Calidad del semen y contaminación
Rosa María Infanzón y Stefan Waliszewski
En las últimas décadas, los estudios rutinarios del semen
humano muestran una notable disminución en la cantidad
de espermatozoides presentes en el eyaculado.
Este descubrimiento impulsó a la Organización Mundial de Salud a
disminuir la norma referente a la cantidad presente en un mililitro de
semen. Paralelamente, ha ocurrido un notable aumento de parejas
que sufren problemas de infertilidad.
El creciente desarrollo industrial, que va de la mano con
una mayor propagación de contaminantes ambientales, se refleja
en el deterioro de los sistemas respiratorio, circulatorio y reproductor.
Un estudio epidemiológico realizado en París, cuyo objetivo fue
comparar algunos parámetros del semen
recolectado procedente de 1,351 donadores
sanos con demostrada fertilidad
en el periodo 1973 a 1992, reveló una disminución
estadísticamente significativa en su
calidad. Los parámetros considerados
de los donadores fueron su edad y el
lapso de abstinencia sexual. En ellos, el
conteo de la densidad media de los
espermatozoides en el semen indicó una
disminución de 89 millones de espermatozoides en
un mililitro a 60 millones, lo que significa una reducción de
2.6% por año. El porcentaje de los espermatozoides en
movimiento decreció 0.3% anual, y la presencia de las
morfologías correctas se redujo hasta 2.6% en ese mismo
lapso. El mismo estudio señala un aumento en la incidencia de
hipospadias (malformación del pene en el que la
uretra se abre en la cara inferior y no en el
extremo de aquél) y de cáncer de testículos, cuya
causa, según se supone, está relacionada con la
mayor contaminación del entorno humano. Otro
estudio epidemiológico que abarca cincuenta
años de vigilancia indica una disminución significativa
de 113 a 66 millones de espermatozoides
en el eyaculado, así como una disminución del
volumen, que pasó de 3.40 a 2.75 ml.
El significado de los cambios observados
tiene que ver con un aumento de las anomalías
genitourinarias, como el cáncer testicular, las
criptorquidias (defecto del desarrollo caracterizado
por la falta de descenso de uno o de ambos
testículos) y las hipospadias, las que afectan la
función de las gónadas masculinas.
En efecto, se ha apreciado una estrecha
relación entre la disminución anual de la densidad
del semen y el aumento tecnológico expresado
por el aumento del
nivel de vida; el
mayor uso de
plásticos;
la exposición a los residuos de plaguicidas y al
plomo, cloro y bromo; la creciente ingestión de
bebidas alcohólicas; el mayor consumo de grasa
de origen animal, especialmente de carnes rojas,
y la aguda contaminación originada por el
aumento del número de vehículos.
De igual manera, algunos estudios
recientes han hallado una correlación positiva
entre los parámetros de exposición ambiental
que afectan la calidad del semen y la mayor frecuencia
de hipospadias, criptorquidias, cáncer
testicular, carcinoma mamario y quistes ováricos.
El desarrollo del carcinoma mamario femenino se
señala como un factor de riesgo importante para
los hijos varones, quienes tienen una alta probabilidad
de desarrollar cáncer de testículos. Son
alarmantes los resultados de tales estudios, que
hablan de un crecimiento de hasta 100% en la
frecuencia de hipospadias y criptorquidias entre
la población mundial en los últimos cuarenta
años, así como del aumento al triple de la frecuencia
de cáncer testicular.
Se culpa a un grupo heterogéneo de
compuestos químicos que actúan como perturbadores
hormonales de la mayor frecuencia de
tales padecimientos. Entre este grupo de compuestos
se pueden hallar los medicamentos con
actividad hormonal, los fito y micoestrógenos con
actividad hormonal, los estrógenos presentes en
alimentos lácteos y cárnicos, los plaguicidas
organoclorados persistentes, los bifenilos policlorados,
las dioxinas, los ésteres de ftalatos, los
herbicidas, los funguicidas y los productos de
combustión de los hidrocarburos, compuestos
que se remontan a los años treinta.
El mayor consumo de productos lácteos
y el menor de alimentos ricos en fibra conduce a
una mayor asimilación de los xenoestrógenos
que están presentes en ellos y a una disminución
en la cinética de degradación de las hormonas
exógenas en el tracto digestivo humano.
Los cambios patológicos observados en el pasado, provocados
por el consumo de grandes dosis de anticonceptivos hormonales
y dietilstilbestrol que originaron desequilibrios hormonales,
ahora son provocados por la exposición ambiental a un gran
número de compuestos químicos con acción hormonal, que se
han propagado y que se hallan presentes en el entorno humano.
Se supone que las sustancias químicas que poseen actividad
estrogénica leve no producen patologías en los adultos, pero son
muy dañinas en algunas etapas críticas del desarrollo individual,
como en la etapa reproductora o la menopausia.
La causa de la disminución en la calidad del semen que se
aprecia en los últimos decenios se debe, pues, a la mayor exposición
a ese conjunto de compuestos químicos, los que afectan la
formación del esperma (espermatogénesis) e influyen en el balance
hormonal en la etapa reproductora.
La capacidad de producción de espermatozoides en las
personas maduras puede estar limitada por dos factores: la eficiencia
en la espermatogénesis y el número de células de Sertoli.
El número de células de Sertoli aumenta hasta la pubertad y
después se estabiliza en un individuo maduro. Este hecho indica
que algunos contaminantes poseen una acción tóxica que puede
perturbar la proliferación de dichas células.
El principal factor regulador del número de células basales
(la capa más profunda de la piel) es la hormona foliculoestimulante
(FSH); pues bien, se ha observado una activa interacción de los
contaminantes ambientales con el receptor FSH que se halla en la
superficie de las células de Sertoli.
A partir de los estudios epidemiológicos y específicos que
se han hecho para identificar el daño provocado por los contaminantes
ambientales en el sistema reproductor masculino, queda la
pregunta sobre el mecanismo de su acción y el de la actividad
enzimática que provoca tales efectos. Se sabe que hay una clara
coincidencia entre la mayor exposición y la baja calidad de semen,
así como un notable aumento en la incidencia de anomalías del
sistema reproductor masculino en los recién nacidos. La exposición
persistente a los contaminantes causa un mayor daño que la
exposición momentánea.
Así, la ubicuidad de los contaminantes en el ambiente es
un motivo de gran preocupación porque están al alcance de los
niños y las mujeres embarazadas, a quienes pueden causar un
daño orgánico considerable.