Ácidos nucleicos peptídicos:
su implicación genética
Omar Muñoz Muñiz, Oscar García
Barradas,
María Remedios Mendoza López y Jesús Samuel Cruz Sánchez
Apartir de la elucidación estructural
de la doble hélice del ADN (ácido desoxirribonucleico)
por James D. Watson y Francis. H. Crick en 1953, las propiedades
físicas, químicas y biológicas de esta
molécula han fascinado a los científicos de todo
el mundo, quienes han destinado grandes recursos para comprender
su estructura y función dentro de la célula.
La biomolécula de ADN en un sentido de la doble hélice
está constituida por cualquiera de las siguientes nucleobases:
adenina (A), citosina (C), guanina (G) y timina (T), las cuales
están unidas directamente a un azúcar (desoxirribosa)
y que en conjunto se encuentran ensambladas mediante la unión
secuencial del azúcar a un grupo fosfato (Figura 1)
Desde el punto de vista biológico, la molécula
de ADN posee la clave para comprender el origen de la vida
y el proceso evolutivo sobre la Tierra, pues gran parte de
este enigma está basado en la complementariedad y especificidad
de sus nucleobases (Figura 2).
De igual forma, las propiedades estructurales
del esqueleto polimérico formado por los grupos fosfato
y el azúcar se ven reforzadas por la complementariedad
de las nucleobases, permitiendo así la existencia de
dos secuencias complementarias de forma antiparalela necesarias
para la formación de la doble hélice (Figura
3). En este sentido, hoy sabemos que la estructura tridimensional
del ADN asegura la alta fidelidad en la transferencia de la
información genética mediante el proceso de replicación,
en el que se genera una copia exacta de ADN durante la trascripción
celular a través del ARN mensajero, traduciéndose
finalmente en la síntesis de las proteínas necesar
ias para el correcto funcionamiento de la célula.
No obstante, algunas preguntas elementales
sobre la vida basada en la función que el ADN realiza
en la célula aún permanecen sin una respuesta
precisa; por ejemplo: ¿Por qué la naturaleza
seleccionó a la molécula de ADN para ser la responsable
del almacenaje de la información genética? ¿Es
el ADN la única posibilidad estructural, o podría
otra estructura química cumplir con los requerimientos
necesarios para soportar alguna otra forma de vida? ¿Qué hace
al ADN, desde el punto de vista químico, una excelente
molécula en términos de estructura, estabilidad
y reconocimiento molecular? Probablemente, las respuestas finales
a estas interrogantes seguirán latentes durante mucho
tiempo, pero mediante el estudio detallado y sistemático
de esta molécula y de otras estructuras análogas
podremos acercarnos a formular nuevas hipótesis sobre
la vida tal y como la conocemos hasta hoy.
Moléculas alternativas al ADN
En primera instancia, si se piensa en las
condiciones químicas tan drásticas existentes
en los periodos próximos al surgimiento de la vida en
la Tierra, se podría suponer en términos generales
que los aminoácidos y las nucleobases pudieron haber
sido las estructuras más abundantes en los mares y océanos
primitivos. Las primeras investigaciones interesadas en el
estudio de aminoácidos unidos a nucleobases datan

Figura 1. Componentes estructurales del ADN.

Figura 2. Complementariedad de las nucleobases
en el ADN y ARN.

Figura 3. Estructura de la doble hélice
del ADN.
de la década de los 70, cuando los
profesores De Koning y Pandit prepararon los primeros derivados
de lisina unidos a la nucleobase uracilo; sin embargo, la cadena
del compuesto resultante mostró una pobre interacción
con la cadena complementaria de ADN utilizada en sus experimentos.
Posteriormente, Summerton demostró en 1989 que las moléculas
basadas en la estructura de la morfolina –un aminoéter
cíclico sencillo, sin el grupo fosfato– como conector
mostraba una mejor interacción complementaria con las
cadenas de ADN que el compuesto desarrollado por Koning y Pandit.
Sorpresivamente, en 1991, un grupo de investigación
danés encabezado por Peter Nielsen dio un nuevo giro
a la búsqueda de moléculas miméticas del
ADN al presentar una nueva molécula de estructura más
sencilla que sus predecesoras y basada en la disposición
espacial del grupo aminoetil-glicina. Estas nuevas moléculas,
conocidas hoy en día como ácidos nucleicos polipeptídicos
(ANP en lo sucesivo), están constituidas básicamente
por tres fragmentos: un ?aminoácido (glicina), una nucleobase
unida vía un conector de tipo amídico, y un grupo
etilo espaciador (Figura 4).
Originalmente, los APN fueron concebidos con
la idea de establecer nuevas estructuras que pudieran reconocer
y unirse de manera selectiva a cadenas específicas de
ADN, y de esta forma poder estudiar el comportamiento de los
productos híbridos resultantes; sin embargo, los resultados
obtenidos hasta el momento los muestran como una excelente
estructura mimética del ADN; debido a esto, recientemente
se les considera como agentes potenciales para su uso en terapia
génica. Asimismo, debido a su simpleza estructural resultan
muy atractivos para el estudio continuo de las propiedades
moleculares del ADN. Desde el punto de vista etiológico,
existe una dualidad muy peculiar en los ANP, pues conceptual
y biológicamente tienen un comportamiento muy similar
al ADN, pero desde el punto de vista químico son pseudopéptidos,
esto es, proteínas pequeñas, lo que los hace
estructuralmente distintos. Sin embargo, esta doble naturaleza
péptido-ácido nucleico representa una ventaja
sobresaliente, pues podrían ayudar a esclarecer puntos
clave dentro del proceso evolutivo del ADN y, por otra parte,
explotar la bondad de la química de los grupos amida
que forman parte de todas las proteínas celulares. Estas
nuevas moléculas representan por sí solas un
considerable problema de identidad para los químicos
y los biólogos: ¿ son péptidos ó ácidos
nucleicos?
Otra pregunta muy interesante radica en poder
explicar por qué los ANP tienen la capacidad de imitar
con tanto éxito las propiedades del ADN, y una posible
respuesta recae en las propiedades geométricas del esqueleto
del grupo aminoetil-glicina dada su increíble flexibilidad
y rigidez simultáneas, lo que permite que la estructura
molecular de una cadena APN adopte la forma helicoidal del
ADN a pesar de que tales arreglos no sean los preferidos de
los ANP. Por tal motivo, el desarrollo de los APN ha seguido
dos vertientes principales: una se ha enfocado al estudio de
la relación estructura- actividad en términos
de sus propiedades de hibridación con el ADN, y la otra
corre paralelamente a la demostración de sus propiedades,
con especial énfasis en el diseño de nuevas estructuras
aplicadas que puedan ser consecuencia directa de sus cualidades,
como algunos nuevos medicamentos de tipo genómico. Estructura
de los ANP La conformación preferida de las cadenas
libres de ANP no ha sido establecida aún, pero la evidencia
obtenida por los procedimientos de resonancia magnética
nuclear de protones (RMN) propone que no hay una conformación
evidentemente preferida, sino que pueden existir en numerosas
conformaciones atribuidas a los múltiples enlaces amídicos
presentes en sus formas rotaméricas cis/trans. Este
problema de desorden estructural puede resolverse cuando un
ANP entra en contacto con una molécula de ADN o ARN,
pues se ha demostrado que estas ú ltimas pueden funcionar
como una especie de molde, redireccionando así la distribución
azarosa del ANP.
En este sentido, las estructuras tridimensionales
de varios complejos de ANP con ADN y ARN han sido resueltas
mediante el uso de técnicas especiales de RMN y por
difracción de rayos X. El análisis minucioso
de las estructuras tridimensionales de los complejos ha demostrado
claramente que los ANP tienen la posibilidad de adoptar cualquiera
de las dos formas de los principales ácidos nucleicos
naturales (formas A y B); sin embargo, de estos estudios se
ha obtenido asimismo evidencia precisa para los ANP; por ejemplo,
se ha logrado establecer que la conformación preferida
por los ANP es más ancha (28 angstroms) y que la hélice
se genera más

Figura 4. Estructura química de los ácidos
nucleicos peptídicos
lentamente en comparación con sus análogos
naturales (ADN y ARN), pues requieren dieciocho pares de bases
para lograr una vuelta completa, mientras que en el ADN y ARN
sólo se requieren diez. Por lo tanto, estas diferencias
estructurales indican que los ANP no son perfectamente miméticos
al ADN, lo que deja un amplio espacio para la búsqueda
química de nuevas estructuras que nos acerquen más
al modelo de la molécula de ADN.
Reconocimiento molecular
El reconocimiento molecular entre ácidos
nucleicos a través de la complementariedad de sus nucleobases
es probablemente el sistema más elegante de perfección
en la naturaleza. Es extremadamente simple, poderoso y, desde
el punto de vista químico, puede ser modificado, o aún
mejor, puede ser expandido mediante el uso de nuevas nucleobases
no naturales. Así, el uso de fragmentos de ADN como
bloques directores para la construcción de nanoestructuras – tales
como cubos y redes bi o tridimensionales– puede ser de
gran utilidad en el desarrollo de nuevas estructuras químicas
alternativas al ADN. Por ejemplo, el uso de ANP podría
ser una herramienta fundamental para el desarrollo de nanoestructuras
más sofisticadas y químicamente funcionalizadas
con nuevas nucleobases, accediendo por ende a una nueva forma
de medicina genómica.
ANP y el origen de la vida
Generalmente, se ha propuesto que nuestro
mundo, tal como lo conocemos hoy (ADNARN- proteína),
fue precedido por un mundo basado en el ARN, en el cual las
moléculas de este ácido sirvieron con dos propósitos:
almacenar la información genética y funcionar
como enzimas. Desde un punto de vista conceptual, es más
fácil postular que, bajo las condiciones imperantes
en la Tierra prebiótica, los aminoácidos y las
nucleobases pudieron haber coexistido antes de que se generaran
los primeros azúcares, y, por lo tanto, la producción
de los subsecuentes nucleósidos necesarios para generar
las primeras moléculas de ADN debió ser limitada.
De esta forma, la extraña particularidad de dualidad
de los ANP reviste gran importancia, pues en esencia, siendo
péptidos, pudieron haber servido como un medio transportador
de información a otras biomoléculas, dejando
entrever la posibilidad de un mundo péptidonucleico
predecesor del mundo de hoy. Para apoyar esta idea, se han
hecho diver sos experimentos en los que se ha demostrado que
los ANP pueden transferir su información química
o genética a otro ANP, ARN o ADN y viceversa; por ejemplo,
algunas cadenas de ANP que contienen sólo citosina como
nucleobase pueden dirigir la síntesis de una cadena
complementaria de ANP o ARN al funcionar a manera de molde.
Por todo lo anterior, es plausible pensar que una especie de
ANP aquiral pudo haber sido la primera selección de
la naturaleza, dejando a un lado la parte de la opción
quiral y posponiendo esta difícil decisión para
un paso posterior en el proceso evolutivo.
Aplicaciones de los ANP La excelente propiedad
de hibridación de los ANP con ADN o ARN ha permitido
el desarrollo de una gran variedad de aplicaciones médicas,
entre las que destacan las nuevas técnicas para detección
de genes, biosensores de ácidos nucleicos, análisis
de modulación para PCR, nuevas herramientas para el
mapeo génico y nuevos medicamentos basados en terapia
génica antisentido. Por ejemplo, la bacteria E. coli
es ligeramente permeable al paso de los ANP, por lo que, usando
un ANP específico y marcado con el antibiótico
?sarcin, se ha podido inhibir el crecimiento de estos microorganismos
en bajas concentraciones. De igual forma, trabajando con bacterias
de E. coli resistentes a la penicilina, el tratamiento mediante
un ANP marcado con anti-?l a c t amasa ha logrado inducir una
sensibilidad moderada a la ampicilina de estas bacterias. Esa
clase de resultados abre posibilidades para el desarrollo de
nuevos bactericidas basados en los principios de genética
antisentido, entre muchas otras aplicaciones.
La identidad dual de los ANP
El mejor uso de los ANP, tanto científico
como aplicado, proviene de comprender que los ANP no son oligonucleótidos
similares al ADN o al ARN, sino que tienen propiedades químicas
y físicas que los hacen muy interesantes y especiales.
Debido a esto, su ó ptima explotación debe tomar
ventaja de esas propiedades que lo acercan y alejan del ADN,
en lugar de verlos como un substituto de las moléculas
generadoras de la vida. Por tanto, los ANP son moléculas
muy atractivas para los químicos debido a sus propiedades
aún parcialmente inexploradas y con gran potencial de
modificación. En otras palabras, los ANP combinan las
poderosas propiedades de reconocimiento molecular del ADN y
ARN con la robusta flexibilidad de la química de las
proteínas, lo que implica un gran potencial de aplicaciones
desde el punto de vista químico.