Porfirio Carrillo: Podemos
unir la creación artística
con la científical
Liliana Calatayud Duhalt
El doctor Porfirio Carrillo Castilla es, sin duda alguna,
uno de los investigadores más renombrados que existen en la plantilla académica de la Universidad
Veracruzana. A las pruebas nos remitimos: pertenece al Sistema
Nacional de Investigadores desde 1996 y ha sido miembro de
organismos internacionales tales como la Sociedad Internacional de
Neurociencias, la Academia de Ciencias de Nueva York y la
Academia Mexicana de Ciencias. Obtuvo la licenciatura en Biología
en la Facul tad de Ciencias Biológicas de la Universidad
Veracruzana, y la maestría y el doctorado en Ciencias Fisiológicas
en el Centro de Neurobiología de la Universidad Nacional
Autónoma de México.
En su faceta de divulgador, el doctor Carrillo se desempeña
de manera constante y eficiente. Sobre esto y acerca de su intensa
actividad dentro de la investigación, nos habla gentilmente en la
presente entrevista.
En pocos profesionales se ve desde el principio de sus estudios
universitarios la fuerte convicción por la carrera seleccionada, como
ocurre en su caso. ¿Cómo es que se decide a estudiar la biología?
Esa pregunta me ha inquietado particularmente.
Reconozco dos grandes influencias tempranas: la primera, de una
maestra de biología que tuve en la secundaría, que por alguna
razón que no recuerdo se apoyaba en mí para hacer los dibujos
que se utilizarían en las clases; me vienen a la mente las famosas
hojas de esténcil y mis lienzos para dibujar toda clase de ejemplares
de los distintos reinos, actividad que disfrutaba mucho; por otro lado, recuerdo que cuando era muy
pequeño una de mis grandes pasiones eran los
programas de divulgación de Jacques Cousteau;
memoricé incluso secuencias y narraciones completas.
Para mí, el gran Cousteau y su barco
Calipso eran “la neta del planeta”.
Posteriormente a su salida de la Facultad de
Biología forma parte del proyecto del Centro de
Investigaciones Biológicas, ¿no es así?
Desde antes de salir de la facultad formé
parte de ese proyecto. Siendo estudiante del tercer
semestre de la carrera me sucedió uno de
los acontecimientos más decisivos en mi vida
personal y profesional, pues soy de los que no
separan la una de la otra. En la materia de
Fisiología Animal, que impartía la extraordinaria
maestra Rufina Segundo, tenía como ayudante
de laboratorio al maestro Ernesto Rodríguez
Luna. Él, en ese entonces, estaba empezando el
proyecto de estudios conductuales en primates.
El desarrollo de la investigación incluía la creación
de un grupo de estudio que se reunía en la casa
de aquél. Tuve la fortuna de ser invitado a ese
grupo, ¡y mi participación en él para trabajar con
primates duró diez años!, de tal manera que
primero se fundó la Estación de Primatología;
luego, el Centro de Investigaciones Biológicas, y
más tarde el Instituto de Neuroetología. Sin duda
alguna, bajo la dirección de Ernesto aprendí
muchísimo. Una de las mejores etapas de mi vida
es esa década de amistad e intenso trabajo de
investigación al lado del maestro Rodríguez, de
Mario Caba, de Domingo Canales y de Jorge
Manzo, entre muchos otros.
¿Como encauza su interés por la línea de investigación que hoy maneja?
Actualmente desarrollo dos líneas de
investigación: una dedicada a la neurobiología del desarrollo y otra a la divulgación de la ciencia; en
el primer caso, junto con mis estudiantes Apolo
Car rasco y Ricardo Valenzuela estudio las
respuestas de las ratas neonatas a los estímulos
nocivos del ambiente. Nuestro espejo de lo que le
ocurre al sistema nervioso ante las influencias
nocivas del ambiente es la conducta. Los modelos
conductuales, que permiten analizar los cambios
en el sistema nervioso en edades tempranas
del desarrollo postnatal, los aprendí a lo largo de
ocho años de trabajo al lado del doctor Manuel
Salas, del Centro de Neurobiología de la
Universidad Nacional Autónoma de México, un
maestro que marcó mi ruta en las neurociencias
con su ejemplo de trabajo y perseverancia en el
estudio del desarrollo del sistema nervioso.
Aprendí otros modelos de estudio –básicamente
sobre dolor y desarrollo del sistema nervioso–
durante quince años de labor con el doctor Pablo
Pacheco, del Inst ituto de Investigaciones
Biomédicas de aquella universidad, mi mejor
amigo en la investigación científica y sin duda un
extraordinario ejemplo a seguir en muchos sentidos.
De la divulgación hablaremos más adelante.
¿Qué proyectos de investigación ha realizado y
llevado a su fin hasta ahora?
Hemos estudiado y reportado en su
momento cómo es que se altera la conducta de
las ratas albinas neonatas de laboratorio como
consecuencia de su exposición a la capsicina, la
sustancia que hace que los chiles piquen. En la
década de los ochenta se logró aislar esta sustancia
de los chiles y comenzó una serie de trabajos
de investigación que trataban de descubrir
la acción que tenía en el cerebro. Nuestro grupo
de investigación describió las alteraciones conductuales
de los animales expuestos a la capsicina
y reportó además los cambios tróficos que
ocurrían en la piel de los animales sometidos a
este tratamiento. También hemos hecho importantes
contribuciones para entender los efectos de la desnutrición perinatal en el sistema nervioso y la conducta de
los animales.
¿Qué investigaciones tiene en proceso?
Hoy estamos estudiando la evolución de las respuestas
dolorosas de los animales en desarrollo. Durante mucho tiempo se
ha debatido cuál es la percepción dolorosa en un neonato: ¿siente
más o siente menos? Hoy, en pleno siglo XXI, en la mismísima era
de la biología molecular, no tienes idea de cuánto se ignora acerca
de conceptos tan importantes como el dolor. Nosotros estamos en
este momento contribuyendo a esclarecer parte de los mecanismos
conductuales que permiten que un animal neonato responda
adecuadamente a los estímulos que le pueden causar daño, como
es el caso de los estímulos dolorosos.
Es usted una persona muy dinámica y creativa. ¿Cuáles son las instituciones internacionales con los que ha trabajado conjuntamente?
Durante los noventa tuve la fortuna de asistir, becado por la
Embajada de los Estados Unidos de Norteamérica, al Instituto de
Conducta Animal de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey.
La invitación que el doctor Pablo Pacheco me hizo, combinada con
la beca, me dio la oportunidad de conocer al doctor Barry
Komisaruk, uno de los expertos mundiales en el tema del dolor y la
conducta sexual. Al lado de él emprendí una serie muy importante
de estudios sobre el efecto de la capsicina en animales en
gestación. Nunca olvidaré que cuando llegó el día de inyectar a los
fetos en el útero materno (obviamente estamos hablando de ratas
de laboratorio), el doctor Komisaruk me presentó a la persona que
me enseñaría la técnica de inyección, un oriental con unas manos
gigantescas que, cuando manipulaba a los pequeñísimos fetos de
apenas diecinueve días de gestación, lo hacía con el cuidado de un
maravilloso artesano.
Coméntenos el impacto social que han tenido sus investigaciones
y sus aportaciones más relevantes.
Fue muy importante que un grupo de investigación mexicano
aportara información sobre las acciones de la capsicina.
Imagínate, el chile es parte de nuestra cultura, y cuando nosotros
empezamos a trabajar en esa área de las neurociencias éramos el único grupo de investigación trabajando con esa sustancia y develando
su acción en el sistema nervioso. Por otro lado, los estudios sobre la desnutrición y sus efectos en la conducta
y en el sistema nervioso son fundamentales para
entender parte de este complejo problema, que,
como bien se sabe, afecta a un porcentaje importante
de la población infantil mexicana. Mientras
más estudios hagamos en modelos animales de
desnutrición, más y mejor conocimiento alcanzaremos
para enfrentar esta terrible afección.
Su charla amena y entretenida lo ha convertido en
un invitado consuetudinario en los programas de
divulgación científica de la comunidad universitaria ¿Qué lo llevó a su importante faceta como divulgador de la ciencia?
La posibilidad de unir la creación artística
con la creación científica. Si escribes para hacer
divulgación, la apuesta no es sólo tratar de
escribir bien; aspiramos a hacer literatura en la
divulgación escrita. No sé si lo logró o no, pero
esa es la aspiración. Si se hace divulgación a
través de imágenes, se tiene que ser muy creativo
y construir metáforas visuales, lo que es sin duda
una de mis pasiones. Cuando preparo una charla,
creo o recreo imágenes, y es cuando más a gusto
me siento en el campo de la divulgación.
¿En qué proyectos ha participado como divulgador?
Todo comenzó en 1982, cuando tuve la
increíble fortuna de estar frente a un micrófono de
XERUV, Radio Universidad Veracruzana. El programa
era El científico, su imagen y su actividad,
que dirigí a lo largo de un año, y que incluso participó
en La Hora Nacional. Después estuve en el
programa Univerciencia, de TV Universitaria, en
que viví una extraordinaria experiencia de más de
un año con Antonio Castro, con quien mostré un
panorama de la ciencia nunca antes visto en la
televisión estatal. De ahí presenté un proyecto
interactivo llamado Guía de Artes, Ciencias y
Humanidades en Internet, el cual dirigí junto a
Víctor Hugo Sánchez, de la Facultad de Artes Plásticas, en el que participó aproximadamente
una treintena de académicos de todas las áreas.
Este proyecto originó a su vez la revista virtual Arte,
Ciencia, Luz.
Por lo que toca a la radio, de la cual
nunca me he alejado, dirijo desde hace más de
un año el programa radiofónico Las manzanas de
Newton, un noticiario único en su género, desde
el cual Heriberto Contreras y Leticia Garibay informan
por Radio Universidad Veracruzana los
avances más recientes del mundo de la ciencia y
la tecnología. Actualmente trabajo en dos proyectos
de divulgación que considero serán muy
importantes: El Camino de la Ciencia y La Feria
de la Ciencia.
Con incontables cursos recibidos e impartidos,
una amplia experiencia en la investigación y en
diversos comités editoriales a los que pertenece,
una intensa participación universitaria colegiada,
numerosas estancias de investigación, varias publicaciones internacionales y nacionales y capítulos en l ibros científicos y un sinnúmero de
presentaciones formales en congresos y conferencias académicas, Porfirio Carrillo continúa
hablando de sus pasiones.
¿Qué opina de la divulgación científica que se
hace en la Universidad Veracruzana, en el estado
y en el país?
La divulgación de la ciencia, como actividad
multidisciplinaria de recreación y exposición del conocimiento científico para el público en general, es sin duda
una asignatura pendiente en la vida académica nacional estatal y
aun regional. Cierto es que se han hecho esfuerzos importantes,
como el de Adalberto Fox en la Dirección General de
Investigaciones de nuestra universidad, pero falta todavía mucho.
Es necesario que los medios dejen de hacer negocio o dejen de
fomentar la cultura barata, que se alimenta de la broma grosera o
de las expresiones vulgares y corrientes, que se transmite las veinticuatro
horas del día. Faltan proyectos importantes en materia de
divulgación, en los cuales los medios y las universidades trabajen
conjuntamente. Es un crimen social dejar que una población con
sólo siete años de instrucción escolar aproximadamente, como es
el caso de México, esté prácticamente en la Edad Media en cuanto
a la ciencia se refiere. Cuando todos los periódicos del país tengan
una página sobre ciencia, cuando las radios y las cadenas de televisión
–cualquiera que sea su naturaleza, comercial o gubernamental–
consideren en serio la divulgación, en ese momento cumplirán
cabalmente su misión: dejarán de ser simples y vulgares entretenedores
para convertirse en agentes de educación y de distribución
del conocimiento. Pero no soy muy optimista. Haría falta –como
dice una canción del grupo musical Fobia– “una revolución sin
manos”; sin embargo, la verdad no veo cómo pueda ocurrir. No
cabe duda que carecemos de auténticos académicos en los
medios, de líderes de la comunicación que se ubiquen plenamente
en este siglo XXI, en que la ciencia juega un papel fundamental en
nuestras vidas.
¿Qué más hay que hacer en aras de una mejor divulgación científica?
Primero que nada, quitar la manipulación política y comercial
en los medios: prensa, radio, televisión. Que los que van a
hacer la divulgación de la ciencia se formen profesionalmente en
las universidades; que suceda, pues, lo que alguna vez propuso el
doctor Arredondo, ex rector de nuestra Casa de Estudios, pero
que no se ha concretado: que las universidades públicas sean distribuidoras
del conocimiento; que no sea letra muerta el Programa
Nacional de Ciencia y Tecnología en la parte relativa a la divulgación;
que la Asociación Nacional de Universidades e
Instituciones de Educación Superior instrumente de una vez por
todas su plan de divulgación de la ciencia, y que los consejos
estatales de ciencia hagan su labor y divulguen el conocimiento
científico como una acción prioritaria de los gobiernos estatales; en
cuanto a mí, si mi carta a Santa Claus no fuera muy grande, exigiría que haya más científicos en las esferas del poder para que
impulsen la investigación y la divulgación de la ciencia.
¿Cuáles son sus sueños?
Dejar una contribución grande o pequeña, pero que trascienda
en el tiempo; que mi trabajo sea citado, criticado, reconocido,
analizado, destrozado si quieres, pero nunca olvidado; darle a
la Universidad Veracruzana, con mi trabajo de cada día, parte de
esa maravillosa oportunidad que me ha dado de tener una vida
académica.
¿Su mayor anhelo?
Dejar en Xalapa una obra de divulgación de la ciencia que
tenga trascendencia en las vocaciones de los niños y en la educación
de la gente; terminar ese sorprendente proyecto de un
museo de historia natural que estoy desarrollando, y pasar uno o
dos años en Nueva York estudiando y escribiendo.
¿Cómo se ve dentro de unos diez años?
Más viejo, más calvo, más “neuras”, más enamorado de la
ciencia, más triste por no haber sido un pintor famoso y, sobre
todo, me veo como un visitante constante del cine, un buscador
de imágenes para hacer divulgación de la ciencia.
¿Cómo aman los investigadores científicos? ¿Tiene acaso que ver
con modelos matemáticos o métodos científicos?
Tendría que darte algunos números telefónicos o direcciones
electrónicas para que te contestaran esta pregunta. Sólo te
puedo decir lo que una queridísima y famosa divulgadora de la
ciencia me dijo un día: “Porfirio, eres un minotauro: mitad científico,
mitad artista”. Creo que para los asuntos del amor soy más artista
que científico; mi corazón siempre le gana, y por goliza, a mi cerebro.
¿Se considera dentro de alguna elite en especial?
Sí, de esa elite que tiene la maravillosa oportunidad de trabajar
en algo que le gusta mucho, que se divierte con lo que hace
y que, además, le pagan por hacerlo.
¿Cómo se describe Porfirio Carrillo?
Soy como un día xalapeño: impredecible; voy de la primavera
al invierno en un segundo; puedo estar sin hacer nada largos ratos, y de repente llegan las ideas, y a darle
entonces duro y tupido, hasta que llega esa voz
que me dice: “Déjate de choros mareadores y
vámonos al cine”.
Para terminar, ¿considera a la Universidad
Veracruzana como un nicho propicio para la
investigación científica?
Sin duda, la Universidad Veracruzana es
una de las universidades con mayor desarrollo en
los últimos años. En estos momentos están sucediendo
transformaciones y cambios académicos
muy importantes en la vida universitaria, y tengo la
fortuna de estar colaborando cercanamente con
el doctor Víctor Manuel Alcaraz, Director General
de Investigaciones, y no sabes lo importante que
es ahora esta etapa de mi vida al lado de alguien
que con mucho humor, nobleza e inteligencia
dirige los destinos de la investigación. Me parece
que estoy en la universidad adecuada en un
momento muy importante de su vida académica.
A las universidades las engrandecen, entre
muchos otros elementos, personajes con el perfil
de nuestro entrevistado. La Ciencia y el Hombre
se enorgullece de tenerlo entre sus colaboradores, y la divulgación científica entre sus más
aguerridos militantes.