Juan Tonda Mazón: Hay
una necesidad imperativa de
divulgar la ciencia en México
Aída Pozos y Liliana Calatayud
Lo que parece un hecho es que hacer divulgación
es una tarea de segunda, a pesar de los beneficios
que se obtienen con ella.
JUAN TONDA
Juan Tonda es un frenético defensor de la divulgación
científica como una actividad fundamental para el
desarrollo de los países, así como de la digna posición
del divulgador, cuya estatura llega a la del propio científico, y hasta
más, cuando define el monto de capacidades y aptitudes que
deben tener los que pretenden educar a la población en asuntos de
ciencia y tecnología. Su grito desesperado para solicitar más apoyo
a las cúpulas gubernamentales para esta profesión apostólica
cobra vida a través de las páginas de La Ciencia y el Hombre .
Si la ciencia ayuda y enseña a resolver problemas, de los que estamos
plagados –al menos para el caso de México–, y el desarrollo
de un país depende de la ciencia y la tecnología de que disponga,
¿por qué han sido marginadas como cultura general en el nuestro?
En los últimos años, el apoyo a la ciencia y a la tecnología
no ha aumentando sustancialmente, y en algunas ocasiones
incluso se ha reducido, como ocurrió el año pasado. El apoyo a la
ciencia y la tecnología parece que depende más de una decisión
política que de un compromiso real con el desarrollo del
país. Una de las razones de lo anterior estriba en la poca
cantidad de científicos y técnicos que tienen
acceso a la política del país y, para ello, no
hay más que ver que los científicos y
técnicos no dirigen la política científica
y tecnológica y que generalmente
quedan relegados; esto es muy ilustrativo de lo que le importa la ciencia y
la técnica al gobierno.
Por otro lado, y tal vez lo más importante,
se privilegia la investigación y la formación de
estudiantes y se hace a un lado la divulgación y la
enseñanza científica y tecnológica. Estas áreas
son fundamentales porque establecen un puente
entre la educación y la cultura con el resto de la
sociedad. Los libros que escriben divulgadores y
maestros, por ejemplo, llegarían a millones de
mexicanos, ayudándolos a acercarse a la ciencia
y la tecnología.
La razón fundamental de la marginación
de la ciencia, de la cultura en la sociedad se debe
al escaso o nulo apoyo que ha recibido del gobierno,
con excepciones notables, como algunas
áreas de la Secretaría de Educación Pública, el
Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y
algunas universidades. Sin embargo, el Concejo
Nacional de Ciencia y Tecnología ha excluido a la
divulgación de sus apoyos fundamentales, como
no sean su revista y sus programas, o algunos
apoyos puntuales a sociedades científicas y a la Semana Nacional de
la Ciencia. Pero no existe una política nacional ni
estatal que apoye abiertamente las actividades de
divulgación y educación científica y tecnológica.
Hasta ahora se han privilegiado el comercio
y la economía y se han abandonado la educación
y la cultura, y de lo anterior no escapa
ninguna corriente ideológica.
La ciencia, pues, como ajena a la cultura general
de una sociedad es una idea muy arraigada.
Usted, como Premio de Divulgación de la Ciencia
1997, dice que la población ve a la ciencia como
mito. ¿Qué hacer para vencer ese mito? ¿Cómo
estimular la cultura científica en nuestro país?
En general, se ha formado una imagen
social del científico y técnico mexicanos como personas
de gran inteligencia, pero deshumanizadas
e inaccesibles para el resto de la sociedad. La
mayoría de los mexicanos tiene un gran respeto
por los científicos y los técnicos, pero a la vez los
ve alejados de sus personas y de su vida cotidiana
porque no saben qué hacen estos ni entienden su
trabajo. En este sentido, se ha hecho un mito de
los científicos y de los técnicos.
Para luchar contra ese mito, por ejemplo,
desde hace veinte años se formó la Sociedad
Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la
Técnica (Somedicyt), en la cual una especie
nueva llamada “divulgadores” ha trabajado para
llevar la ciencia y la técnica a grandes sectores de
la población, de manera que motive al público en
general a acercarse a la ciencia, a entender cómo
trabaja y cómo piensa un científico.
Para acercar a la población a estas áreas
del conocimiento hay que apoyar a los divulgadores
en todos los ámbitos, y muy particularmente
en las universidades; es decir,
considerarlos como académicos de las universidades
y concederles el “grado” de divulgadores,
y no como hasta ahora se ha hecho: como personas
cuyo trabajo no tiene valor académico. Por
otro lado, para cambiar esta situación es necesario que haya personas
comprometidas con llevar la ciencia y la técnica a la
población y que en los diferentes medios de comunicación se
abran espacios para la divulgación.
Finalmente, hay que entender que los divulgadores no son
científicos o técnicos fracasados sino todo lo contrario: son personas
que contribuyen a desarrollar la cultura y la educación en
nuestro país.
¿Cuándo es que se separa el arte de la ciencia, si en sus inicios se
consideraban y difundían como una sola entidad?
El arte y la ciencia se empezaron a separar en los inicios
del siglo XX , con la creación de carreras universitarias cada vez
más especializadas y programas de estudio cada vez más divididos
en diversas áreas del conocimiento. Estos cambios ocurren en
todos los niveles, desde la educación formal básica hasta el posgrado,
en donde no se relacionan de manera natural las disciplinas.
Basta ver los libros de texto gratuito, en los que cada
disciplina está aislada y no existe ninguna conexión entre ellas;
está el libro de ciencias y, por otro lado, el de español, donde se
incluye a la literatura. La literatura, al parecer, es la única área del
arte que cuenta en la educación formal, pero la música, la pintura,
la arquitectura, el diseño y el cine, por sólo mencionar algunas,
prácticamente no existen en nuestra educación formal, como no
sea como meros adornos. Así que la separación la hacemos todos
los días en la enseñanza formal. Pero, ¡oh, sorpresa!, cuando crecemos
nos damos cuenta de que todas nos interesan como personas
y que están muy ligadas entre sí.
En su experiencia, ¿cree que las nuevas generaciones están
interesadas en la ciencia?
En mi experiencia, creo que las nuevas generaciones están
muy interesadas en acercarse a la ciencia y a la técnica. Y lo anterior
se ha visto, por ejemplo, en el interés que tienen para los estudiantes
las revistas y los canales de televisión dedicados a la
ciencia.
Creo que la labor que hemos hecho en el campo de la divulgación
no ha sido en balde, y que en muchos casos las nuevas generaciones
se han acercado a la ciencia a través de la lectura de
revistas, libros, programas y museos que antes no existían. Sin
embargo, dicho interés también tiene que traducirse en hechos concretos
y que quienes se dediquen a la investigación, la educación y la
divulgación científica y tecnológica puedan vivir decorosamente de su
trabajo. De nada nos sirve formarlos si cuando terminen se encuentren
con que no tienen cómo vivir de su trabajo, y que digan: “Sí, yo
soy un excelente divulgador, pero para vivir he tenido que poner un
puesto de zapatos o manejar un taxi”.
¿Qué materiales recomendaría para iniciarse en la adquisición de
una cultura científica general?
Creo que para acercarse a la divulgación e iniciarse en una
cultura general, las revistas de divulgación son un buen medio. Y
recomendaría la revista ¿Cómo Ves? de la UNAM como ejemplo de
una revista dirigida a un público más amplio que otras revistas universitarias
de divulgación. También existen algunos periódicos,
como La Jornada , Milenio , Reforma y El Universal , en los que se
pueden hallar artículos de divulgación de buena calidad, o museos
de ciencia y programas de conferencias como los “Sábados en la
Ciencia”, que también posibilitan un contacto directo con el
conocimiento científico. En las Bibliotecas del Aula y en las
Bibliotecas de la SEP hay materiales de divulgación que no solo sirven
para los iniciados sino para muchos otros lectores, y hay libros
de divulgación que deberían leer todos los universitarios.
Para acercarse a la divulgación existen libros de grandes
divulgadores internacionales y mexicanos en diferentes temas. La
lista es muy amplia. Mencionaré algunos de los que son más conocidos:
Geoge Gamow, Isaac Asimov, Carl Sagan, Stephen Jay
Gould, John Gribbin, Richard Dawkins, Martin Gardner, Douglas
Hoffstander y Steven Weimberg. En el caso de México, Julieta
Fierro, José de la Herrán , Shayen Hacyan, Sergio de Régules,
Horacio García, Ana María Sánchez, Gloria Valek y yo mismo.
Cada vez es más frecuente observar que en diferentes medios de
comunicación se difunde mucha pseudociencia o falsa ciencia.
¿Cómo competir con esta desinformación que, incluso al ponerse
de moda, está educando de manera equívoca a una sociedad
científicamente analfabeta?
Es un problema muy serio el observar cómo las pseudociencias
acaparan el interés de las mayorías y el espacio que se les
destina en los medios. El problema fundamental vuelve a ser la
falta de apoyo a la divulgación y el poco compromiso del gobierno
con la educación y la cultura. Es un hecho que no se puede censurar
a nadie. Pero dejar que las pseudociencias tengan más espacios
que las ciencias en los medios de comunicación es un error. Y
en eso los propios medios y el gobierno tienen
una responsabilidad directa. A través de las
pseudociencias, los medios y los gobiernos
obtienen grandes ganancias que no se destinan a
la educación y la cultura de la sociedad. En cambio,
estas últimas le cuestan a los medios y al
gobierno. ¿Usted qué haría? Parece que algunos
han escogido la solución fácil, mientras que otros
preferimos la más compleja.
El problema fundamental es el papel que
asumen los medios ante la educación y la cultura
de la sociedad mexicana; no puede ser únicamente
un spot de “Bécalos” de treinta
segundos contra muchas horas de basura.
Resulta ser como las campañas del Teletón, que
no son más que limosnas mediatizadas e institucionalizadas,
en lugar de que el gobierno y los
medios asuman el papel que realmente les corresponde
en esos problemas, y ese papel es el
de destinar los apoyos y espacios en los medios
de comunicación necesarios para la educación y
la cultura.
Sin embargo, algunos divulgadores piensan
que es muy difícil competir con las pseudociencias
porque estas ofrecen una respuesta
inmediata para todo, cosa que la ciencia no
ofrece. La ciencia duda y la pseudociencia no
duda. La ciencia no ofrece una solución definitiva
y la pseudociencia sí lo hace. La ciencia no
ofrece la solución última a nuestros problemas
pero sí la pseudociencia. En otras palabras, es
difícil competir contra alguien que tiene respuestas
para todo. La ciencia no las tiene y avanza
poco a poco. Y en este terreno la pseudociencia
se acerca al fanatismo, a las creencias personales,
a las respuestas únicas que son difíciles de
combatir sin educación ni cultura.
La lucha contra las pseudociencias no se
puede dar únicamente combatiendo sus falacias,
lo que puede resultar en una lucha estéril si no se
cuenta con el apoyo de los medios y del gobierno
para la educación y cultura científicas. No
podemos caer en el juego de las pseudociencias,
pero sí defender los logros del conocimiento científico
aun cuando sabemos que la ciencia se
equivoca, duda y avanza paso a paso. En principio,
es una lucha desigual porque muchos
quieren encontrar respuestas inmediatas a sus
problemas, las que no proporciona la ciencia.
¿Debemos trabajar ya en la divulgación de la ciencia, o
deberíamos empezar por conocer y aprender las herramientas
adecuadas para divulgar? ¿Cuál es el estado del conocimiento
para divulgar en que nos encontramos en México?
Creo que hay que hacer ambas cosas. Por un lado, el ser
humano nunca se cansa de aprender y aprehender. Y el mejor divulgador
siempre tiene que aprender más. Entre más sé me siento más
ignorante. Esa es una posición humilde y muy sabia. Pero no por ello
podemos decir que no hemos avanzado, aunque sea un poco.
En la actualidad, tenemos que trabajar más en la divulgación.
Y quienes no saben nada de ella tienen que practicarla
para que no sufran tanto como los primeros divulgadores; que
aprendan lo que pueden enseñar a los que tienen cerca y a los
que han avanzado un poco más. Hoy existe una pequeña comunidad
de divulgadores que puede aportar sus conocimientos a
quienes deseen recorrer este camino.
La divulgación en México es una de las mejores de
Hispanoamérica y ha destacado considerablemente. Tenemos una
tradición moderna de casi cuarenta años. Existen áreas en las que
hemos sobresalido y otras en las que nos falta aprender. Por ejemplo,
en revistas tenemos una gran tradición y experiencia. Hay revistas
de divulgación mexicanas que principiaron antes que otras
revistas ya muy conocidas en el ámbito internacional. Un ejemplo de
ello es la revista Naturaleza , que comenzó a publicarse en 1970.
¿Considera la Internet y los medios electrónicos como buenas
herramientas para la divulgación? ¿Están realmente siendo utilizadas
para difundir o divulgar, o se han convertido finalmente en
un medio elitista?
Los nuevos medios de divulgación, como la Internet , son
fundamentales para la divulgación; sin embargo, tienen varios
problemas. En el caso de México, el acceso a las computadoras y
a la Internet todavía no ha llegado a la mayoría de la población;
debe estar en alrededor de treinta por ciento, lo que significa que
una buena parte de aquella no tiene acceso a tales medios. Pese a
lo anterior, en las universidades pensamos que todos son iguales a
nosotros, donde si no tenemos una computadora e Internet estamos
aislados. También se trata de un problema económico.
Pensemos nada más cómo se conecta una comunidad rural al servicio
de Internet. ¿Cuánto nos cuesta este servicio y cuánto modernizar
nuestra computadora y sus programas?
Por otro lado, a pesar de nuestras creencias de que la
Internet debe ser un servicio universal y gratuito para las grandes
mayorías, tenemos que ver el otro lado de la moneda. Quienes
hacen las páginas tienen que vivir de algo. ¿Quiénes les pagan a
ellos? ¿Las páginas son de buena calidad? Uno supone idealmente
que la información ya está ahí mágicamente, pero alguien
(léase un ser humano) la tuvo que “subir”.
Creo que la Internet y los medios electrónicos pueden ser
una forma excelente para divulgar y educar, pero que para hacerlo
con calidad también se requiere invertir recursos y contar con profesionales
preparados en el medio. En muchos casos, a este tipo
de medios electrónicos les ocurre lo que al cerebro, del que únicamente
se aprovecha el diez por ciento de sus capacidades.
Los libros y las revistas han estado con nosotros durante
cientos de años. Son medios que no requieren más que saber leer
y son de acceso gratuito en las bibliotecas públicas. Se pueden
leer y consultar en cualquier lugar y no dependen de ninguna tecnología
más que la que se requiere para producirlos. En cambio,
las nuevas tecnológicas de cómputo se tienen que cambiar
o modernizar aproximadamente cada cuatro años. Los
medios de almacenamiento se vuelven obsoletos
a la misma velocidad. En los últimos treinta años
hemos cambiado del disco de 5 pulgadas al
disco de 3.5 ; después, al disco compacto o
CD , al DVD , al USB y ahora al disco externo.
¿Estará almacenada toda la información
generada hasta hoy? ¿Cuánta se
perderá al paso de los años?
Finalmente, creo que medios
como Internet son útiles para obtener
respuestas rápidas a nuestras consultas,
así como un gran medio en el caso de
las enciclopedias y diccionarios.
Sin embargo, pienso que los
medios impresos tienen grandes
virtudes y que será muy difícil
que desaparezcan.
Si bien resulta imperativa la creación de
entidades encargadas de preparar divulgadores
de la ciencia, ¿qué se está
haciendo en México en esta área?
En México ya existen diplomados,
maestrías y doctorados en divulgación y comunicación
de la ciencia. Destacan los diplomados
que ofrece la Dirección General de Divulgación de
la Ciencia ( DGDC ) de la UNAM , el que ofrece la
Universidad del Claustro de Sor Juana y la
Escuela de Periodismo “Carlos Septién”. También
están las maestrías en Comunicación de la
Ciencia que ofrece el ITESO , en Guadalajara, y la
DGDC en la UNAM . Por otro lado, instituciones como
la Somedicyt y la misma DGDC ofrecen talleres
para preparar a los interesados en la divulgación.
Se han impartido muchos cursos destinados a los
investigadores en diferentes universidades del
país.
En el extranjero es posible estudiar posgrados
en divulgación en muchas universidades de
España, Inglaterra y Estados Unidos.
¿Qué perfil debe tener el divulgador de la ciencia?
Un divulgador, en primer lugar, debe de ser
una persona comprometida con llevar el
conocimiento científico y técnico al resto de la
sociedad. Este requisito parece obvio, pero muchos
científicos sucumben después del primer esfuerzo.
Tres características que considero indispensables
para un divulgador son las siguientes:
tener una cultura científica y técnica general
(conocimientos generales de matemáticas, física,
química, biología, medicina, ingeniería, historia y
filosofía); saber escribir bien y conocer los elementos
fundamentales de la comunicación, así como
dominar uno o varios medios de comunicación y
sus características intrínsecas, y, finalmente, tener
una sensibilidad artística, lo que se puede traducir
en una cultura audiovisual y literaria que supone
conocer de arte: literatura, pintura, diseño, cine y
multimedios.
Además de estos requisitos muy
esquemáticos, el divulgador tiene que tener claro
a quién se dirige cuando comunica sus mensajes,
y la característica que considero más importante
es la de motivar a su público o, en el caso de los
medios escritos, a sus lectores. Evidentemente,
estas son características que se adquieren poco a poco, pero
aunadas a las capacidades creativas de cada quien, son ideales.
Para terminar, un divulgador debe tener claro que su tarea
fundamental es generar “productos” de divulgación, formar a
nuevos divulgadores e investigar sobre la divulgación.
Si consideramos que a los universitarios ya les es accesible el
conocimiento, ¿a quiénes debemos divulgar la ciencia entonces,
aún tratándose de revistas universitarias?
Los niños y los jóvenes son el sector prioritario a los que
debemos dirigir nuestros esfuerzos para divulgar la ciencia y la técnica,
simple y sencillamente porque se trata de educar y llevar la
cultura a la mayoría de la población. Pero llevar a cabo esta tarea
es algo más complejo de lo que pensamos y requiere experiencia y
profesionalización.
En México, la mayoría de revistas de divulgación que se
publican están dirigidas a un público universitario y las realizan las
universidades.
En el terreno de las revistas universitarias de divulgación
existe una terrible paradoja, y es el límite que hay entre investigación
y divulgación. En la mayoría de los casos los investigadores
que publican en revistas de divulgación universitarias quieren que
sus artículos se consideren de investigación, pero, por otro lado,
se enfrentan a la terrible realidad de las revistas indizadas internacionalmente.
En otros casos, hay muchos investigadores que
sufren porque sus artículos en revistas universitarias de divulgación
no tienen el mismo valor que la publicación en revistas especializadas
de prestigio internacional.
El problema de fondo es casi ezquizofrénico. El prestigio
de los investigadores y sus apoyos de parte del gobierno dependen
de que publiquen en revistas destacadas, mientras que los
investigadores y alumnos de la universidad no saben qué hace su
propia comunidad, labor a la que se dedican los divulgadores universitarios
y que, en términos prácticos, no cuenta absolutamente
nada; es como si acrecentar la cultura de los maestros, investigadores
y divulgadores de la propia universidad careciera de valor.
Los artículos de divulgación en las revistas universitarias no cuentan
en la misma proporción que los de investigación, a pesar de
que desempeñan una función fundamental para alumnos, maestros
e investigadores. Y a quienes se dedican a publicar revistas
universitarias de divulgación se les considera como personas de
segunda, a pesar de la gran labor que llevan a cabo para la universidad.
Así que el sistema de evaluación de las publicaciones universitarias
de divulgación no es el más adecuado y debe modificarse
para incluir y valorar académicamente ese trabajo. Porque la valoración
de la ciencia y la técnica en México está mal entendida y debe
corregirse. Los divulgadores universitarios realizan una labor sin
precedentes para aumentar la cultura en su propia universidad y la
repercusión de su trabajo en todos los sectores de la comunidad es
de grandes dimensiones. Es una labor que debiera tomarse en
cuenta. Publicar un artículo de divulgación debe ser igualmente
valioso que publicar en una revista especializada de prestigio internacional.
A muchos investigadores les he puesto un reto: “Expliquen
la teoría de la relatividad a los niños y jóvenes en un artículo”. Si lo
logran, me quito el sombrero ante ellos. Y es que para mí ese
artículo será igual de valioso que uno de investigación.
Lo que parece un hecho –como digo antes– es que hacer
divulgación es una tarea considerada de segunda, a pesar de los
beneficios que se obtienen con ella. Por fortuna, millones de niños
y jóvenes ya se benefician del trabajo de los divulgadores, pero
hace falta un mayor esfuerzo.
¿Qué papel desempeña la educación informal en la divulgación
científica, esto es, la enseñanza de la ciencia a través de los
museos, por ejemplo?
La educación informal –a la que yo he llamado
“complementaria”– desempeña un papel
fundamental para educar a la población. Nuestro
país tiene un promedio de educación de tercero
de secundaria. Y más allá de eso no hacemos
nada para educar a nuestra población. Mi propuesta
concreta es que tal educación se haga a
través de todos los medios de comunicación y
que se aproveche la divulgación. Para ello, los
divulgadores podemos hacer mucho para elevar
el nivel de educación y cultura de la sociedad. Y lo
hemos demostrado en la práctica.
La propia SEP ha aprovechado el trabajo
de los divulgadores de la ciencia y en sus bibliotecas
está el trabajo que han desarrollado para
acrecentar nuestra cultura en las áreas de la ciencia
y de la técnica. Tan solo en la DGDC de la UNAM
se han publicado 2.5 millones de libros de divulgadores
mexicanos, que llegan a los niños y
jóvenes de las escuelas públicas.
Los museos de ciencia y técnica representan
una labor fundamental. Tal vez no serán
los mejores maestros, pero sí desempeñan un
papel de gran valor para motivar a los estudiantes
a acercarse al estudio profundo de las ciencias.
Más aún, existe un debate sobre los mejores
medios para acercarse a la ciencia y a la técnica,
pero a pesar de ello los museos ocupan un lugar
importantísimo.
Pensemos en que hace treinta años no
existían museos de ciencia y técnica. Pero hoy
hay en México alrededor de treinta en las diferentes
localidades del país, si bien en países
como Estados Unidos existen más de trescientos.
La labor de los museos de ciencia no solo
es benéfica para las nuevas generaciones sino
esencial. A nadie se lo olvida la visita a un
museo. Y no sólo los museos de ciencia sino
cualquier museo. Es una prioridad nacional que
todos los estudiantes conozcan sus museos y
que salgan de su escuela para conocer el arte, la
ciencia y la técnica de su país. La visita de todos
los estudiantes a los museos debe ser una
política nacional, así como también apoyar con
recursos económicos tanto la visita a los
museos como la construcción de nuevos.
Solo los gobiernos que no están interesados
en fortalecer la educación y la cultura de
México pueden dejar de apoyar a los grandes
museos de México. Muchos museos mexicanos
viven y se sostienen gracias al apoyo que se les
otorga a través del pago de la visita de los estudiantes.
Y más vale que continúe dicha política,
porque si no muchos museos tendrán que cerrar.
Y también hay que señalar las diferencias entre
un museo público y uno privado, diferencias que
no necesariamente responden a la calidad y creatividad.
¿Cuál es la cultura que se tiene en México sobre
los científicos-divulgadores? Porque tal parece
que en lugar de ser complementarias son dos
actividades separadas, y una de ellas marginada.
¿Cuál es la
postura del científico-académico mexicano ante el trabajo de divulgador?
La cultura científica y técnica mexicana cree que los científicos
son únicamente los investigadores. Yo afirmo que tanto los
divulgadores como los maestros de ciencia y de técnica son científicos
y forman parte de la comunidad científica y técnica. Y ese es
el debate.
Hasta ahora, para el Conacyt solo existen los investigadores
y los estudiantes que quieren formarse para llegar a ser
grandes investigadores. Pero existe una pequeña comunidad
constituida por los maestros que enseñan ciencia y técnica en
todos los niveles, y una comunidad más pequeña aún que se llama
la de los divulgadores. Ambas comunidades son esenciales para
desarrollar la ciencia y la técnica nacionales. La de los divulgadores
es manejable, porque somos muy pocos, pero la de los maestros
de ciencia y técnica representa grandes retos.
Existe una clara disparidad entre las políticas de investigación
y las de divulgación. Y depende sobre todo del escaso
apoyo que se ha otorgado a la divulgación y la poca valoración
académica que se otorga al trabajo de los divulgadores. Sin
embargo, existen investigadores que son grandes divulgadores, así
como investigadores que son conscientes del trabajo de los divulgadores
y que lo apoyan en la práctica. En algunas universidades
como la UNAM , el trabajo de los divulgadores sí se considera un trabajo
académico, lo cual establece un parteaguas. Es la primera
universidad en el país que reconoce a los divulgadores como
académicos. Valdría la pena que muchas universidades siguieran
su ejemplo.
El grado de dificultad para escribir un artículo científicoacadémico
y uno de divulgación es el mismo, pero en
los organismos calificadores como el SNI no se
acreditan de igual manera. ¿Cómo se
ha manifestado el gremio de
divulgadores científicos a ese
respecto?
El valor de un artículo de
divulgación debe ser igual que el
de un artículo de investigación,
siempre y cuando ambos sean de
calidad. Y para ello, al igual que
los pares en la investigación
son los mejores evaluadores de la investigación, en el caso de la
divulgación los pares de la divulgación son los que mejor pueden
evaluar su calidad.
Lo triste es que en el SNI no están los divulgadores ni los
maestros de ciencia, y tampoco –como creadores– en el
Conaculta. Es una asignatura pendiente que debe resolverse de
inmediato, porque el resultado concreto es que los divulgadores no
tienen apoyos a pesar de su destacada labor en la educación y la
cultura mexicanas.
Lo que parece claro es que no hay un compromiso concreto
de ningún partido político en México por la educación y la
cultura, y que en todos los ámbitos se hacen pequeñas obras que
reditúan políticamente, pero que no atacan los problemas fundamentales
en estas áreas, uno de los cuales es que quienes hacen
divulgación y se dediquen a la enseñanza de la ciencia y la técnica
vivan bien y reciban plazas y apoyos económicos.
Como divulgador y como eje central de la colección “La ciencia
para todos”, ¿cuál es el grado de abstracción o simplicidad pertinente
en el tratamiento de un tema para que sea “para todos”?
“La ciencia para todos” no es una colección que sea para
todos, y en ella se ha visto una gran disparidad. Es una colección de
escritos de los investigadores, en la cual se ha puesto de manifiesto
quiénes son los que sí pueden dirigirse al gran público y quiénes no
se pueden bajar de las nubes. Hay textos totalmente inaccesibles
para las mayorías, a pesar de que quienes los escriben son destacados
investigadores. Pero también hay grandes libros de divulgación
hechos por notables investigadores, como José Sarukhán, Shayen
Hacyan, Julieta Fierro y José de la Herrán.
Mi punto de vista es que esa colección debe abrirse a
divulgadores distinguidos. Espero que el Fondo de Cultura
Económica, la gran editorial de México, rescate a los grandes divulgadores
que no son investigadores, por el bien de México y del
propio Fondo. Será muy penoso que no los incluya.
En su opinión, ¿qué medio ha sido realmente efectivo para divulgar
ciencia? ¿Se tienen indicadores de efectividad?
En mi opinión, las revistas y los libros de divulgación son el
medio más efectivo para divulgar la ciencia y la técnica. En segundo
lugar está la televisión y en tercero la Internet. En una investigación
que realicé en 2004 con estudiantes, maestros e investigadores de
física, las revistas de divulgación desempeñaron un papel
fundamental
para que los estudiantes se acercasen a la ciencia.
Como usted afirma, se destinan muy pocos recursos
en México a la investigación, pero para la
divulgación estos son todavía muy escasos e
incluso, en ocasiones, nulos. ¿Qué iniciativas
actuales se han promovido para levantar la voz a
este respecto?
Si para la investigación existen apoyos,
aunque escasos, para la divulgación no los hay.
Las iniciativas son las de la Somedicyt , sociedad
que todavía no cuenta con un apoyo concreto del
Conacyt. Hoy la AMI tiene un apoyo, pero la principal
sociedad de los divulgadores, todavía no
cuenta con ese apoyo del Conacyt. Si no lo tiene,
los divulgadores lucharemos para que se nos
tome en cuenta. Muchos divulgadores están hartos
de que no se apoye a la divulgación institucionalmente
y no se considere a los divulgadores
como académicos, con los mismos beneficios
que tienen los investigadores y maestros.
¿Qué políticas públicas necesitamos para hacer
más eficiente la labor del divulgador científico a fin
de que este conocimiento llegue con más efectividad
a la población?
Apoyar a los divulgadores que desarrollen
proyectos de calidad. Y destinar un presupuesto
para apoyar a los divulgadores. Repito: la actual
política de la ciencia no apoya a los divulgadores
porque no se les destina un presupuesto.
¿Cuál considera que es el panorama actual para
las editoriales dedicadas a la divulgación de la
ciencia?
El problema es el apoyo a la cultura y a la
educación. El Conacyt no ha apoyado el desarrollo
de la cultura y de la educación científica y
tecnológica de este país. Y los divulgadores
deseamos que esta situación cambie por el bien
general.
Las editoriales mexicanas dedicadas a la divulgación son
muy pocas y en los últimos años se ha reducido el presupuesto
para la compra de libros por parte del gobierno, lo que ha causado
que algunas editoriales tengan que desaparecer. Únicamente instituciones
como la SEP , en el área de educación básica, y el
Conaculta han otorgado un apoyo efectivo a los divulgadores; pero
dicho apoyo debe continuar e incrementarse para que los editores
y los autores de divulgación puedan crecer.
Hace veinticinco años el Conacyt tenía cincuenta librerías
de textos de divulgación por todo el país; hoy han desaparecido y
prácticamente no publica libros de divulgación.
¿Cuáles serían sus recomendaciones para la supervivencia de las
revistas de divulgación científica?
La supervivencia de las revistas universitarias de divulgación
científica es esencial. Y mi recomendación es que el rector
y la comunidad académica las apoye, porque es el canal más
importante de comunicación con su propia comunidad y con el
resto de la sociedad. Y asimismo que valore la comunicación entre
su propia comunidad. Revistas como La Ciencia y el Hombre son
un medio de comunicación universitaria más valioso que muchos
artículos publicados en revistas internacionales y beneficia a la
propia comunidad de la UV .
Y es que las revistas de divulgación son un puente entre la
sociedad y la investigación. La UV se destaca por su revista La
Ciencia y el Hombre . Es un trabajo de gran magnitud para los propios
universitarios y para el resto de la sociedad. Es una publicación
de primer mundo porque sus artículos lo demuestran. Es el
trabajo de los universitarios que llega a los estudiantes, maestros e
investigadores de la Universidad.
Por otro lado, el gobierno debe destinar un presupuesto
para apoyar a las revistas de divulgación. Por ejemplo, con 50 millones
al año se pueden hacer diez revistas de divulgación con
gran repercusión para el país. Y con otros 50 millones se podrían
editar más de cien libros y apoyar a las editoriales mexicanas de
divulgación. Realmente, no es un gran presupuesto.
La voz de uno de los más importantes profesionales de la divulgación
científica de nuestro país se escuchó en la celebración por el vigésimo
número de La Ciencia y el Hombre , con la conferencia “Teoría y práctica
de la divulgación científica y tecnológica”, en el marco de la Feria
Internacional del Libro Universitario 2007.