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Algunos personajes destacados y los nombres de las plantas

Mario Vázquez Torres1

Introducción

Es claro que para efectos de comprenderlo, las cosas que conforman el mundo han recibido un nombre, nombre que, independientemente del lenguaje al que pertenezca, la caracterización o, mejor aún, la definición del objeto, hará referencia ineludible a las cualidades, propiedades, dimensiones y todo lo inherente a su propia naturaleza.

El nombre de las cosas desempeña por tanto un papel preponderante en los sistemas de comunicación humana, y representa asimismo la primera apropiación conceptual de cuanto nos rodea. De cierta manera, también el nombre completo que sirve para designar a cada uno de los más de seis mil millones de personas que ahora habitamos en este planeta tiene idéntica justificación.

Interesarse en el conocimiento de la nomenclatura de todos los entes animados e inanimados, así como de los de las distintas interacciones que ocurren entre ellos, puede resultar ser una empresa titánica, sumamente compleja y muy probablemente ingenua, fatua e inútil. Con todo el riesgo que implica aventurarse en campos tan insólitos, me anima el interés por el probable establecimiento de relaciones entre los nombres técnicos de conjuntos vegetales de nivel básico, como pueden ser la especie (conjunto de poblaciones que comparten esencialmente la interfertilidad), las agrupaciones de especies, es decir, los géneros, e incluso las agrupaciones de géneros, o familias. Esto lo hago –con la disposición y la convicción del estudioso naturalista– como un humilde homenaje y tributo a las aportaciones del conocimiento universal que han hecho los hombres más destacados del intelecto humano. Y digo humilde tributo porque la mayor o menor magnitud de las obras realizadas seguramente no persiguieron fines de lucro o la satisfacción vanidosa, pero al mismo tiempo fueron grandiosas ya que cada vez que se lee, se escribe, se menciona o se hace una referencia a las plantas por sus nombres científicos, tiene que venir a la memoria al menos un fugaz recuerdo de la existencia de esos hombres y un reconocimiento implícito al valor de su obra.

El ejemplo de la familia de las palmeras

No cabe duda de que, en el reino de las plantas, las palmeras ocupan un sitio destacado como elementos atractivos por su expresión elegante, independientemente de sus tamaños y formas, en los ámbitos naturales de los que forman parte. Son igualmente importantes algunas de ellas como fuente de materias primas para la alimentación y de un número muy grande de usos y enseres distintos.

Algunas de ellas han estado asociadas a la historia misma de la humanidad desde los orígenes de la agricultura, como es el caso de la palma datilera, Phoenyx dactylifera, lo que significa “la Fénix que produce frutos con apariencia de dedos”, o sea, los dátiles.

Cabe destacar que phoenyx (fénix) alude al ser mítico, idealizado y referido en tantos poemas y literatura de singular belleza desde los tiempos de los clásicos griegos y luego de los latinos. Asignar tal nombre a un grupo de palmeras de origen árabe y mediterráneo fue muy acertado, a pesar de que en la mitología se refiere más a un ave idealizada que a una planta, porque las hojas de tales palmeras se asemejan a grandes plumas.

Muchos nombres de destacados genios de la humanidad universal que brillarán por siempre han sido inmortalizados en las plantas:

•Socratea, un grupo de palmeras que recibió ese nombre en memoria nada menos que del incomparable filósofo griego Sócrates; es mejor recordarlo así que por la cicuta (Cicuta cicutarium), brebaje a base de esa planta que se empleó para asesinarlo. Brahea es el nombre de las palmas mexicanas de ambientes secos y de rocas calizas conocidas como soyates, garambullos o palmas de sombreros. Tal nombre rememora al famoso astrónomo finlandés
Tycho Brahe.
•Copernicia se asigna a un conjunto de cerca de quince especies de palmeras tropicales de Centro y Sudamérica en merecido reconocimiento a uno de los principales protagonistas y cimentadores del pensamiento científico moderno que resurgió del oscurantismo medieval: el genio polaco llamado Nicolás Copérnico, quien pudo combinar de modo brillante sus profundas convicciones religiosas y un admirable racionalismo en los campos de la matemática, física, economía y astronomía.
•Washingtonia es el nombre de dos especies de palmeras, probablemente las más altas de este continente, habi tantes autóctonas de los desiertos del suroeste de los Estados Unidos y el noroeste mexicano, que alude a la memoria de George Washington, ilustre estadista estadounidense.

Así como dentro de esa selecta pléyade de destacados hombres de las ciencias, la filosofía y las artes son pocos quienes han sido reconocidos asignando sus nombres a las plantas, reciben sin embargo ese homenaje dentro de sus propias disciplinas: la ley de Newton, el teorema de Pitágoras, la teoría de la relatividad de Einstein, y muchos más.

Por supuesto, la lista de hombres ilustres en las diferentes disciplinas a través de la historia de la humanidad, en clara referencia a sus selectas genialidades, es casi inabarcable. Sin embargo no deja de ser curioso que connotados naturalistas de diferentes periodos tengan sólo una referencia superficial en la nomenclatura botánica vigente, o no tengan ninguna. Baste señalar a los siguientes:

• Aristóteles (384-322 a.C.), médico y filósofo griego: sólo una especie: Aristotelia (Elaeocarpaceae), género con que se le reverencia.
• Car los Linneo (1707-1778), botánico sueco: Linnaea (Caprifoliaceae), tres especies de arbustos circumpolares, y Linnaeopsis (Gesneriaceae), tres especies del África tropical. • Charles Darwin (1809-1882), naturalista inglés: Darwinia (Myrtaceae), con 35 especies australianas; Darwiniothamnus (Asteraceae), con dos especies de las islas Galápagos y cinco en la Polinesia, Perú y Chile.
• Gregorio Mendel (1822-1884), monje agustino y botánico austriaco: no hay género que haga referencia a su memoria, aun cuando se le reconoce como el padre de la genética.
• Luis Pasteur (1822-1895), médico francés: no hay género de plantas superiores que haga referencia a su magna obra.
• Alfred Wallace (1822-1913), naturalista inglés: Wallaceadendron (Leguminosae), una especie de las islas Celebes.

Pueden ser muchos los motivos por los que quien pone el nombre científico a una especie biológica en general determine asignarle el epíteto correspondiente; a veces tales nombres son muy afortunados en el contexto de los especialistas académicos y entre el público general, que los integra al vocabulario popular, de manera que la propia connotación del nombre se asocia con cierta facilidad al objeto referenciado.

También existe el otro extremo en los dos ámbitos señalados, esto es, en los que únicamente los expertos ligados estrictamente a los objetos aludidos son capaces de establecer la correspondencia entre el nombre y el sujeto. Tales serían los casos de Abutilothamnus, Baccaridastrum, Chiranthodendron, Distichlis, Lomariopsidaceae, Thymelacaceae, Utsetela o Zyzygium.

Claro está que las motivaciones espirituales, afectivas, racionales o de cualquiera otra índole a través de la historia, aplicadas a los nombres de las plantas, difícilmente pueden establecer una conexión lógica entre ambas entidades, ni siquiera tratándose de especialistas biógrafos de la vida y obra de esas eminencias o de la biología de las plantas a las que se asignan; esto sería como encontrar una relación, en caso de que la hubiera, entre el ilustre sabio griego Anaxágoras y los arbolitos de las selvas tropicales lluviosas de América, pertenecientes al género Anaxagorea, dentro de la familia de las anonáceas, a las que pertenecen las anonas, guanábanas, chirimoyas e ilamas, entre otros frutales.

Tal vez la búsqueda deba ser al revés, identificando esas plantas en razón de su nombre ilustre. O quizá ninguna de las dos vías, conformándonos con pensar que quien ha bautizado a una planta tuvo simplemente sus motivaciones personales para aplicar ese nombre sin más.

Cada una de las disciplinas humanas tiene su forma particular de reconocer los méritos de los hombres y mujeres cuyas contribuciones han trascendido gracias al descubrimiento o invención de cosas, cualidades o fenómenos particulares. No es de extrañarse, pues, que en la física se privilegien nombres de los físicos, en la química de los químicos, en la matemática de los matemáticos y en la biología de los biólogos, aunque, tal como se verá más adelante, en la ciencia de la vida se honra también la valía de personas connotadas, incluso de otras áreas del saber universal.

La aplicación del nombre de un personaje destacado a los taxa (grupos) en la biología es finalmente una decisión que responde al libre albedrío del otorgante.

Seguramente, en el mundo de la nomenclatura de las constelaciones y los sistemas estelares del universo los nombres preponderantes son los de los astrónomos. En la mayoría de los casos, pueden resultar sin duda homenajes muy merecidos, pero también pueden ser galardones muy mezquinos a la vida y memoria de los personajes a quienes se les dedican.

A continuación una muestra pequeña de familias y géneros de plantas con flores cuyos nombres aluden justamente a casos destacados de la genialidad humana, desde la antigüedad hasta los tiempos recientes.

• Próspero Alpini (1553-1617), médico y botánico italiano al servicio de la República Veneciana. Descubrió la presencia de los sexos separados de las flores de las palmas datileras en Egipto; fue también el primer europeo que describió la planta del cafeto. Se le honra con el género Alpinia, que son plantas conocidas en México como “mariposas” y pertenecen a las zingiberáceas (en donde se incluye también el jengibre), muchas de las cuales poseen flores de exquisita fragancia.
• Anaxágoras (500-428 a.C.), filósofo griego cuyas convicciones racionalistas acerca del origen común de la Tierra, la Luna y las estrellas lo llevaron a enfrentar serios problemas con el Estado y la religión. Anaxagorea corresponde al género de arbolitos de las selvas del neotrópico que, perteneciendo a la misma familia de las anonas, guanábanas y chirimoyas, entre muchas otras, sus frutos son radicalmente diferentes.
• Averroes (1126-1198), filósofo árabe. El género Averroa comprende especies de árboles pequeños del archipiélago malayo, entre los que destaca el producto de los frutos exóticos (para nosotros) conocidos como carambolas (Averroa carambola, de la familia de las oxalidáceas).
• Avicena (980-1037), médico persa. Escribió varios libros sobre medicina valiéndose de los antecedentes importantes en esa materia, como Hipócrates o Galeno, pilares de tales saberes, cuya influencia persiste relativamente hasta nuestros días. Avicennia es el género al que pertenece el mangle negro (Avicennia germinans) de los litorales mexicanos. Algunos autores elevan el género a la categoría de familia de las avicenniáceas; los más conservadores lo incluyen en las verbenáceas. En cualquier caso, se honra la memoria de ese destacado personaje.
• Tycho Brache (1546-1601), astrónomo danés. Científico de gran influencia intelectual en su tiempo, a pesar de haber sido uno de los más grandes defensores de la teoría ptolomeica del geocentrismo y no del heliocentrismo, tan finamente concebido, desarrollado y explicado por Nicolás Copérnico. Sus contribuciones astronómicas, el acuñamiento del concepto “nova” para las estrellas nacientes, así como la naturaleza de los cometas, son parte de su legado. Su memoria es honrada al habérsele asignado su nombre al más grande de los cráteres de nuestra luna. El género Brahea, de la familia de las palmas, conferido a especies robustas, elegantes y destacadas de las zonas cálidas, secas y de los suelos calizos en el sur de México, y que sustentan la industria de los sombreros en Michoacán, Guerrero y Oaxaca, principalmente, también le tributan honores porque ambas se llaman Brahea; una se apellida calcarea y la otra dulcis.
• Nicolás Copérnico (1473-1543), astrónomo polaco. Sin duda una de las mentes más brillantes de finales del siglo XV y principios del X V I e iniciador de la revolución científica en la que aún nos encontramos. Fincó las bases de la teoría heliocéntrica en contra de los dogmas del geocentrismo desarrollado por los griegos y sostenidos por la Iglesia católica hasta el siglo X V I. Las palmas del género Copernicia, que habitan las selvas sudamericanas, honran con su exquisita arquitectura el esteticismo y sobriedad de la magnífica obra intelectual de este personaje.
• Dioscórides (ca. 20 d.C.-?), médico griego. Sirvió en el ejército romano en tiempos de Nerón. Interesado en el uso de las plantas como fuentes de drogas curativas, escribió su obra clásica Materia Médica en cinco volúmenes, que es considerada como la primera farmacopea sistemática y en la que precisa descripciones de más de seiscientas plantas. Hizo notables aportaciones basadas en las observaciones sobre el poder medicamentoso de los vegetales. El género Dioscorea y la familia de las dioscoreáceas constituyen un merecido tributo a ese destacado botánico y médico nacido hace casi dos mil años, sobre todo considerando que esas plantas contienen en sus rizomas grandes concentraciones de diosgeninas, sustancias de enorme importancia farmacológica que sirven como base para la elaboración de cortisona, esteroides y diversos productos anticonceptivos.
• Leonardo Fuchs (1501-1566), botánico y médico alemán. Hizo descripciones gráficas y escritas de muchas especies vegetales cuyos detalles son motivo de asombro incluso en nuestra época. Se le honra con el género Fuchsia, de la familia de las onagráceas (“aretes”), de amplia distribución en las zonas templadas y frías. Muchas especies de Fuchsia son apreciadas como ornamentales en razón de las tonalidades azul-rojizas, coloración denominada como “fucsia”, que complementa universalmente el homenaje a ese notable naturalista. Igualmente la fucsina, un colorante citológico, alude a esa tonalidad.
• Leopold Gmelín (1788-1853), químico alemán. Perteneció a una familia de destacados científicos que hicieron grandes aportaciones en el campo de la química orgánica. La ciencia de las plantas lo honra con el género Gmelina, nativo de la India (de la familia de las verbenáceas), destacado en la forestería tropical a base de plantaciones, ya que es una fuente importante de pasta para celulosa y papel por su excepcional rapidez de crecimiento en altitud y grosor en tiempo muy cortos.
• Asclepio, dios griego de la medicina (Esculapio). Esta figura mítica ha sido reconocida con el género Asclepias y la familia de las asclepiadáceas, que cuenta con cerca de 2,200 especies de hierbas, arbustos y lianas de los ambientes tropicales y subtropicales.
• Hipócrates (460-370 a.C.), médico griego. La nomenclatura botánica asigna el nombre Hippocratea al conjunto de cerca de 120 especies de lianas típicas del neotrópico en los ambientes selváticos. La familia de las Hippocrateáceas toma su nombre de ese género.
• Antonio Jussiaeu (1748-1836), botánico francés. Jussiaea (Onagraceae) es el nombre aplicado a un conjunto de especies tropicales y subtropicales de hierbas espontáneas asociadas a los cultivares o sitios sometidos a perturbación.
• Pier re Laplace (1749-1827) , ast rónomo y matemát ico francés. El género Laplacea (Theaceae), con cerca de cuarenta especies distribuidas en América tropical, subtropical y Malasia, recibe de él su nombre. Estas plantas son arbóreas de fustes majestuosos, ejemplo de las cuales es Laplaces grandis, que habita en las selvas lluviosas del sur de México.
• Marcelo Malpighi (1628-1694), fisiólogo italiano. El género Malpighia, aplicado a varias especies de ambientes tanto deciduos como perennifolios en la América tropical y subtropical, recuerda generosamente a ese naturalista excepcional, y la familia de las Malpighiaceae, a la que pertenecen entre muchos otros nuestros nanches, amplía aún más ese reconocimiento.
• Valdemar Poulsen (1869-1942), inventor danés. Por él se bautizaron ciertos árboles, el guachilamo y el abas babi, pertenecientes al género Poulsenia armata (moráceas), que viven en el dosel superior de las selvas del neotrópico. Sus frutos carnosos y dulzones son consumidos por aves y mamíferos arborícolas.
• KarI. Wilhelm Scheele (1742-1786), químico sueco. El género Scheelea (Palmae o Arecaceae) honra la memoria de ese científico al habérsele asignado su nombre a un conjunto de cerca de cincuenta especies de palmeras gráciles del trópico americano, de por te arborescente y de frutos comestibles, como sería el caso de nuestro coyol real o corozo (Scheelea liebmannii).
• Sócrates (470-399 a.C.), filósofo griego. También la nomenclatura botánica inmortaliza su genialidad por medio del género Socratea (Palmae o Arecáceaes), referido a un grupo de cerca de quince especies de Centro y Sudamérica. Son palmeras medianas que habitan en las selvas lluviosas.
• Teofrasto (372-287 a.C.), botánico griego. El género Theophrasta, con pocas especies de las islas caribeñas, origina el nombre de la familia Theophrastaceae de árboles y arbustos de la América tropical con cerca de 115 especies.

Un análisis exhaustivo de nombres de géneros y especies, sobre todo de plantas, llenaría varios miles de páginas, referidas a personas más o menos conocidas en el ámbito de las ciencias biológicas, sobre todo en el siglo XX, aunque varios de esos casos serían más bien fortuitos.

Algunos personajes mexicanos como Helia Bravo, la autoridad mexicana en cactáceas, fue homenajeada con el género Heliabravoa, justamente asignado a plantas de esa familia.

Matudaea, género de la familia de las Hamamelidáceas, a las que pertenecen los liquidámbares, fue llamado así en memoria y reconocimiento a la gran obra realizada en materia de estudios botánicos en amplias regiones de la Republica Mexicana por Eizi Matuda, naturalista japonés radicado en este país y cuyas contribuciones son de gran valía para la flora nacional.

Mirandaea y Mirandaceltis (ulmáceas) son nombres genéricos puestos en reconocimiento al intenso trabajo que como promotor de los estudios florísticos y vegetacionales en México desarrolló Faustino Miranda, sin duda alguna el pilar de las investigaciones ecológicas y las floras regionales que, aunque inconclusas, persisten todavía.

Velascoa (familia de las Crossosomatáceae) es el nombre del género con el que se recuerdan las expresiones estéticas en el ámbito del paisajismo mexicano de José María Velasco, ese notable artista del siglo XIX, que además nos legó dibujos biológicos de excepcional calidad.

La otra forma de concebir y practicar el valor intrínseco de las plantas en razón de sus nombres es a partir de sus usos como materia prima en la elaboración de los medicamentos, como serían los casos de la cafeína (Coffea, café), el ácido acetilsalicílico (Salix, sauces), la papaverina (Papaver, adormidera), la papaína (Carica papaya, papaya), el taxol (Taxus, tejos), la hematoxilina (Haematoxylon, palo del Brasil, palo de Campeche), la efedrina (Ephedra), la diosgenina (Dioscorea, barbasco) y la cocaína (Erythroxylon coca, coca), por citar sólo algunos casos.

Espero que este pequeño ensayo muestre la tan merecida relación entre las plantas y los hombres desde la perspectiva de asignar nombres a todo cuanto nos rodea. La extrema modestia del autor de este artículo le impide mencionar que dos plantas llevan su nombre: una cícada (Zamia vazquezii) y una rubiácea (Randia vazquezii) (N. del E.).

1 Instituto de Investigaciones Biológicas de la Universidad
Veracruzana, Dr. Luis castelazo Ayala s/n, Col. Industrial
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