El medio ambiente y los límites a la
globalización
Gilberto Silva López
Uno de los lemas publicitarios del filme Soylent Green (que en México tuvo el título de "Cuando el destino nos
alcance"), producida por la Metro-Goldwyn-Mayer en
1973, fue: "E s el año 2022.La gente no ha cambiado. Harán lo
que sea para obtener lo que necesitan. Y necesitan Soylent Verde".
Esta película se basó en una novela de Harry Harrison, dirigida por
Richard Fleischer y actuada por Charlton Heston, Edward G.
Robinson y Leigh Taylor-Young. La película, lanzada de nuevo en
DVD en 2003 por la Turner Entertainment Co., nos presentaba un
mundo del futuro en el que la sobrepoblación, la contaminación y
otros problemas de gran magnitud habían sometido al planeta a
una tremenda presión ambiental. Las tasas de mortalidad eran muy
elevadas debido a este problema, pero la población humana seguía
creciendo a un ritmo incontrolable,
con todo lo que ello implicaba
en términos de demandas,
particularmente de alimento.
Sólo unos pocos ejecutivos y
dueños de enormes corporaciones
mundiales en un
mundo totalmente globalizado
continuaban viviendo cómodamente
en lujosos edificios, con
elevados ingresos y, sobre
todo, a cargo del destino de
millones de personas. Para los
miles de millones que vivían
"fuera", adquirir una fruta, una hortaliza o un poco
de mermelada era algo prohibitivo, imposible de
comprar. El único alimento disponible además del
agua -de dudosa procedencia y calidad-, era
una comida en forma de panes o delgadas placas
rectangulares que se llamaba precisamente
Soylent. Supuestamente, este alimento se
obtenía de la soya (soylent amarillo), de otros
vegetales (soylent azul y naranja) y del plancton
(soylent verde). Pero ¿cómo obtener dosis masivas
de plancton y esos otros productos cuando
los mares, océanos y ambientes terrestres del
mundo estaban deteriorados por la contaminación
y otros problemas? ¿Cómo alimentar a
una población tan enorme? Aparentemente,
estos "amos del universo" económico habían
encontrado la "receta" en el soylent, el cual
estaba hecho a partir de. otro tipo de proteína
animal, por decirlo así.
Sin duda, este filme, exhibido por vez primera hace treinta y tres años, planteaba cosas
que al parecer ocurrirán dentro de unos dieciséis,
y puso a pensar a todos los que tuvimos la oportunidad
de verlo. Pero lo más importante fue
poner en perspectiva que, al ritmo actual de crecimiento
poblacional, y con los problemas
ambientales que nosotros mismos hemos creado
y seguimos creando, la naturaleza difícilmente
podrá satisfacer nuestras exigentes demandas.
Pero esto debe examinarse en un contexto actual.
Un artículo para reflexionar
En el volumen 19, número 2, de abril de 2005, la revista Conservation Biology , una de las más
importantes y prestigiadas en temas relacionados
con la conservación del medio ambiente y la
diversidad biológica, publicó un impactante
artículo titulado "The environmental limits to globalization".
Este trabajo fue escrito por el doctor
David Ehrenfeld, investigador y profesor de la
Rutgers University (New Jersey) y uno de los
ecólogos más destacados de la actualidad. La
premisa del artículo de Ehrenfeld es muy sencilla:
las críticas y lamentos en torno a los procesos de
globalización se han expresado usualmente en
términos socioeconómicos (esto es, desarrollados
vs. subdesarrollados, Norte vs. Sur, explotadores
vs. explotados o ricos vs. pobres); también
se han evocado equivocaciones socioeconómicas,
y por lo tanto políticas, que hacen que
muchos piensen en trabajadores semiesclavos
trabajando en el Tercer Mundo para producir
bienes y servicios para el mundo desarrollado. No
obstante, como subraya su autor, hay otro lado
no político de la situación que demanda la mayor
atención en el siempre cambiante mundo nuestro:
los impactos de la globalización sobre el
medio ambiente. En virtud de la importancia de
este trabajo y este tema, me pareció oportuno
comentar el artículo y hacer partícipes a los lectores
de que "eso" que a veces "vemos de lejos"
(la globalización), está mucho más cerca de
nosotros de lo que pensamos.
Nota del 20 de septiembre del 2005 en el periódico Crónica :
En los últimos 35 años, en coincidencia con la presencia de los gases de efecto invernadero y la elevación de la temperatura
global, se duplicaron los huracanes de gran intensidad, categoría 4
y 5 en la escala de Saffir-Simpson, con los efectos destructivos
que mostró Katrina en la costa sur de EU.
Todo está interconectado
La verdad detrás de este asunto es que los efectos ambientales y socioeconómicos de la globalización están íntimamente interconectados
y son igualmente importantes. Aunque son los efectos
sociales y económicos los que reciben casi toda la atención, los
cambios ambientales traídos o acelerados por la globalización son
fáciles de describir para el futuro. Vale la pena mencionar algunos
de los más importantes:
- El cambio climático y sus efectos están ocurriendo de manera
muy rápida, como lo demuestran diversos estudios.
- La energía barata y otros recursos (por ejemplo agua fresca) continuarán
disminuyendo e irán desapareciendo a un ritmo acelerado.
- Habrá más deterioro agrícola y seguiremos perdiendo más diversidad
genética en los plantíos debido a la deforestación de
bosques y selvas, que son el hábitat de las especies silvestres
parientes de nuestros cultivos.
- La biodiversidad declinará más rápidamente por el daño a los
ecosistemas, y muchas más especies se sumarán a las ya extintas
o en vías de extinción.
- Las especies exóticas dañinas serán más numerosas y su capacidad
como invasoras ocasionará problemas cada vez más graves,
en calidad y cantidad, a las especies silvestres y domésticas.
- Las viejas y nuevas enfermedades de plantas, animales y
humanos continuarán proliferando.
- Muchas de las especies pesqueras de importancia seguirán
extinguiéndose económicamente (y, en ocasiones, también
biológicamente).
En general, cuando por los medios de comunicación nos enteramos
de temas relacionados con la globalización, los argumentos
que se manejan son más políticos que científicos. Estos últimos,
cuando se incluyen, están plagados de errores, omisiones e interpretaciones
equivocadas de los procesos ambientales. Pero cambios
tales como los señalados arriba son reales, muy reales.
Nota del 20 de septiembre de 2005 en el periódico Crónica :
La pérdida masiva por fusión del hielo ártico los últimos veranos puede convertir en irreversible el calentamiento del planeta, lo que
causaría una subida dramática del nivel de los mares, mucho antes
de los pronósticos previos, advierten científicos británicos. El
efecto invernadero está fundiendo el hielo ártico a un ritmo tal que
la región polar absorbe cada vez más calor del planeta, lo que contribuye
a aumentar ese mismo proceso. gracias a los satélites
que observan el Ártico, se ha podido descubrir que las masas de
hielo de esa región del planeta están 18% por debajo de sus niveles
medios tradicionales.
Lo importante y trascendental de debatir
Para muchas personas que no están familiarizadas con los términos empleados y los cambios que impone la globalización, la cuestión se
agrava cuando, como dice Ehrenfeld, los "iluminados" abogados de la
globalización claman que ésta podría proporcionar a los más pobres
residentes de los países más pobres la oportunidad de disfrutar de un
ingreso decente. Por otra parte, los también "iluminados" opositores
aseveran que el daño causado y la brecha creciente
que la globalización origina entre ricos y pobres
sobrepasan las cosas buenas que puede traer.
Ehrenfeld recuerda lo que dijo Al Gore en 2004, al
comentar sobre el callejón político sin salida del calentamiento
global y el actual ritmo al que los glaciares se
están derritiendo: "A los glaciares les importa un
[ beeep ] la política. Solo reflejan la realidad".
Sobre China, por ejemplo, donde se está experimentando la más rápida ola de desarrollo en
relación a la globalización, cabe preguntarse si controlará
ese país la expansión industrial, el consumo
de energía y la contaminación ambiental que traerá
su desarrollo, y si podrán sus autoridades mitigar el
impacto de la rápida industrialización sobre la
escasez de agua fresca. Es evidente la necesidad
de contestar estas preguntas con rapidez. La
ansiedad ambiental es palpable y permanente. Sin
embargo, aunque es difícil que los efectos ambientales
de la globalización se puedan medir mediante
números, sí se pueden encontrar ejemplos.
Nota del 21 de septiembre del 2005 en el periódico Crónica :
La extinción masiva más importante que enfrenta el planeta está bajo nuestras narices: miles de
especies de insectos desaparecen a un ritmo
impactante, 44 mil de ellos en los últimos 600
años, y es probable que el cambio climático y la
depredación de ecosistemas tenga a otros tantos
en el umbral de la extinción. Sin embargo,
pasa desapercibido porque los estudios al
respecto son muy pocos...afirman investigadores
de la Universidad Estatal de Carolina
del Norte [...] El estudio estima que este fenómeno
[...] provocará cambios en los ecosistemas
dado el papel vital que juegan los
insectos en las cadenas de alimentación, el control
de poblaciones de animales y plantas y los
procesos de regeneración de las tierras [...] Una
langosta de las Montañas Rocosas en EU era
tan numerosa en 1800 que se consideraba una
barrera natural contra las malezas. Sin embargo,
la necesidad de los vaqueros por sembrar pastos
adecuados para su ganado, desplazó las
especies que constituían su alimento. La presión
la hizo desaparecer para siempre a inicios del
siglo XX. Nunca desaparece una especie sin que
tenga consecuencia en otras [...] algo parecido a
un efecto dominó.
Efectos y problemas: la desaparición de la
energía barata
De acuerdo con Ehrenfeld, es posible observar los efectos y tendencias principales de la globalización
en tres aspectos: la desaparición de la
energía barata, la pérdida de la biodiversidad
agrícola y la pérdida de especies silvestres. Con
respecto a la pérdida de la energía barata, hay
que tomar en cuenta, en primer lugar, el uso
excesivo de la energía. Sin duda, este exceso ha
sido inevitable una vez que cuatro quintas partes
del mundo al que llamamos no desarrollado
adoptaron el modelo de industrialización, consumidor
de energía, de la otra quinta parte del
mundo: el desarrollado. Los bienes y servicios
que antes eran hechos localmente se empezaron
a transportar por todo el mundo con un tremendo gasto de
energía. Entre otras cosas, esto ha originado un crecimiento extraordinario
en la minería del carbón (y su quema) en muchas partes
del mundo. ¿Qué significa esto para el medio ambiente? Bueno,
tan sólo pensemos en que uno de los efectos de la quema de carbón
es el calentamiento global, que puede traducirse en muchos y
muy variados problemas, incluidos el aumento del nivel de los
mares, la extinción masiva de especies, las pérdidas agrícolas
derivadas de cambios en la temperatura y la precipitación y la
alteración de las corrientes marinas (con cambios climáticos
secundarios), por mencionar sólo unos cuantos. No se pueden
hacer a un lado otros efectos colaterales de la quema de carbón,
especialmente la declinación de bosques y selvas asociada con
un aumento en la deposición de nitrógeno, la acidificación del
agua fresca y de los ecosistemas terrestres a partir de compuestos
de sulfuro y nitrógeno, y un fuerte impacto en la salud
humana debido al aire contaminado. ¡Vaya cóctel de problemas!,
¿no?
La cosa no para ahí. Quienes han buscado fuentes alternativas de energía también están encontrando problemas. La construcción
de presas para producir electricidad sin quemar combustibles
fósiles como el carbón ha originado, y sigue originando, serias
alteraciones en el medio ambiente. ¿Qué significa construir una
presa? La sola construcción implica una fragmentación de canales de
ríos, la pérdida de planicies inundables, zonas riparias y humedales
adyacentes (que, como muestran diversos estudios, contribuyen de
manera clave a mantener la pesca tradicional practicada por miles y
miles de familias en el mundo), el deterioro de ambientes terrestres
irrigados y sus aguas superficiales y el deterioro y pérdida de deltas
de los ríos y estuarios. Pero eso no es todo, pues también ha habido
reducción del escurrimiento de agua a los océanos, cambios en el
reciclaje de nutrientes, impactos sobre la biodiversidad, contaminación
de las cadenas alimenticias por metilmercurio y emisiones de
gas que causan el efecto invernadero.
Pero, ¡atención!, a pesar del carbón y las hidroeléctricas, el petróleo barato que requiere la globalización sigue siendo el principal
problema. Piénsese por un momento en el número de barcos,
aviones, camiones de carga, autobuses, autos, tractores,
cosechadoras, palas mecánicas y motosierras, ¡uf! Sin duda hay
que preguntarse cuántos más se requieren, pues eso es lo que
necesita la globalización [...] ¡Ah, y contenedores de carga para
transportar equipo y materiales a todo el globo! Por si fuera poco,
además se necesita petróleo para procesar el carbón, hacer crecer
y destilar los biocombustibles, perforar los pozos petroleros y ayudar
a construir las plantas nucleares, así como a cavar y refinar el
uranio que las mantiene operando.
Paradójicamente, el calentamiento global causado por esta excesiva quema de combustible está ejerciendo una retroalimentación
negativa en la búsqueda de más petróleo para reemplazar
sus ya mermadas existencias. Un ejemplo de ello es la
búsqueda de petróleo en el Ártico, la cual se ha hecho más lenta
por los cambios recientes en el clima, pues el hielo y nieve que
soportan a los vehículos de extracción ya no tienen la misma
resistencia. Sólo observemos esta cifra: el número de días anuales
en que los vehículos pueden explorar con seguridad en el Ártico se
ha reducido de 187 en 1969 a 103 en 2002, y sigue disminuyendo.
No olvidemos que el petróleo se está acabando. Los geólogos del petróleo estiman un pico de producción en esta década,
pero, ¿y después? Para quienes saben de estas cosas -muchos
de los cuales no las quieren decir-, es claro que ni las reservas, ni
el aceite de petróleo, ni las reservas de alquitrán, ni los biocombustibles
serán económica y energéticamente sustitutos del
petróleo barato. Aún más, como apunta Ehrenfeld, la economía del
hidrógeno y otras soluciones de alta tecnología para reemplazar al
petróleo están llenas de serias dudas sobre su factibilidad y seguridad,
y un miedo realista de que, si es que pueden funcionar, no llegarán
a tiempo o, en el mejor de los casos, no serán suficientes.
Ehrenfeld opina que ni siquiera la conservación de energía que se
puede implementar tecnológicamente
como parte de un estilo de vida
"abstemio", será una "amiga" de la globalización.
¿Por qué? Muy simple, amigo
lector: se reduce el consumo de todo tipo, y
es precisamente del consumo de lo que se
trata en la globalización .
¿Y la energía renovable? La luz del sol, el viento, la energía geotérmica y los biocombustibles,
¿pueden salvarnos? El mismo Ehrenfeld lo ha cuestionado.
Sin duda, es notable lo que los países
europeos (así como en algunas zonas de
Estados Unidos) están realizando en este
sentido. El aprovechamiento y uso de la
energía solar y eólica siguen avanzando,
pero se necesitan desarrollar
más las tecnologías requeridas. Lo que es claro es
que no podrán reemplazar al petróleo al ritmo actual
de uso sin que haya efectos ambientales desastrosos
de manera colateral. Además, estas alternativas
renovables únicamente pueden darle energía a
una civilización no globalizada que consuma poca
energía. ¿Es ese nuestro caso? Para tener una idea
de cómo contestar esto, contemos en primer lugar
el número de equipos y aparatos eléctricos que hay
en nuestros hogares, así como el número de focos
que lo iluminan. También pensemos un momento en
los equipos portátiles que cargamos con nosotros,
incluidos los teléfonos celulares, por supuesto.
Ahora preguntemos a nuestros padres -y sobre
todo a nuestros abuelos- cómo era esto en sus
tiempos, y nos sorprenderá su respuesta.
Nota del 7 de octubre de 2005 en el periódico Crónica :
Además de diluvios, el calentamiento global trae epidemias de malaria y dengue: informe del BM .
[...] El cambio climático y la contaminación ambiental
son las causas de la muerte prematura
de millones de personas en los países en vías de
desarrollo y perjudican el desarrollo económico
en estas naciones. [...] Científicos de EU comprobaron
que la temperatura en el Golfo de
México se elevó
medio grado en los últimos años, lo que induce
huracanes de mayor potencia, que provocan
más pérdidas humanas, damnificados que ven
desaparecer todo su patrimonio y daños a
veces irreversibles a la agricultura [...] (de
acuerdo al Banco Mundial) Oaxaca y Chiapas
son los estados del país con mayor número de
casos de malaria, y Veracruz, Yucatán y
Tabasco sufren cada vez más con los brotes de
dengue, incluido el hemorrágico...
La diversidad agrícola se va, se va.
El segundo aspecto referido por Ehrenfeld es el relativo a la pérdida de la diversidad agrícola, lo que
es considerado como el otro gran efecto de la
globalización. Este es muy comprensible si pensamos
que conforme se venden más semillas
patentadas (de las compañías subsidiarias de las
industrias petroquímicas y farmacéuticas), los
campesinos abandonan sus cultivos tradicionales
en favor de los cultivos de alto rendimiento (y a
favor de semillas dependientes de diversos químicos).
Un caso ilustra lo anterior: en la India, el científico
agrícola H. Sudarshan ejemplificó esto en
2002 diciendo que de las 30 mil variedades indígenas
de arroz que se siembran ahí, la cifra se
reducirá a 50 en los próximos veinte años, algo
verdaderamente lamentable. ¿Podremos encontrar
los genes necesarios para resistir enfermedades y
plagas, adaptaciones ambientales y obtener la calidad
y vigor necesarios en las plantas?
También en los animales domésticos se están perdiendo variedades. Los científicos J. G.
Hall y J. Ruane, en un artículo de 1993, hicieron
evidente que de las 3,831 razas de burros, búfalos
de agua, ganado, cabras, caballos, cerdos y
chivos, 618 se habrán extinguido para fines de
siglo y otros 475 se habrán convertido en
especímenes raros, lo que representa una extinción económica de proporciones enormes. Como es de esperarse,
los países que tendrán más razas serán los menos influidos por los
procesos globalizadores. Pero aun esto puede ser un espejismo que
se transforme de la noche a la mañana. Ehrenfeld lo ejemplifica con
el caso del cerdo criollo de Haití, un cochino narizón, pequeño,
negro, muy adaptado al clima haitiano y con muy bajo costo de
mantenimiento, que representó un sustento para la fertilidad de los
suelos y la economía rural isleña. Como parte de un proceso para
controlar enfermedades e integrar a Haití a la economía hemisférica,
muchos fueron sacrificados en ese "esfuerzo". Para hacer "mejores"
las cosas, los cerdos criollos fueron sustituidos por cerdos de Iowa,
que necesitaban agua limpia, chiqueros techados y alimento importado,
muy caro por cierto. El resultado fue un desastre. Los
campesinos perdieron alrededor de 600 millones de dólares en este
"proceso". Pero el asunto -como todos los de esta naturaleza- no
se detuvo ahí. La matrícula escolar cayó en 30 por ciento, hubo una
declinación tremenda en el consumo de proteínas, una grave
descapitalización y un impacto notorio en el suelo y la productividad
agrícola. Como dijo el entonces presidente Jean Bertrand Aristide al
reconocer el impacto ambiental y social de este tremendo error:
"Para muchos campesinos, el exterminio de los cerdos criollos fue
su primera experiencia de la globalización".
Por otra parte, los "magníficos" métodos agrícolas que requiere la globalización para lograr las cuotas de exportación (y un
muy bajo autoconsumo) han significado un incremento en el uso
de fertilizantes, herbicidas, fungicidas, bombas de irrigación,
equipo mecánico y mucha, mucha energía. Con esto, una buena
acumulación tóxica de sal, nitratos y pesticidas que corren por los
suelos contaminan además el manto freático (agua subterránea) y
llegan a ocasionar la declinación en la población de aves, invertebrados
y parientes silvestres de los cultivos que viven en los
alrededores y que dependen de esa agua.
El caso de la piscicultura rural y marina es similar y nada agradable. Como lo ha hecho notar el científico mexicano Mario
Monteforte, del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste
(20 de septiembre de 2005, periódico Crónica ), la piscicultura
puede representar un grave problema ambiental en nuestro país.
Ha sido mal planeada y ha tenido, por lo tanto, efectos negativos
sobre el medio ambiente. Monteforte, quien ha estudiado esto en
parcelas marinas de la bahía de La Paz, Baja California Sur, señala
que con esta práctica se producen cantidades importantes de
desechos, tanto en forma disuelta (amoniaco, urea y ácido úrico),
como particulada (alimento no consumido, heces). A ello se deben
agregar los remanentes de medicinas usadas para enfermedades
de las especies bajo cultivo, que se vierten al mar, y hormonas y
compuestos aceleradores de crecimiento y peso, aceites, combustibles,
plásticos, sobrantes de material, pinturas antiincrustantes,
líquidos limpiadores y otras cosas. Todo ello, sin considerar
la contaminación genética entre las especies silvestres, la que ha
provocado el escape de especímenes de las jaulas de cultivo.
Adiós, especies silvestres
La pérdida de especies silvestres es el tercer aspecto examinado por Ehrenfeld en su artículo. No es de extrañar, pues la globalización
acelera la extinción de muchas formas. El estar introduciendo
especies exóticas por todos lados se convierte en un
problema para las especies nativas porque las especies exóticas
demandan cuidados y formas de mantenimiento que no comulgan
con el hábitat y requerimientos de las especies nativas. De hecho,
en más de un caso las exóticas y las nativas entran en conflicto, y
para ello basta pensar en el elevado número de coyotes que han
sido muertos por los ganaderos que han invadido sus hábitats con
pastizales. En más de una manera, la globalización es responsable
de los efectos adversos del ecoturismo sobre la flora y la fauna.
Hay que pensar, por ejemplo, en la destrucción del microhábitat de
musgos y líquenes que provoca el escalar paredes montañosas; en
la interrupción del tránsito para especies pequeñas de mamíferos y
reptiles, que causa la apertura de caminos en los bosques y selvas,
o en los daños a zonas naturales que ocasiona la creación de
infraestructura turística. El comercio global promueve el desarrollo,
lo mismo que la explotación de las poblaciones y áreas naturales
para satisfacer las demandas del turista.
También hay que considerar la pérdida de especies ocasionada por la tala, la sobrepesca en ambientes marinos, la construcción
de carreteras y la minería, todas ellas con efectos muy
adversos sobre la flora y la fauna. El mercado de la madera es un
buen ejemplo. En Borneo, más de 55% de las selvas que estaban
supuestamente "protegidas" (muchas de ellas en zonas muy remotas)
fueron cortadas para el mercado de madera en sólo dieciséis
años (de 1985 a 2001).
La introducción de especies invasoras es otro grave problema. Plantas, ostras, hongos,
escarabajos, cabras y chivos, conejos, mosquitos
que originan enfermedades humanas y otras
especies han sido introducidas en ambientes en
los que se han convertido en plagas, invadiendo
hábitats de todo tipo de vegetación y hábitats
desérticos y semidesérticos. Este problema es de
gran magnitud, sobre todo porque ha sido pobremente
evaluado en países como el nuestro. Sin
duda, se requiere al respecto una poderosa regulación
gubernamental, con la ayuda decisiva del
público. La verdad es que muchas introducciones
de especies invasoras no pueden prevenirse, pero
otras sí. Australia y Nueva Zelanda son ejemplos
de trabajo positivo en este sentido, pero en
muchos otros casos los efectos son más sutiles.
Está por ejemplo el caso citado por Ehrenfeld
acerca de una enfermedad por hongos introducida
a través de restaurantes especializados en
ranas, la que se ha propagado al estado silvestre
y ha llevado a la extinción a muchos anfibios en
varios continentes. Otro caso es el de la introducción
de Mycobacterium tuberculosis (la tuberculosis
humana), vía el ganado, en suricatos y
mangostas, mamíferos reconocidos como en
riesgo de extinción.
El futuro de la globalización
Muchos efectos negativos causados al medio ambiente por la globalización son aún desconocidos.
Ante este tipo de problemas, vale la pena
preguntarse: ¿el ritmo de la globalización permanecerá
constante? Los efectos ambientales
que se han examinado sugieren que no. Pensar
que podemos "controlar la situación" es risible
ante la magnitud de algunos de dichos efectos.
La verdad es que nuestras capacidades como
"manejadores de la naturaleza" han sido equivocadas
y peligrosamente exageradas. Las soluciones
ofrecidas -que intentan resolver
problemas específicos pensando siempre en el
corto plazo- no serán la solución en un mundo
natural nada estático, donde todas las relaciones
ecológicas están imbricadas y son por ello tan
complejas. Además, muchos problemas ni
siquiera pueden anticiparse con el diseño de sistemas
de "solución".
Hasta ahora, quienes han predicho la caída de la globalización sólo han dado razones
sociales. Algunos, como sir James Smith en
1994, lo han expresado con oraciones como "es
el pobre en los países ricos el que subsidiará al
rico en los países pobres". Pero, si se colapsa la
globalización, ¿qué le pasará a la gente, la biodiversidad
y los ecosistemas? Un punto de partida
para contestar esta pregunta es considerar que
sobrevivirán a este colapso los países que sean
más autosuficientes en cuanto a sus recursos
naturales, lo que, como uno se puede imaginar,
incluye a varios países de los denominados tercermundistas,
pero no a todos. Especialmente,
pensemos en países en los que diferentes autoridades
y personajes diversos, con poco
conocimiento, siguen recalcando en entrevistas
que "nuestro país es muy rico en recursos naturales",
cuando la realidad que se observa es otra.
En muchos de estos países, se dice y se repite,
hay abundancia de recursos; mientras tanto, los
datos de estudios de campo, de fotografías digitales
y de imágenes de satélite cuentan una historia
diferente: que el ritmo de destrucción no
disminuye sino que, en muchas áreas, aumenta
año con año. Hay que quitarnos la venda de los
ojos: no es lo mismo tener muchas especies que
muchos recursos. Además, muchas, la mayoría,
de estas especies se desarrollan en ambientes
ecológicamente sensibles y, por su naturaleza, no
pueden ser objeto de manejo intensivo. En otras
palabras, ¿de qué riqueza natural se está
hablando en estas entrevistas? Por otra parte, también hay que
tomar en cuenta que muchas especies son adaptables a condiciones
severas en su medio ambiente, incluyendo al pavo silvestre
y al oso negro. Igualmente, que algunos sistemas ecológicos subsistirán.
Pero la debacle de innumerables especies y ambientes sin
duda ocurrirá.
Joseph Tainter, en The collapse of complex societies, escrito en 1988, expuso que "el colapso de imperios pasados
resultó en sistemas humanos menos complejos, de menor especialización
social, menor control centralizado, menor actividad
económica, bajos niveles de población y menor distribución de los
recursos...". Es algo para meditar. Una cosa similar en los ambientes
naturales será segura, como sugiere el mismo Ehrenfeld:
las especies, ecosistemas y recursos que subsistan serán mucho
más pobres ecológica y biológicamente.
Tengamos siempre presente que los problemas sociales y ambientales relacionados con la globalización están fuertemente
imbricados. Si el panorama no luce tan atractivo, ¿qué hacer?
Ehrenfeld propone seis puntos centrales: disminuir el uso de
energía, siempre buscando aprender en el proceso a ser menos
dependientes de la misma; fortalecer comunidades locales y
regionales para que ellos, que son quienes conocen más los ambientes
naturales, tengan una participación vital en su conservación;
restaurar la cultura de preocupación del uno por el otro,
recordando siempre que el problema es de todos, aun de aquellos
que dicen "estar fuera" del mismo porque viven en una ciudad o
cerca de un buen jardín; reducir el comercio global y las finanzas
no esenciales, pues sólo demandan más energía en todos los sentidos;
controlar mejor las introducciones de especies invasoras,
incluidas las patógenas, porque su efecto sobre la naturaleza
puede ser desastroso a largo plazo, para lo cual deben unirse
fuertemente la sociedad y el gobierno, y acelerar la agricultura sustentable,
lo cual puede ser muy difícil debido a que esto va directamente
en contra del punto central de la globalización, que es el
consumo.
Yo añadiría que es muy importante considerar también que las áreas naturales protegidas tienen un valor social per se y no
tienen que usarse como escudo para arreglar problemas de tipo
social y económico que, en primera instancia, no han podido solucionarse
en el 90% de la superficie terrestre que no ha sido protegida.
Hay mucho que meditar y tenemos poco tiempo.