Toxicidad en los
alimentos: la acrilamida
Rosa María Infanzón Ruiz*
En mayo del 2002, la Autoridad Alimentaria Nacional
Sueca publicó un estudio en el que se informaba por
primera vez sobre la presencia de grandes cantidades
de acrilamida en los alimentos ricos en almidón cocinados a altas
temperaturas (por encima de 120º C), como las que se generan
durante las prácticas de fritura y horneado. A raíz de este estudio,
las agencias alimentarias del Reino Unido y de Noruega realizaron
estudios de monitoreo para verificar los hallazgos, comprobando
los resultados suecos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO) celebraron del 25 al 27 de junio de 2002 una
reunión de científicos, médicos y especialistas en salud pública que
tuvo como fin estudiar los datos sobre la presencia de laacrilamida
en los alimentos y hacer las recomendaciones necesarias tanto a
los consumidores como a los investigadores en la materia.
La acrilamida tiene la fórmula química CH2CHCONH2 y un
peso molecular de 71.09; su temperatura de ebullición es de 125o
C y la de fusión de 87.5º C. Es un producto químico intermedio (un
monómero) empleado en la síntesis de poliacrilamidas. Tiene la
apariencia de un polvo blanco cristalino y es soluble en agua,
etanol, metanol, éter etílico y acetona, pero no en heptano ni benceno.
Se polimeriza rápidamente al alcanzar el punto de fusión o al
ser expuesto a la luz ultravioleta. La acrilamida sólida es estable a la
temperatura ambiente, pero puede polimerizarse violentamente
cuando se mezcla o expone a agentes oxidantes. En la Unión
Europea se producen de 80 mil a 100 mil toneladas anualmente. Se emplea como floculante en el tratamiento del
agua potable y en el procesamiento de la pulpa
de papel. Se utiliza también para retirar sólidos en
suspensión de las aguas residuales de la industria
antes de su vertido, reutilización o eliminación, y
asimismo como aditivo en cosméticos, acondicionadores
de suelos, tratamiento de minerales y
formulación de agentes selladores para diques,
túneles y alcantarillados. Los fumadores también
se exponen a la acrilamida durante el consumo
de cigarrillos.
Efectos de la acrilamida
sobre la salud
En los seres humanos y en los animales, la neurotoxicidad
es el riesgo más importante de
ingerir acrilamida. La exposición a altas dosis de
esta sustancia provoca cambios en el sistema
nervioso central, mientras que la exposición prolongada
a bajas dosis da como resultado neuropatía
periférica en presencia o ausencia de
complicaciones sobre el citado sistema. Los
resultados de algunos estudios llevados a cabo
con roedores y primates impulsaron a la FAO a
establecer 0.5 mg/kg/día como el nivel máximo
de ingesta en humanos, el cual no produce la
neuropatía; se estimó además la ingesta crónica
permitida en 0.001 mg/kg/día.
La acrilamida es tóxica en las células
somáticas y germinales y posee el potencial de
inducir daños hereditarios en los genes y cromosomas.
Tiene potencial cancerígeno en ratas,
de modo similar al de otros cancerígenos que están presentes en diversos alimentos, pero los
niveles de ingesta de acrilamida son mayores,
por lo que la Agencia Internacional de Cáncer
(I A R C) la clasificó como un probable cancerígeno
en los seres humanos, por lo que la ubicó en la
clasificación 2A..
.En algunos estudios in vitro que incluían
cultivos de células de mamíferos, y otros in vivo
con ratas y ratones, se ha demostrado que produce
daño al material genético de la célula e
induce tumores en las ratas después de su
administración. Así, se concluyó que la actividad
de la acr i lamida es la de un genotóxico y
carcinógeno. No fue posible determinar un nivel
de exposición responsable de los efectos originados;
por consiguiente, se debe asumir que
existe riesgo, aunque sea pequeño, en la
exposición a niveles bajos.
Los datos publicados indican su capacidad
para provocar mutaciones en el código
genético al formar combinaciones de ADN. Las
recombinaciones inducidas de ADN pueden
interferir con el proceso de replicación genética,
lo que puede desembocar en la formación de
tumores.
Como hemos dicho antes, la exposición
de ratas y ratones a la acrilamida aumentó la
incidencia de varios tipos de cáncer. Aunque
por ahora se desconoce el mecanismo que lleva a desarrollar neoplasias, una de las teorías señala que la esta
sustancia desencadena la mutagénesis al dañar el ADN. El equipo
de investigadores del Instituto de Investigación Beckman, en
Duarte (California), probó su hipótesis en células mamíferas al
exponer el tejido conectivo e incorporar artificialmente un gen
conocido como transgen. Las células tratadas con acrilamida
formaban más combinaciones de ADN en determinados puntos
del transgen, en comparación con las controles. El tratamiento
de las células con bajas concentraciones de acrilamida se asoció
con una duplicación del número de mutaciones en el transgen,
en comparación con el grupo control. Esta tasa de mutación fue
similar a la de las células tratadas con el conocido carcinógeno
BPDE en bajas concentraciones.
Los estudios epidemiológicos de las muertes por cáncer
en trabajadores expuestos a la acrilamida debido a su trabajo no
demostraron ningún aumento en su incidencia, pero no hay aún
conclusiones definitivas debido a ciertos sesgos observados en
los estudios. Según la información disponible, la IARC ha catalogado
a la acrilamida como “probablemente carcinógena para los
humanos”. Por esta razón, en el Reino Unido las autoridades de
salud y ambiente recomiendan que la exposición a los genotóxicos
cancerígenos como la acrilamida debe ser mínima.
Los estudios hechos con ratas han demostrado ciertos
efectos sobre el sistema reproductor masculino, manifestados en
la disminución de la fertilidad de los machos. Las ratas macho
tratadas con acrilamida desarrollan mesotelioma testicular y
tumores en la tiroides, y las hembras tumores en la tiroides y en
las mamas. En presencia del promotor cancerígeno TPA ( 12 - 0 -
tetradecanoyl-forbol-13-acetato) se produjeron neoplasias de
piel. No existen datos que permitan extrapolar a los humanos
estos descubrimientos hechos en ratas.
La información disponible todavía es insuficiente para
estimar la ingesta total diaria de acrilamida en la población a
través de los alimentos. Los estudios suecos indican que la
ingesta podría ser de hasta 0.1 miligramos por día, lo que equivale
aproximadamente a 0.0017 miligramos por kilo de peso corporal
por día, siendo más de mil veces menor que la dosis
necesaria para desarrollar efectos sobre el sistema nervioso o
reproductor en los animales.
La consulta realizada por la OMS a expertos especializados
en cuestiones cancerígenas, toxicología, tecnologías alimentarias,
bioquímica y química analítica, identificaron un número importante de asuntos que deben ser investigados.
Por ejemplo, si bien se sabe que la acrilamida
provoca cáncer en animales de
laboratorio, no hay estudios que demuestren la
relación entre la acrilamida y el cáncer en los
seres humanos. Los modelos teóricos para predeci
r si el cáncer se puede desarrollar en
humanos a partir de los actuales niveles de
ingesta no son lo suficientemente confiables
para llegar a conclusiones serias. En los estudios
hechos con ratas, la acrilamida tiene una potencia
similar a la de otros agentes cancerígenos
conocidos que se forman durante el cocinado,
como es el caso de ciertos hidrocarburos que se
forman en la carne frita o a la plancha. Pero los
niveles de ingestión de acrilamida pueden ser
mucho más elevados. Por ello, la consulta
reconoce que el problema de esta sustancia en
los alimentos es importante, pero que los datos
hasta ahora disponibles no son suficientes para
estimar cuantitativamente el riesgo de sufrir
cáncer a partir de la acrilamida formada en la
dieta. No es posible todavía determinar qué porcentaje
de la presencia total de acrilamida en el
cuerpo humano proviene de los al imentos
hechos a base de almidón. Debido a que otros
alimentos, como frutas, verduras, carnes y
mariscos, así como las bebidas o los cigarrillos
pueden constituir una fuente de acrilamida en el
cuerpo humano, no es posible saber qué porcentaje
proviene de tales alimentos.
Por qué es importante
este problema
La acrilamida se genera en los alimentos ricos en
almidón (como las papas y los cereales) a consecuencia
de las altas temperaturas de cocinado,
como la fritura, el horneado, el asado y la parrilla.
Sin embargo, esos alimentos no tienen niveles significativos de acrilamida cuando están crudos,
ni tampoco cuando se cocinan mediante la cocción
o hervido, donde la temperatura alcanzada
no rebasa los 100° C.
Las investigaciones realizadas en Suecia
sobre el riesgo laboral de los trabajadores, determinaron
que el grupo control, no expuesto a la
acrilamida en su trabajo, mostraba en forma inesperada
altos niveles de la misma en su organismo.
Este hallazgo indujo a los investigadores a
estudiar las posibles fuentes de exposición a la
acrilamida, incluidos los alimentos.
Así, se analizó una serie de productos
de consumo habitual, que incluían papas fritas
normales (chips); papas fritas cortadas en
rebanadas finas que se fríen hasta lograr una
textura cruj iente y que suelen presentarse
como aperitivos; papas fritas envasadas
(crisps), y panecillos y cereales. Se encontraron
niveles de acri lamida que conf irmaron las
determinaciones suecas: la acrilamida no se
hallaba en las papas crudas o cocidas, pero sí
se hallaba en niveles significativos en las fritas.
También se demostró que el sobrecocinado (o
sea, el freírlas hasta más allá del 40% del
tiempo recomendado, por ejemplo 12 + 5 minutos,
hasta que se v ieran más doradas)
aumentaba todavía más los niveles de acrilamida.
Los niveles encontrados en las muestras
oscilaban desde 0.31 hasta 3.5 mg/kg en
el caso de las papas fritas. En las papas fritas
sobrecocinadas se alcanzaron niveles de
12-12.8 mg/kg; entre 1.22 y 1.5 mg/kg en las
papas fritas envasadas, y entre 0.11 y 2.4
mg/kg en los cereales.
Como la acrilamida se forma en los productos
ricos en almidón que se fríen u hornean
a temperaturas superiores a los 120º C, independientemente
si se elaboran en la industria
alimenticia o se preparan en casa, es probable
que se pueda encontrar también en otros alimentos
elaborados a base de harina, como los cereales (que son ricos en almidón) que sufren los mismos
tratamientos culinarios. A estos productos se pueden añadir las
pizzas, churros, empanadas, pan, galletas, distintos tipos de
tartas y otros más.
La acrilamida se forma durante la llamada “reacción de
Maillard”, que es un proceso térmico común que dota del color y
sabor característicos a los productos sometidos a altas temperaturas
durante un tiempo prolongado. Dicha reacción es la que
explica por qué algunos productos fritos u horneados acaban
tomando un característico color dorado y el olor propio de alimentos
tostados. Es el caso de las papas fritas, las galletas o el
pan, todos ellos tienen una notable proporción de carbohidratos.
Los estudios realizados no han demostrado la razón ni
el mecanismo mediante el cual se genera la acrilamida como
consecuencia del cocinado. Diversos grupos de investigadores
sospechan que la causa de que aparezca tal sustancia es un
aminoácido llamado aspargina, que al ser calentado con ciertos
azúcares provoca una reacción química que origina ese preocupante
compuesto cancerígeno. Las papas son especialmente
ricas tanto en aspargina como en glucosa. Además, este
aminoácido está presente en numerosos cereales y carbohidratos.
Los límites de tolerancia
La acrilamida se emplea en la fabricación de los plásticos y el
papel que se utilizan como envases o empaques de alimentos.
A consecuencia de ese contacto, la Unión Europea ha legislado
que el límite máximo permisible de acrilamida es de 0.01
miligramos por kilo de alimento empacado en envases de plástico.
Este valor contrasta con los altos niveles encontrados en
los estudios de monitoreo. El límite legal establecido sólo se
aplica a la acrilamida que pueda pasar de los envases de plásticos
a los alimentos y no a la que se forma durante su cocinado.
Un derivado, la poliacrilamida, se emplea en la depuración
de aguas debido a que se adhiere a las partículas sólidas,
reteniéndolas en el filtrado. Es el único polímero que
elimina en forma adecuada ciertas partículas del agua y que no
es tóxico en forma polimerizada. La industria química minimiza
su cantidad manteniendo los niveles por debajo del límite permitido.
El límite permisible de acrilamida en aguas aptas para
beber es tablecido por la Unión Europea es de 0.0001
miligramos por cada litro de agua; por lo tanto, las cantidades
de acrilamida que pueden ser detectadas en los alimentos
como consecuencia de los envases o en el agua potable son
insignificantes en comparación con los que se generan durante
la fritura o el horneado. Para estos alimentos todavía no se
establecen los niveles recomendados.
Los datos del estudio realizado por la
Food and Drugs Administration ( FDA) de
Estados Unidos revelan que no se ha encontrado
acrilamida en los quesos procesados,
leche o helados analizados. Pero distintas galletas
saladas, que son la merienda de muchos
niños, contienen un alto índice de la misma
sustancia. En cambio, algunas comidas
preparadas con pavo y verduras contienen muy
poca. Ciertos alimentos muy habituales en la
dieta infantil de Norteamérica, como la mantequilla
de cacahuate y las galletas de chocolate,
también incluyen acrilamida en su composición.
La mayoría de las frutas y verduras no contienen
acrilamida, pero sí los zumos preparados
y las aceitunas negras. Los estudios de monitoreo
indican que la acrilamida forma parte del
27.7 % de los alimentos en la compra promedio
norteamericana.
Algunas conclusiones
La reunión de expertos FAO y la OMS sobre la
acrilamida en alimentos concluyó, después de
haber revisado la documentación disponible, que
los nuevos hallazgos representan un problema
serio y que la acrilamida habrá de ser incluida
como una prioridad en la reunión de ese comité
de expertos sobre aditivos alimentarios. Los
conocimientos que se tienen en la actualidad no
permi ten responder a todas las cuestiones
planteadas, por lo que se necesitan más estudios
científicos y la creación de una red internacional
que haga posible el intercambio de
experiencias y la coordinación de los trabajos.
Los modelos matemáticos para predecir el desarrollo de cáncer en los seres
humanos a partir de los niveles medios de
ingesta de acrilamida en alimentos no son suficientes para llegar a conclusiones definitivas y
para hacer estimaciones cuantitativas del
riesgo. Por otra parte, se desconoce la toxicocinética
y toxicodinamia de la acrilamida en
el organismo humano.
Los científicos consideran necesario
realizar más estudios para identificar el mecanismo
de formación de la acrilamida durante el
proceso de cocinado; la epidemiología de los
cánceres humanos frecuentes, la presencia de
la acrilamida en otros alimentos distintos de los
ricos en almidón –incluidos los que no son típicos
de las dietas–, y las posibilidades de reducir
la cantidad de acrilamida en alimentos cambiando
su composición, los tratamientos a los
que se les somete y otros factores.
La tarea por hacer
Las intoxicaciones o las toxiinfecciones debidas
al consumo de alimentos crudos o insuficientemente
cocinados son un asunto de gran importancia.
La mayoría de los alimentos que se
ingieren contienen sustancias que, consumidas
durante periodos prolongados, pueden estimular
el desarrollo del cáncer. Su desarrollo dependerá
de los factores internos de tipo personal, de las
dosis y del tiempo de exposición. Existen otras
causas que estimulan el desarrollo del cáncer,
incluidos la contaminación ambiental, el estilo de
vida, el medio laboral y otros.
Debido a los recientes descubrimientos
de la acrilamida en los alimentos y el alto consumo
de alimentos fritos en la población mexicana,
se puede esperar la aparición de los
efectos dañinos en personas expuestas a esta dieta; sin embargo, los expertos advierten que el nivel de agentes
que causan daños en el A D N y que son potencialmente cancerígenos –como es el caso de la acrilamida– debe restringirse y
reducirse en los alimentos. Cuando se generan en los alimentos de
forma natural, es necesario tomar acciones para determinar cuál
es el nivel permisible que de forma razonable no entrañe peligro
para la salud. Para esto se debe trabajar conjuntamente con la
industria alimenticia a fin de aumentar el nivel de conocimientos
sobre la acrilamida en los alimentos.
Las posibles consecuencias de tales descubrimientos
para la industr ia son por el momento impredecibles, pero
pueden tomarse algunas medidas sencillas que podrían reducir
o eliminar la acrilamida de algunos alimentos protegiendo su
estado higiénico y su sabor. Entre esas medidas se hallan las de
agregar el aminoácido cisteína o minerales como el calcio, que
impiden la formación de acrilamida, o bien cambiar las técnicas
en el cocinado y preparación de los alimentos.
Mientras no se disponga de nuevos datos, los expertos
no recomiendan a la población que deje de consumir los productos
ya estudiados; no existe un método práctico para evitar
la presencia de acrilamida en los alimentos, y dado que aparece
en muchos productos de consumo habitual, no es posible seguir
una dieta equilibrada sin correr algún riesgo. Advierten, sin
embargo, que en una dieta equilibrada el consumo de productos
fritos y ricos en grasas debe ser limitado. Por otra parte, una
dieta saludable y equilibrada que incluya una buena cantidad de
frutas y verduras parece tener un efecto protector ante ciertos
tipos de cáncer.
En conclusión, las recomendaciones de los expertos no
son muy alentadoras. Durante la mayor parte de nuestra vida
estamos expuestos a la contaminación alimenticia de compuestos
químicos potencialmente cancerígenos. Dados nuestros
hábitos alimenticios, es difícil modificarlos prescindiendo de
platillos y formas de cocinado habituales en la dieta. El cocinado
a temperaturas inferiores a las normales no es una solución
porque el calor elimina organismos patógenos peligrosos. Como
dijimos antes, se necesitan más estudios y pruebas antes de
lograr un entendimiento total del problema y de sus implicaciones
para la salud.
*Instituto de Medicina Forense de la Universidad Veracruzana,
S.S. Juan Pablo II s/n, Boca del Río, Ver., correo electrónico:
rinfanzon@uv.mx