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Tuberculosis bovina:¿zoonosis re-emergente?

Lorena López de Buen, Ana Beatriz Celma Pohlenz ,
Jorge Bravo Madrigal
y Héctor Manuel Zepeda López

Es la tuberculosis una enfermedad infecciosa, causada por bacterias del género Mycobacterium, que afecta al hombre y a los animales. Se caracteriza por la presencia de tubérculos, que son lesiones pequeñas, granulosas y redondeadas, visibles en forma directa o mediante el uso de microscopio, así como por la muerte de los tejidos, o necrosis caseosa, que puede afectar a cualquier órgano. Estos bacilos fueron descubiertos por el científico alemán Robert Koch, quien en su investigación observó que dichas células poseen la propiedad distintiva de tener lípidos ácido-micólicos en su superficie, lo que les brinda la característica de poderse teñir.  

El género Mycobacterium contiene patógenos estrictos y oportunistas. Entre los patógenos estrictos que afectan a los humanos están M. tuberculosis , el agente de la tuberculosis humana; M. leprae, causante de la enfermedad llamada lepra, y M. bovis, que provoca la tuberculosis bovina, considerada esta última como una zoonosis por ser una afección de los animales capaz de transmitirse al humano bajo condiciones naturales. Entre los patógenos oportunistas para los humanos se encuentran M. avium, M. avium paratuberculosis, M. simiae, M. kansasii y M. haemophilum, que afectan más comúnmente a los pacientes con bajas defensas inmunológicas.

Otras infecciones son causadas por M. ulcerans, que produce una enfermedad ulcerosa crónica en la piel; M. marinum, que origina el granuloma de los pescadores y nadadores; M. scrofulaceum, que ha sido asociado con inflamación cervical de ganglios en niños y con la tuberculosis pulmonar en adultos, y M. szulgai y M. xenopi, que también han sido asociados con enfermedades pulmonares. Pero, en general, el término “tuberculosis” se utiliza exclusivamente para las enfermedades que son causadas por agentes del complejo M. tuberculosis (como M. tuberculosis, M. bovis, M. africanum y M. microti ).

La tuberculosis ha acompañado a la humanidad desde tiempos remotos. Se detectó como la causa de muerte en momias egipcias de 3 mil años de antigüedad y en una momia peruana del año 700 d. C. Durante el siglo XVI era conocida con el nombre de “tisis” en la cultura mediterránea, y en el siglo X I X se le denominó “plaga blanca” en Europa y Estados Unidos. Se estima que en el año de 1830 la tasa de mortalidad por tuberculosis en ese último país era de 400 personas por cada 100 mil habitantes, proporción que descendió a la mitad en 1900 gracias a la mejoría de las condiciones sociales y sanitarias.

Como resultado de los tratamientos antibióticos, los programas de vacunación con el bacilo B C G (Bacillus Calmette Guérin) y el mejoramiento en las condiciones de vida, a partir de 1900 se observó una notable declinación en la enfermedad, sobre todo en los países industrializados, donde, en 1980, hubo un descenso de 200 a menos de 10 casos por cada 100 mil habitantes. Sin embargo, a partir de 1985, ha ocurrido una reemergencia de tuberculosis con alto porcentaje de cepas resistentes a los antibióticos como resultado de su abuso, de la presencia de la infección por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) en pacientes jóvenes, y del tránsito y permanencia de pacientes infectados provenientes de los países en vías de desarrollo.

En los países industrializados, el empeoramiento de las condiciones socioeconómicas y el desmantelamiento de la infraestructura de salud pública para el control de la tuberculosis han tenido un papel crucial en la reemergencia de la enfermedad. Mientras tanto, en los países en desarrollo la tuberculosis sigue siendo un inmenso problema económico y de salud ya que es causa de aproximadamente ocho millones de casos nuevos y de tres millones de muertes anuales. Además, la coinfección con el VIH complica mucho el manejo de la infección e incrementa la mortalidad. Se estima que entre los años 2002 y 2020 mil millones de personas aproximadamente se infectarán de tuberculosis, más de 150 millones desarrollarán la enfermedad y 36 millones morirán por ello.

Los tratamientos disponibles en la actualidad ofrecen un pronóstico de curación favorable cuando son dosificados rápidamente luego del diagnóstico de la enfermedad. En general, el paciente infectante deja de ser fuente de contagio a las dos semanas de comenzado el tratamiento, y recupera progresivamente su salud poco tiempo después. Entre los fármacos de primera elección se incluyen la isoniacida, la rifampicina, la pirazinamida, el etambutol y la estreptomicina. Se recomienda usualmente la combinación de isoniacida, rifampicina y pirazinamida en los dos primeros meses de tratamiento, para continuar cuatro meses más con isoniacida y rifampicina.  

Las enfermedades emergentes y reemergentes en animales  

La emergencia de enfermedades ha sido un tema relevante en la medicina humana de las dos últimas décadas debido a la ocurrencia de nuevos padecimientos en las poblaciones animales silvestres y domésticas. Estos males, denominados como “emergentes” por no haber sido detectados con anterioridad, no sólo han tenido un gran efecto negativo sobre los animales, sino también sobre el medio ambiente y la salud de los humanos al ocurrir de forma directa a través de la transferencia de los agentes zoonóticos, o indirectamente por medio de los alimentos.

La principal causa de emergencia se encuentra en el incremento de la población humana mundial –con todas sus implicaciones negativas sobre el ambiente–, lo que ha provocado un aumento en el tráfico de personas y animales junto con el traslado de agentes patógenos potenciales hacia nuevas áreas y hospederos. Lo anterior, aunado a la destrucción continua del hábitat, ha hecho que las poblaciones animales se encuentren en estrecho contacto en áreas que les son evolutivamente incompatibles, y donde aumentan las posibilidades de encontrarse con nuevos agentes productores de enfermedades.

En forma paralela, y por causales semejantes, las enfermedades que se creía que estaban controladas e incluso erradicadas, han reemergido, manteniendo o incluso incrementando su presencia en la población humana y animal. Tal es el caso de la tuberculosis bovina, enfermedad que ha persistido a pesar de los esfuerzos hechos para lograr su erradicación.

A lo largo del siglo XX, la producción industrial y el creciente consumo de leche condujo al aumento de la tuberculosis bovina al transmitirse del ganado a las personas su agente M. bovis . Esto influyó inicialmente sobre la pandemia ya presente de tuberculosis humana, pero luego la pasteurización de la leche redujo la incidencia de la infección. Actualmente, sin embargo, en las regiones en desarrollo donde se consume la leche cruda aún hay riesgo de zoonosis por la falta de control de la enfermedad en el ganado, en otras especies de animales domésticos y en las poblaciones de animales silvestres que han sido infectadas al compartir el hábitat.

Mycobacterium bovis y M. tuberculosis son especies estrechamente relacionadas hasta en 99.95%, lo que ha sugerido que M. bovis evolucionó como especie a partir de M. tubercu - losis , adquiriendo en el proceso la capacidad de infectar a un mayor número de especies hospederas y de transmitirse entre ellas. De hecho, no existen mayores diferencias en la patogenia de la infección por M. bovis en humanos y bovinos; en ambos, la micobacteria genera un complejo primario de infección, que consiste en una pequeña lesión granulomatosa en el sitio de ingreso y en el nódulo linfático regional, lo que genera en los organismos una respuesta inmune que elimina o encapsula al patógeno como curso habitual de la enfermedad.

Existen datos incompletos y muy dispersos acerca de la importancia de la infección por M. bovis en la tuberculosis humana ya que el diagnóstico se suele realizar únicamente a partir de una baciloscopía, pero sin llegar a definirse la especie de micobacteria involucrada pues debe iniciarse prontamente el tratamiento. Sin embargo, aunque la infección por M. tuberculosis es clínica y radiológicamente indistinguible de la causada por M. bovis, y que las lesiones no se diferencian morfológica o histológicamente, se debe recurrir al cultivo, a las pruebas bioquímicas y a las técnicas moleculares para lograr el diagnóstico diferencial. Lo anterior se debe a que en el tratamiento de la infección por M. bovis se debe omitir el uso de la pirazinamida, a la cual este organismo es naturalmente resistente.  

El papel de la fauna silvestre en la reemergencia de la tuberculosis  

Los animales domésticos y silvestres pueden actuar como hospederos reservorios o de mantenimiento, y como hospederos dispersores en la infección por tuberculosis bovina. En las especies de reservorio, la enfermedad puede persistir a través del contagio horizontal entre individuos susceptibles de la misma especie y en ausencia de otra fuente de M. bovis . En cambio, en las especies dispersoras, aunque pueden infectarse, la ocurrencia de la enfermedad es esporádica y puede persistir dentro de la población sólo cuando hay un hospedero reservorio en el ecosistema. Si esta fuente de contagio se retira, el mal se reduce y sólo puede mantenerse en el largo plazo mediante la reinfección a partir de otra fuente de origen.

La tuberculosis bovina puede afectar un amplio espectro de animales domésticos y silvestres, pero sólo una pequeña proporción de éstos puede actuar como hospedero reservorio. Entre los animales de pezuña, se sabe que el bisonte, el búfalo africano y el ciervo rojo pueden ser especies reservorio, mientras que el venado de cola blanca y el gran kudú sólo suelen ser especies dispersoras.

Uno de los principales problemas en los programas de control de la tuberculosis bovina en los animales domésticos es el contagio por los animales silvestres, que no pueden ser manejados como el ganado doméstico; por esta causa, pueden reintroducir la enfermedad en los rebaños sanos que, a su vez, pueden transmitirla a los humanos. Tal es el caso del tejón europeo, que actúa como una fuente constante de reinfección para el ganado de Gran Bretaña e Irlanda; la zarigüeya cola de cepillo, que ha afectado los esfuerzos de erradicación de la enfermedad en Nueva Zelanda, y el venado cola blanca en Michigan, al cual se le considera una seria amenaza para los programas de erradicación y control de la tuberculosis bovina en Estados Unidos.

En América Latina no hay antecedentes que sugieran que el padecimiento se mantiene en el ganado por su interacción con la fauna silvestre. Sin embargo, probablemente este factor se deba a la falta de investigación al respecto y a las mayores tasas de infección que aún prevalecen en el ganado doméstico y que pueden ocultar los focos de tuberculosis asociados a la transmisión por animales silvestres.

Los programas de control y erradicación de la tuberculosis

El interés de luchar contra la tuberculosis bovina se justifica amplia - mente por el riesgo que la enfermedad representa para la salud pública, las limitaciones del comercio de los productos pecuarios en el mundo y la disminución de la productividad en los animales enfermos; también adquieren importancia creciente el bienestar de los animales domésticos, la conservación de las especies silvestres y el estigma en aquellos productores que mantienen la enfermedad en sus rebaños y que pueden, por esto, ver limitado el comercio y movimiento de sus animales.

El control de la tuberculosis bovina se basa en el diagnóstico oportuno –principalmente a través de la prueba de tuberculina (PPD) – y la eliminación de los animales infectados, unidos al decomiso e investigación de todo granuloma que se detecte en los rastros o mataderos, así como previniendo la diseminación de la infección dentro y fuera de los rebaños a través de la vacunación. Esta última actividad –que cayó en desuso en las últimas décadas porque no era posible identificar a los animales vacunados de los infectados naturalmente usando la prueba de tuberculina– comienza a ser reconsiderada al haber ya nuevos métodos de diagnóstico.

Actualmente, además de las técnicas tradicionales de diagnóstico (como el cultivo de las micobacterias y el análisis histopatológico), se dispone de técnicas para detectar la respuesta inmune contra diversos antígenos micobacteriales, así como la detección del ácido desoxirribonucleico (ADN) bacteriano a través de técnicas moleculares que hacen posible diferenciar la micobacteria natural de la vacuna.

En particular, para el caso de la fauna silvestre, donde el control de la tuberculosis bovina basado en el principio de prueba positiva y sacrificio tiene un papel muy limitado, la vacunación desempeña un papel muy importante como método de protección para especies valiosas y amenazadas. Para que sea exi tosa en las especies silvestres, se requiere que sea segura y eficaz, barata, aplicable en una sola administración y fácil de transportar. La única vacuna disponible en la actualidad es el bacilo BCG at enuado, que ha sido usado extensamente en humanos, aunque con niveles de eficacia muy variables. Sin embargo, los avances recientes en la biología molecular y en la inmunología de las infecciones micobacterianas pueden propiciar el desarrollo de vacunas más efectivas y de métodos adecuados para llevarlas con mayor eficiencia de costo hacia las especies silvestres en libertad o cautiverio. Por ello, la vacunación seguirá siendo en el largo plazo el método más promisorio y aceptable para el control de la tuberculosis en la fauna silvestre.

La tuberculosis bovina en México

En relación con la infección por tuberculosis en humanos, la Secretaría de Salud informa de un descenso gradual de la mortalidad y un incremento en el número de casos reportados en los años recientes, lo que implica que, desde el punto de vista de salud pública, el programa puede ser ineficiente ya que genera pacientes potencialmente infectantes. Los reportes oficiales del país destacan la cobertura al cien por ciento de la llamada “estrategia TAES” (Tratamiento Administrativo Estrictamente Supervisado), adoptada desde 1996, que ha permitido una reducción de 17% en la morbilidad y de 37% en la mortalidad. Pero estos informes muestran inconsistencias con lo reportado por la Organización Mundial de la Salud , siendo factible que el reporte incompleto de enfermos tuberculosos sea la causa de dicha discrepancia por la no coordinación entre las instancias de salud, como el IMSS, el ISSSTE, la Secretaría de Salud y la medicina privada.

En cuanto a la tuberculosis bovina, el riesgo de transmisión proviene principalmente del consumo de productos lácteos no pasteurizados. En México, se estima que solamente la mitad de la producción de leche del país se pasteuriza; lo demás, se consume directamente o se transforma en derivados lácteos sin pasar por el proceso.

En el año de 1993, el gobierno mexicano estableció un programa de erradicación de la tuberculosis bovina como resultado del interés particular de Estados Unidos, su principal socio comercial, que declaraba la reemergencia de la enfermedad en su territorio debida, entre otros factores, a la importación de animales infectados desde México. Dicho programa de erradicación dio origen a la Campaña Nacional contra la Tuberculosis Bovina ( Mycobacterium bovis ), basada en la Norma Oficial Mexicana NOM-031- ZOO-1995 y expedida por la Secretar ía de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, cuya finalidad fue la de “fomentar la producción pecuaria y cuidar la prevención, control y erradicación de las plagas y enfermedades, que, como la tuberculosis, afectan a la ganadería nacional tanto en su nivel de producción como en la calidad de sus productos, y que, además, es una de las zoonosis más importantes”. Esta norma consta de 22 apartados, entre los que se encuentran su objetivo y campo de aplicación, las fases de la campaña, las pautas a seguir para la identificación y diagnóstico, las medidas de cuarentena y desinfección, y las concordancias de ésta con otras normas internacionales.  

De acuerdo con las bases de datos de la Organización Internacional de Epizootias para México, en el año de 1997 hubo 1,263 focos de infección, 1,553 casos y el sacrificio consiguiente, lo que ya no ocurrió en 2003, cuando se detectaron 662 focos de infección y 4,394 casos, pero ya no se realizaron sacrificios sino la vacunación de más de 7 millones de animales. El resultado fue que para el año siguiente se incrementó el número de focos de infección detectados (2,001), pero disminuyó el número de casos reportados (2,851). La Dirección General de Salud Animal de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), en su Campaña Nacional contra la Tuberculosis Bovina, reporta controlada la enfermedad en bovinos domésticos en 23 estados de la República, y en situación de erradicación en 19 entidades.

En conclusión, a partir de la década de los ochenta, la tuberculosis bovina –zoonosis reemergente en los animales domésticos y silvestres–, al igual que la tuberculosis humana, han visto aumentadas sus cepas resistentes a los antibióticos. Como respuesta, ha habido, tanto en los países industrializados como en los países en desarrollo, un gran interés por diseñar nuevas estrategias de control y erradicación de la enfermedad a través de métodos modernos de diagnóstico, de la búsqueda de nuevas vacunas y de la implementación de medidas para un tratamiento adecuado bajo la estrategia TAES. Todo lo anterior permite mantener la esperanza de que en el mediano y largo plazo regrese la enfermedad a los niveles registrados a mediados del siglo pasado y de su erradicación futura.


Para el lector interesado


Abalos, P. y Retamal, P. (2004). Tuberculosis: ¿una zoonosis re-emergente? Revista Científica y Técnica de la Oficina Internacional de Epizootias, 23 (2), 583-594.

Manning, E. J. B. y Collins, M. T. (2001). Infecciones micobacterianas en animales domésticos y salvajes. Revista Científica y Técnica de la Oficina Internacional de Epizootias, 20 (1).

Pérez-Padilla, R. (2001). La tuberculosis en México, deuda añeja de salud pública. Gaceta Médica Mexicana, 137 (1), 93-94.