La biodiversidad
como estrategia para
la seguridad alimentaria
Miguel Ángel Escalona Aguilar*
Producir alimentos sanos y suficientes y conservar los
suelos cultivables son dos retos formidables para la
humanidad, pero resulta alarmante observar que
son muy pocos los esfuerzos serios y coordinados que se
hacen para lograr lo. Sólo ba st e cons iderar la fuerte
degradación de los suelos en nuestro país. Con respecto a la
erosión del suelo, se calcula que el área afectada es del 86%;
de esa proporción, la erosión hídrica afecta a 37% de los suelos:
25% sólo a la capa superficial del suelo, y 12% produce
deformación del terreno.
Con relación a la erosión eólica, la Secretaría del Medio
Ambiente y Recursos Naturales (S E M A R N A T) indica que ésta
altera a 15% de nuestros suelos, porcentaje que casi en su
totalidad corresponde a la erosión con pérdida de la capa
superficial.
En cuanto a la degradación física (compactación y
encostramiento), 30% de los suelos del país padece problemas
de este tipo debido a la excesiva utilización de maquinaria agrícola
y pisoteo del ganado. De acuerdo con la Comisión
Nacional de Zonas Áridas, en el año de 1985 había sobrepastoreo
en 85% de las zonas áridas de diez entidades federativas,
y, como consecuencia de esta actividad, en casi la mitad
de la superficie total había invasión de plantas arbustivas indeseables,
y sólo 27% de las comunidades vegetales dedicadas a
la ganadería se encontraba en buenas condiciones.
En 1999, la desaparecida Secretaría del Medio Ambiente,
Recursos Naturales y Pesca (S E M A R N A P) estimó en 1.8% la superficie del país afectada por la degradación
física, debida principalmente a la aridificación
(0.6%) y las inundaciones (0.6%).
Existen también problemas de contaminación
aún no cuantificados con precisión,
entre los cuales se incluyen los derivados del
uso de agroquímicos (fertilizantes y plaguicidas),
así como los provocados por derrames y
fugas de combustibles y los ligados a las actividades
mineras.
A pesar de tan fuerte degradación, en la
actualidad cada vez más agricultores se integran
a las economías internacionales, desaparece por
ende la urgencia de la diversidad y las
economías de escala recompensan los monocultivos
y la ganadería extensiva, lo que tiene implicaciones
muy graves en la salud; en efecto, los
estudios y muestreos realizados indican que
entre 50 y 80% de los alimentos tienen residuos, y que entre 2 y 15% superan los límites legalmente
establecidos.
Es por eso que este modo de producción
ha impactado a la agricultura seriamente,
lo que ha originado la aparición de plagas más
agresivas y también una gran pérdida de los
recursos fitogenéticos al promoverse el uso de
híbridos y materiales genéticamente modificados
(transgénicos), lo que desemboca en una
cons iderable dependencia tecnológica y
económica.
Reparemos en dos ejemplos: el del
maíz y el del trigo, cereales de gran importancia
para la dieta del mexicano. El consumo
muestra una tendencia a aumentar; en cambio
la producción nacional se ha estancado (como
en el caso del maíz) o inclusive ha descendido (como ocurre con el trigo) , lo que ha provocado que las
importaciones se incrementen cada año, de tal manera que
nuestra soberanía alimentaria se encuentra en r iesgo ya
que dependemos de muy pocas plantas para sustentar la alimentación
nacional.
Desafortunadamente, la mayoría de la población, sobre
todo en las áreas urbanas, utiliza muy pocas plantas a pesar de
que existe una gran diversidad biológica.
Analicemos esta situación. El hombre ha descrito cerca
de 250 mil especies , de las cuales más de 30 mil son
comestibles y tan sólo unas 7 mil se han utilizado en alguna
parte de nuestro planeta. Únicamente se cultivan hoy cerca de
120 especies, y solamente nueve (papa, yuca, frijol, caña de
azúcar, soya, avena, sorgo, coco y plátano) proporcionan el
75% de la alimentación humana, y tres (trigo, arroz y maíz)
suministran más de 50% de la dieta del hombre en todo el
orbe.
¿Qué debemos entender por
diversidad biológica?
La diversidad biológica, o biodiversidad es un término nuevo
creado por los científicos para referirse a la diversidad de genes,
organismos y ecosistemas, así como a los procesos biológicos y
ecológicos que la producen.
La biodiversidad proporciona la materia prima, la combinación
genética que produce las diversas especies vegetales y
animales de las que depende la agricultura. Miles de variedades
distintas y singulares de cultivos y razas deben su existencia a 3
mil millones de años de evolución biológica natural, así como a
la escrupulosa selección y cuidado de nuestros antepasados
agricultores y pastores a lo largo de aproximadamente 12 mil
años de historia agrícola.
El aprovechamiento de tal diversidad biológica es fundamental
para el desarrollo económico y social de la humanidad.
Se considera que representa al menos 40% de la economía
mundial y cubre 80% de las necesidades de las personas en
situación de pobreza. Un ejemplo de ello es el maíz. La planta de
maíz y su grano tiene la mayor producción en el mundo. En
México, es el cultivo más importante por área sembrada (más de
7 millones hectáreas en 2001) y el segundo en términos de producción
gruesa (18.6 millones de toneladas en ese mismo año,
incluyendo un millón de hectáreas de maíz híbrido).
Nuestro país es el centro del origen y la diversidad de las
razas de maíz (más de 60 reconocidas hasta ahora), y asimismo
de muchas más subrazas y variedades locales.
También crecen aquí varios de los teosintes, que son
parientes silvestres del maíz, entre los cuales se encuentra el
ancestro putativo del maíz y el teosinte perenne. Varios de estos
teosintes y razas de maíz se hallan en peligro de extinción
debido a los recientes cambios en el uso del suelo y a la
degradación ambiental general. Su conservación es prioritaria,
independientemente del posible impacto que tenga la introducción
de transgénicos.
Pero, tal como podemos imaginar, la conservación de la
biodiversidad está asociada a la diversidad cultural. Así, en una
escala planetaria, la diversidad cultural de la especie humana se
encuentra estrechamente asociada a las principales concentraciones
de biodiversidad existentes, y afortunadamente México es uno de los seis países con mayor diversidad
biológica y cultural, factor de gran importancia
porque ha permitido que mucha de la flora y la
fauna se conserve pese a la fuerte presión que
ejercen los modelos productivistas.
En este contexto, vale la pena confirmar
que tanto la diversidad cultural como la biológica
están amenazadas, de tal suerte que la del
mundo en general sólo será preservada efectivamente
si se conserva la diversidad de las culturas
y viceversa, lo que podemos definir como
un axioma biocultural.
El conjunto formado por México y los
países centroamericanos conforma una de las
regiones bioculturalmente más ricas del globo.
Ciertamente, esta porción del planeta no sólo
contiene la flora y la fauna más diversificadas del
mundo, sino que es también el hogar de cerca
de cien culturas o pueblos autóctonos, la mayor
parte de los cuales son los herederos directos
de las antiguas civilizaciones que florecieron en esta
región. Sin embargo, estamos poniendo en
riesgo cada vez nuestra seguridad alimentaria.
La seguridad alimentaria
La seguridad alimentaria es un estado en el que
todas las personas gozan de manera oportuna y
permanente del acceso físico, económico y
social a los alimentos que necesitan, en cantidad
y calidad apropiadas, para su adecuado consumo
y utilización biológica, lo que les garantiza
un bienestar general que coadyuva a su desarrollo.
La segur idad alimentaria implica el
cumplimiento de las siguientes condiciones: una
oferta y disponibilidad de alimentos adecuados;
la estabilidad de la oferta sin fluctuaciones ni
escasez en función de la estación del año; el acceso a los alimentos o la capacidad para
adquirirlos, y la buena calidad e inocuidad de los
alimentos.
Desafortunadamente, en la actualidad
hay muchas regiones en el planeta que carecen
de alimentos suficientes y sanos; por ejemplo,
existen cerca de 826 millones de personas que
sufren de hambre, de los cuales 55 millones
viven en América Latina y el Caribe.
El biorregionalismo
Por ello, tenemos que enfocar nuestros esfuerzos
para favorecer el biorregionalismo y el consumo
de alimentos más sanos. Una biorregión
se define como un “espacio de vida”, un área
geográfica cuyos límites han sido establecidos
por la naturaleza y no por el ser humano, que
se distingue de otras áreas por sus características
de flora, fauna, clima, suelos y configuración
del ter reno, así como por los
asentamientos humanos y culturas que han florecido
en dicho espacio.
El biorregionalismo es tomar conciencia
de la importancia del terr itorio en nuestras
vidas; es valorar lo local y lo regional buscando
la revitalización de los lugares, las personas y
las culturas como una manera de regenerar el
planeta.
El biorregionalismo respeta las fronteras
naturales de las biorregiones y transciende los
lími tes arti f iciales impuestos por los seres
humanos, que no son más que líneas rígidas
trazadas sobre el mapa. Aprender a vivir en
armonía dentro de los confines de la biorregión
se convierte en un acto de humildad cultural y
enseña a cuidar la Tierra.
En este contexto, la obtención de alimentos
producidos regionalmente y desde el punto de vista ecológico se convierte en una posibilidad para
conservar nuestra biocultura.
Los alimentos ecológicos
Los productos agroalimentarios ecológicos son los que se
obtienen de la agricultura o la ganadería basadas en el respeto al
medio ambiente, al bienestar animal y al mantenimiento o
aumento de la productividad del suelo y de su estructura mediante
la utilización de técnicas tradicionales o actuales respetuosas
del entorno y que prescinden del uso de productos
químicos de síntesis.
Esta forma de producción posee las siguientes características:
a ) Respeta los ciclos naturales de los cultivos, evitando la
degradación y contaminación de los ecosistemas;
b ) Favorece la biodiversidad y el equilibrio ecológico a
través de diferentes prácticas, como rotaciones, asociaciones,
abonos verdes, setos, ganadería extensiva y
otras; c ) Potencia la fertilidad natural de los suelos y la
capacidad productiva del sistema agrario. Recicla los
nutrientes incorporándolos de nuevo al suelo como
composta o como abonos orgánicos, siguiendo la
premisa de que “lo que sale de la tierra debe volver a
ella”; d ) Utiliza de forma óptima los recursos naturales.
Así, favorece un flujo de energía en el que las plantas
verdes captan la energía del sol, moviendo todo el ecosistema;
e ) No incorpora a los alimentos sustancias o
residuos que resulten perjudiciales para la salud o mermen
su capacidad alimenticia. No es imprescindible,
según parece, la incorporación de sustancias de síntesis
que resulten ajenas al organismo en el cultivo, en la
producción de alimentos o en su conservación posterior,
y f ) Aporta a los animales unas condiciones de vida
adecuadas. No los manipula artificialmente o de manera
intensiva para consegui r una mayor producción.
Además, potencia las variedades o especies nativas,
que están mejor adaptadas a las condiciones de la
zona.
Todos estos atributos de los alimentos ecológicos se pueden
resumir como sigue:
• Son alimentos saludables, ricos en nutrientes y sabrosos.
• Protegen la salud de los agricultores.
• Fertilizan la tierra, la regeneran y frenan la desertificación.
• Favorecen la retención de agua y no contaminan los
mantos acuíferos.
• Fomentan la biodiversidad.
• Mantienen los hábitats de los animales silvestres.
• No despilfarran energía ni recursos.
• Preservan la vida rural y la cultura campesina.
• Son socialmente más económicos y más justos.
• Permiten una verdadera seguridad alimentaria.
• Impulsan la creación de puestos de trabajo.
• Devuelven al agricultor la gestión de sus tierras, sin
dependencias.
Pero la producción de alimentos sanos y suficientes
no basta. Un elemento importante en el
proceso es la comercialización. A lo largo de la
historia, el transporte de alimentos a largas distancias
fue paralelo a la mejora de los procesos
de conservación, pero la llegada de otros procesos
para los productos lácteos, los derivados
de frutas y verduras, e incluso los alimentos
precocinados trajo consigo la era del envase y
de los alimentos “viajeros”. Como consecuencia
de ello, la generación de montañas de basura y
los costos energéticos del transporte suponen
hoy día un grave problema ambiental.
De igual manera, cuando algunos alimentos
ecológicos llegan al consumidor por los
cauces convencionales, pueden haber ya triplicado
el precio que se le paga al agricultor,
además de que generan parte del problema
arriba indicado.
Abaratar los precios finales y pagar de
forma justa al productor pasan necesariamente
por la utilización de los circuitos cortos de
comercialización. Tales circuitos pueden ser
puestos de venta directa en los mercados, donde
el propio agricultor vende su cosecha a los consumidores,
o a colectivos de consumidores agrupados
en asociaciones o cooperativas que
adquieren sus productos directamente de los
agricultores, ganaderos, panaderos y otros.
Los circuitos cortos de comercialización
hacen posible mejorar la relación entre calidad y
precio, evitan los márgenes excesivos que
tienen algunos productos ecológicos en el mercado,
eliminan intermediarios de la cadena de
comercialización, permiten el ajuste de los precios
a los costos reales de producción, facilitan
el contacto directo entre productor y consumidor
y potencian el desarrollo de economías
locales.
Se hace imprescindible que estemos bien informados y
ejerzamos acciones de presión sobre determinadas empresas.
La sensibilización de los consumidores por medio de campañas
u otras acciones ha derivado a veces en movilizaciones sociales
que consiguen hacer cambiar de opinión a empresas comerciales
y a políticos de organismos internacionales.
Aunque no toda la culpa es nuestra, se hace al menos
necesario tomar conciencia de que nosotros, como consumidores,
somos corresponsables de los efectos sociales y ecológicos
que generan nuestros actos de consumo.
Además, cuando consumamos productos ecológicos,
contribuiremos a su potenciación al apoyar su producción.
En México, este movimiento está avanzado y existe
actualmente una red de mercados ecológicos u orgánicos. En
Xalapa, concretamente, funciona desde agosto de 2003, todos
los domingos, el mercado ecológico Ocelotl en las instalaciones
de Radio Universidad Veracruzana, en Clavijero 25, colonia
Centro.
Finalmente, valdría la pena preguntarnos cuáles son
nuestras necesidades, qué consumimos cada día y qué nos
hace felices.
*Facultad de Ciencias Agrícolas, Zona Xalapa, Circuito
Gonzalo Aguirre Beltrán s/n, tel. (228)842-17-49, fax (228)817-
27-93, correo electrónico: mescalona@uv.mx
Para mayor información, consultar
http://www.chapingo.mx/ciestaam/to/