Revista La Ciencia y el Hombre
Septiembre•Diciembre
de 2009
REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Volumen XXII
Número 3
Editorial
El origen de las especies o la descripción de las maravillas
El concepto de especie y la explicación de la extinción
La selección natural
La selección sexual
La selección artificial
Distribución geográfica de las especies animales
Distribución de la vegetación y cambio climático como proceso de selección natural
La influencia de Darwin en el pensamiento científico contemporáneo
Malthus, Darwin, las leyes estadísticas y la biometría
A propósito de Darwin
Hongos micorrizógenos y plantas: ¿una relación simbiótica ancestral?
La otra evolución de Darwin: su teoría y la prensa
DISTINTAS Y DISTANTES: MUJERES EN LA CIENCIA
Charles Darwin y las claves femeninas de la teoría de la evolución
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
El comportamiento animal... de Darwin
Nuestros colaboradores en este número
CARTAS AL DIRECTOR
 

La selección artificial

Genaro A. Coria Ávila y Pedro Paredes Ramos

Un posible destino natural para las especies

De acuerdo con José M. R. Delgado, el crecimiento, desarrollo y sobrevivencia de cualquier recién nacido dependen de un “destino natural” impuesto por la interacción entre sus características biológicas y las circunstancias ambientales. Por ejemplo, durante la Era Paleozoica, hace unos 300 millones de años, los organismos multicelulares vivían en el agua porque los factores ecológicos y sus características morfológicas y funcionales así lo permitieron. Del mismo modo, la aparición de los dinosaurios y su supremacía en la tierra hace unos 150 millones de años fue una consecuencia de un clima adecuado que hizo que la hierba verde y los árboles con nutrientes adecuados se extendieran por todo el planeta. Esas circunstancias ambientales facilitaron el sustento a esos gigantes, que no obstante su fuerza muscular extrema tenían un cerebro relativamente pequeño. Sus funciones cerebrales y otras características biológicas fueron las adecuadas para esas condiciones porque se seleccionaron de los reptiles que les antecedieron. Sin embargo, hace unos 65 millones de años, los cambios climáticos de la Era Cenozoica y la incapacidad de los grandes reptiles para adaptase fisiológica y conductualmente los llevaron a su extinción total, cumpliendo con esto su destino natural. En su lugar quedaron otras criaturas pequeñas con características más adecuadas para los cambios que ocurrieron.

En las palabras de Delgado: “La aparición del hombre aproximadamente hace un millón de años significó únicamente el florecimiento de un tipo de animal más que compartía con otros las leyes biológicas y una dependencia total de las fuerzas naturales”. Por lo tanto, el destino natural del hombre dependía de circunstancias que no podían ser previstas, comprendidas o modificadas. Al igual que cualquier otro animal, el hombre sufría las inclemencias del tiempo, el hambre, la sed en las épocas de sequía y todo tipo de enfermedades. En ese entonces el hombre no sabía cómo funcionaba su cuerpo ni el de las otras especies que vivían a su alrededor.

La liberación ecológica

Mas ¿por qué aceptar la incomodidad y el sufrimiento debidos a las circunstancias naturales? Un gran paso ocurrió cuando los primeros humanos comenzaron a poner atención al funcionamiento de su cuerpo, al clima y al comportamiento de los otros. El hombre descubrió que no tenía que mojarse si ut ilizaba hojas para cubrirse, ni tenía que morir al ser víctima de los depredadores cuando tenían hambre, ni un brazo roto tenía que quedar inutilizado para siempre pues podía sanar con unas ramas atadas a su alrededor. A lo largo de muchas generaciones, el hombre descubrió que podía pasar la información adquirida durante su vida a los descendientes, siempre con el objetivo de producir confort, reflejado en más fuentes de recompensa, como la comida, el sexo y albergue, y menos circunstancias penosas, como el hambre o el dolor. Su curiosidad lo llevó a descubri r maneras de superar algunas de sus limitaciones para enfrentar la naturaleza. Aprendió a criar animales y a cubrirse del frío utilizando sus pieles. Descubrió que podía levantar pesadas rocas utilizando palancas y aprovechar así la fuerza de la naturaleza en su propio beneficio. Construyó barcos para viajar por los ríos y mares y les puso velas para que el viento los impulsara; se adentró cereen las aguas para cazar especies que no había conocido antes, y así comenzó su liberación ecológica. El hombre ya no era una especie cuyo destino natural dependiera únicamente de la selección natural, tal como ocurría con las demás especies.

El grado de inteligencia que el hombre alcanzó le permitió ir más allá de la mera selección natural; encontró la cura de muchas enfermedades; la mortalidad infantil se redujo; produjo alimentos en abundancia y su promedio de vida se incrementó considerablemente con cada descubrimiento. Individuos que en el pasado hubieran sucumbido por su incapacidad para sobrevivir y adaptarse, ahora lo lograban gracias a lo que el hombre lograba hacer con su cerebro, es decir, pensar en nuevas ideas para aumentar su bienestar y reducir la incomodidad.

La liberación ecológica: ¿destino natural del hombre?

La existencia del ser humano en la tierra y su adaptación, liberación y dominación ecológica no son más que el resultado de su destino natural. En realidad, ni la forma de nuestro cerebro, ni sus neurotransmisores, ni su función convertida en inteligencia evolucionaron como resultado de nuestra propia voluntad. Delgado explica cómo la aparición y desarrollo de las alas de las aves fueron consecuencia de la evolución y no de la voluntad de estas para liberarse de la fuerza de gravedad. El hecho de que la mayoría de las aves vuelen es un paso más en su liberación ecológica al desafiar la gravedad cuando se impulsan con el soporte del viento. Sus alas son un regalo de la evolución que no requirió conocimiento alguno de la física, los cálculos matemáticos o el deseo voluntario de tener esas alas.

En el ser humano, nuestra capacidad de controlar la naturaleza nos ha llevado a entender algunos de sus mecanismos de acción. Así como los primeros hombres utilizaban una palanca como extensión del brazo para controlar su fuerza y levantar grandes piedras, ahora utilizamos adaptaciones mecánicas para nuestro cuerpo, como los aviones, que nos permiten llevarlo al cielo y viajar por él a gran velocidad, o los submarinos, que nos hacen posible alcanzar profundidades oceánicas que jamás pensamos. Comprendimos los mecanismos químicos y biológicos para influir en el funcionamiento de nuestras células, nuestro cerebro, nuestro propio comportamiento y hasta en el destino natural de otras especies, jugando con su adecuación reproductiva para nuestro propio beneficio.

Mestizos, híbridos y aislamiento reproductivo

Las especies no se forman de la noche a la mañana. De hecho, producir una especie nueva es extremadamente difícil, y si es o no posible ha sido tema de debate entre los científicos durante mucho tiempo. Cuando observamos las trescientas razas de perros que existen y comparamos sus formas y capacidades, estamos viendo una misma especie, el Canis familiaris, o perro doméstico; por lo tanto, un dálmata puede cruzarse con un pastor alemán y tener crías denominadas “mestizas”, es decir, hijos de dos razas distintas. Los animales mestizos son fértiles y pueden reproducirse con otros animales de su misma especie, sin importar si son mestizos o de raza pura. Con la llegada de los españoles a América en el siglo X V I, nacieron humanos mestizos que eran la cruza de las razas caucásica e indígena, pero todos, al final de cuentas, pertenecientes a la misma especie: Homo sapiens sapiens.

Probablemente sabemos que cuando un asno (Equus asi - nus) y una yegua (Equus caballus) se aparean, el resultado es una mula (Equus mulus). Este último no es un animal mestizo sino un “híbrido”, pues sus padres pertenecen a dos especies distintas. A diferencia de los animales mestizos, los híbridos no se pueden reproducir. A esta limitante se le conoce como “aislamiento reproductivo”, es decir, las dos especies originales están aisladas reproductivamente y su apareamiento sólo logra fructificar en una generación de híbridos estériles.

No existen híbridos humanos porque únicamente existe una misma especie de seres humanos. La aparición del hombre moderno, Homo sapiens sapiens, hace unos 400 mil años coincidió con la existencia del Homo sapiens, y hace un millón de años el Homo sapiens coincidió con el Homo erectus. El periodo de más hibridación en las especies antecesoras del hombre probablemente ocurrió hace unos 1.8 millones de años, cuando en el planeta coincidieron el Australopithecus africanus, el Australopithecus robustus, el Australopithecus boisei, el Homo habilis y el Homo erectus.

¿Por qué existe el aislamiento reproductivo? Hay que recordar que en El origen de las especies a través de la selección natural, Darwin sugirió que en cada generación de individuos sólo aquellos con características morfológicas y funcionales adecuadas a las circunstancias podrían ser capaces de sobrevivir. Las características de todas las especies se han seleccionado y fijado en su información genética de manera natural a través de miles de años; por lo tanto, las características que vemos en un individuo son las que lo hacen apto para vivir en el ambiente para el cual se seleccionó. El caballo con 64 cromosomas y el asno con 62 demuestran que en el pasado, a partir de un ancestro común, se seleccionaron individuos distintos de dos poblaciones, que culminaron en el aislamiento reproductivo. Cuando el aislamiento reproductivo se ha alcanzado, se puede decir que la selección natural ha producido especies distintas.

La selección artificial consciente

En los versículos 28 al 31 del capítulo I del Génesis en la Biblia, se lee que Dios otorgó al hombre la capacidad de gobernar, sujetar y mandar (“sojuzgad y señoread”) sobre todas las criaturas vivientes del planeta, y vio que era bueno. La pregunta obligada es: ¿bueno para quién?, ¿para los animales o para el hombre? ¿Cuáles son los límites del ser humano para sojuzgar y señorear a las otras especies con las que compartimos el planeta? Desde mucho antes de que se escribiera la Biblia, el comportamiento del hombre ya se caracterizaba por decidir cómo vivían los animales a su alrededor, qué comían, cuáles se reproducían y con quiénes. Es decir, había seleccionado sus características de manera consciente.

¿Por qué conformarse con tener una vaca que produce únicamente cinco litros de leche al día? Aunque a un becerro le sea suficiente, los humanos preferimos seleccionar artificialmente vacas que producen hasta sesenta. Seleccionamos borregos que producen más lana; toros de lidia que son más bravos; razas de perros para compañía, trabajo y caza; caballos que corren más rápido; moscas del gusano barrenador que son estériles; ratones a los que a propósito les falte un gen (knock out) para ser estudiados. Es obvio que la selección artificial de plantas y animales ha contribuido a la liberación y dominación ecológica del hombre desde el inicio, y aún continúa.

Muchas razas se han creado para encontrar solución a los problemas del hombre. Por ejemplo, hay vacas de climas templados o fríos, como las razas lecheras europeas (Bos primigenius taurus) que son muy buenas productoras de leche, pues hay individuos que llegan a producir sesenta litros al día, comparadas con las vacas locales cebuinas (Bos primigenius indicus), que sólo dan en promedio un litro. Cuando los granjeros locales del trópico húmedo quisieron traer vacas lecheras para integrarlas a sus hatos ganaderos, se dieron cuenta de que se infestaban rápidamente con garrapatas y otros parásitos, se ahogaban con el calor y la humedad y, por lo tanto, su producción lechera y su salud decaían considerablemente. Las vacas locales, sin embargo, tenían resistencia a los parásitos y comían pastura bajo el sol sin sofocarse. La cruza de estas dos razas (ambas Bos primigenius) llevó a los zootecnistas a encontrar la combinación perfecta de ganado para un clima como el trópico húmedo, denominada 5/8; así, una alta producción lechera y gran resistencia al clima se logran en tres generaciones a partir de cruza de las dos razas.

La selección artificial y la ética

La selección artificial nos ha llevado a ir más allá de las simples cruzas entre padres de diferentes razas. Contamos actualmente con métodos de reproducción artificial que hacen posible inseminar a una hembra con el semen congelado de un macho que vive en otro país. De hecho, se puede fertilizar el óvulo con el espermatozoide en el ambiente artificial de un laboratorio y seleccionar los ovocitos fecundados de acuerdo a su calidad y salud. Podemos teñir sus cromosomas y contarlos uno por uno, de la misma manera que una madre le cuenta los dedos de las manos y pies a su hijo recién nacido para saber si está sano. Los humanos contamos con el conocimiento para decidir cuándo un embrión nacerá sano o enfermo, y con base en eso resolvemos cuál será implantado en un útero para producir un ser desarrollado.

Nuestra sed de selección artificial ha ido más allá. Ahora nuestro conocimiento de la función del cuerpo humano nos permite curar enfermedades y prolongar la vida. Creamos individuos idénticos mediante la clonación. Usamos antibióticos que nos ayudan a combatir bacterias que en el pasado sólo enfrentábamos con nuestro sistema inmune. Bebemos sustancias con electrolitos que nos permiten rehidratarnos de manera casi instantánea y que conseguimos en cualquier tienda de la esquina. Gracias a las cirugías de cerebro podemos extirpar cisticercos y controlar la epilepsia. Incluso quienes se hallan en coma pueden ser mantenidos vivos gracias a los equipos médicos. Pareciera que hemos tomado la responsabilidad que en el pasado le correspondía únicamente a la selección natural.

Debemos considerar que nuestra liberación ecológica se logró gracias a la capacidad de pensar. Esa misma capacidad, al parecer superior a la de cualquier otra especie, también se acompañó de procesos mentales complejos que aún no entendemos, como la conciencia, la cual nos orilló a clasificar nuestros comportamientos y acciones como buenos o malos según sus resultados sobre nosotros mismos. En muchos países se castiga la crueldad contra los animales, pero al mismo tiempo se considera una fiesta y un arte el tormento y asesinato de un toro. La selección artificial actual debería estar modulada no únicamente por nuestro conocimiento científico, sino también ser decidida con base en la ética y en las consecuencias de tales selecciones. Consideramos indebido desconectar del respirador artificial a un ser humano que ha permanecido diecisiete años en estado de coma, pero no así descartar la fecundación de un embrión con tres copias del cromosoma 21. ¿Quién o qué modula la manera y los métodos con los que seleccionamos?

Selección artificial aberrante

Debido a nuestra capacidad para modificar las caracter ísticas físicas y metabólicas de las especies con las que compartimos el planeta, los humanos hemos llevado la selección artificial a un grado aberrante. Por ejemplo, en animales de alto valor estético manipulamos la selección e inducimos la endogamia con el fin de fijar características físicas y replicar individuos casi idénticos a sus progenitores. Con el fin de obtener animales más eficientes, seleccionamos a los individuos que portan características valiosas según nuestro particular parecer. Seleccionamos perros más altos aunque con ello aumentemos la posibilidad de que padezcan enfermedades artríticas o torsiones de vísceras por tener cavidades demasiado amplias. Seleccionamos aves que produzcan muchos huevos aunque su tiempo de vida se acorte, o aves de gran tamaño y masa muscular aunque sus piernas no sean capaces de sostenerlas por estar diseñadas para soportar animales más livianos. Modificamos la apariencia de muchas especies de animales con el único fin de hacer nuestra vida más cómoda, sin saber que al seleccionar animales según su apariencia física o su metabolismo, modificamos también su manera de percibir el mundo y de responder ante éste. Con la selección artificial favorecemos nuestro tipo de vida, pero alteramos irreversiblemente el destino natural que cada especie tiene.

La selección artificial inconsciente

Algunas veces la selección artificial ocurre sin que nos percatemos de ella o sin que sea nuestro propósito final seleccionar una característica en particular. Por ejemplo, a principios de 2007, Lakshmi, una niña de la India, nació con cuatro piernas y cuatro brazos, anormalidad debida a la fusión de un hermano gemelo en el cuerpo de la niña durante el embarazo, ocasionando así la incapacidad de movimiento. Lejos de pensar que fuese una aberración, los padres de Lakshmi, junto con un sector de la población, reverenciaban a la niña por su semejanza con la diosa Vishnú, de la cultura hindú, la cual se representa como una mujer con múltiples brazos. En este caso, la asociación con la religión no sólo logró que Lakshmi sobreviviera, sino que incluso fuera adorada. En condiciones naturales, la selección natural se hace cargo de casos como este, en que los individuos no podrían sobrevivir.

Otro ejemplo de selección artificial asociado a las creencias culturales es el caso de los cangrejos samurai (Heikea japonica), nativos de Japón. En la concha de estos animales se aprecian bordes que semejan el rostro de un guerrero heike. Los heike fueron derrotados en la batalla de Dan-no-ura, y la creencia popular dice que muchos cangrejos atrapados por pescadores eran devueltos al mar por ser su reencarnación, y ahí se podían reproducir. A pesar de que esta leyenda parece no tener fundamentos serios, el argumento se puede aplicar a otras especies en las que la acción inconsciente del hombre beneficia la sobrevivencia de una especie.

La curva en U invertida, irremediable destino de todos

La naturaleza selecciona algunas características por el beneficio que representan para la sobrevivencia y la reproducción. Por ejemplo, una cola con plumas bellas facilita el apareamiento de aves como el pavo real; una ubre grande produce más leche para la cría, y un cuello largo permite alcanzar hojas altas de los árboles. Esas características parecen estar en un perfecto equilibrio con la adecuación del individuo. Cuando la característica se exagera, el pavo real ya no puede escapar de los depredadores, la vaca se enferma de mastitis y la jirafa es incapaz de beber agua del arroyo. Por lo tanto, cuando de manera artificial seleccionamos características exageradas, nos enfrentamos a ciertos candados que la naturaleza ha creado para conservar los diseños originales que le tomó tanto tiempo hacer. Quizás el mayor reto que enfrentamos como especie es utilizar nuestra capacidad de pensar y razonar y decidir lo que es éticamente correcto con respecto a nuestro control sobre otras especies con las que compartimos el universo. Al fin de cuentas, la evolución nunca termina, y aquellas especies que no logren adaptarse al medio cambiante (o proteger el que ya tienen) indudablemente sucumbirán.

Para el lector interesado

Delgado J.M.R. (1969). Physical control of the mind. Toward a psychocivilized society. New York: Harper Colophon Books. Harper & Row.

A.A. (s/f). The fact of evolution. Freethoughtpedia. Disponible en línea: http://www.freethoughtpedia.com/wiki/Thefactofevolution (Consultado el 6 marzo de 2009).