Áreas naturales protegidas: ¿realidad o antiguo paradigma?
Yetlaneci Aguilar Domínguez
En la actualidad, son ampliamente conocidas muchas de
las afectaciones ambientales que padece nuestro planeta, siendo algunos de estos temas noticia habitual,
como es el caso del calentamiento global, la emisión de sustancias
tóxicas o las consecuencias del crecimiento demográfico, entre
otros. No obstante, aunque estos son asuntos serios, existe un
problema de mayor magnitud al que nos enfrentamos cotidianamente: la pérdida de la diversidad biológica.
La biodiversidad es la suma total de la vida en el planeta,
nuestra base de recursos vivientes y capital biológico, y su pérdida
es un proceso irreversible. Hoy no sólo enfrentamos la pérdida de
especies individuales, sino la desaparición de comunidades bióticas
y ecosistemas enteros, de los que depende, en última instancia,
nuestra propia supervivencia.
Patrimonio natural de México
México está incluido en la lista de los doce países que poseen la mayor
diversidad biológica, conocidos como países megadiversos; en conjunto, estos países albergan entre 75 y 80% del total de las especies
del planeta. El sureste del país –específicamente los estados de
Oaxaca, Chiapas y Veracruz– es el área más diversa de México y
forma parte de una de las quince áreas críticas de biodiversidad en el
mundo, representando entre 30 y 40% de las especies conocidas.
También la diversidad cultural debe considerarse como parte de la biodiversidad. Al igual
que la diversidad genética o de especies, algunos
atributos de las culturas humanas representan
“soluciones” a los problemas de la supervivencia
en determinados ambientes. Tal es el caso del
proceso de domesticación, logrado por nuestros
pueblos autóctonos, de especies como el frijol, el
maíz, la calabaza, el cacao o la vainilla, que constituyen materias alimentarias de primer orden en
el mundo. Así mismo, hay otros aspectos cruciales que dan importancia a la diversidad cultural, como los del lenguaje, creencias, prácticas
del manejo de la tierra y un gran número de otras
características de la sociedad humana.
Como ya hemos dicho, sin duda alguna
nuestro país es una de las zonas del planeta con
mayor riqueza biológica y cultural; por ello, a
lo largo del tiempo se han buscado diversos
medios para proteger este importante legado de
los mexicanos, siendo uno de los primeros
esfuerzos la creación de las áreas naturales protegidas (ANP en lo sucesivo), las cuales representan actualmente en el país el instrumento de
política ambiental con mayor definición jurídica
para la conservación de la biodiversidad,
definidas desde 1992, durante el Congreso
Mundial de Parques Nacionales y Áreas
Protegidas, como una superficie de tierra o mar
especialmente consagrada a la protección y el
mantenimiento de la diversidad biológica, así
como de los recursos naturales y los culturales
asociados, y manejadas a través de medios jurídicos u otros medios eficaces.
Los obstáculos de las ANP
No obstante, estos sitios especiales de conservación enfrentan un sinnúmero de obstáculos
para su adecuada gestión; entre ellos, la incógnita de cuál debe ser en realidad su enfoque
operativo y de si vale o no la pena crear tales
áreas. Algunos autores opinan que las ANP deben
verse como zonas orientadas en su totalidad a
la conservación de la diversidad biológica sin la
intervención humana; otros opinan que deben
desaparecer, ya que ahora se debe apostar a la
conservación sobre la base de un manejo rural, y
otros más, como un gran número de sus manejadores y en muchos casos los gobiernos, han minimizado la importancia de estas zonas de conservación con
base en que las diversas acciones que se emprenden tienen poco
sustento en las necesidades reales, que denotan una falta de
visión integral y que carecen de la participación de grupos multidisciplinarios para su manejo, tales como el crecimiento de algunos
desarrollos turísticos alrededor de algunas de ellas (como el caso
de Arroyo Moreno en el estado de Veracruz) o la construcción de
amplias carreteras (como en Calakmul, Campeche), por mencionar
sólo algunos. Lo anterior ha generado que en la actualidad
muchos integrantes de la comunidad científica propongan nuevos
paradigmas de conservación (en su mayoría fuera de las ANP), que
en realidad son el rescate de antiguas técnicas de manejo de
tierras, para enfocarse en las necesidades actuales de los seres
humanos, lo cual indudablemente puede ayudar a realizar un
manejo adecuado de diversos ecosistemas y, por lo tanto, asegurar la sobrevivencia de muchas especies de flora y fauna y ofrecer bienestar a las comunidades humanas. Pero, ¿quién nos asegura
que estos nuevos modelos serán la solución de los problemas
ambientales que estamos viviendo actualmente? ¿Acaso estos
nuevos paradigmas no están propensos a colapsar como las ANP
en algunas zonas? Indudablemente es importante hallar nuevas
soluciones; no obstante, ¿qué hay de las ANP que ya existen? Si
bien es cierto que en muchos casos su manejo no ha sido adecuado, la realidad es que están ahí y que requieren una atención
inmediata, no el abandono o el ser usadas sólo como un slogan
publicitario de los logros gubernamentales.
Retos en el manejo de las ANP
Las ANP no deben ser tomadas como esquemas disfuncionales o
como zonas cuya prioridad debe ser únicamente la conservación
de la biodiversidad, pues estas se distinguen por diversos valores
culturales y por ser refugios de flora y fauna, fuentes de sustento
alimenticio y de recreación, entre otros; deben percibirse como
oportunidades de desarrollo, donde se puedan
conciliar la conservación, el aprovechamiento de
los recursos naturales y el mejoramiento de la calidad de vida humana, si cuentan con una administración efectiva, se tienen claros los objetivos de
su creación y, sobre todo, si se las hace funcionales con el trabajo conjunto de diversos sectores, los que pueden encauzar de una forma
adecuada el desarrollo social, económico, cultural
y ambiental dentro de ellas. Definitivamente es
una labor compleja, mas no imposible.
Hoy existen diversos casos alrededor del
mundo que demuestran que esto se puede lograr, y
quizá uno de los más reconocidos es el de Kutubu,
en Papúa (Nueva Guinea), la cual es considerada
como una de las ANP más importantes de aquel país
por las ventajas que ha traído tanto a la Chevron
Corporation, la gran multinacional del petróleo, como
a los habitantes de la región, quienes a raíz de
perseguir un objetivo común y haber tomado decisiones conjuntas en coordinación con el gobierno y algunas agencias como la World Wide Fund for
Nature (WWF), han logrado hacer de esta zona un
ejemplo del manejo y protección de los recursos naturales y la biodiversidad; además, hay registros
actuales de que esa zona de Papúa es hoy uno
de los sitios con mayor riqueza en especies de
orquídeas en el mundo, en el cual se desarrollan
campañas constantes de monitoreo y evaluación de
las condiciones ambientales y socioeconómicas del
lugar.
Indudablemente, las ANP son necesarias
pero no suficientes para preservar la biodiversidad. Las medidas a tomarse sobre las ANP para
el manejo de la biodiversidad deben generar un
cambio de actitudes para conservar especies y
ecosistemas que no riña con la necesidad del
desarrollo social, pero que sí confronte el enfoque actual para lograr su transformación en sistemas de manejo de los
recursos naturales más efectivos, ya que estas zonas de conservación son actualmente una realidad que busca sobrevivir entre
nuevos paradigmas de conservación.
Para el lector interesado
Diamond, J. (2005). Colapso: Por qué unas sociedades perduran y otras
desaparecen. Nueva York: Viking, Penguin Group.
Mittermeier, R. y Goesttsch, P. (1992). La importancia de la diversidad
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Biodiversidad amenazada: Las ecorregiones terrestres prioritarias
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