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Las influencias forestales: ¿una realidad aparte?

Juan Corral Aguirre

La conciencia forestal es el convencimiento personal de que los recursos forestales se deben conservar, o sea, utilizar sin destruir.
GUTIÉRREZ PALACIO

Son los bosques y terrenos silvestres un recurso natural fundamental, ya que cubren un tercio de la superficie terrestre del planeta; por tanto, son ya una influencia determinante desde el punto de vista natural y social.
La vegetación forestal es la que protege al suelo contra la erosión. Puede ser espontánea o cultivada, así que no necesariamente es arbórea. En los bosques se cultiva la vegetación arbórea; la arbustiva y herbácea son espontáneas, y junto con la cubierta vegetal muerta son las más firmes protectoras del suelo. La vegetación forestal, cuando no hay un suelo fértil, lo forma.
Ahora bien, para diferenciar los efectos de este tipo de vegetación en otros recursos –los de uso y no uso en la sociedad rural y la conservación de ecosistemas–, es conveniente definir lo que es un terreno de tipo forestal. Un terreno de tipo forestal es el que, por tener como su principal característica el estar propenso a una erosión progresiva, necesita estar protegido por la vegetación forestal para asegurar su permanencia, y también que se ha formado en fechas recientes, geológicamente hablando.
El hecho de que haya terrenos forestales tiene su utilidad y efectos en el ambiente y en la vida social de los seres humanos.
Esta utilidad es múltiple, pero se puede resumir, a saber, en productora, protectora y recreativa.
En el aspecto productivo, se incluye la obtención inagotable de madera, trabajo y otros productos necesarios en la vida cotidiana (industria, medicina, comunicaciones, artes y casi todas las demás actividades) cuando son bien tratados los terrenos.
En el aspecto protector, los terrenos forestales lo son directamente de la mayoría de los recursos naturales, como el suelo, el agua, la fauna y, en parte, el clima, ya que evitan la erosión hídrica y eólica del suelo –ventarrones con sus tolvaneras, agotamiento de manantiales e inundaciones–; además, proporcionan alimento y habitación a la fauna silvestre, diluyen la contaminación del aire y significan, en resumen, salud, bienestar y riqueza.
Abundando, de los bosques depende la formación y mantenimiento de una atmósfera favorable que contenga una cantidad estable de oxígeno; la existencia de nuestros actuales depósitos de petróleo y carbón; la formación y protección de un manto de suelo que se utiliza actualmente para sostener la producción forestal y agrícola; la producción de aguas limpias y la protección de las vertientes contra la erosión; la formación de hábitats y alimentos para los animales silvestres (aves, insectos, gérmenes, peces…); la aportación de materiales de construcción, combustibles y una multitud de productos forestales no maderables, y la provisión de beneficios esencialmente intangibles, como los valores estéticos, la recreación, la preservación de las condiciones silvestres y los parques naturales.
El profesor Gutiérrez Palacio señala que el bosque se destruye por dos tipos de causas: motoras y ejecutoras. Entre las primeras se hallan la inseguridad en la tenencia de la tierra y la inmediata necesidad campesina de obtener utilidades del terreno forestal; entre las segundas tenemos al desmonte para la agricultura y las explotaciones irracionales, lo que se relaciona con el uso y abuso de la vegetación forestal.
El efecto de la falta de uso de la vegetación forestal en el desmonte para abrir terrenos para la agricultura, por ejemplo, es igual a hacer un mal uso de ella, puesto que, sin saber o conocer su potencialidad, se roza y se sustituye por la vegetación cultivada, lo que requerirá necesariamente de insumos para mantenerlo en producción, y difiere grandemente de la concepción de cultivo sustentable, el que, por definición, no utiliza insumos externos (salvo la fuerza de trabajo).
Si a lo anterior añadimos que la mayor parte de las áreas forestales están habitadas por la población rural, y que ésta, de acuerdo con algunos autores, sigue siendo la más pobre del país (en particular los grupos indígenas, entre los cuales ocho de cada diez familias rurales son pobres, y cuatro de cada diez se hallan en extrema pobreza), es difícil vislumbrar otros efectos que no sean los negativos.
Lo mismo sucede al privilegiar el uso de una sola especie (por ejemplo el pino), en detrimento de las llamadas “corrientes” (tropicales o templadas), sobre las que se carece de estudios e investigaciones básicas que coadyuven a su explotación provechosa y su fomento.
El cambio de uso del suelo forestal para propósitos agrícolas, pecuarios y urbanísticos tiene un efecto mayúsculo en la sociedad y en los demás recursos naturales por la cantidad y calidad de los beneficios que se dejan de recibir.
Además, el uso de los recursos naturales con una visión de corto plazo ha sido muy perjudicial, pues se ha dejado de lado la necesidad que tendrán las futuras generaciones de agua, de suelos fértiles, de bosques y, en general, de diversos y numerosos recursos en calidad y en cantidad. Hoy día se viene trabajando bajo el esquema de que si en lo inmediato se requiere de utilizar intensivamente los bosques para elevar la producción, se hace, aunque tarde o temprano disminuya la capacidad que se tenía para producir.
Por lo anterior, es conveniente destacar la importante relación que hay entre la dasonomía, entendida como el conjunto de normas científicas encaminadas a obtener el óptimo rendimiento permanente del recurso forestal, y la política forestal, vista como un conjunto de normas gubernamentales orientadas a manejar el recurso forestal en concordancia con la política general del país; se considera que entre mayor sea su afinidad con la dasonomía, mejor será la política forestal.
La doctora Carabias y su equipo de trabajo siempre han indicado en sus trabajos la imperiosa necesidad de conceder mayor atención a la población rural y a las actividades agropecuarias y forestales, así como a la reformulación del proyecto de desarrollo rural, al que debe reactivársele con objetivos “que aseguren el mejoramiento humano, la oferta alimentaria y de materias primas, y la prevención y restauración de la degradación ambiental”.
Señalan además que a los problemas que hay de rezago social y de insuficiencia productiva se suma la dificultad ambiental, expresada por el deterioro o degradación de los recursos naturales y la disminución de sus potencialidades.
Por otra parte, la ganadería extensiva, por ejemplo, al no tener limitaciones sobre la forma de apropiación y producción de los recursos naturales, puede seguir siendo, como hasta la fecha, el principal motor de la destrucción de las selvas, bosques y matorrales.
Visto así, el panorama de las influencias forestales cobra una importancia fundamental en la interacción dialéctica del hombre y la naturaleza, pues no puede la resiliencia bregar en contra del mal uso (o no uso) en que por desconocimiento o necesidad incurre el productor rural de México, que no se detiene a pensar que “pan para hoy, hambre para mañana”. Y, en efecto, tiene la “culpa” en parte, pero no tanta como la que puede atribuírsele a una política oficial inmediatista y con fines políticos muy distintos del bienestar social, así como una actitud de indiferencia social que, sentimentalismos aparte, llega a tener visos de crueldad.
La extensión forestal, junto con la agrícola, desempeñan un papel muy importante en la ordenación sostenible de los bosques, pues teniendo un enfoque participativo y una visión contemporánea del importante papel que la mujer desempeña en la producción y conservación de los recursos naturales, pueden coadyuvar a resolver o aminorar los problemas que enfrentan nuestros semejantes en las zonas forestales.
Manifestar reflexiones en torno de las influencias forestales se torna complicado y al mismo tiempo estimulante, pues no debemos cejar en la búsqueda de una comprensión amplia y profunda de tan importantes temas.