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¿Qué es la creatividad?

Zoila Edith Hernández Zamora1

Gracias a los esfuerzos de diversos investigadores, el estudio de la creatividad ha logrado abrirse paso como un sector propio y autónomo dentro de la investigación.
En razón de que la creatividad es un tema considerado ya de gran importancia en líneas generales, ha sido abordada de modo diferente dentro de las distintas escuelas de la psicología. A continuación se da a conocer una visión panorámica sobre el enfoque de la creatividad en cada una de dichas escuelas.

Las escuelas psicológicas

Entre las diferentes escuelas psicológicas que han tratado de explicar qué es la creatividad, una de ellas es la que asume como punto de partida el psicoanálisis, que toma, por supuesto, las ideas de Freud. El psicoanalista vienés señaló que la creatividad es la sublimación de los impulsos sexuales, pero otros psicoanalistas han opinado que está en la creación el orden de los impulsos incontrolados, y que sólo ocurre gracias a la regresión del yo, en un continuo que va de lo consciente a lo inconsciente.
La teoría asociacionista de la creatividad habla del descubrimiento de ciertos factores personales ambientales que fomentan la originalidad y la disposición asociativa. Por su parte, la teoría gestáltica considera a la creatividad como la acción por la que se produce o moldea una nueva idea, o “visión”, producto de la imaginación y no de la lógica, agregando que los individuos creativos tienen el don de abstraer, sopesar, regular, estructurar y ampliar formas.
La teoría existencialista afirma a su vez que la creatividad es un “encuentro” de la persona consigo misma y un producto de la máxima salud emocional.
Otra teoría es la de la transferencia, que dice que la creatividad es uno de los aspectos generales y un elemento más del aprendizaje, y que es transferible por lo mismo a otros campos o cometidos.
Una última teoría, la interpersonal o de la cultura de la creatividad, asevera que la personalidad tiene una dependencia de los semejantes,del entorno y de la cultura, dando como consecuencia que sea un elemento decisivo para que surja o no la creatividad; asimismo, proclama que la conformidad de la sociedad es un estorbo para la creatividad del individuo, y por tanto sugiere que la persona perciba su entorno abiertamente y sin prejuicios.

¿Quién es creativo?

En fin, para definir a la creatividad también se debe ser creativo para encontrar otras formas originales y diferentes de conceptuarla. En cuanto a la persona creativa, ésta tiene como rasgos esenciales los de sentir curiosidad por conocerlo todo: la historia de la antigua Roma, los conocimientos matemáticos en el siglo XIX, la jardinería, las lenguas autóctonas, la enseñanza asistida por computadora, etcétera. No sabe cuándo surgirá una nueva idea de este múltiple conglomerado de pensamientos; puede ser dentro de una hora, un mes o el próximo verano; pero indefectiblemente tiene confianza en que brotará una nueva idea.
Si bien las ideas surgen del conocimiento, el conocimiento por sí solo no determina el grado de creatividad de la persona. Existen personas que saben mucho pero que carecen de creatividad; sus conocimientos se encuentran estacionados en su cerebro, posiblemente porque no han aprendido a contemplarlos desde nuevas perspectivas; es decir, la respuesta de su potencial creativo está en la forma en cómo maneja sus conocimientos. El pensamiento creador necesita de una disposición y un proyecto que despierte su curiosidad por encontrar nuevas ideas y elaborar conocimientos y experiencias.

Tal probabilidad exige ensayar diferentes planteamientos, algunos de los cuales pueden resultar inútiles. Ilógicamente, deberán intentarse ideas sin sentido, tontas o imprácticas como aproximación al origen de las ideas novedosas. Por momentos puede romper, inclusive, los moldes tradicionales y buscar ideas de modo extravagante. En otras palabras, cuando se adopta un planteamiento creativo se predispone a la mente a aceptar el cambio y acceder a nuevas posibilidades.
Johann Gutenberg, por ejemplo, supo aprovechar magníficamente esta estrategia. Fusionó dos modelos que hasta entonces nadie había relacionado: los conceptos implícitos en la prensa para la uva de vino, y la prensa para la acuñación de monedas, para crear así un gran invento. El objetivo de la prensa de acuñación de monedas era imprimir una imagen sobre la pequeña superficie de una moneda, que en ese entonces eran de oro. El propósito de la prensa de vino era, y es todavía, el de ejercer presión sobre una gran superficie para extraer el jugo de las uvas. Pudiera suponerse que mientras Gutenberg bebía un vaso de vino pensó: “Si pongo varias prensas de acuñar monedas bajo la presión deuna prensa de vino, podría imprimir las imágenes de las monedas sobre un papel”. Hipotéticamente, de este modo, Gutenberg inventó la imprenta combinando una prensa de imprimir y caracteres móviles de aleación de plomo.
Inventar, entonces, es encontrar nuevas aplicaciones para las cosas ordinarias; por tanto, si desea usted ser más creativo, comience por encontrar nuevos matices a las cosas más comunes de la vida cotidiana. Dicho de otra manera, “piense diferente que el resto de la gente”.
Existe el mito popular de que las personas creativas son exclusivamente aquellas que se dedican al arte, los “artistas”, por decirlo así, cuando la creatividad puede ser propia de un sinnúmero de personas, desde la mujer que cocina para su familia, hasta el gran escritor que obtiene el premio Nobel. ¿Se ha preguntado usted, lector, cuándo fue la última vez que tuvo una idea creativa, ya sea en su trabajo, en su casa, en su trato familiar, en su relación de pareja; en fin, en cualquier parte de su entorno?

¿Para qué ser creativo?

Existe además otra interrogante: ¿para qué ser creativo? Cada quien tiene su propia respuesta; puede ser para cambiar porque el trabajo lo exige, porque se obtienen grandes logros o satisfacciones, porque la procreación de ideas puede resultar muy agradable o simplemente porque es divertido.
De entre los motivos que se mencionan para ser creativo, dos llaman la atención. El primero es para cambiar. En efecto, si se dispone de nueva información y han variado las circunstancias, no se pueden aplicar a problemas actuales soluciones anticuadas. La vida nos enseña de continuo que lo que era bueno hacecinco años no será válido mañana. Ante esto, solamente se tienen dos opciones: conformarse con la idea de que en la actualidad las cosas son mucho más difíciles que en el pasado, o utilizar la propia capacidad creadora para encontrar nuevas respuestas, soluciones más originales e ideas más innovadoras.
Otra de las razones para desarrollar nuevas ideas, conceptos, formas, inventos y demás es que resulta muy excitante. Hay ciertos autores que afirman que, en cierta forma, el pensamiento creador tiene un cierto erotismo: la erótica de la creatividad. Las ideas, al igual que los organismos biológicos, tienen un ciclo vital: nacen, crecen, maduran y mueren. Por lo tanto, deben generarse nuevas ideas. La procreación de nuevas ideas, al igual que la procreación biológica, puede resultar una tarea muy agradable.

¿Cuáles son las características de las personas creativas?
Las personas creativas tienen ciertas características o cualidades.
En términos generales, podrían considerarse las siguientes:

• Sentir curiosidad por conocerlo todo.
• Tener confianza en que emergerá una nueva idea.
• Saber manejar los conocimientos.
• Intentar ideas sin sentido, absurdas o imprácticas para
propiciar el nacimiento de nuevas ideas.
• Predisponer la mente a la aceptación del cambio y de
nuevas posibilidades.
• Tener la capacidad de transformar unas ideas en otras.
• Encontrar nuevas aplicaciones a las cosas ordinarias.
• Tener la habilidad de desaprender lo aprendido (vaciar la
mente).

Como se dijo anteriormente, la creatividad no es un rasgo único de los artistas, pues hay personajes conocidos que han destacado dentro de su ámbito específico de trabajo no artístico. David Ogilvi, un ejecutivo publicitario inglés, considera que las características propias de una persona creativa son las de tener un espíritu apasionado, liderazgo, destreza manual, excentricidad, entusiasmo, sentido de la oportunidad, mantenimiento de las promesas a cualquier costo, rigor, limpieza, orden, ganancias económicas, diligencia, esmero y planeación.
A su vez, Richard Feynman, premio Nobel de física y maestro, piensa que para ser creativo es necesario saber enseñar (tener creatividad para contestar las preguntas de los alumnos, saber si existe una forma mejor de contestarlas, si hay algún problema relacionado con ellas o si hay algún pensamiento nuevo), enfrentar desafíos, tener una actividad real, inventar cosas, jugar con las cosas, experimentar, tener curiosidad, tener grandes ideas y sentir placer al jugar con la física.
El famoso cineasta Federico Fellini adjudicaba su triunfo a la creatividad, para lo cual consideraba necesario estar solo entre la gente, pensar entre la gente, estar rodeado de dificultades, tener preguntas para contestar, tener problemas para resolver, tener un tumulto a su alrededor, estar rodeado de movimiento, mover las cosas, estar en medio de todo, saberlo todo, hacerle el amor a todo lo que lo rodea, ser un vagabundo, tener curiosidad, mostrar lo que se hace a la gente, no tener planes lógicos, tener aversión a las frases hechas, ignorar lo que se está haciendo, zambullirse en la oscuridad y la ignorancia, experimentar desesperación, abrirse violentamente las cicatrices más dolorosas, anticiparse a su tiempo, detestar la hipocresía y lo artificial, tener excusas, trabajar sin descanso, identificarse con el trabajo, interesarse en todo, ir en búsqueda de problemas, tener el deseo de aprender, mostrar indiferencia ante los problemas abstractos o ideológicos, hacer que las ideas o situaciones se conviertan en hechos concretos, tener libertad, descubrirse a sí mismo, amar la vida, disfrutar de la vida, conmoverse con la vida y compartir los sentimientos (amar, disfrutar y conmoverse) con los demás.
Igor Stravinsky, el gran compositor ruso, decía que para ser creativo había que ser revolucionario (original, según él), estar siempre en guardia, ser novedoso, romper con los hábitos, tener algo para decir, ir más allá de los límites y las convenciones establecidas, gozar anticipadamente del descubrimiento, tener comprensión intuitiva de una entidad desconocida o ignorada, poner atención constante, hacer premoniciones, gozar anticipadamente del placer por la obra a crear, gozar con el descubrimiento, trabajar intensamente, sentir placer por la creación, hacer un esfuerzo espiritual, físico y psicológico, ordenar el material, sentir placer por el trabajo, poseer capacidad de asombro, tener imaginación creativa, ser consciente de los hallazgos, tener capacidad para conmoverse, tener voluntad, mirar alrededor, tener obstáculos desconocidos, tener libertad, poseer el don de la observación, romper la rigidez e improvisar.
Como puede observarse, cada uno de estos cuatro personajes tenían distintas características que los condujeron a ser creativos; se podría decir que tales características obedecían más que nada a la profesión a la que estaban ligados: mientras que Fellini y Stravinsky eran artistas, a Ogilvi, como ejecutivo, le interesa más el rigor, la limpieza, el orden y las ganancias económicas; por otra parte, Feynman está mucho más interesado en la enseñanza, y de ahí parte su creatividad. Por lo tanto, podemos concluir que, dependiendo de la actividad que uno haga, serán los rasgos que se necesitan para ser creativo, si bien es cierto que algunos de esos, como la curiosidad, el placer por lo que se hace, el inventar o el enfrentar retos, son comunes en todos.
Tomando en consideración lo anterior, puede usted ubicarse en alguna de esas profesiones, descubrir cuál es la que más se acerca a la de usted y darse cuenta si es posible adquirir las características que le son propias o si ya las posee, y tener bien presente que la creatividad es un producto del aprendizaje.

Trabas mentales para la creatividad

La mayoría de la gente carece normalmente de originalidad, y eso ocurre principalmente por dos motivos: el primero es que las tareas rutinarias no exigen creatividad. Tomando un ejemplo, no hace falta mucha creatividad para llenar formatos ya elaborados, circular por el centro de la ciudad, subir escaleras o hacer cola en el supermercado. Todas ellas son situaciones rutinarias para las que tenemos modos anticipados de actuar que las resuelven satisfactoriamente. Para muchas de esas actividades ordinarias, estos modos premeditados de actuación son indispensables; sin ellos la vida sería un caos, entre otras cosas porque no habría tiempo para hacer frente a situaciones más conflictivas. Un ejemplo de ello es que no es posible ponerse a meditar largo tiempo en el baño sobre la composición del jabón y las formas de un nuevo modo de aseo, o bien ponerse a estudiar la conveniencia de una composición distinta de la pasta de dientes, ya que difícilmente se llegaría puntualmente a la oficina. Pero teniendo una rutina mental se hace todo lo que se tiene que hacer sin necesidad de concentrarse en ello.
Sin embargo, en otras ocasiones se tiene que ser más creativo y desarrollar nuevas formas de acción para alcanzar los objetivos trazados. En estos casos, el propio sistema de valores puede aconsejar no correr riesgos apartándose de lo tradicional, lo cual lleva a la otra justificación de la falta de originalidad. Casi todas las personas tienen mecanismos que obstaculizan la mente y mantienen el pensamiento en sus moldes tradicionales. Estas actitudes pueden ser fructíferas para todo lo que hacemos cotidianamente, a excepción, por supuesto, de aquellas situaciones que exigen una respuesta creativa.
Estas actitudes son lo que da por llamarse “trabas mentales”. Diez de estos impedimentos mentales son especialmente amenazadores: “Esta es la respuesta correcta”, “Eso no es lo lógico”, “Siga las instrucciones al pie de la letra”, “Sea práctico”, “Evite la ambigüedad”, “Equivocarse es vergonzoso”, “Juguetear es mera frivolidad”, “Esa no es mi especialidad”, “No quiero hacer el ridículo” y “No tengo creatividad”.
Ed y Sonia Nevis hablan de catorce bloqueos para la creatividad, los que son mencionados a continuación: miedo a fracasar, renuencia a jugar, miopía ante los recursos, exceso de certeza, evitación de frustraciones, sujeción a la costumbre, vida empobrecida de la fantasía, miedo a lo desconocido, necesidad de equilibrio, renuncia a ejercer influencia, renuncia a permitir que el proceso siga por sí solo, vida emocional empobrecida, falta de integración entre las polaridades de la persona, y embotamiento de la sensibilidad.
Ante tales juicios, surge lo que se ha dado en llamar “golpe de la creatividad”, que nos saca de los esquemas rutinarios y que nos obliga a pensar en algo diferente. Estos golpes, hipotéticamente, pueden ser de todos los tamaños, formas y colores; no obstante, todos ellos tienen algo en común: comprometen, al menos en el momento, a pensar algo diferente. A veces se recibirá el golpe en forma de dificultad o error; en otros casos el disparador será una broma o una situación absurda; por ejemplo, cuando perdemos un trabajo o una persona querida, cuando afrontamos preguntas insólitas, cuando alguien nos manda un regalo sin motivo aparente, cuando nos hacemos preguntas ilógicas, cuando escuchamos un chiste o cuando contemplamos la salida del sol después de haber pasado una noche sin dormir.
Es de alegrarse cuando se reciben algunos de estos golpes de la creatividad; difícilmente le podrá ocurrir algo mejor a una persona, pues pueden ayudarla a detectar un problema antes de que se manifieste como tal, a descubrir una oportunidad no demasiado evidente, a generar nuevas ideas y, muy en especial, a resolver problemas que la están asaltando desde hace mucho tiempo.
Para concluir, el individuo creativo es el que se esfuerza por buscarse a sí mismo, pero en forma creadora, no superficial. Hacer algo nuevo con uno mismo y con otras personas puede ser una fuente de placer y alegría muy grandes.

 

1 Instituto de Investigaciones Psicológicas de la Universidad Veracruzana, Dr. Luis Castelazo Ayala s/n, col. Industrial Ánimas, 91190 Xalapa, Ver., tel. (228)841-89-00, ext. 13219, fax (228)841-89-14, correo electrónico: zhernandez@uv.mx