculta?, se pregunta, y él mismo se responde: “Si hubiéramos de ir a la raíz última, tendríamos que señalar el deseo como la fuerza fundamental que anima la actividad incesante de los seres humanos y le da sentido”.

Al referirse a la tarea del historiador, dijo concebir la función social de la historia como un instrumento para el mejoramiento moral y espiritual de los seres humanos: “sin la proyección teórica y práctica y sin una ética absoluta, el trabajo del historiador no estará completo”. También destacó la importancia del método de enseñanza viva en esta tarea ante el desdén que autoridades y sociedad han tenido ante su pasado.

En este sentido, recordó una situación que vivió durante sus años de estudiantes en Veracruz: “Uno de los recuerdos importantes que guardo es la Biblioteca del Pueblo, rica en libros antiguos, pintados a mano y dorados, muchos en pergamino; había también miles de ediciones, revistas y periódicos. Siendo estudiante en
México para la materia de historia de los Estados Unidos hice en el primer semestre un trabajo sobre la intervención norteamericana del 47, que investigué en esa biblioteca.

En su intervención, Rita Eder destacó el impulso que ha regido la vida personal y profesional de Ida Rodríguez Prampolini. (Foto: Luis Fernando Fernández)
“Para el segundo semestre hice una indagación oral y entrevisté a algunos de los testigos del bombardeo del 14, empezando por mi madre, mi abuela, mis tíos, mi nana y mis amigos de la Huaca. Cuando quise consultar las páginas de El Dictamen encontré que el cajón en donde se guardaban estaba lleno de agua, las hojas se deshacían. Empezaba el desastre. En los años cincuenta, la Biblioteca del Pueblo fue desmantelada y los libros, documentos y periódicos, saqueados; lo que restó de ese vandalismo fue amontonado en el patio y en el último piso de un edificio en ruinas. Casi todo lo más valioso se perdió. Todavía años después, en el sexenio de López Portillo, un familiar con carta de la esposa del presidente se llevó lo que quedaba de las fundaciones de los conventos e iglesias de Veracruz”.
Según explicó, con los restos de la Biblioteca del Pueblo se armó, durante su gestión al frente del Ivec, el Archivo y Biblioteca Históricos en una casona restaurada del siglo xvii en el centro de Veracruz.
Ida Rodríguez reconoció que, en nuestro país, la Historia del Arte no sólo ha mejorado en la profundidad que se alcanza, en la claridad y precisiones teóricas, sino también en el número de investigadores. Hoy los estudios de Historia del Arte se imparten en muchas universidades de la capital y son pilar importante de la uv.
Frente a los consejeros universitarios y personajes de la vida académica y cultural del estado y al país, la historiadora recordó su propuesta al rector para crear la carrera en Arte Popular, con la que la UV se colocaría como pionera en este tipo de estudios.
El arte por el arte vs el arte social, preocupación de Ida
Investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la unam, Rita Eder Rozencwaig hizo una semblanza de Ida Rodríguez Prampolini. En su texto destacó el impulso que ha regido la vida personal y profesional de la homenajeada que, confundido en ocasiones con la locura, se advierte “utópico, vital, transformador, riesgoso, bello, incómodo, imposible y por ello mismo digno de realizarse”.
Ida, dijo, pertenece generacional-mente a uno de los momentos más activos y renovadores de la facultad. Entre sus maestros se encontraban Justino Fernández y Edmundo O’Gor-man. Era la época en que José Gaos, filósofo español venido a
tierras mexicanas en calidad de refugiado de la Guerra Civil Española, extendía su proyecto de conjuntar los esfuerzos interdisciplinarios de sus colegas y alumnos filósofos, historiadores, historiadores de arte, y otras más para armar un proyecto intelectual que redundara en una filosofía de la cultura mexicana.

Carlos Monsiváis fue el encargado de hacer una semblanza sobre el narrador veracruzano Sergio Pitol. (Foto: Luis Fernando Fernández)

“Inspirada en Ortega y Gasset, se preguntaba cómo constituir esa filosofía de la cultura encontrando la respuesta en la historia, y fundamentalmente en la historia intelectual o la historia de las ideas. Su lucha genera-cional fue contra el positivismo y en favor de la capacidad del hombre de interpretar los hechos históricos desde su coyuntura. El valor de la imaginación fue, ciertamente, parte de esa contienda, particularmente lo fue para Edmundo O’Gorman y su entonces discípula y, más tarde, esposa”.
Eder Rozencwaig destacó que la travesía de Rodríguez Prampolini a través del arte moderno y contemporáneo ha ido “mucho mas allá de enumerar y describir movimientos artísticos: Ida tenía una idea rectora, una razón moral para impartir un curso que tocara el tema de la belleza o las bellezas de la modernidad. Esa razón exploraba con tenacidad la pregunta el arte, ¿para qué?”.
El arte por el arte contra el arte social ha sido, sin duda, uno de los temas que más le han preocupado, explicó la también historiadora y alumna de Rodríguez Prampolini, “porque, insistía, no habría que preguntarse por el arte si no podemos preguntarnos por los seres humanos. Su relación con lo artístico ha sido paradójica: por un lado poca gente en el campo de la crítica escribe con tan buena prosa y en forma tan iluminadora sobre asuntos de arte y, por el otro, siempre la dualidad y el imperativo moral de que ocuparnos del arte será inútil si no se activa como un instrumento para la vida”.
Rozencwaig dijo que Veracruz es para Ida un espacio de peregrinaciones y constantes sorpresas. Lo mismo sus frecuentes visitas por la naturaleza de la empresa en que se ha embarcado actualmente a los pueblos más alejados en el que se encuentran comunidades indígenas aisladas por malas carreteras, falta de agua y electricidad, lo mismo persiste su fascinación por sus tesoros arqueológicas y ruinas recientemente descubiertas.
Aquí, explicó, Ida “ha podido entregar y hacer realidad su visión sobre la cultura, su idea de servicio, su comprensión de la política y de la militancia como un trabajo continuo, pero más que eso, de su permanente conciencia del otro”, lo que la llevó a crear, en coordinación con la uv, el Museo Virtual de Arte Popular (Popularte), un proyecto de capacitación para la producción de artesanías que tiene como fin no sólo el cultural sino la subsistencia, según definió Eder.
“Ha viajado por todo el estado para conocer mejor qué es lo que, en términos de artesanías, producen estos grupos, cuáles son sus formas de comercio y mercado para hacer una labor que tenga sentido y eficacia”.

Pitol, mexicano universal: Monsiváis
“Para empezar, quiero aclarar que soy veracruzano nacido por azar en Puebla”. Con esa declaración, Sergio Pitol, escritor mexicano y erudito universal, puso en paz a sus biógrafos.
Y sí, así lo describió su amigo Carlos Monsiváis: “Mexicano globalizado (término que se usa ahora en lugar de mexicano universal) por vocación y espíritu de aventura, entusiasta por primera y por segunda naturaleza, canófilo, amigo excepcional, hombre de izquierda, Sergio Pitol se concentra siempre en su actitud esencial: ver la vida a través de la literatura que es alabanza y exigencia de la forma, y es ganas de leer el día entero la gran novela de la realidad”
Para Monsiváis, el homenajeado “vive entre atmósferas y personajes literarios a fin de cuentas y en principio. Y esta fe en que lo real es novelable y lo que no es novelable es irreal, desemboca en un método incesante de Pitol: los desenmasca-ramientos”. Añadió que la Universidad Veracruzana, por el hecho de otorgarle el doctorado Honoris Causa, incorpora la alegría y el agradecimiento de lectores y amigos por el reconocimiento a su obra, su persona, su actitud.
“En Sergio Pitol, la uv reconoce el vínculo vivísimo entre un literato y el proceso cultural al que enriquece, niega sus efectos burocráticos y chauvinistas, diversifica, exalta en sus logros estéticos y comunitarios, satiriza en su pompa y su triste circunstancia, ve a trasluz y admira selectiva y generosamente”, expresó el autor de Días de guardar.

Para la UV, “mi biblioteca personal”: Pitol
Por su lado, Sergio Pitol reconoció una deuda con la uv, “no sólo por estos 12 años que me han permitido ampliar mi obra con tranquilidad, sino por la deferencia de Sergio Galindo, quien publicó en forma profesional mi primer libro de cuentos: Infierno de todos, y a casi a todos de los mejores escritores de mi generación: Juan Vicente Melo, Juan García Ponce, José de la Colina, entre otros”.
Por ello, ofreció donar después de su muerte su extensa biblioteca, “reu-nida durante toda la vida, sin ningún tesoro bibliográfico, ya que no hay libros del siglo xvi, ni del xvii. Es sólo una colección de varios miles de volúmenes, que me han servido para comprender y, sobre todo, gozar de la literatura y que jamás podría leerla entera, ni siquiera aunque viviera otros 70 años”. Y dijo su motivación: “La uv me acogió con cordialidad. He encontrado el lugar donde mejor he podido escribir, es decir, donde mejor he podido vivir”.
Sobre su faceta de viajero incansable, Pitol rememoró: “En una ocasión, a mediados de 1961, decidí pasar unos cuantos meses en Europa. Esa temporada se convirtió en 28 años. Nada logró desarraigarme de mi país. Pasaba vacaciones en México y, desde luego, jamás dejé de visitar Córdoba. Pasé dos temporadas largas en el país, una en Xalapa y otra en la Ciudad de México, cada una de una duración de un año y medio. La mitad del tiempo que estuve en el extranjero desempeñé diversos empleos, sobre todo el de traductor literario, la otra fui diplomático. El hilo que une a esos años, lo supe siempre, fue la literatura”.
Explicó que, aun cuando el viaje admitía la experiencia del mundo visible, “la lectura, en cambio, me permitía realizar un viaje interior, cuyo itinerario no se reducía al espacio sino me dejaba circular libremente a través de los tiempos”. Escribir, por otra parte, “significaba la posibilidad de embarcarse hacia una meta que apenas se vislumbra y lograr la fusión –debido a esa oscura e inescrutable alquimia de la que tanto se habla cuando se acerca uno al proceso de la creación– del mundo exterior y de aquel que subterráneamente nos habita”.