Editorial
      La realidad y nuestra percepción acerca de ella
     
      Desvaríos matemáticos
     
      La prueba de micronúcleos
     
      Materiales luminiscentes y algunas de sus aplicaciones
     
      La metatesis y el Premio Nobel de Química
     
      Nosotros, todos, infinitamente asesinos y suicidas involuntarios
     
      Las influencias forestales: ¿una realidad aparte?
     
      Rescatemos el Parque Nacional del Cofre de Perote
     
      Helechos: joyas naturales desapercibidas
     
      ¿Es útil la flora de la selva baja caducifolia de México?
     
      El problema de las plantas invasoras
     
      Mamíferos marinos: ¿veracruzanos desconocidos?
     
      Plantas medicinales: de la brujería a la ciencia
     
      Lo dulce del azúcar
     
      DISTINTAS Y DISTANTES: MUJERES EN LA CIENCIA
   

 

      Trótula y la escuela de Salerno: el renacimiento de la medicina
     
      CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
     
      La velocidad de la vida
   
       
       
       
       
       
       
     
       
     
       
 
     

Helechos: joyas naturales desapercibidas

Jaqueline Campos Jiménez,
Alfredo Cruz Pérez y Mario Vázquez Torres

Todos conocemos a los helechos. Su porte elegante les ha otorgado un papel importante como plantas ornamentales en jardines y parques. Los podemos encontrar en lugares tan diversos como los troncos de los árboles, a la orilla de las carreteras y caminos, en muros de piedra suficientemente húmedos y, además, por supuesto, en los bosques y selvas, su hábitat natural.
Pero, ¿por qué son importantes estas plantas? Los helechos forman parte del grupo de las plantas esporógenas, es decir, que se reproducen por medio de esporas y no mediante semillas, como lo hacen las gimnospermas y angiospermas.
Sus primeros antecesores, las psilofitas, aparecieron en nuestro planeta en el periodo silúrico de la era paleozoica, hace aproximadamente 440 millones de años. Sin embargo, se trataba de plantas primitivas que, aunque poseedoras de un sistema vascular que hacía posible la circulación del agua, no tenían tallos y hojas propiamente dichos.
Su evolución hasta la actualidad comprendió periodos durante los cuales los primeros helechos (licopodios, equisetos o “colas de caballo” y selaginelas) se desarrollaron y especializaron para reproducirse por medio de esporas, llegando a proliferar en esas grandes poblaciones que tal vez dominaban el paisaje primitivo.
Se dice, por ejemplo, que durante el periodo carbonífero, hace unos 360 millones de años, los helechos arborescentes alcanzaron su mayor esplendor, pudiendo hallarse ejemplares de hasta treinta metros de altura.
Sin embargo, como respuesta a los cambios en nuestro planeta, los helechos, al igual que muchas otras especies, tuvieron que adaptarse y evolucionar adoptando las formas que actualmente conocemos.

Las plantas vasculares esporógenas actuales
Hoy en día, las plantas vasculares esporógenas del mundo comprenden cuatro divisiones o grupos:
1) Psilophyta. Existen dos géneros en todo el mundo, con tan sólo doce especies comprendidas en una sola familia cosmopolita de amplia presencia tropical. El único género para nuestro país es Psilotum.
2) Lycophyta. Compuesta por tres familias: Isoetaceae, con el género Isoëtes,
Lycopodiaceae, con los géneros Huperzia, Lycopodiella y Lycopodium, con aproximadamente 450 especies de distribución cosmopolita, y Selaginellaceae, con únicamente Selaginella como género actual, con alrededor de 700 especies.
3) Sphenophyta. Representada sólo por una familia, Equisetaceae, y un solo género, Equisetum, plantas éstas conocidas comúnmente como “colas de caballo”. En la actualidad solamente sobreviven quince especies, de las cuales once se encuentran en Norteamérica, tres en la América tropical y una más en Asia.
4) Pteridophyta. Incluye alrededor de 10 mil especies con amplia distribución mundial. Comprende cinco órdenes: Filicales, Marattiales, Marsileales, Ophioglossales y Salviniales, donde únicamente los miembros del primero son considerados como helechos verdaderos, con 25 familias. Los demás sólo contienen una familia.

Algunos usos de los helechos
Los usos de los helechos son muy variados. Tienen un enorme potencial como plantas ornamentales, aunque en México no se han promovido lo suficiente como para competir con otras especies que tienen alta demanda. En varios países, algunos son comestibles, sobre todo las frondas jóvenes y la parte central del rizoma. En ciertas comunidades rurales asentadas en el bosque de niebla del centro de Veracruz, por ejemplo, se consume el rizoma de Marattia laxa después de someterlo a un proceso muy parecido al cocimiento del maíz, que se mezcla con aquél para preparar tortillas.
La mayoría de las especies contienen metabolitos secundarios aún muy poco estudiados, pero algunas de ellas, según se ha reportado, sirven para el tratamiento eficaz de parásitos intestinales, reumatismo, trastornos diuréticos, úlceras, mordidas y piquetes de insectos. Tal es el caso de la llamada “oreja de ratón” (Adiantum capillus-veneris), que en nuestro país se usa para corregir disfunciones renales.
Por supuesto, también son fijadores efectivos de nitrógeno y controladores del proceso de erosión en las pendientes pronunciadas.
Especies muy estudiadas como fertilizantes naturales son los helechos acuáticos del género Azolla, que tienen la capacidad de captar el nitrógeno atmosférico y fijarlo a la tierra, actuando como organismos simbióticos con algunas cianobacterias. De esta manera, contribuyen en gran medida a la continuidad de las cadenas tróficas en los ambientes acuáticos donde se encuentran.

El caso de Banderilla
Cubriendo 22.21 kilómetros cuadrados, el municipio de Banderilla apenas ocupa 0.03% de la superficie total del estado. Sin embargo, su ubicación entre la costa y el Cofre de Perote determina que la humedad y temperatura
sean propicias para la existencia del bosque mesófilo de montaña, uno de los ecosistemas más frágiles y, por lo mismo, más necesitados de conservación en todo el mundo. Caracterizado por ser uno de los sistemas biológicos más ricos en cuanto a diversidad de especies, en Banderilla se resiste a desaparecer, sobreviviendo en pequeños manchones cada vez más reducidos, amenazados por el rápido crecimiento de la mancha urbana y por el aumento de las necesidades humanas, como vivienda, alimento, servicios y demás.
De acuerdo con datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, en el año 2000 Banderilla contaba con aproximadamente 16 mil habitantes distribuidos en 26 localidades, de las cuales únicamente una es urbana. Asimismo, las actividades económicas principales reportadas en la zona son la agricultura (1,827.284 hectáreas) y la ganadería (691 hectáreas).
Ante este panorama, el bosque de niebla, al igual que muchos otros ecosistemas, enfrenta problemas de tiempo y de desconocimiento. La velocidad con la que la población crece supera con mucho la rapidez con la que adquirimos más conocimientos acerca de este ecosistema y de las especies que lo conforman.
En el presente artículo se dan a conocer los resultados sintéticos obtenidos en un reciente estudio enfocado al conocimiento de los helechos y las plantas afines que se hallan dentro de los límites de la zona. Cabe mencionar que dicha investigación forma parte de un estudio mayor que se realiza en el municipio para describir la vegetación total hoy presente.
Un poco de lo que sabemos y de lo que no sabemos Actualmente existen alrededor de 3,250 especies descritas de pteridofitas en América, y aproximadamente 10,400 en todo el mundo. En el caso de México, se reportan alrededor de 1,200 especies, y para Veracruz aproximadamente 600, siendo los lugares con mayor diversidad los que se encuentran en zonas templadas y cálidas, entre 12 y 27 °C, en climas húmedos a subhúmedos, y entre los 500 a los 2,900 metros sobre el nivel del mar, sobre todo en lugares con un buen grado de conservación.
Lo anterior convierte a Veracruz en el tercer estado de la República Mexicana con mayor diversidad de helechos, sólo después de Chiapas y Oaxaca.
Pero, ¿cuánto sabemos de esas 600 especies? De manera general, y gracias a los registros que se tienen acerca de las colectas realizadas en la entidad, conocemos su distribución (básicamente en los municipios), el tipo de vegetación que prefieren, los rangos de altitud en los que se pueden encontrar, y tal vez algo de su ecología en contadas especies. Sin embargo, aún desconocemos muchos aspectos importantes, como su información biogeográfica, ambientes particulares, interacciones con otras especies, papel que desempeñan en los diferentes tipos de ecosistemas en los que se desarrollan, interacciones con insectos y otros animales. Tales objetivos todavía se hallan en sus primeras etapas de desarrollo, por lo menos de la mayor parte de las especies reportadas en el estado.
En referencia específica a Banderilla, se sabía que contaba con una pteridoflora representada por 81 especies distribuidas en 40 géneros y 18 familias, de acuerdo a un inventario realizado en 1994.

Los helechos de Banderilla
Después de realizar colectas en los sitios que fueron considerados importantes debido a su estado de conservación –especialmente en lugares como el cerro de La Martinica, el rancho La Mesa, el rancho Galmonti y Chaltepec–, los resultados obtenidos son más que sorprendentes, pues se registraron un total de 130 especies distribuidas en 49 géneros y 24 familias. Desde cualquier punto de vista, tales cifras son importantes. Con base en una perspectiva meramente cuantitativa, tal cantidad significa que en esta pequeña área de la superficie total de Veracruz se halla alrededor de la quinta parte de todas las especies reportadas en el estado.
Cualitativamente hablando, la importancia del municipio es única. De las especies encontradas, la mayoría corresponde a Polypodium y Thelypteris, helechos que para mucha gente son bien conocidos debido a su increíble capacidad de adaptación, la que permite que crezcan en lugares tan comunes como las orillas de caminos y los troncos de los árboles. Son especies, pues, que para ser vistas no requieren que la persona se adentre demasiado en el bosque.
También podemos ver en gran número aquellas especies que son más susceptibles a los cambios de hábitat, como las que crecen en áreas un poco más densas del bosque mesófilo y que necesitan de un mayor grado de conservación de su entorno para poder desarrollarse. Son especies de Selaginella, Lycopodium, Adiantum, Asplenium, Blechnum, Cheilanthes, Diplazium, Tectaria y Marattia, entre muchas otras.
Por supuesto, no podían faltar los pequeños helechos; las especies de Trichomanese Hymenophyllum son características de esos rincones aledaños a las riberas de los arroyos tributarios del río Sedeño. Su aspecto frágil y translúcido los convierte en atractivos elementos de rocas y zonas donde hay escurrimientos de agua o nacimiento de manantiales, dando paso, junto con los musgos y las hepáticas, a la existencia de microhábitats en los que se desarrolla la vida de una fauna pequeña, pero no por eso menos importante. Tenemos también a los helechos arborescentes, considerados por muchos como los más atractivos. Su aspecto es sin duda majestuoso, pues no podría ser de otra manera la expresión de tantos años de crecimiento para llegar a su gran tamaño. Sin embargo, las tres especies presentes en el municipio se encuentran dentro de la categoría de “sujetas a protección especial” en la NOM-059-ECOL-2001.
Por su parte, las divisiones Sphenophyta y Psilophyta también tienen importantes representantes. En la primera, las colas de caballo o equisetos (Equisetum sp.) dan testimonio de que los arroyos que cruzan por los cada vez más pequeños manchones de bosque mesófilo en la zona se encuentran limpios, pues se trata de una planta que sólo se desarrolla donde las corrientes de agua cumplen con ciertos niveles de pureza.
Finalmente, encontramos a Psilotum, especie que combina la importancia de su presencia con la necesidad de sobrevivencia de los helechos arborescentes, pues es común hallarla viviendo sobre los troncos de las Cyatheas, por lo que su permanencia está muy ligada a lo que ocurra con éstas.

Importancia de los resultados
Para nadie es desconocido el hecho de que Xalapa y sus alrededores fueron antaño áreas donde los bosques de niebla eran comunes, pero actualmente la superficie de las pocas zonas donde aún quedan relictos de esta vegetación disminuye con rapidez. La proximidad entre los municipios de Banderilla y Xalapa hace crítica esta situación, pues no podemos hablar de los “problemas del vecino” sino de “nuestros problemas”.
El hecho de que un solo grupo de plantas se exprese con tanta diversidad en un área tan pequeña es un indicador de muchas cosas. En primer lugar, nos habla de que la diversidad vegetal es rica, a pesar de que el bosque mesófilo y los encinares de la zona se encuentran reducidos a áreas pequeñas y medianas. En Banderilla no sólo los helechos son abundantes; de hecho, se tiene un registro aproximado de 1,200 especies de plantas con flores. Tan sólo el que cerca de 20 especies de encinos de las 78 que se encuentran en todo el estado estén presentes en este lugar, nos da una idea de la importancia de su riqueza florística.
En segundo término, pone de manifiesto todo lo que nos falta por conocer y estudiar, no sólo en la zona sino en todos los ambientes bióticos que nos rodean. El proceso de conservación de áreas naturales debe basarse primeramente en el conocimiento de la zona: su vegetación, fauna,interacciones, servicios ambientales, necesidad de su permanencia y otros. No podemos hablar adecuadamente de conservación si no sabemos qué debemos cuidar, por qué y para qué, aunque en casos como éste, por encima de la ignorancia, hay la necesidad de conservar lo que sobrevive para después estudiarlo.

Finalmente…
En Banderilla la población crece cada vez con mayor rapidez, ya que el disponer de espacios para la vivienda se vuelve más urgente día tras día. En este caso en particular, el proceso se acelera debido a la proximidad de Xalapa, donde la demanda de espacios supera con mucho la disponibilidad de lugares adecuados para habitar.
Además, debemos sumar a lo anterior a todos aquellos habitantes de nuestra ciudad que, en su necesidad de alejarse un poco del ajetreo cotidiano que nos aqueja a todos, se desplazan a zonas más tranquilas donde aún se puede experimentar un poco esa sensación de tranquilidad que proporciona el campo.
Al igual que ocurre con los helechos, muchas otras plantas que han evolucionado a lo largo de grandes periodos de tiempo se enfrentan a la posibilidad de desaparecer en aras del progreso. El cambio de uso de suelo para el desarrollo de la ganadería transforma las zonas boscosas originales en potreros, y en las áreas en las que antiguamente se podían apreciar encinos, liquidámbares, marangolas y pipinques –por mencionar sólo algunos–, hoy sólo encontramos pastizales que, además, ni siquiera son de alto rendimiento.
Urgen más estudios que contribuyan a la comprensión de la riqueza vegetal de las áreas verdes que todavía nos rodean, pues el conocimiento de los ecosistemas y sus especies podrá conducirnos al aprovechamiento moderado y responsable de nuestros recursos.
Por ahora tenemos más argumentos para seguir considerando a Banderilla como un municipio importante en cuanto que es depositario de una gran biodiversidad vegetal. Dentro de sus límites, plantas tan antiguas como los helechos encuentran las condiciones adecuadas para su sobrevivencia, y aunque su superficie no es muy grande, contiene pulmones de vida de valor incalculable para todos, lo que es más que suficiente para emprender las acciones de conservación que contribuyan a su permanencia.