Las colas de caballo: plantas únicas
Alfredo Cruz Pérez, Jaqueline Campos Jiménez
y Mario Vázquez Torres
Seguramente muchos habrán escuchado, ya sea en el mercado
tradicional, con la gente del campo y hasta en las
tiendas naturistas, de las famosas "colas de caballo".
Estas, sin embargo, no hacen referencia al apéndice terminal de los
equinos, sino a un grupo de plantas muy particulares que, en la mayoría
de las ocasiones, sólo son conocidas por las propiedades medicinales
que les han sido atribuidas. Pero son mucho más que eso.
El nombre propio de las colas de caballo es el de equisetos,
que es derivado de Equisetum (del latín equus , caballo, y seta ,
cerda). Son plantas muy peculiares: uno puede confundirlas fácilmente
con bambúes, carrizos o pastos debido a que no tienen
hojas ni flores; en estado silvestre, sólo se encuentran cerca de
corrientes de agua muy prístinas, aunque en algunas ciudades se
les ha hecho crecer en parques y jardines, siempre junto a una
charca o un arroyo.
Por lo que nos indican los fósiles, aparecieron sobre la Tierra
en el periodo Devónico, hace más de 400 millones de años, pero fue
durante el Carbonífero cuando estas plantas, junto con los licopodios
y helechos arborescentes, se extendieron, multiplicaron y desarrollaron
a tal grado que fueron la vegetación dominante, llegando a
desarrollar especies que, comparadas con las actuales, nos parecerían
gigantescas, pues se han hallado fósiles con troncos de hasta
treinta metros de altura. Evidencia de ello es la presencia de sus
restos en los estratos minerales, donde, gracias a los procesos
químicos y geológicos, se convirtieron en los enormes yacimientos
de carbón mineral que actualmente utilizamos como energético.
Características físicas.
Los equisetos son plantas vasculares que se
reproducen mediante esporas en vez de semillas.
Son perennes, generalmente herbáceas, que a
menudo mueren en invierno, aunque en regiones
templadas y tropicales siempre permanecen
verdes. Pueden tener tallos que miden desde
unos cuantos centímetros hasta casi diez metros
de altura.
Su estructura es muy particular; tienen un
grupo de raíces derivadas de los tallos subterráneos
llamado "rizoma", el cual puede estar enterrado
bastantes metros.
Los tallos son cilíndricos, huecos, con
numerosas crestas o bordes a lo largo de su
superficie, y compuestos por segmentos más o
menos de la misma longitud, unidos por una articulación
llamada verticilo o nodo, del cual emergen
las hojas, sumamente reducidas, con forma de
agujas de base triangular, también articuladas.
En la punta de los tallos se encuentra una
pequeña estructura amarilla semejante a una piña
de pino, el estróbilo, que es el encargado de producir las esporas para la reproducción sexual. Sin embargo, los
equisetos se reproducen principalmente mediante la producción
de clones mediante el rizoma (reproducción vegetativa), una
estrategia que les permite multiplicarse con mayor éxito.
Taxonómica y geográficamente.
Los equisetos pertenecen a las plantas vasculares esporógenas,
que, como su nombre indica, producen esporas para su dispersión,
a diferencia de las plantas con semillas (gimnospermas y
angiospermas). En este mismo grupo se encuentran los licopodios,
selaginelas y helechos, aunque en diferentes subgrupos, dentro de
los cuales se hallan los siguientes:
Psilofitas . Una familia con dos géneros y tan sólo doce
especies de los trópicos. En nuestro país sólo encontramos a
Psilotum.
Licofitas . Con dos órdenes: Isoetales y Lycopodiales.
Géneros representativos de este subgrupo son Lycopodium y
Selaginella. Hay aproximadamente mil doscientas especies cosmopolitas.
Pteridofitas . Es el subgrupo más amplio, con cinco
órdenes, de los cuales sólo las especies pertenecientes a Filicales
se consideran helechos verdaderos. Hay alrededor de 10 mil
especies con amplia distribución mundial.
Esfenofitas . Equisetaceae es la única familia y Equisetum el
único género. Las quince especies que la conforman son básicamente
boreales, aunque no se les halla en Australia ni en Nueva
Zelanda. Actualmente, las esfenofitas están divididas en dos subgéneros,
cuyas diferencias radican principalmente en la ubicación
de los estomas, algunos patrones de ramificación y la consistencia
de los tallos. Dichos subgéneros son Equisetum e Hippochaete.
En nuestro continente, trece de las quince especies se
encuentran en Norteamérica y sólo dos se extienden hasta
Sudamérica. En México se encuentran E. hyemale, E. laevigatum y E. myriochaetum , aunque ocasionalmente se halla E. x schaffneri, un
híbrido producto de la cruza entre E. myriochaetum y E. giganteum .
Los equisetos se distribuyen en las regiones templadas,
donde forman densas colonias en las orillas de arroyos, lagos,
pantanos, lugares semiinundados e incluso en lugares secos, y se
les puede encontrar desde el nivel del mar hasta más de los cuatro
mil metros de altitud. Gustan de crecer en suelos arenosos, en los
espacios que dejan las rocas y en la arcilla húmeda, siempre en la
cercanía del agua.
Otras características interesantes
Las raíces de estas plantas son muy complejas, tanto en tamaño
como en estructura y profundidad; pueden abarcar hasta una hectárea,
y su profundidad puede alcanzar los cuatro metros, lo que
asegura a la planta los nutrientes y el agua necesarios. Es por ello
que a veces se pueden encontrar colas de caballo en zonas que a
primera vista parecen secas, pero que cuentan con mantos
acuíferos persistentes. Además, una pequeña porción de rizoma es
suficiente para que los equisetos se multipliquen vegetativamente;
incluso un tallo que ha sido arrancado puede
generar nuevos rizomas, asegurando así su perpetuidad.
Todas estas características permiten a
estas plantas sobrevivir a la sequía, la destrucción
y los incendios, y ser pioneros en la sucesión vegetal.
Otras peculiaridades de estas plantas son
los estomas -es decir, los poros a través de los
cuales los tallos respiran, cuya estructura y disposición
es tan peculiar que los botánicos pueden
identificar a las especies con sólo observarlas
meticulosamente-; el crecimiento de las ramas
que se originan en los verticilos, entre las hojas;
las esporas, que muestran unas estructuras llamadas
aláteres, los cuales se expanden o contraen
según los cambios de humedad, ayudando
a su dispersión, y la presencia de silicio, al parecer
para su protección contra insectos y hongos.
Importancia de estas plantas
Aunque en cuestión de cantidad de especies y
diversidad las colas de caballo no son un grupo
representativo comparado con el resto de las
plantas, ecológica y evolutivamente hablando son
unas verdaderas maravillas de la naturaleza que
lamentablemente son ignoradas o incluso se han
visto amenazadas.
En la medicina tradicional tienen aplicaciones
importantes: se les utiliza ampliamente
para preparar infusiones diuréticas y combatir
algunas afecciones urinarias; se piensa que suprimen
la sudoración excesiva; además, los tallos
secos, una vez cocidos, se emplean en el
tratamiento de afecciones pulmonares, diarreas y
hemorragias; constituyen buenos astringentes
para la gonorrea y se usan también en casos de
laringitis y, externamente, para el tratamiento de heridas de difícil
cicatrización. Sin embargo, es importante mencionar que estas
aplicaciones no han sido comprobadas científicamente.
Las especies que contienen mucho silicio, tallos y ramas
se han utilizado para pulir madera y objetos de metal desde los
tiempos prehispánicos. Por todo lo anterior, las poblaciones naturales
se enfrentan a un futuro no muy alentador, pues la extracción
de estas plantas con fines de comercialización pone en riesgo su
supervivencia.
Para el lector interesado
Mickel, J. T. y Smith, A. R. (2004). The pteridophytes of Mexico . Memoirs
of the New York Botanical Garden . New York : Botanical Garden.
Pryer, K. M., Schneider, H., Smith, A. R., Cranfill, R., Wolf, P. G., Hunt, J.
S. y Sipes , S.D. (2001). Horsetails and ferns are a monophyletic
group and the closest living relatives to seed plants. Nature , 409,
618-622.