Día mundial del océano
A
nosotros, humanos, nos gusta pensar en categorías. Nos gusta colocar las cosas
en cajas y grupos. Como nos plazca. Lo parecido con lo parecido. Diferente, por
allá. Lo nuestro y lo suyo. A favor o en contra de nosotros. El océano, que
alberga gran parte de la biodiversidad, no conoce estas divisiones. Nos guste o no, en él todo es cuestión de
fluidez, de mezclas y combinaciones. Aunque tratemos de definir, separar y
nombrar océanos- Atlántico, Pacífico, Índico, Antártico y Ártico- existe sólo
un océano.
Consideremos que una molécula de agua salada
puede circular en el océano del mundo al cabo de un periodo de siete años. Esto
significa que lo que hacemos en una costa, le importa a las personas que viven
en otra, que se encuentra a medio mundo de distancia. Animales como tortugas
marinas, focas, atún aleta azul y tiburones blancos; conectan al océano por
medio de sus migraciones de miles de
kilómetros. Una tortuga marina nacida en México deja de ser una “Tortuga
Mexicana” cuando se alimenta de los arrecifes de coral en Hawai o de las medusas de los mares de Indonesia.
Tortuga, turtle, honu, tabob…
nuestros términos no significan nada para ella.
En
nuestro hogar (California), gracias al trabajo de grupos como Ocean
Champions, Oceana, Conservation International y muchos más, un movimiento para
proteger nuestra costa y salvaguardar la salud de nuestro océano esta en
camino. Igualmente, en un esfuerzo bipartito, políticos como Sam Farr (D-CA) y
Connie Mack (R-FL) votan para establecer medidas necesarias que mantengan a
nuestro océano saludable y hablan apasionadamente a su favor. Pero un océano tan productivo y abundante
necesita más que la gran protección que le damos en nuestro hogar. Nuestros
esfuerzos deben unificarse y ser globales
e indivisibles. Deben tener una naturaleza oceánica. Un senador de Rocky
Mountain dijo una vez: “la economía se encuentra completamente subsidiada por
el medio ambiente”. Los pensadores ecológicamente evolucionados comprenden que
el funcionamiento de la máquina de esta economía global depende del agua salada.
Somos organismos terrestres, así que hemos
llamado a este planeta, que es en su gran mayoría Azul, el Planeta Tierra. No
obstante, como residentes de apenas una cuarta parte del planeta, estamos comenzando
a entender que, en cierta forma, todos vivimos a la orilla del océano. Sin embargo, con frecuencia nuestros lujos existen a costa
de las necesidades más grandes de nuestro planeta. El camarón Asiático, que es
una pesca poco sustentable; así como la merluza chilena casi extinta, vuelan
en jet hacia tus papilas gustativas que se encuentran cenando en San Francisco,
después van a Omaha y luego a Manhattan. Químicos causantes de cáncer, así como de
daño cerebral son inventados en Delaware y manufacturados en la
India. Estos productos que impiden que
la comida se pegue en tus sartenes, se encuentran en concentraciones alarmantes
en la carne de las ballenas que se alimentan en Antártica y en la leche materna con que alimentamos a
nuestros bebés. El combustible proveniente de Arabia Saudita
que utilizamos contribuye al calentamiento del océano, que afecta directamente
tanto a los osos polares como a los cazadores Inuit de Canadá.
Entonces, ¿cuál es la solución a esta crisis
del océano? Lo principal es hacer la conexión entre lo que nosotros hacemos y
cómo esto afecta al océano que amamos y del cual dependemos para obtener
nuestra comida, el aire que respiramos y el clima que gozamos. También debemos
entender que en estos tiempos nuestras acciones son globales. Necesitamos
actuar como si nuestras acciones tuvieran un impacto, porque realmente lo
tienen. Debemos actuar como si nuestras acciones afectaran a otros, pues sí los
afectan. Necesitamos evolucionar nuestras costumbres y hábitos como si nuestra
vida dependiera de esto, porque nuestra vida depende de esto.
La solución: involúcrate. Únete al menos a
un grupo que proteja al océano. Puedes hacer esto con la misma cantidad de
dinero con que comprarías un CD o algunos galones de gasolina. Resuelve alguno
de los problemas sencillos que acontecen en tu hogar, reduciendo el uso de
plásticos y haciendo del próximo vehículo que adquieras un automóvil híbrido o
que use combustible alternativo. Vota para proteger los últimos lugares
vírgenes y mágicos que se encuentran a lo largo de nuestras costas. Cuando
sea posible, compra tus verduras y mariscos en negocios locales. Evoluciona tus “pensamientos oceánicos” y
compártelos apasionadamente con toda la
gente. Para actuar sobre los asuntos urgentes que enfrenta nuestro
Planeta Azul, necesitamos personas creativas, innovadoras y con mentes
progresivas que comprendan que existe un sólo océano, indivisible, después de
todo.
8 de Junio, Día Mundial del
Océano, encuentra como festejarlo en: www.worldoceanday.org
Dr. Wallace J. Nichols es
científico y defensor del océano. También es investigador asociado de la
Academia de Ciencias de California en San Francisco y trabaja en numerosas organizaciones
y con jóvenes de todo el mundo para crear una Revolución Oceánica. Puedes
contactarlo en j@oceanrevolution.org ó +831.426.0337