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Algunos efectos de la desconexión de los
hemisferios cerebrales1

Roger W. Sperry

 

El punto de vista clásico de la dominación cerebral
Comencemos retrocediendo un poco. Recordemos que aun una pequeña lesión cerebral, si está críticamente localizada en el hemisferio izquierdo –o hemisferio del lenguaje–, puede destruir selectivamente la capacidad de la persona para leer mientras que conserva la habilidad para hablar y conversar. La página impresa se puede mirar, pero las palabras han perdido su significado. Tal estado es la consecuencia típica de un daño focal de las circunvoluciones angulares cerebrales del hemisferio izquierdo; también es el resultado de las lesiones que interrumpen la comunicación neuronal de esta circunvolución angular del hemisferio izquierdo con el área visual o la corteza calcarina. En este tipo de casos, la conclusión natural sería que el hemisferio izquierdo es el responsable de la lectura, mientras que el ileso hemisferio derecho, en contraparte, debe ser ciego a las palabras o incapaz de ver su significado cuando se encuentran impresas.
Esto mismo se aplica a la capacidad de la palabra hablada. Las lesiones focales en el área de Wernicke, cerca de la base del lóbulo temporal izquierdo, o las ya citadas lesiones que desconectan esa área de los aferentes que llegan a ella desde los centros receptores de la audición situados en la corteza, han mostrado por lo común un quebranto en la capacidad de entender el lenguaje hablado. Se sigue escuchando el discurso, pero el significado se ha perdido. Estos casos parecen indicarnos nuevamente que la comprensión de la palabra ha sido confinada al hemisferio izquierdo, y que el hemisferio derecho, aun intacto, es ciego y sordo a las palabras.
La acumulación de numerosas observaciones de este tipo acerca de que el daño focal del hemisferio izquierdo –pero no del derecho– destruye la comprensión y la expresión del lenguaje, contribuyó a fortalecer a lo largo de los años el llamado punto de vista clásico en el campo de la neurología de un hemisferio dominante, el izquierdo, como propio del lenguaje, y otro hemisferio, el derecho, como subordinado, menor y mudo. El hemisferio menor, además de ser incapaz de hablar o escribir, y de ser sordo y “ciego” a las palabras, fue señalado, por inferencia, como carente de las facultades cognitivas superiores asociadas con el lenguaje y el procesamiento simbólico.

El punto de vista clásico de una dominancia cerebral se reforzó por los hallazgos paralelos sobre la apraxia, en los cuales se reportó la dificultad de aprender el movimiento voluntario después de que se lesionaba el lado izquierdo, principalmente. Se consideró entonces que el hemisferio izquierdo era también el líder de la ejecución motriz, del control y dirección de los movimientos voluntarios superiores, así como el depositario de los engranajes cerebrales del aprendizaje motriz. La evidencia de la dominancia izquierda se extendió más allá del cálculo y el razonamiento aritmético. Así, con pocas excepciones, durante los años cincuenta y buena parte de los sesenta la evidencia acumulada apoyaba la interpretación de un hemisferio izquierdo dominante, intelectualmente más evolucionado, y otro, el derecho, por el contrario, relativamente retardado, disléxico, sordo y ciego a la palabra, apráxico y mudo, generalmente carente de las funciones cognitivas superiores.

Contraste de evidencias por la comisurotomía
Para sorpresa de muchos, a principios de la década de los sesenta surgieron pruebas hechas en pacientes con comisurotomía, o cerebro separado, que indicaron la presencia en el llamado hemisferio menor de considerables capacidades de entendimiento y comprensión del lenguaje escrito y hablado. Estos eran pacientes del neurocirujano Joseph Bogen y de su jefe, Phillip Vogel, del White Memorial Medical Center de Los Ángeles, los cuales fueron sometidos a una cirugía seccional de la línea media del cuerpo calloso y otras comisuras, en un último esfuerzo para controlar su intratable y grave epilepsia. Durante la cirugía se seccionaron todas las conexiones neuronales cruzadas de comunicación directa entre los dos hemisferios. La experiencia de esta cirugía en pacientes humanos y de más de diez años de estudios sobre el cerebro separado en animales, hacía predecible que el efecto de la cirugía no sería incapacitante en lo que concierne a las actividades diarias ordinarias, y ese fue el caso. Al cabo de un periodo de entre seis meses y un año de recuperación, y no habiendo otras patologías cerebrales, la persona que había sufrido la sección completa de las comisuras del cerebro anterior bien podría pasar sin ser notada en un encuentro o conversación casuales e incluso en un examen médico de rutina.
En nuestros estudios preliminares con Michael Gazzaniga, los pacientes parecían mostrar que el hemisferio derecho desconectado no era de ninguna manera sordo o ciego a la palabra, según se había anticipado. Algunas pruebas lateralizadas acerca de las habilidades lingüísticas indicaron que el hemisferio derecho era ciertamente mudo y agráfico, pero aun así capaz de comprender, en un nivel moderadamente elevado, las palabras dichas en voz alta por el examinador. El hemisferio derecho desconectado era también capaz de leer palabras impresas, presentadas en el campo visual izquierdo, las que se mostraban selectivamente o bien señalando objetos y retratos de una serie seleccionada. Estos pacientes con comisurotomía pudieron además, mediante el hemisferio derecho, elegir correctamente palabras escritas o habladas y relacionarlas con objetos y fotografías, así como ir correctamente de una palabra hablada a una impresa, y viceversa. La recuperación táctil del hemisferio derecho se logró con objetos no directamente nombrados, sino descritos mediante frases complejas, como “instrumento de medida”, “contenedor de líquidos” y otras. No obstante que tenían el hemisferio derecho desconectado, los pacientes pudieron deletrear palabras de tres o cuatro letras sin omitir letras e identificar palabras a través del tacto. Más recientemente, tales capacidades semánticas del hemisferio derecho se han afirmado y extendido gracias a los experimentos de series comprensivas de Zaidel, en que se emplea su técnica de lentes oclusores, los cuales hacen posible una observación prolongada. La doctrina neurológica de comienzos de los años sesenta estaba tan fuertemente arraigada que el doctor Bogen se vio obligado a retirar su nombre, en buena lid, de los trabajos iniciales sobre el lenguaje.
Nuestra convicción de que las respuestas a las pruebas de lenguaje provenían del hemisferio derecho y no del izquierdo se basaron en los resultados de los procedimientos de lateralización, en los que podía mostrarse, mediante el seguimiento de las preguntas verbales, que el hemisferio izquierdo parlante se había mantenido ignorante de las respuestas y acciones, atribuyéndoselas entonces al hemisferio derecho. Cada hemisferio desconectado se comporta como si desconociera los eventos cognitivos de su contraparte, justo como sucedió en nuestros estudios con animales con cerebro separado realizados alrededor de 1950 e iniciados por Ronald Mayers, de la Universidad de Chicago. Cada mitad del cerebro, en otras palabras, parece tener su dominio cognitivo propio y bien definido, con sus propias experiencias perceptivas, retentivas y lingüísticas, las que son aparentemente ignoradas por el otro hemisferio. Aunque el síndrome básico de desconexión de cerebro en el hombre resultara esencialmente semejante al obtenido en trabajos anteriores con gatos y monos, su manifestación resultó ser mucho más impresionante. El hemisferio parlante de los pacientes podía decirnos directamente, en sus propias palabras, su desconocimiento de la experiencia sustentada por el hemisferio mudo a partir de las respuestas y resultados correctos obtenidos en las pruebas. La lateralización de las funciones cerebrales podía inferirse no sólo por la deficiencia o ausencia de la función de un lado, sino también por su presencia en el otro.


La controversia del lenguaje del hemisferio derecho
La capacidad de lenguaje encontrada sorpresivamente en el hemisferio derecho después de la comisurotomía, provocó controversiales interpretaciones a las interrogantes del caso que todavía no han quedado saldadas. Puesto de manera simple, el problema planteado es el siguiente: ¿por qué el hemisferio derecho es capaz de hacer ciertas cosas después de la comisurotomía –como leer– y es incapaz de hacerlo cuando hay una lesión focal en el hemisferio izquierdo? Se ha sugerido como respuesta que la evidencia de comisurotomía puede estar desviada por la extensión bilateral atípica del lenguaje en el hemisferio derecho, la que se relaciona con la epilepsia de desarrollo prolongado y con la patología asociada. Algunas críticas posteriores han supuesto variaciones individuales dado el pequeño grupo de pacientes involucrados.
Nosotros nos inclinamos por otra interpretación, misma que sugiere, por el contrario, que es la lesión focal unilateral la que causa el desvío. Nuestro razonamiento indica que las lesiones del hemisferio izquierdo en presencia de comisuras intactas actúan para prevenir la expresión de la función latente, presente pero suprimida en el hemisferio derecho ileso. Esta interpretación presume que las dos mitades del cerebro, cuando están conectadas, trabajan de manera conjunta como una unidad funcional, con el control de mando en una o en otra. Cuando esa función unitaria se vuelve defectuosa debido a una lesión unilateral, el resultado prevalece en ambos hemisferios; es decir, los dos continúan operando como una unidad, ya sea defectuosa o funcional. Sólo hasta que el hemisferio derecho intacto se libera de la integración e influencia del hemisferio izquierdo dañado y rompe con éste –como sucede en la comisurotomía–, puede hacer efectiva su propia función residual.
La anterior interpretación se sustenta asimismo en los limitados datos provenientes de la hemisfertomía (extirpación de uno de los hemisferios). El mismo razonamiento parecía ser también aplicable al fenómeno de indiferencia y apraxia unilateral, ninguna de las cuales probó ser ni cercanamente tan grave en las pruebas lateralizadas después de la comisurotomía, como se hubiera podido esperar a partir
de los hallazgos de las lesiones laterales. A pesar de que la última palabra a este respecto no se ha dicho aún, la interpretación precedente ha recibido un apoyo considerable en los estudios de comisurotomía subsecuentes, que revelan la presencia, en el hemisferio derecho desconectado, de capacidades cognitivas superiores, adicionales, que difícilmente podrían atribuirse a una bilateralización atípica del lenguaje o, más aún, a una variación individual. Hay razones para pensar que esas facultades adicionales han sido pasadas por alto por la complejidad que inevitablemente prevalece en presencia de las comisuras.

Especialización del hemisferio derecho
Las primeras indicaciones de la especialización del hemisferio derecho con antecedentes de lesión lateral, tales como reconocimiento facial, vestido, dibujo de figuras en bloque, dibujo de cubos tridimensionales y otras, se atribuyeron principalmente a la asimetría entre el dominio de ejecución motriz y el sensorial, y no en los niveles cognitivos superiores centrales. Esas funciones del hemisferio derecho fueron llamadas visoespaciales, estructurales o de praxis. De acuerdo con las concepciones convencionales de la dominancia cerebral, los procesos cognitivos superiores implicados en estas actividades se asumieron como si fuesen una contribución del hemisferio izquierdo a través de las comisuras. Nuestra interpretación inicial de estas actividades no partieron esencialmente del punto de vista clásico.
En 1967, sin embargo, los datos recogidos de los sujetos con comisurotomía se sumaron para apoyar la conclusión de que cada uno de los hemisferios desconectados –no sólo el izquierdo– tiene sus propias funciones superiores de conocimiento. Durante los procedimientos de pruebas lateralizadas, cada hemisferio parece utilizar sus propios preceptos, imágenes mentales, asociaciones e ideas. De manera semejante a lo que sucede en los estudios que emplean animales con cerebro separado, un hemisferio muestra aparentemente sus propios procesos de aprendizaje y sus cadenas separadas de memoria, desde luego inaccesibles a la experiencia consciente del otro hemisferio.
Una evidencia adicional del desarrollo del hemisferio derecho en los procesos superiores intelectuales se sumó tras el estudio del caso de un estudiante con ausencia congénita del cuerpo calloso, el cual presentaba un coeficiente intelectual verbal por arriba de la media, y en el que el habla se halló tanto en el hemisferio derecho como en el izquierdo. La calificación académica de este paciente con agénesis del cuerpo calloso iba de regular a buena en los cursos de lenguaje y facilidad verbal, pero mediocre en temas relacionados con la geometría y la geografía, que suponen facultades espaciales y de relación no verbal que ahora asociamos con el hemisferio derecho. El lenguaje adicional en el hemisferio derecho se había alcanzado aparentemente a costa de las facultades espaciales y no verbales que, de otra manera, el sujeto hubiera desarrollado ahí normalmente.
Más tarde se añadieron otras evidencias controladas y directas surgidas de los estudios de Jerre Levy acerca de la superioridad del hemisferio derecho en tareas que requieren habilidades cognitivas superiores, las que apuntaban específicamente a las especialidades cognitivas de ese hemisferio. En ellas se encontró que la capacidad mental para hacer transformaciones espaciales intermodales de formas en tercera dimensión a la segunda (sin desplegar), fueron mucho mejor desarrolladas en el hemisferio derecho. De igual modo, donde la serie de elementos mostraba los mejores puntajes para el hemisferio izquierdo, había una correspondiente caída en la calificación del hemisferio derecho, lo que sugiere una polaridad izquierda-derecha en las habilidades cognitivas.
A partir de estos datos, además de los disponibles en la literatura, Levy propone que los hemisferios izquierdo y derecho se caracterizan por formas intrínsecas, cualitativamente diferentes y mutuamente antagónicas, de procesos cognitivos: el izquierdo, básicamente secuencial y analítico, y el derecho, espacial y sintético. Una base racional se agrega a la evolución asimétrica que se apoya en las ventajas funcionales de tener dos modos cognitivos desarrollados por separado en hemisferios diferentes para reducir la interferencia mutua.
En los años subsecuentes, la forma de pensar acerca de ello evolucionó rápidamente y se fortaleció y depuró a través de una serie de estudios en los que se vio la posibilidad de que el hemisferio llamado subordinado o menor, el que se pensaba que era analfabeto, mentalmente retardado y, para algunos autores, inconsciente, fuera el miembro cerebral superior en ciertas tareas mentales. Las especialidades del hemisferio derecho eran, por supuesto, de naturaleza no verbal, no matemática y no secuencial; antes bien, eran fundamentalmente espaciales y creativas, en las que una imagen o fotografía mental vale más que mil palabras. Los ejemplos incluyen la identificación facial, inserción de imágenes en matrices más grandes, identificación del tamaño de un círculo a partir de un fragmento o arco pequeño, discriminación y reconocimiento de figuras indescriptibles, capacidad de transformaciones espaciales mentales, reconocimiento de acordes musicales, clasificación de bloques por tamaños y formas en categorías, percepción del todo a partir de las partes y percepción y aprehensión de los principios geométricos. El énfasis se cambió de alguna manera de un antagonismo intrínseco y mutua incompatibilidad de los procesos izquierdo y derecho a una complementariedad de soporte mutuo.
En muchos casos, las diferencias observadas de la cognición izquierda-derecha eran muy sutiles y tenían una naturaleza cualitativa, de tal manera que pudieron verse oscurecidas en los estudios de lesión lateral, por las variaciones individuales y patologías preexistentes. En condiciones de comisurotomía, donde los factores de base se equilibran y las comparaciones estrechas izquierda-derecha son posibles en un mismo sujeto, las diferencias laterales, aun las mínimas, se vuelven importantes. En el mismo individuo se puede apreciar consistentemente el empleo de una u otra —dos formas distintas— de abordaje y estrategia, como si fueran dos personas diferentes, dependiendo de si se usa el hemisferio izquierdo o el derecho.

Otras extensiones
A partir de otras fuentes se ha avanzado en muchas direcciones a través del estudio de diversas poblaciones normales y cerebralmente dañadas, así como de otras expresamente seleccionadas, explorando las correlaciones con la destreza manual, el género, las preferencias ocupacionales, las habilidades, los talentos especiales innatos, las variaciones genéticas como el síndrome de Turner, la dislexia congénita, las patologías endocrinas, el autismo, los sueños, la hipnosis, la escritura invertida y otras. En algunos casos, las conclusiones, junto con la creciente ola de extrapolaciones semipopulares y especulaciones concernientes a la lucha de las funciones cerebro izquierdo versus cerebro derecho, llamaron a la prudencia. La dicotomía izquierdaderecha en el modelo cognitivo es una pista por la que se puede correr desenfrenadamente. Los cambios cualitativos en el control mental pueden involucrar el arriba-abajo, el adelante-atrás y otros cambios, aparte de las diferencias izquierda-derecha. Además, en el estado normal en el que los dos hemisferios parecen trabajar conjuntamente, lo hacen como unidad y no como si uno estuviera encendido mientras el otro permanece apagado. Mucho queda por establecer en esta materia. Aun la idea principal de que hay modelos de cognición diferentes para los hemisferios izquierdo y derecho es cuestionada por algunos a favor del punto de vista de que las especialidades del hemisferio derecho son prácticas y manipuloespaciales, y que las superiores, las cognitivas y de autoconocimiento, están asociadas al lenguaje y por ende, al hemisferio izquierdo.
A pesar de las incertidumbres que permanecen respecto de la lateralidad, los resultados positivos parecían sustentar un conocimiento agregado, en educación y otros más, del papel tan importante de los componentes no verbales y otras formas de intelecto. Otro resultado apabullante es el que deriva de las influencias familiar, migratoria, sexual y otras variables innatas, con el reconocimiento creciente de la individualidad de la estructura del intelecto humano. Cuanto más sabemos, más complejas resultan las predicciones relativas a cualquier individuo y, además, parece afirmarse la conclusión del grado de la extraordinaria individualidad de nuestra programación cerebral, tanto que a su lado las huellas dactilares o los rasgos faciales parecen toscos y simples. Ha llegado a ser cada vez más evidente la necesidad de hacer pruebas educacionales y establecer políticas de medición que selectivamente identifiquen, acomoden y maximicen la diferencia especializada como forma de potencial intelectual individual.

Autoconciencia y conciencia social
Las primeras discusiones donde se afirmaba que el hemisferio derecho ni siquiera era consciente quedaron eliminadas a partir de mediados de los años setenta, dando paso a una posición en la que al hemisferio mudo se le atribuye la posibilidad de tener conciencia en niveles elementales mínimos, pero que carece de los superiores, reflexivos, autoconscientes y de autorreconocimiento, la clase de conocimientos que hacen especial al ser humano y que serían necesarios para calificar al sistema consciente derecho como “ser” o “persona”. La autoconciencia se califica –principalmente de acuerdo con las pruebas de espejo– como un atributo predominantemente humano, valorado por el desarrollo y por la evolución como la fase más avanzada del conocimiento consciente.
Nos propusimos probar más específicamente la presencia del autorreconocimiento en el hemisferio derecho y relacionarlo con las formas de autoconciencia y conciencia social. Con la percepción de estímulos pictóricos limitados a un hemisferio por el lente oclusor desarrollado por Eran Zaidel, los sujetos tenían que señalar específicamente artículos seleccionados de una serie específica, en respuesta a preguntas acordes a sus conocimientos y sentimientos sobre el contenido de la figura. Las respuestas de los sujetos incluyeron también diferencias en sus expresiones emocionales, incluidas las exclamaciones de pulgar arriba y pulgar abajo, respuestas a veinte preguntas de tipo incitante y observaciones espontáneas y relevantes de tipo emocional frente a estímulos con carga afectiva.
Los resultados revelan que el hemisferio derecho desconectado reconoce rápidamente e identifica sus propias elecciones entre una serie de fotos y, al hacerlo, genera las reacciones y emociones apropiadas, demostrando un gran sentido del humor sutilmente requerido en estas evaluaciones sociales. Hubo hallazgos similares con fotografías de familiares directos, parientes,conocidos, mascotas, pertenencias personales, escenas familiares e incluso políticas, religiosas o históricas, o personajes de la televisión y el espectáculo. El relativamente inaccesible mundo interno del hemisferio mudo se encontró, sorpresivamente, bastante desarrollado. El nivel general del desempeño de estas pruebas fue bueno de acuerdo con lo obtenido por el hemisferio izquierdo del mismo sujeto o en una visión libre. Los resultados a la fecha sugieren la presencia de una percepción de sí mismo bien desarrollada y normal, así como relaciones personales sumadas a una insólita habilidad para el conocimiento en general.
Ciertos procedimientos prospectivos semejantes se utilizaron para explorar el sentido del tiempo y la presencia relativa al futuro en el hemisferio derecho, mismos que no mostraron hasta hoy evidencia de déficit o anormalidad. El hemisferio sin voz parece conocer adecuadamente los horarios diarios y semanales, el calendario, las estaciones del año y fechas importantes. También hace las discriminaciones adecuadas para prever accidentes o pérdidas familiares. La necesidad de un seguro de vida, de vivienda y por robo, por ejemplo, fue percibida por el hemisferio mudo de un gran número de estos pacientes.
A diferencia de otros aspectos de la función cognitiva, las emociones nunca se limitan realmente a un solo hemisferio. Aunque generados
por la teoría de la lateralidad, los efectos emocionales tienden a filtrarse hacia ambos hemisferios, aparentemente por los sistemas de
fibras cruzadas del tallo cerebral. En las pruebas ya mencionadas de autoconciencia y conciencia social se encontró que aun las más tenues sombras de emoción o las connotaciones semánticas generadas en el hemisferio derecho pueden ser de gran ayuda para el izquierdo en su intento por adivinar la naturaleza de los estímulos conocidos sólo por aquél. Los resultados insinúan que los componentes afectivos, semánticos o de connotación juegan un papel sumamente importante en los procesos cognitivos en general.

Los componentes mejor y más específicamente estructurados de la información del proceso cognitivo se muestran como formas separables de los componentes emocionales y de connotación. Como había ocurrido antes, tales estructuras se continuaron confinando en el hemisferio en que eran generadas, mientras que las insinuaciones emocionales se filtraban a través de la influencia del proceso neuronal en el otro hemisferio. La evidencia de esta separación es de suyo significativa frente a la interrogante sobre la organización de los mecanismos neuronales de la cognición. A partir de que los componentes afectivos muestran propiedades conscientes, el hecho de que se crucen en los niveles inferiores del tallo cerebral es de gran interés en relación con las bases estructurales de la conciencia. El mayor impulso en nuestro trabajo actual apunta a determinar con más precisión qué sombras de los contenidos emocionales, semánticos o de connotación son susceptibles de cruzar el tallo cerebral y la manera en que afectan el proceso cognitivo del otro lado. En estos estudios estamos usando una técnica desarrollada recientemente para lateralizar la visión, lo que permite hacer observaciones prolongadas sin artefactos en el ojo.

Progresos en el problema mente-cerebro
Para concluir, queda por mencionar brevemente que una de las cosas más importantes a dilucidar sobre el trabajo del cerebro, separado como un deshilvanador indirecto, es la revisión del concepto de naturaleza de la conciencia y su relación fundamental con el proceso cerebral. La clave del desarrollo aquí es el cambio de un primer punto de vista no causal y en paralelo a uno nuevo, causal o de interpretación “interactivo”, que se adscribe a la experiencia interior y al papel que juega el cerebro como controlador causal integral y del comportamiento. En efecto, y sin recurrir a puntos de vistas duales, las fuerzas mentales y las propiedades de conciencia de la mente se
reintegran en el cerebro como una ciencia objetiva, de la que desde hace mucho tiempo se excluyeron los principios materialistas-conductivos.
Aceptando la revisión del punto de vista causal y el razonamiento involucrado, ahora se vuelven obvias las importantes implicaciones que acarrea para la ciencia y los científicos la visión del hombre y la naturaleza. La psicología introspectiva cognitiva y la ciencia cognitiva no la pueden seguir ignorando en la experimentación, o describirla como una ciencia más allá del fenómeno, ni tampoco como algo que debería, en principio, reducirse a una eventualidad neurofisiológica. Los sucesos de la experiencia interna como propiedades emergentes del proceso cerebral llegan a ser en sí mismos justificantes de la construcción causal en su propio derecho, interactuando en su particular nivel y con sus propias leyes y dinámicas. El mundo entero de la experiencia interior (el mundo de las humanidades), largamente rechazado por el materialismo científico del siglo XX, tendrá que ser reconocido e incluido en el terreno de la ciencia.
En las revisiones básicas del concepto de causalidad se incluyen las que afirman que el todo, además de ser “una forma diferente y mayor de la suma de las partes”, causalmente determina también el rumbo de éstas, sin interferir con las leyes físicas y químicas de las subentidades en su propio nivel. Consecuentemente, la ciencia física no podrá seguir reduciendo al mundo a través de la mecánica cuántica a cualquier otro elemento ultraunificador o al campo magnético. Las propiedades cualitativas y holísticas en los diferentes niveles llegan a ser realmente causales en su propia forma y tienen que ser incluidas en la suma de la causalidad. La teoría cuántica, en estos términos, no podrá seguir reemplazando o minimizando los mecanismos clásicos sino, con toda justicia, alcanzarlos o complementarlos.
Los resultados han obtenido un cambio fundamental en el que la ciencia ha trascendido la era del materialismo conductivo. El antiguo alcance de la ciencia, sus limitaciones, su perspectiva del mundo, el punto de vista de la naturaleza humana y su papel social como fuerza intelectual, cultural y moral, han sufrido un cambio profundo. Donde usualmente existía un cisma y un conflicto irreconciliable entre el punto de vista científico y el humanístico tradicional del hombre y el mundo, ahora se percibe un continuum. Un nuevo marco de interpretación y unificación surge con el impacto de largo alcance, no sólo para la ciencia sino para las creencias y principios en los que la humanidad ha tratado de vivir y encontrar significado.

Traducción de Laura Beverido

1 Discurso de recepción del Premio Nóbel en Fisiología y
Medicina, Suecia, el 8 de diciembre de 1981, publicado
originalmente en Bioscience Reports (Gran Bretaña),
2: 265-276, 1982