Tochukaso, el curandero que mata a unos para sanar a otros
Leticia Garibay Pardo
y Heriberto G. Contreras
Verdaderamente la naturaleza no deja de
sorprendernos. Y es que este peculiar
hongo que hoy atrae nuestra atención es
impresionante. El género al que pertenece se llama
Cordyceps, conocido comúnmente como hongo
entomopatógeno. Es un hongo que parasita a algún
insecto o arácnido en el que se hospeda, lo coloniza
rápidamente y lo mata finalmente.
Estos hongos entomopatógenos, además
de parasitar diversos órdenes de artrópodos, también atacan grillos, orugas de mariposas u hormigas; la manera en que lo logran es lanzando sus
esporas hacia alguno de ellos. Se puede decir que
les altera el sistema nervioso que, aunque rudimentario, tienen.
Al introducirse la espora del hongo dentro del insecto, comienzan a germinar sus hifas o
tejidos; mientras tanto, su víctima experimenta
una conducta extraña, como si estuviera bajo el
influjo de una droga; se paraliza y así queda
hasta que muere; en una animación en videos o
documentales es impresionante ver cómo el
hongo se apodera de la “voluntad” del animal
hasta su exterminio. A partir de ahí, el hongo
crece y fructifica.
El proceso es el siguiente: primeramente
la espora del hongo se adhiere al insecto, luego
penetra en él a través de un tubo llamado germinativo, lo coloniza, se desarrolla dentro del cuerpo
del hospedero y lo mata para completar su ciclo
de vida.
Algunas especies de este género, al penetrar en un hospedero como una hormiga, por
ejemplo, hacen que ésta suba a una planta antes
de morir, lo que hace que distribuya al máximo las
esporas del hongo.
Se sabe que hay cien géneros de hongos
parásitos de artrópodos, y aproximadamente
setecientas especies en total. Es por ello que a
estos hongos parásitos se les considera como
una forma de control biológico, pues ayudan de
manera natural a regular el crecimiento de
especies que son o que potencialmente pueden
ser plagas sin el uso de sustancias tóxicas o contaminantes u otros agentes.
El género Cordyceps se distribuye en
todo el mundo, mayormente en Asia –en particular en China, Japón, Corea y Tailandia– y se
considera que aproximadamente contiene cuatrocientas especies. El género Cordyceps y sus
diversas especies abundan en bosques húmedos
templados y tropicales.
Existen otros tipos de hongos relacionados con los artrópodos, como los que colonizan
insectos muertos, o bien que parasitan o son
comensales de este grupo taxonómico de invertebrados, a los que sólo les causa una especie
de infección micótica.
Aunado a estas peculiaridades, el Cordyceps sinensis
(Tochukaso en japonés, o Dong Chong Xia Cao, que en chino significa “insecto de invierno” y “hierba de verano”), uno de los cien
integrantes de las especies de dicho género, tiene una larga historia, pues fue descubierto hace 1,500 años por un pastor en el
Tíbet, quien observó que su ganado, tras la ingesta de este hongo,
se volvía más fuerte. Hacia el año 1751 a.C., durante la dinastía
Quing, se le reconoció como medicinal en un tratado llamado
Ben-Cao-Cong-Xin, obra escrita por Wu-Yiluo.
Años más tarde, el hongo fue presentado por Du Halde,
historiador y jesuita francés, quien en sí mismo probó sus efectos.
En 1841, el hongo se presentó como una droga china en el marco
de la Sociedad Entomológica de Londres. Berkeley lo describió y
presentó formalmente en 1843, pero con otro nombre, mismo que
poco después fue olvidado, rescatando así su nombre original de
Cordyceps sinensis.
Si bien este hongo no es nativo de América ni se le encuentra
en nuestro país, es conocido hoy en casi todo el mundo, después de
que en 1918 un corresponsal en China escribiera sobre su consumo
como una medicina con una gran variedad de usos en animales y
seres humanos. Años más tarde, los hermanos Lloyd lo introdujeron
a Estados Unidos, y a partir de la explosión de la industria farmacéutica produjeron 835 productos a base de Cordyceps.
El Tochukaso crece entre los 3.5 mil y 6 mil metros de altitud sobre el nivel del mar. Su recolección es difícil y es tan valorado como lo fue antaño el oro, pues es una de las medicinas
naturales más apreciadas en los países asiáticos. De hecho, en la
antigüedad los chinos lo reservaban sólo para los gobernantes y
emperadores y afirmaban que este hongo fomentaba el equilibrio
entre el cuerpo y el alma, considerándosele en la medicina china
como un elemento propio para recuperar la armonía de los
órganos del cuerpo y proporcionar vitalidad y longevidad debido
quizás a la combinación de un hongo y un insecto.
Hoy en día hay una gran preocupación por esta maravillosa
y peculiar curiosidad de la naturaleza ya que no se ha legislado
acerca de su recolección en los lugares de origen, como el valle
del río Ganga, en Nepal; además, el precio que alcanza es muy
elevado. En China, en 1994, un kilo costaba 700 dólares estadounidenses, pero en el mercado internacional se cotizaba entre
20 mil y 40 mil dólares. En su tierra de origen, los recolectores, en
2002, lograron colectar aproximadamente 186 kilogramos entre
novecientas personas, lo que cuadriplicó su valor de venta.
Tan elevado precio, aunado a las innegables bondades curativas del
hongo, ha dado pie a que se cometan fraudes en su venta, a tal grado
que se comercializan muchos otros hongos (hasta 350 diferentes)
como si fueran Tochukaso, siendo el más utilizado uno muy similar llamado Cordyceps militaris en sustitución del que aquí referimos.
Este hongo posee componentes químicos únicos, como
vitaminas, aminoácidos, precursores de algunas proteínas como el
ácido glutámico (relacionado con la memoria), vitaminas del grupo
B, veinte minerales diversos, ácido cordicepídico, poliaminas,
D-manitol, ácidos orgánicos y nucleósidos como la didanosina,
que se emplea como parte del tratamiento antirretroviral en
pacientes con VIH/sida. Todo esto lo hace apreciado y codiciado
no sólo en Asia, sino en el mundo entero.
Además de las sustancias que posee y que
le pueden ser extraídas, en la medicina china han
empleado con éxito el Tochukaso para tratar problemas del hígado, riñones, tumores, infecciones de las
vías respiratorias y cardiovasculares, e incluso para
aumentar la libido y disminuir la fatiga. Se le ha llegado a comparar asimismo con el ginseng.
Se recomienda una dosis de tres a nueve
gramos diarios de este hongo para mejorar la
salud al preparársele con alguna comida, como
sopas y guisados de carne, pollo o cerdo, aunque
hoy día se vende en diferentes presentaciones farmacéuticas, como cápsulas.
Otro dato curioso es que consumir este
hongo incrementa la energía, toda vez que hace
más eficiente el suministro de oxígeno en la sangre y disminuye el cansancio. A su consumo se
atribuye que atletas chinos en 1993, tras haber
ingerido una dieta basada en este hongo, alcanzaran nuevos récords del mundo en las pruebas
de 1,500, 3 mil y 10 mil metros planos.
Algunos datos de la Organización para la
Alimentación y la Agricultura (FAO) de las Naciones
Unidas señalan que un ser humano en América, Asia
o Europa consume durante su vida entre doce y
hasta veintidós toneladas de comida; habría que ver
cuánta de esta cantidad es benéfica para nuestra
salud. Sin embargo, en este océano de alimentación
podríamos incluir al Tochukaso, curandero oriental
que mata a unos para sanar a otros.
Para el lector interesado
http://www.tochukaso.co
http://sciencelinks.jp/j-east/article/200517/000020051705A0615816.php
http://www.inbio.ac.cr/papers/entomopatogenos/
http://www.laneros.com/showthread.php?t=89447
http://www.reviberoammicol.com/2007-24/259262.pdf
http://biblioteca.universia.net/html_bura/ficha/params/id/37724289.html
http://www.shii-take.com.mx/tochukaso/tochukaso.htm
http://www.fao.org