Envases,
empaques
y embalajes alimentarios
María
Daniela Demuner Carreón1 e
Iñigo Verdalet Guzmán2
Diversos
avances tecnológicos han podido ofrecer a la
humanidad la posibilidad de mejorar la calidad de vida al
modificar nuestros hábitos y costumbres; ese es el caso
de
los envases que guardan los alimentos. Antes de que se pudiera
refrigerarlos,
los envases ayudaron a conservar durante periodos más
largos
diversos productos. A lo largo del tiempo, los envases han llegado
a tener un alto grado de perfeccionamiento, derivado de la extensa
oferta de materiales para fabricarlos y de los alimentos. El
actual ritmo
de vida ha generado un crecimiento enorme de las industrias dedicadas
a la fabricación de envases, embalajes y empaques de los
alimentos.
La mercadotecnia, por su parte, ha generado una cerrada
competencia en el sector porque un envase, además de contener,
transportar y proteger el producto, debe asimismo mostrar una
imagen que pueda venderse y ser atractiva al variado gusto de
los
consumidores, pues en muchos casos se trascienden las fronteras.
Aquí veremos cómo se ha hecho la sustitución
gradual de materiales
metálicos, de vidrio y de madera, hasta los materiales
plásticos
biodegradables tan necesarios hoy en día, pasando por
los
materiales plásticos derivados de la petroquímica.
Algunas definiciones
Envasado es la acción de poner en un envase; envase es
la acción
y efecto de envasar, y envasar es poner en un recipiente o
en un envoltorio. La mayoría de las operaciones del
envasado comercial se basan en el principio de
que la destrucción de bacterias se duplica por
cada diez grados Celsius de incremento en la
temperatura, cuando se colocan antes dentro de
un recipiente cerrado.
Empaquetado es la tecnología utilizada
para guardar, proteger y preservar los productos
durante su distribución, almacenaje y manipulación,
a la vez que sirve como identificación y
promoción del producto y de información para
su
uso. Más de la mitad de los empaquetados se
destinan a bebidas y alimentos, pero también son
esenciales en el caso de cosméticos, productos
del hogar, productos eléctricos, medicinas y un
sinfín de productos más. El empaquetado debe
mantener las condiciones originales de su contenido
e identificar éste y su composición con etiquetas
y dibujos explicativos, por lo que incluye
instrucciones de uso y advertencias sobre su
peligrosidad cuando es preciso. Suele además
ser parte de la planificación de un sistema global
de distribución; así, el tamaño debe tener
un diseño
específico para optimizar el espacio en los
contenedores. En el caso de los alimentos, normalmente
se extrae el aire de los recipientes para
evitar que se deterioren y los vuelva no aptos
para el consumo.
La palabra embalaje deriva de la palabra
“embalar”, que significa envolver o empaquetar,
poner en cajas. El embalaje comprende un conjunto
de materiales destinados a proteger un producto
que debe ser manipulado y transportado.
Tanto los embalajes de ayer, tan limitados, como
los de hoy, tan sofisticados, tenían y tienen funciones
precisas para el consumidor que no han
variado pese a ser una parte importante en nuestra
vida cotidiana. Algunas de ella son las siguientes:
Función de continente. El embalaje es
primeramente un recipiente con características
metrológicas, esto es, tiene que indicar la masa o
volumen del contenido; esta función evoluciona
actualmente hacia el fraccionamiento en
unidades individuales en tiempos definidos.
Función de representación. Esta función
está encaminada a llamar la atención y seducir
al
consumidor; también se le denomina función de
marketing.
Función de información. Determinada por
el etiquetado, indica todo lo que el consumidor
debe conocer sobre el producto, sobre todo lo
que se va a consumir.
Función de servicio. Señala la presentación
del embalaje aportando datos para el
mejor manejo por parte del consumidor: frasco
pulverizador, frasco espolvoreador, caja autocalentable
y demás.
Función de seguridad alimentaria. Se refiere a una posible
contaminación o alteración delictiva.
Función de conservación y protección.
Es la información
de la calidad del producto alimentario frente a los agentes
exteriores
que pueden alterar los alimentos, porque el embalaje debe
ser inocuo químicamente para proteger su contenido.
Materiales empleados
en la elaboración de envases,
embalajes y empaques
El envase debe ser un medio de protección ante la humedad,
la
oxidación producida por el oxígeno del aire, la
luz, el tiempo y
otros. Los envases son los pilares principales de las mejores
técnicas
de conservación de los alimentos. Pero también
pueden ser
engañosos para el consumidor, pudiendo esconder la verdadera
composición del producto, y en otras ocasiones ser causantes
del
encarecimiento de éste. A continuación se exponen
los principales
materiales usados hoy en día.
Vidrio. Este producto ha dominado el mercado mundial de
envases durante mucho tiempo y muestra cómo la tecnología
no
compite con la tradición algunas veces, sobre todo cuando
el salto
de lo artesanal hacia lo industrial permite satisfacer las necesidades
locales. El vidrio es el material que mejor garantiza la integridad
de los productos alimenticios pues es una barrera absoluta
contra la intemperie, no despide olores ni sabores y conserva
las
características organolépticas de los alimentos,
porque cuando se
utiliza correctamente no requiere del uso de conservadores.
Además, el consumidor puede observar a través de él
lo
que compra. También es impermeable a los gases, vapores
y
líquidos y es químicamente inerte frente a los
alimentos; es fácil
de lavar y esterilizar; puede colorearse y aportar así una
protección
frente a los rayos ultravioletas que en ciertas condiciones
podrían dañar el contenido; resiste las elevadas
presiones internas
que producen ciertos líquidos que contienen gas carbónico
(sidra, cerveza, refrescos, etc.), y permite el paso de las
microondas.
El vidrio es el único material que cumple con el proceso
de reciclaje de forma continua, para lo cual la pedacería
de vidrio se lava y después se tritura para ser fundida
nuevamente gracias
a que no se degrada, por lo que se transforman envases en mal
estado en otros nuevos con propiedades fisicoquímicas
idénticas
a los originales. Las materias primas para fabricar dicho producto
son naturales y muy abundantes: arena sílica, cloruro
de potasio,
caliza y feldespato. En el reciclado, el vidrio roto (conocido
como
cullet) sustituye en la fórmula original a la arena sílica.
Metal. El metal es el material más resistente; por sus
características
puede soportar cualquier proceso de esterilización y
es más ligero que el vidrio. Las ventajas del metal son
su rigidez,
ligereza y hermetismo, además de que ofrece un alto grado
de
conservación de los alimentos, facilidad de manejo y de
transporte,
lo que hace que podamos disponer de ellos en cualquier época.
El embalaje metálico está particularmente
recomendado para una larga conservación
gracias a la solidez inerte de sus
materiales y a su impermeabilidad a los líquidos,
a los gases y a la luz. Particularmente, el aluminio
(empleado en las latas para bebidas
gaseosas) es un material ligero que cumple con
gran eficacia las funciones de envasado, transportación
y presentación, pero no es recomendable
para contener productos ácidos ni para
someterlo a temperaturas muy altas.
Papel y cartón. Este material se ha visto
sustituido a menudo por la bolsa de plástico, pero
paralelamente ha ido apareciendo una multitud de
variedades de envoltorios sofisticados, más o
menos impresos y adornados, que cumplen las
normas sanitarias para contener alimentos.
Algunos envases de papel y cartón pueden ser
reutilizables, y aunque estos materiales son
biodegradables, su elevado costo energético y
ambiental aconseja un uso limitado y preferentemente
se les debe reciclar. Además, la porosidad
del papel lo hace recomendable para productos
que transpiran (como los vegetales).
Películas y envolturas comestibles. El
empleo de embalajes o envolturas comestibles
para la protección de alimentos se practica
desde hace mucho tiempo; por ejemplo, para
proteger de la desecación e intercambios
gaseosos a los trozos de carne mediante su
recubrimiento con grasa; a algunos productos
de panadería con azúcar o chocolate, o a ciertas
frutas mediante su recubrimiento con
películas de cera. Algunos alimentos naturales
(como el pan) disponen de una capa superficial
protectora, la corteza, que se forma durante la
cocción, secado o fritura. Un embalaje se califica
como comestible cuando forma parte integrante
del alimento y se consume como tal. A
causa de esta doble función de embalaje y de constituyente
alimentario, los revestimientos
comestibles ofrecen numerosas ventajas,
aunque también deben cumplir una serie de
condiciones, indicadas en la norma de fabricación.
Plástico. En los últimos cincuenta años
ha habido una sustitución gradual en el sector
de embalajes de los materiales metálicos, de
vidrio y madera, por los polímeros provenientes
de la industria petroquímica, gracias a su característica
de que se pueden polimerizar en capas
gruesas o delgadas que originan diferentes
materias primas, como el unicel, el policarbonato
(utilizado en los garrafones de agua), el
ABS, el nylon, los plásticos termofijos (para
recubrir el interior de latas y láminas) o las
películas de diferentes clases, como el polietileno.
Los inconvenientes de estos productos
se citarán más adelante. Los envases flexibles
de plástico ofrecen una presentación atractiva
para el consumidor sin impedir la protección del
producto; las bolsas de plástico ayudan a prolongar la
vida de anaquel y, en el caso de los productos cárnicos,
crean una barrera que evita la oxidación.
Envases polilaminados. El envase aséptico polilaminado
es uno de los desarrollos tecnológicos más especializados
en el
sector de envases pues combina las propiedades de diversos
recipientes para proteger, preservar y contener. Están
constituidos
por láminas de distintos materiales, como el papel, que
proporciona
la estructura mecánica que da fuerza y rigidez; el
aluminio, que ofrece una barrera contra la luz porque ésta
acelera
la descomposición de los productos y ataca sus colores,
y
el polietileno, que protege los alimentos del aire. La mezcla
de
dichos materiales forma un sello hermético en la vida
de anaquel
y le da ligereza. Sin embargo, esta tecnología no sirve
para
envasar productos sólidos, pero la investigación
está dirigida a
resolver ese problema.
Los envases como
problema ecológico
Los envases son un invento que ha mejorado la calidad de
vida de
los seres humanos; sin embargo, lo negativo de ese desarrollo
y transformación es el enorme problema ambiental provocado
por la
acumulación de los materiales de desecho que generan.
A pesar
de que la mayoría de los productos plásticos y
polímeros sintéticos
derivados del petróleo garantizan la protección
deseada en diversos
tipos de aplicaciones en términos de costo, conveniencia,
formatos,
marketing y protección física, química y óptica,
tienen la
desventaja de que no son biodegradables, por lo que son responsables
de gran parte de los residuos contaminantes que se acumulan
en la naturaleza. Además, sabemos que su fabricación
requiere un alto costo energético, energía que
se pierde en gran
medida porque suelen tirarse tras el primer uso; asimismo, su
destrucción es igualmente muy costosa, energéticamente
hablando, y muy contaminante en la mayoría de los casos.
La
incineración de determinados tipos de plástico
es una de las
causas de la lluvia ácida que destruye bosques y la salud
de los
seres humanos; abandonados a la intemperie, sus cadenas moleculares
resisten a romperse por la acción de agentes naturales,
razón por la cual generalmente necesitan un promedio de
150 años para degradarse, lo que está provocando
una contaminación
ambiental importante en todo el orbe.
La fabricación de vidrio también exige un alto
consumo de
energía y, aunque este material está hecho a partir
de materias primas
abundantes, tampoco es biodegradable, por lo que tiene un
fuerte impacto ambiental. En el caso de los envases metálicos,
se
sabe que las populares latas de refrescos representan del 6 al
9
por ciento de la basura que se produce en todo el mundo; como
es evidente, su recuperación es escasa para posteriores
usos y
casi no son biodegradables, por lo que la única salida
ecológicamente
razonable para las latas es el reciclaje.
Así, varios países han tenido que reconocer la
necesidad
de proponer restricciones ambientales basadas en una verdadera
política de control de residuos no degradables mediante
el principio
de las “tres erres”: 1) reducir la cantidad de residuos de
envases contaminantes; 2) reutilizar el material lo más
que sea
posible, y 3) reciclarlo para producir nuevos materiales.
Con el propósito de atenuar los problemas
de la contaminación, se han realizado
numerosos estudios para valorar algunos materiales
alternativos. En ese sentido, surgió el concepto
de plástico biodegradable asociado al uso
de materias primas renovables que ofrecen un
buen control en el medio ambiente después de
diversos usos. Los biopolímeros, como también
se llama a esas materias primas, son macromoléculas
sintetizadas por procesos biológicos o
por vía química a partir de monómeros naturales
o idénticos a los naturales.
El proceso tecnológico más apropiado
para la industrialización de los biopolímeros es
por extrusión. Este proceso térmico se ha aplicado
con éxito en la obtención de diversos
materiales manufacturados a base de polímeros
de almidón (provenientes de cereales, raíces,
tubérculos, etc.) mezclados con otros materiales
orgánicos vegetales y animales, lo que ha generado
productos termoplásticos, expandidos,
texturizados, espumados, acolchados y otros
muchos.
Los polímeros naturales también son
biodegradables en estado nativo, aunque el
ciclo de vida de algunos de ellos es relativamentecorto, como
en el caso de las ligninas. A
manera de ejemplo, podemos citar a los
poliosídeos y sus derivados (celulosa, hemicelulosa,
almidón, gomas, lignina, quitina, etc.), las
proteínas (colágeno, gelatina, y caseína)
y el
hule natural, todos los cuales se están
probando hoy en día en la fabricación
de diferentes embalajes y papel.
Por fortuna, en estos momentos diversos
investigadores de algunos países están preocupados
por evitar la contaminación ambiental y tratan
de desarrollar materiales plásticos biodegradables
para reducir la basura provocada por los terribles
plásticos sintéticos y eliminarlos en un tiempo
no
muy lejano. Ojalá que en la Universidad
Veracruzana sigamos su ejemplo.
Algunas recomendaciones finales
Es preferible adquirir alimentos que tengan envases
de materiales que sean fáciles de reciclar
y que proporcionen al alimento una
vida larga de anaquel.
Es importante leer en las etiquetas de los envases
y empaques las condiciones en las cuales debe ser
almacenado el alimento y las temperaturas aptas para
una mejor
conservación
del
mismo, según el tipo de material con el que
se ha fabricado su
envoltura.
Se debe buscar materiales como el aluminio y el plástico
en los envases de alimentos que van a ser sometidos a congelación
ya que conservan mejor sus propiedades naturales por
más tiempo.
Hay que preferir todos aquellos alimentos en los
cuales el empaque y envase contengan etiquetas con
información acerca
del producto y su composición nutricional.
Es necesario considerar el grave problema ecológico que
causan a la naturaleza algunos materiales de los envases, embalajes
y empaques para que así nosotros, como consumidores, no
contribuyamos más al deterioro de nuestro
medio ambiente y
seamos capaces de reciclar todos aquellos materiales
empleados en la gran industria del envase.
Es preciso apoyar la investigación que se lleve a cabo
con
la intención de obtener productos plásticos biodegradables,
y evitar
así la basura generada por los plásticos obtenidos
de los
derivados del petróleo.
1 Facultad de Nutrición-Xalapa. Correo electrónico:
danick_bsb26@hotmail.com.
2 Instituto de Ciencias Básicas de la Universidad Veracruzana.
Av. Dr. Rafael Sánchez Altamirano s/n (antes Dos Vistas),
Col. Industrial-Ánimas, Apartado Postal 177, 91192,
Xalapa, Ver., correo electrónico: iverdalet@uv.mx.