Revista La Ciencia y el Hombre
Mayo•Agosto
de 2009
REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Volumen XXII
Número 2
Editorial
A la búsqueda del eros en la tecnociencia: bases de una ciencia para el hombre
Psicología, salud, pasión y vida
La cronoterapia: cáncer al compás del reloj
El virus del papiloma humano
Cuidado con el índice glucémico de alimentos!
Tanatología: el proceso de morir
Microacelerómetros para la industria automotriz
La interacción entre abetos y hongos
Enlazando especies exóticas invasoras y educación ambienta
Áreas naturales protegidas: ¿realidad o antiguo paradigma?
Murciélagos en el México de ayer y hoy
RESEÑA
Culturas del Golfo de Fernando Winfield Capitaine
TRADUCCIÓN
“Invasión hiperoceánica” de Carl Zimmer
DISTINTAS Y DISTANTES: MUJERES EN LA CIENCIA
Isabel de Bohemia: luces y sombras de la ciencia cartesiana
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
Tochukaso, el curandero que mata a unos para sanar a otros
 

Áreas naturales protegidas: ¿realidad o antiguo paradigma?

Yetlaneci Aguilar Domínguez

En la actualidad, son ampliamente conocidas muchas de las afectaciones ambientales que padece nuestro planeta, siendo algunos de estos temas noticia habitual, como es el caso del calentamiento global, la emisión de sustancias tóxicas o las consecuencias del crecimiento demográfico, entre otros. No obstante, aunque estos son asuntos serios, existe un problema de mayor magnitud al que nos enfrentamos cotidianamente: la pérdida de la diversidad biológica.

La biodiversidad es la suma total de la vida en el planeta, nuestra base de recursos vivientes y capital biológico, y su pérdida es un proceso irreversible. Hoy no sólo enfrentamos la pérdida de especies individuales, sino la desaparición de comunidades bióticas y ecosistemas enteros, de los que depende, en última instancia, nuestra propia supervivencia.

Patrimonio natural de México

México está incluido en la lista de los doce países que poseen la mayor diversidad biológica, conocidos como países megadiversos; en conjunto, estos países albergan entre 75 y 80% del total de las especies del planeta. El sureste del país –específicamente los estados de Oaxaca, Chiapas y Veracruz– es el área más diversa de México y forma parte de una de las quince áreas críticas de biodiversidad en el mundo, representando entre 30 y 40% de las especies conocidas.

También la diversidad cultural debe considerarse como parte de la biodiversidad. Al igual que la diversidad genética o de especies, algunos atributos de las culturas humanas representan “soluciones” a los problemas de la supervivencia en determinados ambientes. Tal es el caso del proceso de domesticación, logrado por nuestros pueblos autóctonos, de especies como el frijol, el maíz, la calabaza, el cacao o la vainilla, que constituyen materias alimentarias de primer orden en el mundo. Así mismo, hay otros aspectos cruciales que dan importancia a la diversidad cultural, como los del lenguaje, creencias, prácticas del manejo de la tierra y un gran número de otras características de la sociedad humana.

Como ya hemos dicho, sin duda alguna nuestro país es una de las zonas del planeta con mayor riqueza biológica y cultural; por ello, a lo largo del tiempo se han buscado diversos medios para proteger este importante legado de los mexicanos, siendo uno de los primeros esfuerzos la creación de las áreas naturales protegidas (ANP en lo sucesivo), las cuales representan actualmente en el país el instrumento de política ambiental con mayor definición jurídica para la conservación de la biodiversidad, definidas desde 1992, durante el Congreso Mundial de Parques Nacionales y Áreas Protegidas, como una superficie de tierra o mar especialmente consagrada a la protección y el mantenimiento de la diversidad biológica, así como de los recursos naturales y los culturales asociados, y manejadas a través de medios jurídicos u otros medios eficaces.

Los obstáculos de las ANP

No obstante, estos sitios especiales de conservación enfrentan un sinnúmero de obstáculos para su adecuada gestión; entre ellos, la incógnita de cuál debe ser en realidad su enfoque operativo y de si vale o no la pena crear tales áreas. Algunos autores opinan que las ANP deben verse como zonas orientadas en su totalidad a la conservación de la diversidad biológica sin la intervención humana; otros opinan que deben desaparecer, ya que ahora se debe apostar a la conservación sobre la base de un manejo rural, y otros más, como un gran número de sus manejadores y en muchos casos los gobiernos, han minimizado la importancia de estas zonas de conservación con base en que las diversas acciones que se emprenden tienen poco sustento en las necesidades reales, que denotan una falta de visión integral y que carecen de la participación de grupos multidisciplinarios para su manejo, tales como el crecimiento de algunos desarrollos turísticos alrededor de algunas de ellas (como el caso de Arroyo Moreno en el estado de Veracruz) o la construcción de amplias carreteras (como en Calakmul, Campeche), por mencionar sólo algunos. Lo anterior ha generado que en la actualidad muchos integrantes de la comunidad científica propongan nuevos paradigmas de conservación (en su mayoría fuera de las ANP), que en realidad son el rescate de antiguas técnicas de manejo de tierras, para enfocarse en las necesidades actuales de los seres humanos, lo cual indudablemente puede ayudar a realizar un manejo adecuado de diversos ecosistemas y, por lo tanto, asegurar la sobrevivencia de muchas especies de flora y fauna y ofrecer bienestar a las comunidades humanas. Pero, ¿quién nos asegura que estos nuevos modelos serán la solución de los problemas ambientales que estamos viviendo actualmente? ¿Acaso estos nuevos paradigmas no están propensos a colapsar como las ANP en algunas zonas? Indudablemente es importante hallar nuevas soluciones; no obstante, ¿qué hay de las ANP que ya existen? Si bien es cierto que en muchos casos su manejo no ha sido adecuado, la realidad es que están ahí y que requieren una atención inmediata, no el abandono o el ser usadas sólo como un slogan publicitario de los logros gubernamentales.

Retos en el manejo de las ANP

Las ANP no deben ser tomadas como esquemas disfuncionales o como zonas cuya prioridad debe ser únicamente la conservación de la biodiversidad, pues estas se distinguen por diversos valores culturales y por ser refugios de flora y fauna, fuentes de sustento alimenticio y de recreación, entre otros; deben percibirse como oportunidades de desarrollo, donde se puedan conciliar la conservación, el aprovechamiento de los recursos naturales y el mejoramiento de la calidad de vida humana, si cuentan con una administración efectiva, se tienen claros los objetivos de su creación y, sobre todo, si se las hace funcionales con el trabajo conjunto de diversos sectores, los que pueden encauzar de una forma adecuada el desarrollo social, económico, cultural y ambiental dentro de ellas. Definitivamente es una labor compleja, mas no imposible.

Hoy existen diversos casos alrededor del mundo que demuestran que esto se puede lograr, y quizá uno de los más reconocidos es el de Kutubu, en Papúa (Nueva Guinea), la cual es considerada como una de las ANP más importantes de aquel país por las ventajas que ha traído tanto a la Chevron Corporation, la gran multinacional del petróleo, como a los habitantes de la región, quienes a raíz de perseguir un objetivo común y haber tomado decisiones conjuntas en coordinación con el gobierno y algunas agencias como la World Wide Fund for Nature (WWF), han logrado hacer de esta zona un ejemplo del manejo y protección de los recursos naturales y la biodiversidad; además, hay registros actuales de que esa zona de Papúa es hoy uno de los sitios con mayor riqueza en especies de orquídeas en el mundo, en el cual se desarrollan campañas constantes de monitoreo y evaluación de las condiciones ambientales y socioeconómicas del lugar.

Indudablemente, las ANP son necesarias pero no suficientes para preservar la biodiversidad. Las medidas a tomarse sobre las ANP para el manejo de la biodiversidad deben generar un cambio de actitudes para conservar especies y ecosistemas que no riña con la necesidad del desarrollo social, pero que sí confronte el enfoque actual para lograr su transformación en sistemas de manejo de los recursos naturales más efectivos, ya que estas zonas de conservación son actualmente una realidad que busca sobrevivir entre nuevos paradigmas de conservación.

Para el lector interesado

Diamond, J. (2005). Colapso: Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen. Nueva York: Viking, Penguin Group.

Mittermeier, R. y Goesttsch, P. (1992). La importancia de la diversidad biológica de México. En J. Sarukhán y R. Dirzo (Comps.): México ante los retos de la biodiversidad. México: CONABIO.

Mittermeier, R., Myers, N., Robles-Gil, P. y Goesttsch, P. (1999). Biodiversidad amenazada: Las ecorregiones terrestres prioritarias del mundo. México: Conservation International/Sierra Madre/CEMEX.

SEDESMA/CGMA/UV (2007). Programa de manejo del área natural prote- gida de Arroyo Moreno. Xalapa (México): Autores.