La selección natural
Jorge Benítez Rodríguez
Introducción
cuando recibí la invitación para escribir un artículo dedicado
a explicar la selección natural, tuve dos sentimientos;
por un lado, me excitaba la idea de divulgar
lo que durante varios años he enseñado en el salón de clases y,
por el otro, sentí la necesidad de mostrar no solo la información
de los libros de texto clásicos, sino una visión lo más actualizada
posible del tema basada en evidencias recientes. Ambas tareas
representaban un reto que, a mi juicio, todo biólogo debe
enfrentar durante su formación y ejercicio profesional: entender la
teoría de la evolución y conocer la evidencia que al momento se
ha generado alrededor de ella.
¿De dónde venimos? Las religiones normalmente atribuyen
la existencia de los seres humanos a la voluntad de un ser
supremo. Sin embargo, en 1859 Darwin ofreció un argumento no
religioso y desde entonces ha sido científicamente aceptado que
todas las criaturas vivas están relacionadas, habiendo evolucionado
y derivado de ancestros comunes. Una gran cantidad de certezas
basadas en el registro fósil y en estudios de biología comparada
apoyan esta idea.
Darwin escribió que las diferencias entre especies, incluso
entre organismos tan distintos como los mamíferos y las bacterias,
son el resultado de la acumulación de variaciones azarosas
en la herencia de los organismos. Debido a que algunos nacen
con características que los habilitan mejor para sobrevivir y reproducirse,
a lo largo de las generaciones habrá más y más individuos
con estas características, y la especie cambiará, o
evolucionará. Este proceso es llamado selección natural o sobrevivencia
del más adaptado.
La selección natural es el principal mecanismo propuesto
por Darwin para explicar la evolución de todas las formas vivas de nuestro planeta. Es obvio que se trata entonces
de un concepto de suma importancia para comprender
nuestro mundo natural, para entender
cómo las distintas especies interactúan entre
ellas y con su ambiente, dando como resultado
la enorme diversidad que ahora conocemos y
de la que dependemos como civilización. Pero
empecemos por analizar en qué consiste la
selección natural y cuáles son sus consecuencias
en las poblaciones naturales.
Definición
Desde 1859, la comunidad científica ha mantenido
una fuerte discusión sobre el concepto de s e l e c -
ción natural, especialmente para proponer una
definición moderna que incorpore los avances en
el conocimiento de este mecanismo; sin embargo,
la mayoría de los autores coincide en que para que
haya selección natural debe haber las siguientes
condiciones necesarias y suficientes:
a) Que haya variación entre los individuos de una
población en algún atributo o característica. Un
ejemplo podría ser el tamaño o forma del pico
en alguna especie de ave.
b) Que también exista una relación entre esa
característica y la habilidad de sobrevivir y
reproducirse (esta habilidad es definida como
adecuación o eficacia biológica o darwiniana).
Un ejemplo sería un cierto tamaño o forma del
pico de un ave que le daría a algunos individuos
una mayor probabilidad de sobrevivir y tener crías, a diferencia de aquellas aves que
no compartan esa característica.
c) Que la característica tenga una base genética,
o sea, que pueda ser heredada de padres a crías, independientemente de los efectos
ambientales comunes.
Si estas condiciones se cumplen, entonces la frecuencia
de la característica en las crías será predeciblemente
diferente que la de los padres, más
allá de la esperada bajo las condiciones a y c
solas.
En otros términos, la característica asociada
con el éxito en la reproducción y sobrevivencia
será cada vez más frecuente en
individuos de las siguientes generaciones, de tal
manera que la población se volverá progresivamente
más capaz de sobrevivir y reproducirse en
dicho ambiente. Se habla así de un proceso de
adaptación de los individuos al ambiente en el
que están inmersos. En consecuencia, la selección
natural funciona como un tipo de filtro ambiental
sobre las características de los individuos,
determinadas bajo una base genética, teniendo
como posible resultado la adaptación.
Tipos de selección natural
Para ejemplificar el efecto de la selección natural
sobre alguna característica en una población,
tomemos nuevamente como ejemplo el tamaño
del pico de alguna especie de ave. Aunque habría
una gran variación en esta característica dentro
de una población, supongamos que domina un
tamaño intermedio de pico. Consideremos
entonces tres casos posibles:
1. La selección natural podría operar favoreciendo
sólo uno de los extremos del tamaño
de los picos, por ejemplo los picos muy
grandes. Pensemos que el pico grande les permite a las aves tener acceso a una mayor
cantidad de fuentes alimenticias en tiempos de
escasez. Si durante estos periodos los individuos
con ese tamaño de pico sufren una mortalidad
significativamente menor que el resto
de los individuos, lógicamente aumentarán su
frecuencia en las siguientes generaciones. Se
habla entonces de una selección d i r e c c i o n a l
(dirigida hacia un tamaño extremo), y el resultado
será la dominancia de los picos grandes
sobre los picos de otros tamaños dentro de la
población.
2. Algo simi lar sucede cuando la selección
favorece un tamaño intermedio en la población,
eliminando los extremos; esto es, más que
cambiar o evolucionar hacia un tamaño que
hasta ese momento no era tan frecuente, la
selección continúa favoreciendo el tamaño que
es dominante. Se trata así de una selección
estabilizadora que mantiene a la especie sin
cambios notables y con menor variación en
cuanto al tamaño del pico.
3. Finalmente, si la selección opera contra el
tamaño intermedio y tanto los picos muy
grandes como los muy pequeños se ven
favorecidos, se habla de una selección disruptiva.
En las siguientes generaciones, la
población tenderá a presentar sólo esos dos
tamaños de pico.
Como vemos en este ejemplo, la selección natural
puede originar que la frecuencia de los distintos
tamaños de picos fluctúe de tal manera
que la población (i ) evolucione hacia ot ra
especie con un pico mayor, (ii) se estabilice en
un tamaño promedio del pico y se mantenga
como la misma especie o (iii) se generen dos
formas distintas con tamaños de picos por
completo opuestos, que eventualmente podrían
dar origen a dos especies distintas, respectivamente.
Radiación adaptativa
Ahora bien, la adaptación puede surgir en función
de la ut ilización competitiva de cier to
recurso esencial para los individuos, como el alimento
o el espacio para reproducirse. Por ejemplo,
en una población de aves donde el tamaño
o forma del pico sea variable, existe la posibilidad
de que distintos tipos de alimento puedan
ser usados de manera diferente; los individuos
con picos más largos y delgados podrían obtener
su alimento sustrayendo néctar de flores, y
los individuos con picos más cortos y gruesos
se alimentarían de frutos pequeños. Ambas formas
podrían coexistir dentro de una misma
población, relajando la posible competencia por
el alimento.
Es así como ambientes complejos o
heterogéneos, con una cier ta variedad de
tipos de alimento potenciales, ofrecen la posibilidad
de ser escenarios de múltiples adaptaciones
de individuos de una misma especie.
Lo mismo puede ocurrir a un nivel geográfico
mayor , donde distintas poblaciones de la
misma especie que ocupan distintos ambientes
pueden adaptarse localmente a tipos de
al imento o recursos muy específicos. Este
fenómeno, descrito por Darwin para explicar
el or igen de las distintas especies emparentadas
de pinzones que habitan el archipiélago
de las Galápagos, es conocido como
radiación adaptativa.
En efecto, la evidencia paleontológica,
ecológica y genética ha mostrado, por ejemplo,
que varios grupos de mamíferos, aves, peces e
insectos han sufrido episodios de radiación a lo
largo de su historia evolutiva, principalmente
asociados con eventos geológicos que han
cambiado las condiciones ecológicas locales, a
su expansión geográfica a otras localidades y a
la explotación de distintos tipos de alimento.
Esto ha traído como consecuencia la formación de grandes complejos
de especies relacionadas evolutivamente, distribuidas a lo
largo de gradientes geográficos considerables.
En este sentido, la selección natural puede explicar no
solo los cambios adaptativos de una sola especie, sino también
la aparición de nuevas especies ampliamente adaptadas. Un
organismo compite no únicamente con individuos de su misma
especie; una nueva adaptación convertirá al individuo y a sus
descendientes en competidores más fuertes contra otras
especies y, por tanto, contribuirá a la diversificación para usar
recursos distintos y a una especialización para hacer más eficiente
el uso de un recurso. Dicha especialización conduce a
menudo a una especie de callejón sin salida, como por ejemplo la
adaptación a la vida cavernícola o en aguas termales. No
obstante, muchas especializaciones –sobre todo aquellas que se
adquirieron al principio de la historia evolutiva– abrieron niveles
completamente nuevos de radiación adaptativa. Estos iban
desde la aparición de las membranas y de un núcleo celular organizado,
la agregación de células y la aparición de sistemas
nerviosos centrales altamente desarrollados, hasta el cuidado
prolongado de la prole.
La gran diversidad de formas y conducta de los seres
vivos nos da una idea de todas las adaptaciones que han experimentado
a lo largo de su historia evolutiva, además de las variaciones
originadas por las mutaciones y mantenidas por el azar
(ver el concepto de deriva genética en este mismo número). La
selección natural es, pues, un mecanismo esencial en el origen y
mantenimiento de nuestra diversidad biológica.
Finalmente me gustaría concluir este artículo con dos
ejemplos que pueden ilustrar la manera en que la selección natural
pudo moldear, de manera admirable, la morfología y el comportamiento
de las especies.
Pseudocópula
Muchas orquídeas en varias partes del mundo atraen insectos
machos de ciertas especies, no por medio de alimento en forma
de néctar y polen, sino por una modificación de uno de sus pétalos
(el labellum), mismo que adquiere la forma de un insecto hemhembra,
llegando incluso a emitir también un aroma
que imita la atractiva feromona sexual de la
misma. Cuando el insecto (abejas, moscas o
avispas tiphiida) se “aparea” con la flor, una
masa de polen (el pollinium) se adhiere a él
mediante un disco pegajoso. Como ocurre en la
mayoría de las orquídeas, el pollinium se pega
precisamente en la parte del cuerpo del insecto
que entrará en contacto con el estigma de la
próxima flor visitada, donde la masa completa de
polen se deposita. Este fenómeno, conocido
como pseudocópula, representa la cúspide de
una intrincada relación entre plantas e insectos
que se ha mantenido a lo largo de millones de
años de evolución.
Mandíbulas retráctiles
Se sabe que los peces óseos usan la succión
para capturar a sus presas. El pez se aproxima
a su comida y abre la boca ampliamente para
crear una cavidad hacia la cual fluyen el agua y
la presa. Conforme el exceso de agua sale a
través de las branquias, el pez succiona la
presa hacia su garganta y mandíbulas faríngeas
(que es un segundo juego de mandíbulas y
dientes derivados del esqueleto). Sin embargo,
una especie de angui la (Muraena ret ifera) ,
depredadora en los arrecifes de coral, tiene el
problema de ser un animal alargado y angosto;
su cavidad bucal es tan pequeña que no puede
generar suficiente fuerza para succionar a sus
presas. La solución que estos animales han
hallado es realmente sorprendente: en lugar de
succionarla, la anguila mueve sus mandíbulas
faríngeas hacia adelante de la cavidad bucal,
atrapando así a su presa y arrastrándola hacia
ella. Este hecho es el primer caso descrito de
un vertebrado que usa un segundo juego de mandíbulas para capturar y transportar presas, y es asimismo la
única alternativa conocida al transporte hidráulico que se ha
reportado en la mayoría de los peces óseos, una innovación
que pudo haber contribuido al éxito de las anguilas como
depredadoras .
El mecanismo de las mandíbulas faríngeas es una reminiscencia
del usado por las serpientes, depredadores muy similares
en cuanto a forma y tamaño. Este es un ejemplo de
convergencia, el fenómeno evolutivo por el cual organismos poco
emparentados evolutivamente desarrollan soluciones similares a
problemas similares.
Para el lector interesado
Barbieri, M. (2008). The mechanisms of evolution. Natural selection and natural conventions. En M. Barbieri (Ed.): The codes of life: the rules of macroevolution (pp. 15-35). New York: Springer Verlag.
Endler, J.A. (1986). Natural selection in the wild. Princeton, NJ: Princeton University Press.
Futuyma, D.J. (1998). Evolutionary biology ( 3r d ed.). Sunderland, MA:
Sinauer Associates.
Gee, H., Howlett, R. y Campbell, P. (2009). 15 evolutionary gems. A resource from Nature for those wishing to spread awareness of evidence for evolution by natural selection. Disponible en línea: http://www.nature.com/evolutiongems.
Lovette, I.J. y Bermingham, E. (1999). Explosive speciation in the New World Dendroica warblers. Proceedings of the Royal Society of London, 266, 1629-1636.
Wesson, R. (1991). Beyond natural selection. Cambridge, MA: The MIT Press.