Revista La Ciencia y el Hombre
Mayo•Agosto
de 2010
REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Volumen XXIII
Número 2
Editorial
El alcance de la mente
La confrontación falaz
humanidad-naturaleza
Darwin y la decoloración del mar: marea roja y FAN
Las catarinas, guardianas de huertos y jardines
Cómo controlan la erosión las las raíces de las plantas
El manejo ecológico de los suelos
Periodo de ablactación en el mono araña
Obesidad: más que un problema de peso
Obesidad y disfunción sexual
El intruso no toca a la puerta
Open acces: ¿conocimiento para todos?
Nanociencia y nanotecnología
Nanorrobótica
Una mirada escéptica al mundo extraterrestre
CUENTO / Clovius en Yusímedes
DISTINTAS Y DISTANTES, MUJERES EN LA CIENCIA
Teano y la ciencia pitagórica
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
En contra de nosotros mismos
NUESTROS COLABORADORES EN ESTE NÚMERO
Contenido
 

Las catarinas, guardianas de huertos y jardines

Domingo Sánchez Juárez Arrieta, Arturo Báez Hernández y Mario Vázquez Torres

Estos simpáticos y curiosos insectos del grupo de los escarabajos (Coleoptera), también llamados en otros lugares “vaquitas”, “mariquitas” o “conchuelas”, pueden parecer insignificantes a la vista de muchos, pero tienen una gran importancia ecológica y económica por sus hábitos alimentarios. Pertenecen a un grupo relativamente común, pues hay alrededor de 6 mil especies agrupadas en seis subfamilias dentro de la familia Coccinellidae. En México se tienen registradas alrededor de doscientas especies, y se calcula que en el estado de Veracruz existen aproximadamente cuarenta.

¿Cómo reconocer una catarina?

Las catarinas se caracterizan por tener un robusto cuerpo circular muy convexo, con un tamaño que puede ir de dos a diez milímetros, lustroso y en algunos casos cubierto con pelos; en la zona ventral es plano y por encima sus colores son normalmente rojo, anaranjado, amarillo y negro.

Como todos los escarabajos y otros insectos, las catarinas llevan a cabo una metamorfosis completa, es decir, pasan por una fase inmadura o larvaria –como las mariposas–, siendo entonces muy similares a una oruga, con la salvedad de que sus tres pares de patas articuladas son más largos. Esta forma inmadura en un cuerpo blando le permite aumentar su talla fácilmente mientras se alimenta. Dependiendo de la especie, su cuerpo puede estar cubierto por tubérculos semejantes a espinas, y en algunos casos por secreciones algodonosas.

Todas las larvas de las diferentes especies de catarinas nacen de huevos depositados normalmente en grupos y adheridos sobre las hojas de hierbas y árboles; por lo regular son de forma ovalada y de color anaranjado o amarillo. La transformación de la larva en su conocida forma adulta ocurre mediante la fase conocida como “pupa” o “capullo”, cuando la larva se adhiere a una superficie con su parte posterior y se despoja de su viejo exoesqueleto o “piel”, tomando entonces una forma ovalada en la que ya se pueden apreciar algunas características del adulto, la que permanece inmóvil durante algún tiempo; dependiendo de la especie y condiciones climáticas, ese lapso puede ir de unos días hasta más de un mes. De esa pupa emerge más tarde el adulto, de manera similar a cuando la larva mudó su último exoesqueleto.

¿Qué comen las catarinas?

La mayoría de las catarinas son carnívoras ya que tienen una alimentación basada en organismos minúsculos de cuerpo blando, como insectos con escama, piojos harinosos, mosquitas blancas, pulgones, ácaros, huevos de otros insectos, larvas u orugas, e incluso algunas son caníbales; sin embargo, a veces pueden llegar a consumir polen o néctar de ciertas plantas si no encuentran alguna presa cerca. Hay también especies de catarinas vegetarianas, como las pertenecientes a la subfamilia Epilachninae, que se alimentan sobre todo de hongos o polen.

¿Por qué son guardianas de huertos y jardines?

A las catarinas las consideramos “guardianas de huertos y jardines” debido a que la mayoría de ellas son carnívoras y, como ya dijimos, se comen a todos los insectos de cuerpo blando que hallan a su alcance y que son generalmente muy dañinos para la agricultura y para algunas plantas ornamentales. Así, una larva de catarina puede consumir aproximadamente entre trescientos y quinientos pulgones durante su desarrollo, aunque esta cantidad puede variar dependiendo del tamaño del pulgón, de modo que puede llegar a comerse a más de mil. A medida que las larvas de las catarinas van creciendo, se vuelven “selectivas” con su alimento, y escogen entonces los insectos blandos de mayor tamaño. Una catarina madura es menos comelona que las larvas ya que se alimenta con entre cuatro y ocho pulgones adultos diarios en promedio. Haciendo cuentas, una sola catarina puede consumir entre mil y ocho mil insectos en toda su vida, y de ahí su gran importancia; por ello, en algunos biolaboratorios que se dedican a la producción de agentes para control de plagas agrícolas las crían masivamente y las distribuyen luego en los campos afectados por plagas que ellas pueden combatir. Sin embargo, no todas las catarinas son benéficas, ya que las vegetarianas son en algunos casos importantes plagas agrícolas.

Así que si ven una pequeña catarina, protéjanla; recuerden que desempeña un papel muy valioso y que posiblemente esté cuidando su jardín y algunos vegetales de su mesa al controlar de una manera natural a los insectos nocivos.

Para el lector interesado

Chinitas de Chile. Disponible en línea: http://www.coccinellidae.cl/inicio.php.

Coccinellidae de Perú. Disponible en línea: http://www.coccinellidae.cl/paginasWebPeru/Hyperaspis_festiva_ Peru.php.

Fierros L., H.E. Guía para las familias comunes de Coleoptera de México. México: Alhambra Mexicana Independiente.

Hook, P. (2008). A pocket guide to insects. New York: Parragon.

Morón, M.A. (2004). Escarabajos: 200 millones de años de evolución. México: Instituto de Ecología, A.C. y Sociedad Entomológica Aragonesa.