REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Septiembre•Diciembre
de 2011
Volumen XXIV
Número 3
Editorial
Darwin y el darwinismo social
Desarrollo sustentable, ¿Discurso político o necesidad urgente?
¿Por qué es tan importante conservar la biodiversidad?
Aullidos en la selva
Las arañas jalapeñas
Los platanillos en la península de Yucatán
Blanqueamiento en arrecifes coralinos de Tuxpan
Biorreactores de membrana: una tecnología para el tratamiento de aguas residuales
Inteligencia artificial y simulación
El controversial y contradictorio colesterol
La obesidad: un problema de salud pública
Notas sobre epilepsia: Historia y arte
DISTINTAS Y DISTANTES, MUJERES EN LA CIENCIA
Una médica con ropajes de varón: Agnodice de Atenas
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
Tan amplio y curioso como el mundo
NUESTROS COLABORADORES EN ESTE NÚMERO
Contenido
 

La obesidad: un problema de salud pública

Monserrat Verdalet Olmedo

El proceso de globalización que vivimos ha provocado una serie de cambios debido a la confluencia de una complejaserie de procesos sociales, políticos, económicos y culturales que han modificado las costumbres y hábitos, pero sobre todo nuestros estilos de vida. Lo anterior ha generado un aumento considerable de las enfermedades ligadas al consumo excesivo de alimentos. Un claro ejemplo de ello es la obesidad, cada vez más frecuente porque se ingieren cada vez más alimentos muy poco nutritivos y con demasiadas calorías y porque no se lleva a cabo la actividad física necesaria debido a las múltiples opciones que existen en los medios de transporte y a las nuevas formas de trabajo y entretenimiento.

Definiendo la obesidad

Existe la noción de la obesidad desde hace miles de años. Hacia el año 15000 a. de C., en la era paleolítica, ya se representaba la obesidad patológica en estatuillas de arcilla con forma de mujeres, las que han sido encontradas en diferentes lugares del mundo y que pertenecen a diversas culturas.

Para entender una enfermedad tan compleja como es la obesidad, debemos explicarla. Tradicionalmente se le ha definido como un aumento en la proporción del tejido adiposo corporal, o bien como un aumento patológico del tejido adiposo en relación al tejido magro. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la obesidad como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud.

Para desarrollar la obesidad es necesario el efecto combinado de la predisposición genética a este trastorno y la exposición a condiciones ambientales adversas. Los factores genéticos rigen la capacidad o facilidad de acumular energía en forma de grasa tisular, y menor facilidad para liberarla en forma de calor, lo que implica una elevada eficiencia energética del obeso. Se produce porque a largo plazo el gasto energético que tiene el individuo es inferior a la energía que ingiere, es decir, existe un balance energético positivo. La influencia genética se asocia a condiciones externas, como malos hábitos dietéticos y estilos de vida sedentarios.

La obesidad como problema

La obesidad constituye un problema de salud pública que se ha calificado como la “epidemia del siglo”, a la que se ha destinado una gran cantidad de recursos económicos y humanos para su manejo, control y prevención. De acuerdo con datos de la OMS, hace diez años había en el mundo un aproximado de 330 millones de adultos obesos; en 2005 alcanzó los 400 millones de personas, y se calcula que para el año 2015 habrá por lo menos 2,300 millones de individuos con sobrepeso y más de 700 millones con obesidad.

Este problema se relacionaba anteriormente con los países industrializados, pero el sobrepeso y la obesidad han aumentando notablemente en los países en vías de desarrollo, principalmente en el medio urbano. En México, es la enfermedad metabólica más frecuente. Considerado como el país con más obesos en el mundo, aumentó su prevalencia de 59.7% en 2000 a 66.7% en 2006, constituyéndose en un riesgo clave para el desarrollo de las patologías que ocupan los primeros lugares en morbilidad y mortalidad. Los riesgos de la obsesidad se relacionan a una elevada propensión a padecer enfermedades crónicas, tales como diabetes mellitus, hipertensión arterial y alteraciones pulmonares y cardiovasculares, siendo también un elevado factor de riesgo para desarrollar varios tipos de cáncer. También afecta la esfera psicológica del individuo al disminuir la autoestima de quien la padece y afectar sus relaciones sociales.

Es, pues, evidente la magnitud de este problema, y la situación se torna aún más preocupante debido a que la obesidad no discrimina, pues afecta a cualquier individuo sin considerar su edad, sexo, raza o nivel socioeconómico. Es por ello que la población infantil, al sufrir un constante cambio en los estilos de vida asociados a la urbanización, la variabilidad en la economía y el desarrollo tecnológico, se ha visto afectada, por lo que ha habido un consecuente incremento de casos de niños obesos.

En México, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006, el porcentaje de niños obesos en edad escolar se estimó en 26% en ambos sexos: 26.8% en los niños y 25.9% en las niñas, lo que representa más de 4 millones. En 1999, usando el mismo criterio, tales porcentajes fueron de 18.6% (20.2% en niñas y 17% en niños), lo que significó un incremento altamente significativo en solo siete años. En el estado de Veracruz, una cuarta parte de los niños y niñas en edad escolar y un tercio de los adolescentes sufren algún grado de obesidad.

Causas de la obesidad

¿Cuál es la causa de la creciente obesidad a edades tempranas? Se trata de una patología de carácter multifactorial; así, la obesidad infantil parece vincularse con un grupo heterogéneo de condiciones que interactúan entre sí; es decir, se necesita una predisposición genética y circunstancias ambientales y socioeconómicas para su aparición. La herencia, como ya se mencionó, es un factor de vulnerabilidad para el desarrollo de la obesidad en la infancia, pero esta generalmente se encuentra influida por un mayor aporte calórico y la disminución del gasto energético.

Además de estos factores, son de gran importancia las conductas familiares, como por ejemplo la conducta alimentaria en la mesa familiar, el dedicado a la televisión y la actividad física que los niños observan en sus padres. Generalmente, el niño obeso tiende a subvalorar su consumo energético debido a hábitos alimentarios inadecuados, adquiridos a temprana edad y que persistirán durante la edad adulta, prefiriendo alimentos ricos en grasas y azúcares simples. Además, el gasto energético tiende a ser menor en los niños con obesidad; una razón que explica esta inactividad es el mayor tiempo que los niños destinan a los juegos computarizados y a la televisión, lo que resulta sumamente perjudicial.

Algunas prácticas defectuosas de los padres, tales como suprimir tempranamente la lactancia, uso de fórmulas lácteas con elevada densidad calórica, interpretar siempre el llanto del niño como señal de hambre, forzar al niño a vaciar el biberón sin respetar su apetito, introducir tempranamente alimentos sólidos, usar indiscriminadamente alimentos industrializados de alto contenido energético y no cuidar el adecuado balance dietético, también contribuyen a la obesidad temprana. Además, se deben evitar conceptos erróneos, como “el niño gordo es un niño sano y saludable” o “cuando comience a caminar adelgaza”, porque restan importancia a los cambios en la alimentación, tan necesarios para prevenir la obesidad.

También pueden contribuir a la obesidad otros factores, como ser hijo único o sobreprotegido, los conflictos familiares, la separación de los padres o el fallecimiento de alguno de ellos, los cambios de colegio o de vivienda, que implican modificaciones en los ámbitos sociales y en los hábitos de alimentación. En los niños obesos se han observado diferentes trastornos, como ansiedad, culpa, depresión y frustración que conducen a su aislamiento, con el consecuente aumento en la ingesta alimentaria como fenómeno de autogratificación compensatoria.

El retraso en el diagnóstico se debe frecuentemente a la idea de que la obesidad en los niños se asocia a pocos factores de riesgo de morbilidad, pero esta idea debe modificarse, ya que actualmente se han encontrado alteraciones directamente proporcionales al grado de sobrepeso del niño, similares a las descritas en el adulto.

El sobrepeso modifica la carga esquelética-articular en los individuos que se hallan en fase de crecimiento, así como la postura, por lo que posiblemente ocurran alteraciones ortopédicas. También puede haber un aumento en el gasto cardiaco y la tensión arterial por un aumento del volumen ventilatorio residual, así como un incremento en el trabajo ventilatorio, que al propiciar una mala oxigenación repercute en la capacidad intelectual y el rendimiento escolar. Entre las alteraciones endócrinas más importantes se encuentran las alteraciones en el metabolismo de carbohidratos, por lo que puede desarrollarse diabetes insulinodependiente, así como el incremento en la liberación de la hormona del crecimiento y la disminución de la globulina transportadora de esteroides sexuales, lo que puede favorecer la presencia de hirsutismo, acné y acantosis nigricans.

Otras alteraciones asociadas a la obesidad que pueden aparecer a temprana edad son el incremento en la producción y concentración de colesterol y la mayor probabilidad de sufrir ateroesclerosis y sucesos vasculares coronarios, además de la autoperpetuación del tejido adiposo, pues cuanto mayor sea la cantidad de tejido adiposo, mayor será también el número de factores neuroendocrinos producidos por este que facilitarán una mayor producción de adipocitos maduros y una mayor capacidad de almacenamiento de grasa. Así, entre 40 y 70% de los niños que padecen obesidad continuarán siendo obesos el resto de sus vidas, lo que los convertirá en individuos con gran riesgo potencial para padecer enfermedades crónicas no transmisibles, consideradas como las primeras causas de mortalidad del país.

Tratamientos de la obesidad

Considerando todas las alteraciones que pueden desarrollarse en los niños obesos y el alarmante dato de que la obesidad infantil es un factor de riesgo para la obesidad en la vida adulta, resulta fundamental prevenirla y controlarla desde las primeras etapas de la vida. Debe tomarse en cuenta que el incremento del peso del niño debe ser paulatino; de lo contrario, se deberá buscar ayuda profesional; dependiendo de la gravedad del caso, deberá tomarse en cuenta la opinión de un médico, un nutriólogo y un psicólogo. Para ello, insistimos, se debe buscar fortalecer hábitos saludables que puedan ser adoptados por la familia, como balancear las comidas del día y establecer horarios de alimentación.

Se debe adquirir conciencia de que, además de los cambios en la alimentación, es indispensable incrementar la actividad física diaria, como hacer caminatas cotidianas de al menos media hora y beber un mínimo de dos litros de agua al día, porque no existe una dieta sin ejercicio.

La elevada tasa de obesidad en los niños y adultos es una realidad en nuestro país, ante la que ya no podemos cerrar los ojos. Pero la solución se encuentra cuando cada uno de nosotros haga conciencia y adquiera hábitos de vida saludables

Para el lector interesado

  • Verdalet G., I. (2000). La importancia de una cultura alimentaria. La Ciencia y el Hombre, 13(3), 19-26.
  • Verdalet G., I. (2001). Alimentos funcionales para una alimentación adecuada La Ciencia y el Hombre, 14(2), 35-40.
  • Verdalet G., I. (2002). Los hábitos alimentarios. La Ciencia y el Hombre, 15(3), 39-40.
  • Téllez S., P.C.; Cruz H., E. y Verdalet G., I. (2009). Cuidado con el índiceglucémico de los alimentos. La ciencia y el Hombre, 22(2), 25-32.