Revista La Ciencia y el Hombre
Mayo•Agosto
de 2009
REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Volumen XXII
Número 2
Editorial
A la búsqueda del eros en la tecnociencia: bases de una ciencia para el hombre
Psicología, salud, pasión y vida
La cronoterapia: cáncer al compás del reloj
El virus del papiloma humano
Cuidado con el índice glucémico de alimentos!
Tanatología: el proceso de morir
Microacelerómetros para la industria automotriz
La interacción entre abetos y hongos
Enlazando especies exóticas invasoras y educación ambienta
Áreas naturales protegidas: ¿realidad o antiguo paradigma?
Murciélagos en el México de ayer y hoy
RESEÑA
Culturas del Golfo de Fernando Winfield Capitaine
TRADUCCIÓN
“Invasión hiperoceánica” de Carl Zimmer
DISTINTAS Y DISTANTES: MUJERES EN LA CIENCIA
Isabel de Bohemia: luces y sombras de la ciencia cartesiana
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
Tochukaso, el curandero que mata a unos para sanar a otros
 

Tochukaso, el curandero que mata a unos para sanar a otros

Leticia Garibay Pardo y Heriberto G. Contreras

Verdaderamente la naturaleza no deja de sorprendernos. Y es que este peculiar hongo que hoy atrae nuestra atención es impresionante. El género al que pertenece se llama Cordyceps, conocido comúnmente como hongo entomopatógeno. Es un hongo que parasita a algún insecto o arácnido en el que se hospeda, lo coloniza rápidamente y lo mata finalmente.

Estos hongos entomopatógenos, además de parasitar diversos órdenes de artrópodos, también atacan grillos, orugas de mariposas u hormigas; la manera en que lo logran es lanzando sus esporas hacia alguno de ellos. Se puede decir que les altera el sistema nervioso que, aunque rudimentario, tienen.

Al introducirse la espora del hongo dentro del insecto, comienzan a germinar sus hifas o tejidos; mientras tanto, su víctima experimenta una conducta extraña, como si estuviera bajo el influjo de una droga; se paraliza y así queda hasta que muere; en una animación en videos o documentales es impresionante ver cómo el hongo se apodera de la “voluntad” del animal hasta su exterminio. A partir de ahí, el hongo crece y fructifica.

El proceso es el siguiente: primeramente la espora del hongo se adhiere al insecto, luego penetra en él a través de un tubo llamado germinativo, lo coloniza, se desarrolla dentro del cuerpo del hospedero y lo mata para completar su ciclo de vida.

Algunas especies de este género, al penetrar en un hospedero como una hormiga, por ejemplo, hacen que ésta suba a una planta antes de morir, lo que hace que distribuya al máximo las esporas del hongo.

Se sabe que hay cien géneros de hongos parásitos de artrópodos, y aproximadamente setecientas especies en total. Es por ello que a estos hongos parásitos se les considera como una forma de control biológico, pues ayudan de manera natural a regular el crecimiento de especies que son o que potencialmente pueden ser plagas sin el uso de sustancias tóxicas o contaminantes u otros agentes.

El género Cordyceps se distribuye en todo el mundo, mayormente en Asia –en particular en China, Japón, Corea y Tailandia– y se considera que aproximadamente contiene cuatrocientas especies. El género Cordyceps y sus diversas especies abundan en bosques húmedos templados y tropicales.

Existen otros tipos de hongos relacionados con los artrópodos, como los que colonizan insectos muertos, o bien que parasitan o son comensales de este grupo taxonómico de invertebrados, a los que sólo les causa una especie de infección micótica.

Aunado a estas peculiaridades, el Cordyceps sinensis (Tochukaso en japonés, o Dong Chong Xia Cao, que en chino significa “insecto de invierno” y “hierba de verano”), uno de los cien integrantes de las especies de dicho género, tiene una larga historia, pues fue descubierto hace 1,500 años por un pastor en el Tíbet, quien observó que su ganado, tras la ingesta de este hongo, se volvía más fuerte. Hacia el año 1751 a.C., durante la dinastía Quing, se le reconoció como medicinal en un tratado llamado Ben-Cao-Cong-Xin, obra escrita por Wu-Yiluo.

Años más tarde, el hongo fue presentado por Du Halde, historiador y jesuita francés, quien en sí mismo probó sus efectos. En 1841, el hongo se presentó como una droga china en el marco de la Sociedad Entomológica de Londres. Berkeley lo describió y presentó formalmente en 1843, pero con otro nombre, mismo que poco después fue olvidado, rescatando así su nombre original de Cordyceps sinensis.

Si bien este hongo no es nativo de América ni se le encuentra en nuestro país, es conocido hoy en casi todo el mundo, después de que en 1918 un corresponsal en China escribiera sobre su consumo como una medicina con una gran variedad de usos en animales y seres humanos. Años más tarde, los hermanos Lloyd lo introdujeron a Estados Unidos, y a partir de la explosión de la industria farmacéutica produjeron 835 productos a base de Cordyceps.

El Tochukaso crece entre los 3.5 mil y 6 mil metros de altitud sobre el nivel del mar. Su recolección es difícil y es tan valorado como lo fue antaño el oro, pues es una de las medicinas naturales más apreciadas en los países asiáticos. De hecho, en la antigüedad los chinos lo reservaban sólo para los gobernantes y emperadores y afirmaban que este hongo fomentaba el equilibrio entre el cuerpo y el alma, considerándosele en la medicina china como un elemento propio para recuperar la armonía de los órganos del cuerpo y proporcionar vitalidad y longevidad debido quizás a la combinación de un hongo y un insecto.

Hoy en día hay una gran preocupación por esta maravillosa y peculiar curiosidad de la naturaleza ya que no se ha legislado acerca de su recolección en los lugares de origen, como el valle del río Ganga, en Nepal; además, el precio que alcanza es muy elevado. En China, en 1994, un kilo costaba 700 dólares estadounidenses, pero en el mercado internacional se cotizaba entre 20 mil y 40 mil dólares. En su tierra de origen, los recolectores, en 2002, lograron colectar aproximadamente 186 kilogramos entre novecientas personas, lo que cuadriplicó su valor de venta.

Tan elevado precio, aunado a las innegables bondades curativas del hongo, ha dado pie a que se cometan fraudes en su venta, a tal grado que se comercializan muchos otros hongos (hasta 350 diferentes) como si fueran Tochukaso, siendo el más utilizado uno muy similar llamado Cordyceps militaris en sustitución del que aquí referimos.

Este hongo posee componentes químicos únicos, como vitaminas, aminoácidos, precursores de algunas proteínas como el ácido glutámico (relacionado con la memoria), vitaminas del grupo B, veinte minerales diversos, ácido cordicepídico, poliaminas, D-manitol, ácidos orgánicos y nucleósidos como la didanosina, que se emplea como parte del tratamiento antirretroviral en pacientes con VIH/sida. Todo esto lo hace apreciado y codiciado no sólo en Asia, sino en el mundo entero.

Además de las sustancias que posee y que le pueden ser extraídas, en la medicina china han empleado con éxito el Tochukaso para tratar problemas del hígado, riñones, tumores, infecciones de las vías respiratorias y cardiovasculares, e incluso para aumentar la libido y disminuir la fatiga. Se le ha llegado a comparar asimismo con el ginseng.

Se recomienda una dosis de tres a nueve gramos diarios de este hongo para mejorar la salud al preparársele con alguna comida, como sopas y guisados de carne, pollo o cerdo, aunque hoy día se vende en diferentes presentaciones farmacéuticas, como cápsulas.

Otro dato curioso es que consumir este hongo incrementa la energía, toda vez que hace más eficiente el suministro de oxígeno en la sangre y disminuye el cansancio. A su consumo se atribuye que atletas chinos en 1993, tras haber ingerido una dieta basada en este hongo, alcanzaran nuevos récords del mundo en las pruebas de 1,500, 3 mil y 10 mil metros planos.

Algunos datos de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de las Naciones Unidas señalan que un ser humano en América, Asia o Europa consume durante su vida entre doce y hasta veintidós toneladas de comida; habría que ver cuánta de esta cantidad es benéfica para nuestra salud. Sin embargo, en este océano de alimentación podríamos incluir al Tochukaso, curandero oriental que mata a unos para sanar a otros.

Para el lector interesado

http://www.tochukaso.co
http://sciencelinks.jp/j-east/article/200517/000020051705A0615816.php
http://www.inbio.ac.cr/papers/entomopatogenos/
http://www.laneros.com/showthread.php?t=89447
http://www.reviberoammicol.com/2007-24/259262.pdf
http://biblioteca.universia.net/html_bura/ficha/params/id/37724289.html
http://www.shii-take.com.mx/tochukaso/tochukaso.htm
http://www.fao.org