Revista La Ciencia y el Hombre
Septiembre•Diciembre
de 2009
REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Volumen XXII
Número 3
Editorial
El origen de las especies o la descripción de las maravillas
El concepto de especie y la explicación de la extinción
La selección natural
La selección sexual
La selección artificial
Distribución geográfica de las especies animales
Distribución de la vegetación y cambio climático como proceso de selección natural
La influencia de Darwin en el pensamiento científico contemporáneo
Malthus, Darwin, las leyes estadísticas y la biometría
A propósito de Darwin
Hongos micorrizógenos y plantas: ¿una relación simbiótica ancestral?
La otra evolución de Darwin: su teoría y la prensa
DISTINTAS Y DISTANTES: MUJERES EN LA CIENCIA
Charles Darwin y las claves femeninas de la teoría de la evolución
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
El comportamiento animal... de Darwin
Nuestros colaboradores en este número
CARTAS AL DIRECTOR
 

El concepto de especie y la explicación de la extinción

Ernesto Rodríguez Luna y Aralisa Shedden González

en el transcurso de la historia de la biología, el significado del término especie ha cambiado continuamente y ha suscitado un sinnúmero de discusiones entre los especialistas. En este escrito hacemos un recorrido histórico de las principales definiciones, aclarando que no se abarcan todas las conceptualizaciones existentes. Asimismo, intentaremos mostrar cómo las definiciones de especie han estado relacionadas con otras ideas, como por ejemplo las de creación, evolución, extinción y conservación de plantas y animales. Y también mostraremos la manera en que tales concepciones se han transformado de acuerdo al cambio histórico en las visiones sobre la naturaleza.

¿Qué es una especie?

La noción de naturaleza se ha expresado de distintos modos durante el desarrollo cultural de la humanidad. Especialmente en el pensamiento occidental, esa idea se ha transformado históricamente conforme la filosofía y la ciencia la han redefinido, y uno de los conceptos fundamentales en la explicación del mundo natural es el de especie. Los orígenes más remotos del concepto de especie pueden vislumbrarse en las ideas bosquejadas por Platón y Aristóteles. Estos dos filósofos de la antigüedad, junto con otros pensadores predarwinianos, practicaron una aproximación creacionista/esencialista para distinguir las especies en el mundo natural; según este planteamiento, Dios creó las especies y una esencia eterna para cada una de ellas. Así, se explican las variaciones entre una misma especie como imperfecciones en la actualización de dicha forma. Aun cuando Linneo consideraba a las especies con base en una explicación creacionista, hizo una contribución de gran importancia al reconocer la existencia de las especies como entidades en la naturaleza. Gracias a sus esfuerzos, fue a partir del siglo XVIII que se concibió
un sistema de clasificación sencillo que pudiera usarse con todos los seres vivos, estableciendo además la nomenclatura binomial para la denominación de las especies.


Durante ese siglo, numerosos geólogos estaban aún influidos por la doctrina de la Biblia, según la cual la Tierra había sido creada hace unos 6 mil años, aunque en ese momento Buffon estimaba que la edad de nuestro planeta era mucho mayor. Cuvier fue el primero que, basándose en abundante material, estableció el principio general de que los fósiles proceden de épocas en que la Tierra estaba habitada por animales distintos a los actuales.

Es en el siglo XIX, con las aportaciones de Lamarck, que el creacionismo es enfrentado con argumentos sólidos, y comienza otra influencia importante para la definición del concepto de especie: el transformismo. Sobre dichas reflexiones, Darwin desecha la explicación esencialista de las especies al darse cuenta de que la variación representaba una de las características más importantes de los seres vivos. En consecuencia, aplica el concepto morfológico de especie, argumentando que las especies eran variedades que adquirían un espacio en la realidad cuando sus intermedios morían, dejando un “intermedio morfológico”. La publicación de El origen de las especies marca un cambio significativo en la forma en que eran concebidas las especies y obliga a reflexionar sobre la base de tres cuestiones distintas: el hecho de la evolución, la historia evolutiva y los mecanismos por los que se producen los procesos evolutivos.

En esta corriente evolucionista, el concepto de especie se ha redefinido en numerosas ocasiones. Ya a principios del siglo pasado, Poulton propone el entrecruzamiento entre miembros de la misma especie como la indiscutible clave del significado de ésta. Siguiendo en esta línea, Dobzhansky propuso el concepto biológico de especie, en el que se consideraba como el único y verdadero significado de especie las características del entrecruzamiento y del aislamiento reproductivo. A finales de los años 60 el concepto biológico de especie es redefinido y popularizado por Mayr en los siguientes términos: “las especies son grupos de poblaciones con entrecruzamiento natural, que están reproductivamente aisladas de otros grupos”.

Tal definición fue ampliamente aceptada, y parecía haber resuelto el problema del citado concepto, dado que las especies fueron definidas por características importantes para su propio mantenimiento como entidades, es decir, por su función biológica. Poulton, Mayr y Dobzhansky enfatizaron que el nuevo concepto se basaba en la realidad de la especie, más que en ser exclusivamente un criterio útil para la taxonomía.

Sin embargo, la concepción de especie también fue cuestionada cuando van Valen y otros investigadores formulan a mediados de 1970 el concepto ecológico de especie, al afirmar que el verdadero significado de la especie radica en su ocupación de nichos ecológicos, más que en los procesos de entrecruzamiento, y pocos años después surge la idea de “reconocimiento”, en el cual se explica a la especie como “la población más inclusiva de organismos, individualmente biparentales, que comparten un sistema de fertilización común”.

Recientemente, Mallet señaló la existencia de otras aportaciones científicas que han cobrado gran aceptación para la determinación de las especies, las que consideran, por ejemplo, los aspectos genéticos y evolutivos utilizando diferencias diagnósticas entre poblaciones geográficas (en algunos casos es un solo par base de ADN el que diferencia una especie de otra), y considera que una “combinación” de los diferentes conceptos de especie son quizá la mejor aproximación para resolver el problema, ya que al incorporar los orígenes evolutivos y filogenéticos, junto con todo medio biológico posible gracias a lo cual una especie se mantiene, estos conceptos combinados “cubren todas las bases”. Tal como apuntaba Mayr hace tres años, “no existe otro problema en biología sobre el que se haya escrito más y sobre el que se haya logrado menos unidad que el problema de la especie”. Por ejemplo, en 1859 el propio Darwin lo planteó en los siguientes términos: “Considero el término especie como uno asignado arbitrariamente, para mayor conveniencia, a un conjunto de individuos que se asemejan notablemente”; sin embargo, sólo sus más fieles discípulos, como Haeckel, Schleidan, Schmidt y Carpenter, aceptaron la idea de que no hay especies. El mismo Mallet escribía hace cinco años que Darwin creyó haber comprobado lo innecesario que era el concepto de especie al demostrar que la evolución era la responsable de la diversidad de la vida y que las especies eran un continuo de variedades locales, razas geográficas y subespecies; esto es, que las especies no son objetos individuales reales, sino que deben ser consideradas como una invención del hombre, útil para comprender la diversidad de plantas y animales, así como su evolución.

Como podemos advertir, hoy día existen numerosas definiciones de especie que compiten entre sí como hipótesis rivales y que funcionan como presuposiciones instauradoras de sentido. Mayden ha señalado la existencia de hasta veinte conceptos distintos de especie en la actualidad, pero aún no hay una definición que satisfaga las necesidades y criterios de cada rama relacionada con las especies. Independientemente de la discusión sobre el concepto, se ha comprobado que los organismos vivos evolucionan y se diversifican, y fue Darwin, junto con otros biólogos del siglo X I X, quienes aportaron evidencias contundentes de ello a partir de estudios comcomparativos de organismos vivos, de su distribución geográfica y de los restos fósiles, en tanto que las disciplinas biológicas recientes (como la genética, la ecología o la fisiología) han generado pruebas adicionales y confirmado detalladamente la existencia de esta evolución biológica.

Extinción

De acuerdo con Ayala, ya no hay lagunas en el conocimiento de la historia evolutiva de los organismos vivos: la biología molecular ha hecho posible reconstruir el “árbol de la vida”. Así, la extinción de las especies es un resultado habitual del proceso evolutivo. Las especies hoy existentes representan el equilibrio entre la aparición de nuevas especies y su eventual extinción. Actualmente se han descrito casi dos millones de especies vivas, aunque se calcula que hay al menos diez millones. Sabemos que más de 99% de todas las especies que alguna vez han vivido sobre la Tierra se han extinguido sin dejar descendencia. Desde el comienzo de la vida sobre nuestro planeta, hace más de 3,500 millones de años, el número de especies diferentes que han vivido probablemente supere los mil millones.

Considerando el párrafo anterior como una descripción resumida de la vida en la Tierra, nos podremos dar cuenta de la importancia del término especie. Aun cuando existe una fuerte discusión en torno a su significado y definiciones, este concepto es clave para entender la estructura y funcionamiento del mundo natural y es innegable su utilidad; por ejemplo, es un concepto indispensable para explicar la aparición y desaparición de plantas y animales en la historia de la vida, esto es, la evolución y extinción de las especies.

De las especies descritas, de acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación, aproximadamente 15,600 se encuentran amenazadas de extinción, por lo que numerosas organizaciones internacionales consideran de vital importancia revertir la llamada “sexta ola” de extinción, e indican que el ser humano es su principal responsable. Se cree que la tasa actual de extinción es entre cien y mil veces mayor que la tasa natural, aunque debemos destacar que en la gran mayoría de las especies no ha sido evaluado todavía su grado de amenaza, por lo que el problema de la extinción podría ser incluso mayor. En palabras de Wilson, “la Tierra nunca se vio sometida a nada parecido a la fuerza destructiva que tiene la humanidad en el presente”. Explica además que las tasas de extinción superan a las de aparición de nuevas especies, por lo que “no es probable que recuperemos el nivel original de biodiversidad en un lapso conmensurable con los tiempos humanos”. Tomando en cuenta estas reflexiones, la discusión sobre el concepto de especie adquiere un valor adicional en nuestros días: para hacer la conservación de la biodiversidad efectiva, es imperativo establecer una definición consensuada y útil de dicho término. Si bien los problemas ambientales y la desaparición de especies han sido reconocidos desde hace más de 2 mil años (como en el caso de Plinio el Viejo, quien notaba que la desertificación del Mediterráneo era una consecuencia de la deforestación), es Charles Darwin quien establece las bases de la conservación al manifestar la importancia utilitaria, científica y moral de salvar especies distintivas. En nuestros días, se reconoce que las especies tienen un valor inmenso para el humano como fuentes de alimento, medicinas, materias primas para construcción o combustibles. Adicionalmente, son innegables los valores recreativos, emocionales, culturales, estéticos y espirituales que proporcionan las distintas especies al hombre.

Conservación


Tal como se ha dicho, se conocen los esfuerzos conservacionistas que ha habido en el curso de la historia, relacionados con la protección de las características espirituales y estéticas en la naturaleza, la preservación de cotos de caza o el mantenimiento de recursos forestales, entre otros. No obstante, fue en 1978 que el ecólogo M. Soulé organizó la primera Conferencia Internacional sobre la Conservación Biológica, y fue entonces que se definió su campo disciplinario. Actualmente, la conservación biológica ha surgido como una mezcla de disciplinas vinculadas por una filosofía común, cuyo propósito básico y central es prevenir la pérdida irreversible de vida en este planeta.

De esta forma, la teoría ecológica, así como los estudios sobre biodiversidad y conservación, debe reconocer que los conteos de especies a lo largo de grandes extensiones temporales y espaciales representan una medida inexacta de la diversidad biológica, una medida que se atribuye más a una moda taxonómica y metafísica que a la ciencia, como apunta Mallet. Esta crítica resulta complementada por la observación de que, pese a los esfuerzos conservacionistas desplegados desde hace décadas y en distintos puntos del planeta, la extinción sigue siendo un proceso incesante y ha supuesto la pérdida irreparable en el inventario de especies de las regiones de la Tierra. Por otra parte, los esfuerzos conservacionistas dirigidos a las especies han sido criticados por sus métodos y resultados. Ante el fracaso del planteamiento conservacionista orientado al mantenimiento de las especies, resulta de gran importancia hacer una valoración crítica de dicha táctica dentro de la estrategia global de la conservación de la naturaleza. En esta crítica, el mismo Mallet afirma que la mayor parte de los conservacionistas concuerdan ahora en que la legislación que hay sobre las especies es un error: la conservación y legislación deben reconocer que las poblaciones vivas y evolucionantes forman un fractal continuo de especies, comunidades y ecosistemas globales en el tiempo y espacio, por lo que es necesario dejar de intentar dividirlas en “unidades fundamentales”, las que son irreales.

Otras orientaciones distintas al enfoque de conservación de especies tienden principalmente a la inclusión de aquéllas que conviven y dependen directamente de los entornos naturales para su subsistencia, como el conservar ecosistemas con valor para el ser humano, instalar un cambio en las actitudes públicas orientadas al desarrollo sustentable y reconocer y abordar las necesidades y aspiraciones de los pobladores locales. Sea cual sea la aproximación elegida, queda claro que se necesita un cambio en la visión e implementación de estrategias conservacionistas actuales. En palabras de Mallet: “claramente necesitamos algo más allá que listas de especies para estimar el valor de la conservación, o al menos un criterio más estable de especie que esté menos propenso a una inflación taxonómica. Sin embargo, la dura realidad es que el consenso en esta materia no ha sido alcanzado aún”.

El desarrollo de las ideas científicas y filosóficas sobre el mundo natural no ha sido lineal y progresivo, lo que hace necesaria la revisión permanente de las formas de pensar la naturaleza. Por ello, debemos evitar el error de juzgar precipitadamente como equivocado el pensamiento del pasado en comparación con el actual, sin hacer una valoración más amplia; de otro modo estaríamos distorsionando los logros de los pensadores pretéritos. Asimismo, debemos reflexionar sobre el juicio futuro que se hará al pensamiento contemporáneo. Para tal fin, citamos a Radl: “Nuestras concepciones […] son más bien sombras, simples reflejos de la realidad. Incluso en caso de ser ciertas, sólo penetran en una extensión más o menos reducida en la Naturaleza real”. Finalmente, en esta revisión histórica del concepto de especie y las correspondientes explicaciones sobre la evolución y extinción de especies podemos advertir problemas, que si bien en un principio fueron filosóficos, como el origen de las especies, se han transformado en problemas y soluciones científicos que a su vez permiten replantear nuevos problemas filosóficos en torno a la idea de naturaleza.

 

Para el lector interesado


Ayala, F.J. (2007). Darwin y el diseño inteligente. Madrid: Alianza Editorial.


Darwin, Ch. (1859/2008). El origen de las especies (ed. A. Del Moral y J.


Medina V.) Col. Biblioteca del Universitario, número 15. Xalapa:
Universidad Veracruzana.


Hambler, C. (2004). Conservation. Cambridge, MA: Cambridge University
Press.


Mallet, J. (2007). Species. Encyclopedia of Biodiversity. London: University
College of London.


The World Conservation Union (2009). Species extinction. Disponible en
línea: http://iucn.org.


Wilson, E.O. (2006). La creación: Salvemos la vida en la Tierra. Buenos
Aires: Katz Editores.