Revista La Ciencia y el Hombre
Septiembre•Diciembre
de 2008
REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Volumen XXI
Número 3
Editorial
Cómo se fundó
La Ciencia y el Hombre
La Ciencia y el Hombre
o la recreación del mundo
La Ciencia y el Hombre
a veinte años de andanzas
La Ciencia y el Hombre:
un recuento personal
Tiempos aquellos
La nueva etapa de
La Ciencia y el Hombre
La Ciencia y el Hombre:
eslabón al desarrollo y conocimiento de la ciencia y la tecnología
A los veinte años cualquiera es feliz
Leyendo
La Ciencia y el Hombre
En el aniversario de
La Ciencia y el Hombre
Todos somos responsables...
La Ciencia y el Hombre,
una gran maestra
La Ciencia y el Hombre
celebra entrevistando a notables
ENTREVISTA
Ruy Pérez Tamayo:
Debemos divulgar el espíritu de la ciencia
DISTINTAS Y DISTANTES: MUJERES EN LA CIENCIA
Las mujeres y la ciencia: la historia que faltaba por contar
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
Una gama de curiosidades en el tiempo
Índice general de autores
La Ciencia y el Hombre (2000-2008)
 

EDITORIAL

Algo tendrán los múltiplos del diez cuando les damos tanta importancia. Como es el caso de hoy, en que esta revista cumple veinte años de publicación ininterrumpida. Esta primera meta ha sido, pues, cumplida, aunque restan muchas más que requerirán un esfuerzo similar.

Para celebrar esta ocasión, hemos querido que el número que el lector tiene en sus manos contuviera la perspectiva de muchos de los colaboradores más entrañables, así como la de quien fue su iniciador, de modo que dicho número reflejara fielmente el contento que nos embarga.

En consecuencia, el lector podrá leer en sus páginas la colaboración del doctor José Velasco Toro, Director General de Investigaciones en 1988, quien gracias a sus auspicios hizo posible esta publicación, y participa también su primer director, el maestro Marco Tulio Aguilera Garramuño, que la condujo inteligentemente a lo largo de sus primeros once años de vida. Uno y otro nos hablan, porque los conocieron de primera mano, de los dolores del parto que hizo posible La Ciencia y el Hombre.

No solo ellos, por supuesto. El doctor Manuel Martínez Morales, testigo y a la vez participante privilegiado de la historia de nuestra publicación, hace un breve recuento personal de esa trayectoria, ofrece pelos y señales de la misma y se congratula por este aniversario. El doctor Mario Miguel Ojeda Ramírez rememora igualmente este ya largo camino e insiste en que la divulgación científica es una vía por la que vale la pena transitar si queremos tener los logros científicos que nos merecemos. La doctora Irma Aída Torres Fermán insiste en que leer es fundamental para el hombre, y que leer ciencia es importante para vivir porque se trata de una actividad en la que todos podemos participar y que implica sucesos, acontecimientos y situaciones que ocurren todo el tiempo a nuestro alrededor. A su vez, el doctor Gilberto Silva López nos brinda algunas reglas para cumplir con la tarea del divulgador; hacerlo con propiedad, de manera atractiva e interesante y buscando llegar a una audiencia amplia es, desde su punto de vista, la tarea última de quien se interesa por llevar la ciencia a todos los que se pueda. La divulgación entraña preguntarse el por qué y el para qué de algo –señala en estas páginas el doctor Mario Caba–; este proceso de preguntar retroalimenta directamente al proceso científico, y de hecho es su base; así, nos narra el resultado de esa tarea, que ha sido para él de aprendizaje constante y crecimiento personal. Por su parte, el doctor Mario Vázquez Torres apunta que nuestra revista ha cumplido –y cada vez lo hará mejor– con el encomiable propósito de difundir, divulgar y expandir el conocimiento científico para hacerlo comprensible para una población mayor que la académica, ejecutándose al mismo tiempo la adicción filantrópica de enseñar y educar.

Aída Pozos Villanueva, una de nuestras editoras adjuntas y la responsable de la atinada formación de cada número, nos dice que “La Ciencia y el Hombre está hecha con sentido, con planeación, con cariño de universitarios que a veinte años de trabajo incesante buscan cumplir, satisfacer, desempeñar el papel asignado, esmerándose para mantenernos, ejercer nuestro oficio, descargar la conciencia y mantener nuestra palabra”.

La doctora Alma Cruz Juárez señala que divulgar la ciencia es una meta que hemos compartido todos lo que colaboramos en la revista, de una manera multidisciplinaria, en la que proliferan también las reflexiones históricas, sociológicas y filosóficas sobre aquélla, las que toman en cuenta sus fuertes interacciones y estrecha relación con la sociedad.

Liliana Calatayud Duhalt, editora adjunta y miembro fundadora del equipo editorial en activo hace un recuento pormenorizado de los contenidos de la sección de entrevista; nos habla asimismo de los propósitos de aquella, pues enterarse del anecdotario existencial y profesional de los destacados científicos entrevistados debe alentar a la juventud en formación para comprender las ciencias, uno de los objetivos primordiales de la revista. En otra colaboración, la misma Liliana, testigo privilegiado del surgimiento de La Ciencia y el Hombre, nos ofrece sus autorizadas impresiones sobre su desarrollo.

Los responsables de nuestras otras dos secciones también colaboran en estas páginas. La maestra María Angélica Salmerón, encargada de “Distintas y distantes: las mujeres en la ciencia”, apunta los objetivos de su interesantísima sección y nos habla de todas aquellas mujeres que quieren permanecer en nuestra memoria cotidiana del mismo modo que presentes están en ella Newton o Einstein; La Ciencia y el Hombre –señala– ha permitido que lo que parecía un mero sueño empiece a ser realidad en nuestro entorno, lo que no habría sido posible si no contáramos con colaboradoras de tanto talante como ella misma. Los maestros Heriberto Contreras Garibay y Leticia Garibay Pardo, cuyas colaboraciones en la sección que les corresponde, “Curiosidades científicas”, son ya de larga data, nos hablan del reto que se impusieron de compartir en cada número, a manera de materia prima, la curiosidad como generadora de grandes temas, temas que han abordado acuciosamente en la búsqueda por motivar el interés por la ciencia y la tecnología entre la comunidad universitaria, pero sobre todo en la sociedad de hoy.

En fin, que aun si no fuera por estos veinte años, habríamos de echar las campanas al vuelo, de cualquier modo, para festejar nuestro invariable compromiso, visible en cada número, por hacer de La Ciencia y el Hombre una publicación digna, hecha por una comunidad académica responsable y trabajadora.