La cronoterapia: cáncer al compás del reloj
Nahum Nolasco y Mario Caba
Durante millones de años la rotación de la Tierra alrededor del Sol determinó cuántas horas deben estar
expuestos los organismos a la luz solar y cuántas a la
oscuridad. Sobre esa base, las actividades de los seres vivos están
condicionadas a la alternancia entre el día y la noche, la cual se
repite de manera previsible. Sin embargo, el desarrollo de nuestra
civilización ha alterado dramáticamente dicho patrón, ya que es
común que estemos despiertos en horas en que deberíamos estar
dormidos. La exposición a la luz artificial –ya sea por cuestiones de
diversión o por trabajar de noche– está alterando un patrón que
tiene millones de años de evolución. Aunque no estemos conscientes de ello, nuestras células tienen la capacidad de “llevar la
cuenta” del tiempo externo; esto es, cuentan con un reloj biológico
que conductual y fisiológicamente se expresa como una secuencia
de cadencias de aproximadamente 24 horas, las cuales se conocen como ritmos circadianos.
Hasta hace pocos años se pensaba que en el caso de los
mamíferos sólo existía un reloj central que en 1972 se identificó en
una pequeña zona del cerebro anterior denominada núcleo
supraquiasmático (NSQ en lo sucesivo). Los avances en biología molecular nos han demostrado que esto es un error. Tenemos un reloj
biológico en prácticamente cada una de las células de nuestro
organismo, lo que constituye un descubrimiento trascendental que
promete cambiar drásticamente la manera de entender la fisiología
de nuestro organismo y la manera de combatir las enfermedades.
Concretamente, se está utilizando ya para administrar fármacos con-
tra algunos tipos de cáncer en determinadas horas del día, cuando dicho fármaco puede tener más posibilidades de
atacar el crecimiento celular descontrolado. Así,
estamos en el comienzo de la cronofarmacología,
una rama de lo que en general se llama cronoterapia, misma que se encarga de diversos
tratamientos desde un punto de vista circadiano.
Una mirada al interior del reloj
No obstante que el NSQ no es el único reloj
biológico en el organismo, se sigue considerando
que es el principal. En condiciones normales,
este núcleo recibe información lumínica proveniente del Sol, la cual es capturada en la retina y
conducida a través del tracto retinohipotalámico
hacia el NSQ, para controlar los parámetros
homeostáticos en relación con el tiempo externo.
A esta relación entre tiempo y actividades se le
conoce como sincronización fótica, debido a que
las diversas funciones internas que se llevan a
cabo en el organismo están relacionadas con la
presencia o ausencia de la luz solar.
Ron Konopka y Seymour Benzer, del
Instituto de Tecnología de California en Estados
Unidos, mientras realizaban estudios circadianos
de sus patrones de eclosión y actividad locomotora, descubrieron en 1971 ciertas mutaciones
en un gen localizado en el cromosoma X de las
moscas de la fruta (Drosophila melanogaster). En
los 80, con base en estudios de biología molecular, a dicho gen se le nombró periodo o Per. En
la actualidad se sabe que Per pertenece a una
familia de genes conocidos como “genes reloj”,
los cuales están involucrados en la producción y
mantenimiento de los ritmos circadianos, y que
la maquinaria molecular que dicta la expresión
de los ritmos circadianos está constituida al
menos por diez genes reloj.
Relojes en todas partes
Años más tarde se descubrieron homólogos de
genes reloj en mamíferos como hámsteres,
ratones y humanos, primeramente en el NSQ y en
otras regiones del cerebro, y después en órganos
periféricos como el corazón, los pulmones, los
riñones y el hígado. Estos genes reloj les confieren a los órganos la capacidad de expresar
funciones circadianas, lo que dio pie a proponer
la existencia de relojes biológicos en todo el
organismo, que en muchos casos parecen tener
ritmos independientes del principal reloj biológico.
Con esta nueva evidencia surge un nuevo
panorama en el estudio de los ritmos circadianos,
pues se propone la existencia de una estructura
circadiana jerárquica, donde el NSQ es el principal
reloj biológico que gobierna la expresión de ritmos circadianos en otros tejidos. No obstante,
ahora se sabe que los relojes periféricos pueden
inclusive sincronizarse con otro tipo de estímulos,
como por ejemplo el alimento proporcionado a
determinadas horas; es por eso que cuando
existe algún daño en el marcapasos maestro, el
organismo tiene la capacidad de continuar sincronizado mediante otros relojes localizados en
diversas regiones del cuerpo. Estos descubrimientos han permitido establecer que la capacidad circadiana es propia de cada célula y, lo más
importante, que esta característica está dictada
genéticamente. Entonces, ¿qué ocurriría si hubiera alguna alteración en los genes reloj?
Cada célula posee la información necesaria para llevar a cabo sus funciones estructurales y metabólicas, la que está codificada en el
ácido desoxirribonucleico (ADN), constituido por
genes que contienen órdenes especiales que
determinan cuándo expresar una proteína,
cuándo crecer o cuándo dividirse. De igual modo,
el ADN posee información para decirle a la célula
cuándo morir en el caso de sufrir alguna alteración. A esto se le llama “muerte celular programada”, o apoptosis, que es un mecanismo de autorregulación para la célula. En
el caso de las mutaciones, la señal de apoptosis en la célula está
dañada o ha sido modificada por algún factor externo, dando por
resultado un incremento descontrolado de su número. A este crecimiento sin control de las células y su acumulación en sitios
específicos del cuerpo se le denomina tumor o cáncer, enfermedad que en los últimos años es foco de atención principal en
los programas de salud pública de todo el mundo.
Genes reloj y cáncer
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, hay más de cien
tipos de cáncer que afectan diversas partes del cuerpo. En el año
2005 murieron 7.6 millones de personas debido a este mal, lo que
representa 13% de las muertes en el mundo. Dicha enfermedad
aparece tanto en hombres como en mujeres, aunque existen ciertos
cánceres que afectan solamente a uno u otro género. Por otra parte,
los reportes indican que más de 70% de las muertes por cáncer
ocurre en los países en desarrollo, donde los recursos para prevenirlo,
diagnosticarlo y tratarlo son limitados o no existen. Aunado a esto, las
cifras de su incidencia no son nada alentadoras, pues se espera un
incremento de cáncer de hasta 45% en los próximos veinte años.
El principal factor para padecer algún tipo de cáncer es la
predisposición genética. Por ello, los científicos se preguntaban si
había alguna relación entre los tumores cancerígenos y los daños
en los genes reloj debido a que existían reportes en los cuales se
mencionaba tanto la replicación circadiana del material hereditario
y la duplicación de las células de mucosas y piel. Por ejemplo, en el
caso de los genes Per, el equipo del doctor Loning Fu, de la
Universidad de Texas, analizó el gen Per2 y su relación con el
desarrollo del cáncer en ratones. Utilizando ratones a los que se les
había provocado una mutación dirigida en el gen Per2, encontraron
que la ausencia de este gen tiene efectos negativos en la regulación del ciclo celular, principalmente al nivel de las ciclinas, las
cuales al parecer están reguladas por Per2. Al carecer de dicho
gen las células no tienen manera de regular su crecimiento ni la
apoptosis, provocando que las células continúen reproduciéndose
sin cesar hasta formarse un tumor. Por otra parte, el doctor ShouTung Chen y sus colaboradores del Departamento de Medicina
Molecular de la Universidad de Taiwán se dieron a la tarea de
determinar la relación que hay entre el cáncer de seno y los daños
en alguno de los genes Per, encontrando una alteración en la
expresión de Per contraria a las muestras de control, la cual ocurría
aun en las células que conformaban los tumores. Lo anterior indica
que la pérdida en la sincronización circadiana se encuentra en las
células y que dicha pérdida es producto de ciertas mutaciones en
el material genético que pueden estar provocadas por variables
ambientales. Un efecto de las alteraciones provocadas por el ambiente en la expresión de los ritmos circadianos se encuentra en un
síndrome conocido como “depresión de invierno”.
Trastornos circadianos
Las variaciones en la cantidad de luz solar modifi-
can de alguna manera el estado de ánimo de las
personas, lo que es evidente en países cercanos a
los polos terrestres, como Canadá, Estados
Unidos, Inglaterra y los países nórdicos. Los habitantes de esas zonas padecen una patología conocida como enfermedad afectiva estacional (SAD, por
sus siglas en inglés), o depresión de invierno, que
es perceptible desde la niñez por síntomas como
fatiga, irritabilidad y bajo rendimiento escolar. En
personas con edades de entre 20 y 30 años, el SAD
se manifiesta como depresión, aumento de peso,
poca motivación, bajo apetito sexual, ansiedad y
dificultad para despertar. Existen tratamientos que
ayudan a las personas con este padecimiento,
asimismo terapias con familiares y amigos para
informarles sobre los cambios en la conducta que
pueden exhibir estas personas, con lo que los
pacientes puedan sobrellevar mejor su condición.
Sin embargo, cuando los síntomas son tan severos
que afectan sus relaciones personales o laborales,
se recomienda el tratamiento con antidepresivos
farmacológicos. El uso de fármacos también es
necesario para combatir otro padecimiento provocado por el desajuste en el correcto funcionamiento de la maquinaria circadiana –el cual se
hace evidente en personas que viajan de continente a continente– conocido como jet-lag. En
estos viajes se atraviesan varios husos horarios de
manera súbita, y una vez que la persona se
encuentra en su destino debe adaptarse forzadamente a las nuevas condiciones de luz y oscuridad.
Como consecuencia de este cambio hay dificultad
para conciliar el sueño, somnolencia e incapacidad
para mantenerse despierto. Estos síntomas no
duran mucho tiempo, pues el organismo se adapta
a las nuevas condiciones en el transcurso de
pocos días, lo que toma aproximadamente 24
horas por cada huso horario recorrido.
Las consecuencias de las alteraciones
en los ciclos circadianos normales del organismo apenas se comienzan a comprender. Un
claro ejemplo son las personas que deben trabajar horarios nocturnos y aquellas otras con
horarios laborales rotatorios, como ocurre con
los médicos, enfermeras, pilotos, controladores
del tráfico aéreo y policías. Si consideramos
que aproximadamente la tercera parte de la
población mundial se encuentra en alguna de
las categorías anteriormente mencionadas, las
alteraciones que sufran en sus ritmos circadianos y las consecuencias de ello pueden
tomarse como un problema de salud pública.
Estudios realizados con este tipo de trabajadores revelan que muestran tendencia a sufrir
o provocar accidentes viales y laborales,
poniendo en peligro sus vidas y las de sus
familiares y compañeros de trabajo; además,
se ha demostrado que son más propensas a
padecer enfermedades gastrointestinales y cardiovasculares, problemas de fertilidad e incluso
cáncer.
Para evitar estos padecimientos existen
diversas alternativas, como hacer que se
expongan a periodos de adaptación a su nueva
condición laboral, así como a pulsos de luz
artificial brillante que puedan sincronizarlos con
su horario normal.
Es por ello que los empleadores, al
igual que los sistemas de salud pública, deben
tomar medidas al respecto, pues se sabe que
tragedias como la ocurrida en la planta nuclear
de Chernobyl o la explosión del transbordador
espacial Challenger de la NASA tuvieron su origen en personas que se encontraban bajo un
régimen de trabajo como el anteriormente
mencionado y que no contaban con el suficiente tiempo de adaptación o de descanso en
sus jornadas laborales. Para tratar estas
alteraciones de los ritmos circadianos en
humanos se está desarrollando la cronoterapia.
¿Crono… qué?
En el tratamiento de las enfermedades es necesaria la adminis-
tración de medicamentos cuyas dosis la mayoría de las veces son
excesivas comparadas con la cantidad necesaria para producir la
recuperación del individuo. Por otra parte, debido a que se conocen los efectos secundarios provocados por ciertos fármacos, en
años recientes se han desarrollado diversas terapias enfocadas a
optimizar las dosis, terapias que reciben el nombre de cronoterapias, las que están dirigidas a combatir ciertas enfermedades
tomando en cuenta el momento circadiano en el cual se encuentre
el organismo, maximizando así las dosis administradas y
reduciendo los posibles efectos secundarios. Como hemos visto,
la alteración del tiempo que pasamos expuestos a la luz provoca
graves efectos en el organismo. Ejemplo de ello es el SAD, anteriormente mencionado. Para su tratamiento existen fármacos que
actúan sobre el sistema nervioso central, pero que tienen efectos
secundarios en el paciente. Debido a ello se ha planteado el
tratamiento mediante la cronoterapia, principalmente mediante la
exposición del paciente a alguna fuente luminosa. Un ejemplo de lo
anterior es un estudio hecho por el doctor John Eagles, del Real
Hospital de Cornhill, en el Reino Unido, en el cual se hace mención
a la necesidad de exponer al sujeto a periodos de luz poco antes
del comienzo de sus actividades a fin de sincronizarlo al momento
de la salida del sol. Dicha exposición debe ser en una “dosis” adecuada, siendo necesario cerca de 10000 luxes (unidad de medida
de la intensidad lumínica) por alrededor de media hora para
obtener el efecto buscado. Estos dispositivos, conocidos como
“cajas de luz”, se ofrecen en la internet a precios de entre 2 mil y 5
mil pesos.
Por otra parte, las consecuencias de la inversión en el
patrón normal del ciclo de luz-oscuridad son igualmente graves; de
hecho, estudios recientes indican que a medida que se incrementa
la duración en dicho cambio, mayor será la probabilidad de que la
persona padezca cáncer. Esto es más evidente en las personas
que trabajan en horarios nocturnos o que deben rotar sus esquemas laborales.
Tomando en cuenta que los procesos fisiológicos como el
metabolismo muestran fluctuaciones en el transcurso de un día
entero, es posible administrar medicamentos en horas específicas,
como se propone en el caso de los anticancerígenos. Actualmente se cuenta con tratamientos como la quimioterapia y la radioterapia,
los cuales poseen baja especificidad ya que, al mismo tiempo que
atacan la enfermedad, afectan órganos sanos y provocan náuseas,
debilidad general y pérdida de cabello, reduciendo así la calidad
de vida del paciente. Aunado a esto, se deben sumar los costos de
los medicamentos en los casos de aquellos pacientes que no
disponen de un sistema de seguridad social, o cuya situación
económica no les permite mantener el esquema de medicación
con regularidad. Sin embargo, conociendo el tiempo adecuado
para el desempeño de los medicamentos, es posible asegurar su
eficacia y reducir las dosis administradas. Es en estos casos en los
que se vaticina un amplio campo de aplicación a la cronofarmacología, considerada como parte de la cronoterapia. Al principio se
hicieron experimentos de observación simple que trataban de relacionar el cáncer con alguna alteración en los patrones circadianos
de los pacientes, debido a que algunos estudios previos mostraban que la mayoría de las personas con esta
enfermedad padecían alteraciones en los ritmos
circadianos de vigilia y sueño. Por ejemplo, en el
año 2000 la doctora Marie-Christine Mormont y
sus colaboradores reportaron que el ritmo de
actividad y reposo es un parámetro para determinar el estado de progresión del cáncer. Así, se
registró este ciclo por un lapso de dos años en
una muestra de doscientos pacientes con cáncer
colorrectal. Los resultados mostraron que aquellos pacientes en los cuales sus ritmos de vigiliasueño permanecían casi sin variación, tenían una
mayor probabilidad de sobrevivir. Esto demuestra
que los ritmos circadianos están íntimamente relacionados con la buena salud de las personas y
que su simple observación es un parámetro confiable en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades como el cáncer.
Sin embargo, se ha demostrado también
que las alteraciones presentes en los pacientes
con cáncer varían dependiendo del tipo de tumor
que se esté desarrollando, la velocidad con que
crece y el momento y las condiciones en las
cuales se tome la muestra. Hasta el momento,
los estudios enfocados a evaluar el efecto de los
fármacos por medio de la cronoterapia tienen
como su principal problema la necesaria toma de
muestras en varios horarios durante el periodo
que dure el estudio, lo que entraña inconvenientes de tipo metodológico.
No obstante las actuales limitaciones, el
uso de la cronoterapia para el tratamiento de
enfermedades está adquiriendo gran importancia dentro del campo de la medicina, sobre todo en el combate al cáncer. Debido a ello, hay cada vez más instituciones como la Organización Europea para la Investigación y el
Tratamiento del Cáncer, uno de los principales organismos que
aglutina a investigadores encargados de desarrollar nuevos
tratamientos contra diversos tipos de tumores cancerígenos. En
dicha institución se realizan estudios de cronoterapia en
pacientes con cáncer colorrectal, obteniendo hasta hoy resultados satisfactorios que nos permiten entender mejor las condiciones circadianas del cuerpo y la capacidad que tiene de
metabolizar los fármacos para obtener un efecto adecuado. Es
así que, tomando en cuenta el estado fisiológico en el que se
encuentre el organismo en ciertas horas del día, se espera una
pronta personalización de los tratamientos contra esta grave
enfermedad, al igual que la reducción de los efectos secundarios
provocados por ellos.
En fin, la cronoterapia, que es ya una realidad experimental, abre las puertas de una nueva era para tratar enfermedades sin reducir la buena calidad de vida del paciente.