REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Septiembre•Diciembre
de 2012
Volumen XXV
Número 3
Editorial
Arte y estética en el proceso de creación científica
La cajita feliz (o ¿infeliz?)
Lombricompostador para zonas urbanas
El bosque: elemento fundamental del agu
Cambio climático y ganadería bovina tropical
La interacción entre las plantas y los hervíboros
Xocolatl: antes alimento de los dioses, y ahora...
El huanglongbing: la tristeza de los cítricos
La fibra de la naranja y la salud
La leptospirosis: qué la causa y cómo afecta
¿Es el alzheimer un tipo de diabetes?
¿Cómo superan los fármacos la membrana celular?
Los efectos de la luz ultravioleta
Neurobiología y mutaciones genéticas xalapeñas
Lorenzo Ochoa: un estudioso de la Huasteca
DISTINTAS Y DISTANTES, MUJERES EN LA CIENCIA
Marie Meurdrac: un tratado de química para mujeres
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
De la magia y la hechicería a la herbolaria
NUESTROS COLABORADORES EN ESTE NÚMERO
Contenido
 

La leptospirosis: qué la causa y cómo afecta

José Alfonso Peña Ramírez,, David Itzcoatl Martínez Herrera,
Dora Romero Salas y José Francisco Morales Álvarez

Adolf Weil describió la leptospirosis como una enfermedad en el año 1886 y su nombre todavía se relaciona a la forma severa de la leptospirosis, que en lo general se atribuye a una infección transmitida por ratas. Hoy día se considera preferible referirse a todas las infecciones causadas por leptospiras como leptospirosis, independientemente de los signos clínicos y síntomas que manifiesten las personas enfermas. No fue sino hasta la segunda década del siglo XX que las leptospiras fueron reconocidas por Inada e Ido en Japón, y muy poco después en Alemania por Uhlenhuth y Fromme, como la causa de la enfermedad que había sido descrita por vez primera por Weil. En la actualidad es conocida también como enfermedad de Weil, enfermedad de los porqueros, fiebre de los arrozales, fiebre de los cañaverales y enfermedad de Stuttgart.

La leptospirosis es una enfermedad infecciosa causada por bacterias patógenas que pertenecen al género Leptospira y que son transmitidas de forma directa de los animales al hombre, lo que la convierte en una zoonosis. La transmisión entre humanos ocurre muy rara vez, siendo los roedores los principales transmisores de esta enfermedad, que, si bien afecta a todo el mundo, es más común en las áreas tropicales y subtropicales donde llueve mucho; aun así, brota en cualquier lugar en donde los humanos entren en contacto con la orina de animales infectados o en un ambiente contaminado con ella.

Las leptospiras son bacterias que pueden ser patógenas, es decir que tienen el potencial de causar enfermedad en animaes y humanos, o bien saprofitas, que son de vida libre y que por lo general no causan la enfermedad. En la naturaleza, las leptospiras patógenas viven en los riñones de ciertos animales como los roedores; en cambio, las saprofitas se encuentran en diversos tipos de ambientes líquidos o húmedos, como en el agua de las redes potables en las ciudades, e incluso hay otras que son saprofitas halofílicas (resistentes a la sal) que se encuentran en el agua del mar.

Las leptospiras penetran en el organismo animal o humano cuando estos ingieren alimentos o agua contaminados, así como por las membranas mucosas de ojos, boca, fosas nasales, vagina y pene, y también por la piel reblandecida por el agua o escoriada. El periodo de incubación es, por lo común, de dos días a un mes y los signos son muy variables dependiendo de la especie animal, la virulencia del agente, el estado inmunitario y el serovar infectante, término que se refiere a las distintas variaciones que hay dentro de una subespecie de bacterias o virus. En los seres humanos las manifestaciones clínicas son más comunes entre los médicos veterinarios, las personas que cuidan animales y las que practican actividades acuáticas. En ellas, se presenta casi siempre un cuadro ictérico severo porque la piel adquiere una tonalidad amarilla, aunque también los síntomas pueden ser leves cuando ocurre un cuadro anictérico.

La forma ictérica es la más severa de la infección y depende del serovar infectante; como signos puede haber irritación de la conjuntiva, rigidez de la nuca, insuficiencia renal y cardiaca, ictericia, hemorragias intestinales o pulmonares, dificultad para respirar y fiebre. La forma anictérica aparece bruscamente con signos como fiebre, dolores de cabeza, escalofríos, postración, dolores musculares –generalmente en la zona lumbar y pantorrillas–, náuseas, vómito, dolor abdominal, diarrea, dolor ocular y agrandamiento del hígado, los que suelen durar una semana

Los signos en los animales domésticos varían de acuerdo a la especie de que se trate y al serovar involucrado. En los perros, dichos signos pueden ir desde su virtual ausencia hasta un síndrome icterohemorrágico (casi ausente en los gatos), fiebre de tres a cuatro días, seguidos por rigidez y dolores musculares, hemorragias gastrointestinales, hemorragias en la cavidad bucal, vómito, inapetencia, postración y anemia debida al severo y progresivo fallo renal.

En los bovinos, esos signos cursan con orina con sangre (hemoglobinuria) sin ictericia; de no ser atendidos, se puede presentar un cuadro muy agudo caracterizado por la aparición repentina de fiebre elevada, ictericia, dificultad para respirar por congestión pulmonar, anorexia, altos niveles de urea en sangre y de albúmina y bilirrubina en la orina. Comúnmente acaba con la muerte del animal en tres a cinco días. Los terneros son los más afectados; en las hembras preñadas provoca aborto y la desaparición casi total de leche.

La mayoría de los casos en los cerdos son inaparentes. Presentan signos como anorexia, perturbación del equilibro, rara vez ictericia, hemoglobinuria, convulsiones, trastornos gastroin-testinales, parálisis progresiva, disminución del peso y la producción láctea. La forma aguda tiene una similitud con la que ocurre en los terneros, aunque hay serovares que ocasionan una alta letalidad.

En los borregos y cabras la presencia de esta enfermedad es muy rara, en especial, en las últimas. Muchos de los animales afectados aparecen muertos debido a una septicemia aparente; sin embargo, muchos de los animales enfermos muestran fiebre, anorexia, disnea, ictericia, hemoglobinuria, palidez de las mucosas, infertilidad, nacimiento de crías débiles o muertas y abortos. En la manifestación crónica se puede observar además la pérdida de la condición corporal, pero el aborto parece ser un signo exclusivo asociado a la forma aguda de la infección por algunos tipos de serovar.

En los equinos, dichos signos son variables y en la mayoría de los casos la enfermedad cursa de modo asintomático, aunque puede haber fiebre, ictericia, hemoglobinuria, necrosis de la piel y los labios, conjuntivitis con edema en los párpados, lagrimeo y fobia a la luz, y muchas veces hay abortos en el último tercio de la gestación.

El diagnóstico de la leptospirosis puede realizarse demostrando la presencia de las bacterias o sus componentes en la sangre, tejidos o leche de animales y humanos con signos clínicos, lo que es de gran valor diagnóstico; sin embargo, otra forma es mediante pruebas serológicas para identificar anticuerpos contra los distintos serovares de leptospira mediante el uso de la prueba de microaglutinación (MAT), que es la más utilizada tanto en los animales como en el hombre.

Esta prueba también puede resultar de mucha utilidad para el diagnóstico de la infección aguda, pues un aumento de cuatro veces en los anticuerpos puede evidenciar infecciones agudas o convalecientes.

Para el lector interesado

  • Sandow, K. y Ramírez, W. (2005). Leptospirosis. Revista Electrónica de Veterinaria REDVET, 6, 2-61.
  • Coutiño, R., Rodríguez, E., Pérez, R. A., Igartúa, L. Everest y López C., F. (2008). Bacterias transmitidas por agua y alimentos que producen enfermedades. La Ciencia y el Hombre, 21(2).