Los procesos de domesticación de árboles tropicales en el Neotrópico son uno de los temas de estudio más importantes para el manejo y aprovechamiento de los bosques tropicales del planeta. Los árboles representan el grupo funcional más importante del neotrópico y pueden ser la clave para entender los procesos de especiación y los patrones de diversificación evolutiva en ecosistemas tropicales; ya que hasta la fecha no hay consenso para explicar la alta diversidad neotropical.

 

QTAXA

Deparment of Botany & Plant Sciences

University of California, Riverside

Autores:

María Elena Galindo Tovar

Nisao Ogata Aguilar

Desde este punto de vista, Mesoamérica representa un hábitat natural para la domesticación, ya que es un área de gran diversidad biológica y uno de los sitios en donde la evidencia sobre la domesticación de árboles tropicales data de varios miles de años. En esta área, las culturas pre-hispánicas desarrollaron sofisticados métodos para el manejo integral de los bosques tropicales. Este manejo se refleja hasta la fecha en algunas especies como el aguacate (Persea americana Mill.) que representa un sistema etnobotánico-filogeográfico muy interesante para examinar la hipótesis sobre su origen, domesticación y patrones de variación.

La variabilidad y distribución del aguacate sugiere una cercana interacción con las principales culturas que han habitado las áreas de distribución de la especie. El aguacate es una especie altamente polimórfica y presenta una gran diversidad genética, debido principalmente a factores ambientales, culturales y genéticos. Su área de origen se ha ubicado en la región central de México, y en una región que va desde las partes altas de Guatemala hasta la costa del Pacifico de Centro América (Knight, 2002; Teliz, 2000).

Desde tiempos antiguos se tiene conocimiento de que en las culturas Mesoamericanas, el aguacate además de ser utilizado como alimento, formaba parte de sus creencias y mitos religiosos (Kettunen y Helmke, 2004; Schele, 1974). También existen registros que desde antes de la llegada de los españoles ya se conocían diferentes tipos de aguacate (Cobo 1956; Acosta, 1985; Sahagún, 2002; Benavente, 2003) y de que el aguacate era consumido desde Mesoamérica hasta el Perú (Popenoe, 1934; Webber, 1936; Popenoe, 1963; McPherson, 1955; Takashi, 1968), en un periodo en el que Mesoamérica estaba habitada por culturas agrícolas.

Durante la época de la colonia, los colonizadores reconocieron el sabor y el valor nutricional del aguacate y lo llevaron a España en 1600 y posteriormente comenzó su distribución a nivel mundial (Barrientos y López, 1998; Knight, 2002).

De acuerdo a su variabilidad morfológica y química, distribución geográfica y posible centro de origen, se han descrito tres variedades principales de aguacate. Las diferencias entre estas tres variedades se deben principalmente a preferencias ecológicas de humedad y temperatura y a las características de la fruta ( textura de la cáscara, color, sabor, etc.) (Ashworth y Clegg, 2003).  La variedad Mexicana es resistente al frío y tiene un alto contenido de aceite. Otra característica distintiva de esta variedad es el olor a anís de sus hojas en casi todos los individuos y su cáscara delgada. La variedad Guatemalteca tiene frutos con cáscara rugosa y bastante gruesa, su semilla es pequeña y de forma redonda. La variedad Antillana se adapta al clima tropical y como portainjerto es resistente a la salinidad, tiene un lapso de flor a fruto bastante corto, su fruto tiene bajo contenido de aceite y su cáscara es lisa (Berg y Ellstrand, 1986; Berg 1992).

Estas tres variedades de aguacate son el resultado de miles de años de evolución natural y de domesticación que han dado origen a sus diferentes características morfológicas, fisiológicas y por lo tanto a la diversidad genética. La variación de las tres razas o variedades ha sido atribuida principalmente al aislamiento geográfico y como consecuencia a la escasez de intercambio genético (el cual aparentemente ocurrió recientemente) (Ashworth y Clegg, 2003). Sin embargo, el origen y domesticación de estas razas es aún oscuro; ya que aun no está claro cuáles y cuántas especies silvestres son los progenitores de las razas y existe una gran cantidad de genotipos con afinidades inciertas y con límites raciales muy difusos (Davis et al., 1998; Ashworth y Clegg, 2003).

Kopp (1966) sugirió que una de la principales razones por las que el origen del aguacate es oscuro es su cercana conexión con las antiguas civilizaciones del área, quienes valoraron y seleccionaron sus frutos. Por lo que es necesario un profundo estudio desde la perspectiva Etnobotánica.

De acuerdo a esto, la diversidad del aguacate debe ser analizada no solamente desde una perspectiva geográfica, sino también como el resultado de los procesos de domesticación de la especie por parte de las culturas que han habitado estas áreas.

Este tipo de estudios, abre la oportunidad de abordar desde una perspectiva multidimensional aspectos como, los patrones de variación de plantas cultivadas, en donde la interacción planta-hombre es parte fundamental del entendimiento de los patrones de domesticación de plantas tropicales. Además, datos moleculares podrían complementar el estudio de los patrones de diversificación y relaciones ancestro-descendiente.

Galindo-Tovar , M. E., N. Ogata & A. M. Arzate-Fernandez. 2008. Some aspects of avocado (Persea americana Mill.) diversity and domestication in Mesoamerica. Genet Resour Crop Evol 55:441–450.


Galindo-Tovar, M. E., A. M. Arzate-Fernández, N. Ogata & I. Landero-Torres. 2007. The avocado (Persea americana, Lauraceae) crop in Mesoamerica:10,000 years of history. Harvard Papers in Botany 12(2):325-334.


Ashworth, V. E. T. M., M C. Kobayashi, M. De La Cruz & M. T. Clegg. 2004. Microsatellite markers in avocado (Persea americana Mill.): development of dinucleotide and trinucleotide markers. Scientia Horticulturae 101: 255-267.

Diseño de imagen: Eugenio Nava