Corre
 
  Corre, Lee y Dile
Universidad Veracruzana
Números anteriores Número 24 Boletín de la Dirección Editorial de la Universidad Veracruzana
 
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Adelantos

Estética del discurso literario
Renato Prada Oropeza, colección Biblioteca.

Gracias a la praxis estética misma, la teoría del arte como actividad que produce el objeto bello deja de ser pertinente, a pesar del esfuerzo kantiano, cuya limitación teórica vimos arriba. En esta crisis juegan un papel importante, fuera de la presencia de las manifestaciones artísticas ya mencionadas, ciertos pensadores ingleses como Addison, Hutcheson, Hume:

La belleza, decían estos escritores, no consistía en ningún tipo especial de proporción o disposición de sus partes -como demostraba la experiencia cotidiana–. Los románticos llegaron incluso más lejos, afirmando que la belleza consiste realmente en la ausencia de regularidad, en la vitalidad, lo pintoresco y la plenitud, así como en la expresión de las emociones, que tienen poco que ver con la proporción. Las actitudes que se tenían hacia la belleza no cambiaron tanto sino que se invirtieron; la Gran Teoría parecía estar ahora peleada con el arte y la experiencia. (Ibidem: 170.)

El recurso a divisiones y contraposiciones que, de alguna manera, reafirmaría la primacía de la belleza: sus graduaciones de lo bonito, lo bello, lo sublime; así como aceptar que lo feo, lo grotesco, llegan a ser categorías estéticas, no lleva a nada, mucho menos la consideración de un creador prodigioso, el genio, como el factor decisivo para la presencia de lo bello o sublime en el arte. Este factor es demasiado ad hoc, demasiado excepcional, y plantea muchos más problemas sin solución teórica coherente que los que trata de resolver. Además, la nueva situación que se presenta desde la influencia de la lingüística en la crítica y teoría literaria a partir de los formalistas rusos, el Círculo Lingüístico de Praga, el New Criticism, el estructuralismo y los planteamientos de la hermenéutica, nos permite postular que, sin dar un nombre que cargue con el peso conceptual racionalista, podemos hablar de un efecto estético que se produce en la praxis discursiva de ciertas manifestaciones que no se reduce a su carga conceptual, a su referencialidad al mundo preexistente o a efectos psicológicos: emociones, placeres o pasiones (tan circunstanciales y tan sujetas a condicionamientos personales que no pueden ser dignos de una atención teórica en este respecto, es decir, en cuanto a la producción estética se refiere) y que no se confunden tampoco con la función religiosa o mítica de ciertos símbolos transmitidos por discursos narrativos: los discursos estéticos no pretenden ponernos en contacto o transportarnos a situaciones trascendentales con una alteridad fuera de este mundo.

Este efecto estético, si bien es inconcebible sin la captación (de ahí la importancia de la intuición, como veremos en los dos próximos capítulos) por medio de los sentidos (la vista o el oído en la narración literaria), no se reduce al instante de su percepción sensorial, como es el caso del impacto de un paisaje, de la belleza de una flor, de un trino de pájaros en el bosque, del paso apoteósico de una mujer bella1. La índole misma del discurso (sostenido por una articulación del sentido de elementos por mínimos que éstos sean), así como su comprensión a la que obliga su propia dinámica (esto será abordado en el capítulo 4) nos lleva a superar el sensualismo. La constitución semiótica a la que responde el discurso estético, en la cual la forma de la expresión (que en parte nos viene por los sentidos) se halla indisolublemente unida a la forma del contenido2, que hace de cada discurso un sistema particular, único, que podrá ser reproducido con ciertas variantes -lecturas, en nuestro lenguaje común-, que pueden ser realizados una y otra vez: en cada oportunidad, en cada lectura, se instaura nuevamente “el mismo discurso” pero distinto, al actualizar una comprensión diferente, otra interpretación de su símbolo; tanto más diferente si la lectura es realizada desde perspectivas de actualización que involucren la entrada en juego de valores diferentes, que el discurso soporta como su actualización real y única cada vez. Un discurso realmente estético no se agota en la recepción sensorial instantánea ni en una inteligibilidad mental: la comprensión es apenas el paso de ingreso a otra lectura, más rica, más comprometedora de nuestro destino y de nuestro mundo. Incluso, la “explicación” que me pueda ofrecer una ciencia formal de su articulación discursiva, como la lingüística o la semiótica, apenas es una especie de “preparación” (controlada y metódica) para reiniciar el intento de una nueva y más rica intuición estética que sostenga mi comprensión profunda, no definitiva del discurso estético. ¿Cuántas veces puede uno leer -actualizar estéticamente- una novela como 62 Modelo para armar? ¿Habrá una lectura definitiva y definitoria de El astillero? ¿Qué interpretación podrá dar cuenta de todo lo que es Pedro Páramo o La muerte de Artemio Cruz o La guerra del fin del mundo?

 

1 Dentro de nuestros códigos socioculturales, por supuesto. (No queremos dejar la oportunidad de notar –como veremos a partir del capítulo II– que el “objeto” estético produce en nosotros una cierta fruición que nos “engancha” a contemplarlo (cuando se trata de un cuadro) o a seguir su lectura (en los discursos literarios); precisamente, considerar los “mecanismos” y “artificios” propios de su manifestación discursiva es la tarea que desarrollaremos en el capítulo III.

2 Aunque esta unión de los dos planos es también inseparable en el discurso de la lengua común, como en todo otro tipo de lenguaje (ya lo dijimos, pero conviene repetirlo: en el discurso artístico el cómo –forma de la expresión– es el qué –forma del contenido–), podemos decir que en el discurso estético la fusión obedece a la intencionalidad de producir el efecto y no solamente a la de comunicar, pues una versión de una charla cotidiana no la traiciona totalmente (así como la de un reportaje, entre otro tipo de discursos), pero en el discurso estético esto es imposible: la versión sólo es posible “fuera” del discurso estético: en la crítica o en la interpretación hermenéutica, previa suspensión de su funcionalidad estética.

 
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En la FILU se recordarán los 50 años de la Revolución cubana desde las ópticas de la literatura, el arte y la historia; el centenario del natalicio de Malcolm Lowry, el Año Internacional de la Astronomía y los 70 años de la llegada de los exiliados españoles a nuestro país.


Asimismo, septiembre es el mes de los festejos universitarios: 65 años de fundación de la UV, 15 años de la FILU y 12 años de vida autónoma. La FILU es un ejemplo de maduración de un proyecto cultural que estrecha lazos con la comunidad universitaria y la sociedad en general a través del vehículo esencial del conocimiento y la imaginación: el libro. Fue en 1994 cuando se realizó la Primera Feria del Libro Universitario en el Centro Recreativo Xalapeño con la participación de 24 casas editoriales. A 15 años de distancia, adquirió rango internacional y se convirtió en el punto en el Sureste Mexicano al que ahora concurren cientos de editoriales de numerosos países. En 1997, la Universidad Veracruzana inició su vida autónoma.

Este año, la Universidad Veracruzana presenta 25 títulos nuevos en los que destacan las continuaciones de la Colección Sergio Pitol Traductor, la Biblioteca del Universitario y la Serie Conmemorativa Sergio Galindo. La presentación de las novedades de Editorial UV incluirán la publicación Del otro lado, mi vida, de Yamilet García, ganadora del Premio Latinoamericano a Primera Novela Sergio Galindo 2008, así como los nuevos números de las revistas emblemáticas de esta casa de estudios: La Palabra y el Hombre y La Ciencia y el Hombre.

Otros títulos de la Editorial UV que serán presentados al público en la FILU 2009 son Maelström. Agujero negro, de Marco Tulio Aguilera Garramuño; Y así por el estilo, de Joseph Brodsky, con traducción del poeta José Luis Rivas; las novelas Intramuros, de Luis Arturo Ramo, y Último exilio, de Federico Patán; de la Colección Rescate, Playa Paraíso, de Gilberto Chávez Jr., y La Inquisición en Veracruz. Catálogo de documentos novohispanos en el Archivo General de la Nación, de José Manuel López Mora, así como Manual de Prácticas Generales del Laboratorio de Organismos Benéficos; Jorge Cuesta: crítica y homenaje; Germinación y manejo de especies forestales tropicales; Elena Garro: un recuerdo sólido, y Ensayos sobre la cultura de Veracruz, y la coedición con la Universidad Autónoma Metropolitana, Los docentes, entre placer y sufrimiento, de Claudine Blanchard-Laville.

La magna celebración editorial llegará a su fin el domingo 20 de septiembre, y para concluir habrá dos actividades relevantes: en la Casa del Lago UV, la actuación del grupo Son Residentes, de 19:00 a 21:00 horas, y en la sala “Emilio Carballido” del Teatro del Estado, a las 19:30 dará inicio la presentación de la pieza escénica Diálogos entre Darwin y Dios, con Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe.