Algunos
efectos de la desconexión de los
hemisferios cerebrales1
Roger W. Sperry
El
punto de vista clásico de la dominación cerebral
Comencemos
retrocediendo un poco. Recordemos que aun una pequeña lesión
cerebral, si está críticamente localizada en
el hemisferio izquierdo –o hemisferio del lenguaje–, puede
destruir selectivamente la capacidad de la persona para leer
mientras que conserva la habilidad para hablar y conversar.
La página impresa se puede mirar, pero las palabras
han perdido su significado. Tal estado es la consecuencia típica
de un daño focal de las circunvoluciones angulares cerebrales
del hemisferio izquierdo; también es el resultado de
las lesiones que interrumpen la comunicación neuronal
de esta circunvolución angular del hemisferio izquierdo
con el área visual o la corteza calcarina. En este tipo
de casos, la conclusión natural sería que el
hemisferio izquierdo es el responsable de la lectura, mientras
que el ileso hemisferio derecho, en contraparte, debe ser ciego
a las palabras o incapaz de ver su significado cuando se encuentran
impresas.
Esto mismo se aplica a la capacidad de la palabra hablada.
Las lesiones focales en el área de Wernicke, cerca de la base del lóbulo temporal
izquierdo, o las ya citadas lesiones que desconectan esa área de los
aferentes que llegan a ella desde los centros receptores de la audición
situados en la corteza, han mostrado por lo común un quebranto en
la capacidad de entender el lenguaje hablado. Se sigue escuchando el discurso,
pero el significado se ha perdido. Estos casos parecen indicarnos nuevamente
que la comprensión de la palabra ha sido confinada al hemisferio izquierdo,
y que el hemisferio derecho, aun intacto, es ciego y sordo a las palabras.
La acumulación de numerosas observaciones de este tipo acerca de que
el daño focal del hemisferio izquierdo –pero no del derecho– destruye
la comprensión y la expresión del lenguaje, contribuyó a
fortalecer a lo largo de los años el llamado punto de vista clásico
en el
campo de la neurología de un hemisferio dominante, el izquierdo, como
propio del lenguaje, y otro hemisferio, el derecho, como subordinado, menor
y mudo. El hemisferio menor, además de ser incapaz de hablar o escribir,
y de ser sordo y “ciego” a las palabras, fue señalado, por inferencia,
como carente de las facultades cognitivas
superiores asociadas con el lenguaje y el procesamiento simbólico.
El
punto de vista clásico de una dominancia cerebral se reforzó por
los hallazgos paralelos sobre la apraxia, en los cuales se reportó la
dificultad de aprender el movimiento voluntario después de que se
lesionaba el lado izquierdo, principalmente. Se consideró entonces
que el hemisferio izquierdo era también el líder de la ejecución
motriz, del control y dirección de los movimientos voluntarios superiores,
así como el depositario de los engranajes cerebrales del aprendizaje
motriz. La evidencia de la dominancia izquierda se extendió más
allá del cálculo y el razonamiento aritmético. Así,
con pocas excepciones, durante los años cincuenta y buena parte de
los sesenta la evidencia acumulada apoyaba la interpretación de un
hemisferio izquierdo dominante, intelectualmente más evolucionado,
y otro, el derecho, por el contrario, relativamente retardado, disléxico,
sordo y ciego a la palabra, apráxico y mudo, generalmente carente
de las funciones cognitivas superiores.
Contraste
de evidencias por la comisurotomía
Para sorpresa de muchos, a principios de la década de los sesenta
surgieron pruebas hechas en pacientes con comisurotomía, o cerebro
separado, que indicaron la presencia en el llamado hemisferio menor de considerables
capacidades de entendimiento y comprensión del lenguaje escrito y
hablado. Estos eran pacientes del neurocirujano Joseph Bogen y de su jefe,
Phillip Vogel, del White Memorial Medical Center de Los Ángeles, los
cuales fueron sometidos a una cirugía seccional de la línea
media del cuerpo calloso y otras comisuras, en un último esfuerzo
para controlar su intratable y grave epilepsia. Durante la cirugía
se seccionaron todas las conexiones neuronales cruzadas de comunicación
directa entre los dos hemisferios. La experiencia de esta cirugía
en pacientes humanos y de más de diez años de estudios sobre
el cerebro separado en animales, hacía predecible que el efecto de
la cirugía no sería incapacitante en lo que concierne a las
actividades diarias ordinarias, y ese fue el caso. Al cabo de un periodo
de entre seis meses y un año de recuperación, y no habiendo
otras patologías cerebrales, la persona que había sufrido la
sección completa de las comisuras del cerebro anterior bien podría
pasar sin ser notada en un encuentro o conversación casuales e incluso
en un examen médico de rutina.
En nuestros estudios preliminares con Michael Gazzaniga, los pacientes parecían
mostrar que el hemisferio derecho desconectado no era de ninguna manera sordo
o ciego a la palabra, según se había anticipado. Algunas pruebas
lateralizadas acerca de las habilidades lingüísticas indicaron
que el hemisferio derecho era ciertamente mudo y agráfico, pero aun
así capaz de comprender, en un nivel moderadamente elevado, las palabras
dichas en voz alta por el examinador. El hemisferio derecho desconectado
era también capaz de leer palabras impresas, presentadas en el campo
visual izquierdo, las que se mostraban selectivamente o bien señalando
objetos y retratos de una serie seleccionada. Estos pacientes con comisurotomía
pudieron además, mediante el hemisferio derecho, elegir correctamente
palabras escritas o habladas y relacionarlas con objetos y fotografías,
así como ir correctamente de una palabra hablada a una impresa, y
viceversa. La recuperación táctil del hemisferio derecho se
logró con objetos no directamente nombrados, sino descritos mediante
frases complejas, como “instrumento de medida”, “contenedor de líquidos”
y otras. No obstante que tenían el hemisferio derecho desconectado,
los pacientes pudieron deletrear palabras de tres o cuatro letras sin omitir
letras e identificar palabras a través del tacto. Más recientemente,
tales capacidades semánticas del hemisferio derecho se han afirmado
y extendido gracias a los experimentos de series comprensivas de Zaidel,
en que se emplea su técnica de lentes oclusores, los cuales hacen
posible una observación prolongada. La doctrina neurológica
de comienzos de los años sesenta estaba tan fuertemente arraigada
que el doctor Bogen se vio obligado a retirar su nombre, en buena lid, de
los trabajos iniciales sobre el lenguaje.
Nuestra convicción de que las respuestas a las pruebas de lenguaje
provenían del hemisferio derecho y no del izquierdo se basaron en
los resultados de los procedimientos de lateralización, en los que
podía mostrarse, mediante el seguimiento de las preguntas verbales,
que el hemisferio izquierdo parlante se había mantenido ignorante
de las respuestas y acciones, atribuyéndoselas entonces al hemisferio
derecho. Cada hemisferio desconectado se comporta como si desconociera los
eventos cognitivos de su contraparte, justo como sucedió en nuestros
estudios con animales con cerebro separado realizados alrededor de 1950 e
iniciados por Ronald Mayers, de la Universidad de Chicago. Cada mitad del
cerebro, en otras palabras, parece tener su dominio cognitivo propio y bien
definido, con sus propias experiencias perceptivas, retentivas y lingüísticas,
las que son aparentemente ignoradas por el otro hemisferio. Aunque el síndrome
básico de desconexión de cerebro en el hombre resultara esencialmente
semejante al obtenido en trabajos anteriores con gatos y monos, su manifestación
resultó ser mucho más impresionante. El hemisferio parlante
de los pacientes podía decirnos directamente, en sus propias palabras,
su desconocimiento de la experiencia sustentada por el hemisferio mudo a
partir de las respuestas y resultados correctos obtenidos en las pruebas.
La lateralización de las funciones cerebrales podía inferirse
no sólo por la deficiencia o ausencia de la función de un lado,
sino también por su presencia en el otro.

La controversia del lenguaje del hemisferio derecho
La capacidad de lenguaje encontrada sorpresivamente en
el hemisferio derecho después de la comisurotomía, provocó controversiales
interpretaciones a las interrogantes del caso que todavía no han quedado
saldadas. Puesto de manera simple, el problema planteado es el siguiente: ¿por
qué el hemisferio derecho es capaz de hacer ciertas cosas después
de la comisurotomía –como leer– y es incapaz de hacerlo cuando hay
una lesión focal en el hemisferio izquierdo? Se ha sugerido como respuesta
que la evidencia de comisurotomía puede estar desviada por la extensión
bilateral atípica del lenguaje en el hemisferio derecho, la que se
relaciona con la epilepsia de desarrollo prolongado y con la patología
asociada. Algunas críticas posteriores han supuesto variaciones individuales
dado el pequeño grupo de pacientes involucrados.
Nosotros nos inclinamos por otra interpretación, misma que sugiere,
por el contrario, que es la lesión focal unilateral la que causa el
desvío. Nuestro razonamiento indica que las lesiones del hemisferio
izquierdo en presencia de comisuras intactas actúan para prevenir
la expresión de la función latente, presente pero suprimida
en el hemisferio derecho ileso. Esta interpretación presume que las
dos mitades del cerebro, cuando están conectadas, trabajan de manera
conjunta como una unidad funcional, con el control de mando en una o en otra.
Cuando esa función unitaria se vuelve defectuosa debido a una lesión
unilateral, el resultado prevalece en ambos hemisferios; es decir, los dos
continúan operando como una unidad, ya sea defectuosa o funcional.
Sólo hasta que el hemisferio derecho intacto se libera de la integración
e influencia del hemisferio izquierdo dañado y rompe con éste
–como sucede en la comisurotomía–, puede hacer efectiva su propia
función residual.
La anterior interpretación se sustenta asimismo en los limitados datos
provenientes de la hemisfertomía (extirpación de uno de los
hemisferios). El mismo razonamiento parecía ser también aplicable
al fenómeno de indiferencia y apraxia unilateral, ninguna de las cuales
probó ser ni cercanamente tan grave en las pruebas lateralizadas después
de la comisurotomía, como se hubiera podido esperar a partir
de los hallazgos de las lesiones laterales. A pesar de que la última
palabra a este respecto no se ha dicho aún, la interpretación
precedente ha recibido un apoyo considerable en los estudios de comisurotomía
subsecuentes, que revelan la presencia, en el hemisferio derecho desconectado,
de capacidades cognitivas superiores, adicionales, que difícilmente
podrían atribuirse a una bilateralización atípica del
lenguaje o, más aún, a una variación individual.
Hay razones para pensar que esas facultades adicionales han sido pasadas
por
alto por la complejidad que inevitablemente prevalece en presencia de
las comisuras.
Especialización
del hemisferio derecho
Las primeras indicaciones de la especialización del hemisferio derecho
con antecedentes de lesión lateral, tales como reconocimiento facial,
vestido, dibujo de figuras en bloque, dibujo de cubos tridimensionales y
otras, se atribuyeron principalmente a la asimetría entre el dominio
de ejecución motriz y el sensorial, y no en los niveles cognitivos
superiores centrales. Esas funciones del hemisferio derecho fueron llamadas
visoespaciales, estructurales o de praxis. De acuerdo con las concepciones
convencionales de la dominancia cerebral, los procesos cognitivos superiores
implicados en estas actividades se asumieron como si fuesen una contribución
del hemisferio izquierdo a través de las comisuras. Nuestra interpretación
inicial de estas actividades no partieron esencialmente del punto de vista
clásico.
En 1967, sin embargo, los datos recogidos de los sujetos con comisurotomía
se sumaron para apoyar la conclusión de que cada uno de los hemisferios
desconectados –no sólo el izquierdo– tiene sus propias funciones superiores
de conocimiento. Durante los procedimientos de pruebas lateralizadas, cada
hemisferio parece utilizar sus propios preceptos, imágenes mentales,
asociaciones e ideas. De manera semejante a lo que sucede en los estudios
que emplean animales con cerebro separado, un hemisferio muestra aparentemente
sus propios procesos de aprendizaje y sus cadenas separadas de memoria, desde
luego inaccesibles a la experiencia consciente del otro hemisferio.
Una evidencia adicional del desarrollo del hemisferio derecho en los procesos
superiores intelectuales se sumó tras el estudio del caso de un estudiante
con ausencia congénita del cuerpo calloso, el cual presentaba un coeficiente
intelectual verbal por arriba de la media, y en el que el habla se halló tanto
en el hemisferio derecho como en el izquierdo. La calificación académica
de este paciente con agénesis del cuerpo calloso iba de regular a
buena en los cursos de lenguaje y facilidad verbal, pero mediocre en temas
relacionados con la geometría y la geografía, que suponen facultades
espaciales y de relación no verbal que ahora asociamos con el hemisferio
derecho. El lenguaje adicional en el hemisferio derecho se había alcanzado
aparentemente a costa de las facultades espaciales y no verbales que, de
otra manera, el sujeto hubiera desarrollado ahí normalmente.
Más tarde se añadieron otras evidencias controladas y directas
surgidas de los estudios de Jerre Levy acerca de la superioridad del hemisferio
derecho en tareas que requieren habilidades cognitivas superiores, las que
apuntaban específicamente a las especialidades cognitivas de ese hemisferio.
En ellas se encontró que la capacidad mental para hacer transformaciones
espaciales intermodales de formas en tercera dimensión a la segunda
(sin desplegar), fueron mucho mejor desarrolladas en el hemisferio derecho.
De igual modo, donde la serie de elementos mostraba los mejores puntajes
para el hemisferio izquierdo, había una correspondiente caída
en la calificación del hemisferio derecho, lo que sugiere una polaridad
izquierda-derecha en las habilidades cognitivas.
A partir de estos datos, además de los disponibles en la literatura,
Levy propone que los hemisferios izquierdo y derecho se caracterizan por
formas intrínsecas, cualitativamente diferentes y mutuamente antagónicas,
de procesos cognitivos: el izquierdo, básicamente secuencial y analítico,
y el derecho, espacial y sintético. Una base racional se agrega a
la evolución asimétrica que se apoya en las ventajas funcionales
de tener dos modos cognitivos desarrollados por separado en hemisferios diferentes
para reducir la interferencia mutua.
En los años subsecuentes, la forma de pensar acerca de ello evolucionó rápidamente
y se fortaleció y depuró a través de una serie de estudios
en los que se vio la posibilidad de que el hemisferio llamado subordinado
o menor, el que se pensaba que era analfabeto, mentalmente retardado y, para
algunos autores, inconsciente, fuera el miembro cerebral superior en ciertas
tareas mentales. Las especialidades del hemisferio derecho eran, por supuesto,
de naturaleza no verbal, no matemática y no secuencial; antes bien,
eran fundamentalmente espaciales y creativas, en las que una imagen o fotografía
mental vale más que mil palabras. Los ejemplos incluyen la identificación
facial, inserción de imágenes en matrices más grandes,
identificación del tamaño de un círculo a partir de
un fragmento o arco pequeño, discriminación y reconocimiento
de figuras indescriptibles, capacidad de transformaciones espaciales mentales,
reconocimiento de acordes musicales, clasificación de bloques por
tamaños y formas en categorías, percepción del todo
a partir de las partes y percepción y aprehensión de los principios
geométricos. El énfasis se cambió de alguna manera de
un antagonismo intrínseco y mutua incompatibilidad de los procesos
izquierdo y derecho a una complementariedad de soporte mutuo.
En muchos casos, las diferencias observadas de la cognición izquierda-derecha
eran muy sutiles y tenían una naturaleza cualitativa, de tal manera
que pudieron verse oscurecidas en los estudios de lesión lateral,
por las variaciones individuales y patologías preexistentes. En condiciones
de comisurotomía, donde los factores de base se equilibran y las comparaciones
estrechas izquierda-derecha son posibles en un mismo sujeto, las diferencias
laterales, aun las mínimas, se vuelven importantes. En el mismo individuo
se puede apreciar consistentemente el empleo de una u otra —dos formas distintas—
de abordaje y estrategia, como si fueran dos personas diferentes, dependiendo
de si se usa el hemisferio izquierdo o el derecho.
Otras extensiones
A partir de otras fuentes se ha avanzado en muchas direcciones a través
del estudio de diversas poblaciones normales y cerebralmente dañadas,
así como de otras expresamente seleccionadas, explorando las correlaciones
con la destreza manual, el género, las preferencias ocupacionales,
las habilidades, los talentos especiales innatos, las variaciones genéticas
como el síndrome de Turner, la dislexia congénita, las patologías
endocrinas, el autismo, los sueños, la hipnosis, la escritura invertida
y otras. En algunos casos, las conclusiones, junto con la creciente ola de
extrapolaciones semipopulares y especulaciones concernientes a la lucha de
las funciones cerebro izquierdo versus cerebro derecho, llamaron a la prudencia.
La dicotomía izquierdaderecha en el modelo cognitivo es una pista
por la que se puede correr desenfrenadamente. Los cambios cualitativos en
el control mental pueden involucrar el arriba-abajo, el adelante-atrás
y otros cambios, aparte de las diferencias izquierda-derecha. Además,
en el estado normal en el que los dos hemisferios parecen trabajar conjuntamente,
lo hacen como unidad y no como si uno estuviera encendido mientras el otro
permanece apagado. Mucho queda por establecer en esta materia. Aun la idea
principal de que hay modelos de cognición diferentes para los hemisferios
izquierdo y derecho es cuestionada por algunos a favor del punto de vista
de que las especialidades del hemisferio derecho son prácticas y manipuloespaciales,
y que las superiores, las cognitivas y de autoconocimiento, están
asociadas al lenguaje y por ende, al hemisferio izquierdo.
A pesar de las incertidumbres que permanecen respecto de la lateralidad,
los resultados positivos parecían sustentar un conocimiento agregado,
en educación y otros más, del papel tan importante de los componentes
no verbales y otras formas de intelecto. Otro resultado apabullante es el
que deriva de las influencias familiar, migratoria, sexual y otras variables
innatas, con el reconocimiento creciente de la individualidad de la estructura
del intelecto humano. Cuanto más sabemos, más complejas resultan
las predicciones relativas a cualquier individuo y, además, parece
afirmarse la conclusión del grado de la extraordinaria individualidad
de nuestra programación cerebral, tanto que a su lado las huellas
dactilares o los rasgos faciales parecen toscos y simples. Ha llegado a ser
cada vez más evidente la necesidad de hacer pruebas educacionales
y establecer políticas de medición que selectivamente identifiquen,
acomoden y maximicen la diferencia especializada como forma de potencial
intelectual individual.
Autoconciencia
y conciencia social
Las primeras discusiones donde se afirmaba que el hemisferio
derecho ni siquiera era consciente quedaron eliminadas a
partir de mediados de los años
setenta, dando paso a una posición en la que al hemisferio mudo se
le atribuye la posibilidad de tener conciencia en niveles elementales mínimos,
pero que carece de los superiores, reflexivos, autoconscientes y de autorreconocimiento,
la clase de conocimientos que hacen especial al ser humano y que serían
necesarios para calificar al sistema consciente derecho como “ser” o “persona”.
La autoconciencia se califica –principalmente de acuerdo con las pruebas
de espejo– como un atributo predominantemente humano, valorado por el desarrollo
y por la evolución como la fase más avanzada del conocimiento
consciente.
Nos propusimos probar más específicamente la presencia del
autorreconocimiento en el hemisferio derecho y relacionarlo con las formas
de autoconciencia y conciencia social. Con la percepción de estímulos
pictóricos limitados a un hemisferio por el lente oclusor desarrollado
por Eran Zaidel, los sujetos tenían que señalar específicamente
artículos seleccionados de una serie específica, en respuesta
a preguntas acordes a sus conocimientos y sentimientos sobre el contenido
de la figura. Las respuestas de los sujetos incluyeron también diferencias
en sus expresiones emocionales, incluidas las exclamaciones de pulgar arriba
y pulgar abajo, respuestas a veinte preguntas de tipo incitante y observaciones
espontáneas y relevantes de tipo emocional frente a estímulos
con carga afectiva.
Los resultados revelan que el hemisferio derecho desconectado reconoce rápidamente
e identifica sus propias elecciones entre una serie de fotos y, al hacerlo,
genera las reacciones y emociones apropiadas, demostrando un gran sentido
del humor sutilmente requerido en estas evaluaciones sociales. Hubo hallazgos
similares con fotografías de familiares directos, parientes,conocidos,
mascotas, pertenencias personales, escenas familiares e incluso políticas,
religiosas o históricas, o personajes de la televisión y el
espectáculo. El relativamente inaccesible mundo interno del hemisferio
mudo se encontró, sorpresivamente, bastante desarrollado. El nivel
general del desempeño de estas pruebas fue bueno de acuerdo con lo
obtenido por el hemisferio izquierdo del mismo sujeto o en una visión
libre. Los resultados a la fecha sugieren la presencia de una percepción
de sí mismo bien desarrollada y normal, así como relaciones
personales sumadas a una insólita habilidad para el conocimiento en
general.
Ciertos procedimientos prospectivos semejantes se utilizaron para explorar
el sentido del tiempo y la presencia relativa al futuro en el hemisferio
derecho, mismos que no mostraron hasta hoy evidencia de déficit o
anormalidad. El hemisferio sin voz parece conocer adecuadamente los horarios
diarios y semanales, el calendario, las estaciones del año y fechas
importantes. También hace las discriminaciones adecuadas para prever
accidentes o pérdidas familiares. La necesidad de un seguro de vida,
de vivienda y por robo, por ejemplo, fue percibida por el hemisferio mudo
de un gran número de estos pacientes.
A diferencia de otros aspectos de la función cognitiva, las emociones
nunca se limitan realmente a un solo hemisferio. Aunque generados
por la teoría de la lateralidad, los efectos emocionales tienden a
filtrarse hacia ambos hemisferios, aparentemente por los sistemas de
fibras cruzadas del tallo cerebral. En las pruebas ya mencionadas de autoconciencia
y conciencia social se encontró que aun las más tenues sombras
de emoción o las connotaciones semánticas generadas en el hemisferio
derecho pueden ser de gran ayuda para el izquierdo en su intento por adivinar
la naturaleza de los estímulos conocidos sólo por aquél.
Los resultados insinúan que los componentes afectivos, semánticos
o de connotación juegan un papel sumamente importante en los procesos
cognitivos en general.
Los componentes mejor y más específicamente estructurados de
la información del proceso cognitivo se muestran como formas separables
de los componentes emocionales y de connotación. Como había
ocurrido antes, tales estructuras se continuaron confinando en el hemisferio
en que eran generadas, mientras que las insinuaciones emocionales se filtraban
a través de la influencia del proceso neuronal en el otro hemisferio.
La evidencia de esta separación es de suyo significativa frente a
la interrogante sobre la organización de los mecanismos neuronales
de la cognición. A partir de que los componentes afectivos muestran
propiedades conscientes, el hecho de que se crucen en los niveles inferiores
del tallo cerebral es de gran interés en relación con las bases
estructurales de la conciencia. El mayor impulso en nuestro trabajo actual
apunta a determinar con más precisión qué sombras de
los contenidos emocionales, semánticos o de connotación son
susceptibles de cruzar el tallo cerebral y la manera en que afectan el proceso
cognitivo del otro lado. En estos estudios estamos usando una técnica
desarrollada recientemente para lateralizar la visión, lo que
permite hacer observaciones prolongadas sin artefactos en el ojo.
Progresos
en el problema mente-cerebro
Para concluir, queda por mencionar brevemente que una de
las cosas más
importantes a dilucidar sobre el trabajo del cerebro, separado como un deshilvanador
indirecto, es la revisión del concepto de naturaleza de la conciencia
y su relación fundamental con el proceso cerebral. La clave del desarrollo
aquí es el cambio de un primer punto de vista no causal y en paralelo
a uno nuevo, causal o de interpretación “interactivo”, que se adscribe
a la experiencia interior y al papel que juega el cerebro como controlador
causal integral y del comportamiento. En efecto, y sin recurrir a puntos
de vistas duales, las fuerzas mentales y las propiedades de conciencia de
la mente se
reintegran en el cerebro como una ciencia objetiva, de la que desde hace
mucho tiempo se excluyeron los principios materialistas-conductivos.
Aceptando la revisión del punto de vista causal y el razonamiento
involucrado, ahora se vuelven obvias las importantes implicaciones que acarrea
para la ciencia y los científicos la visión del hombre y la
naturaleza. La psicología introspectiva cognitiva y la ciencia cognitiva
no la pueden seguir ignorando en la experimentación, o describirla
como una ciencia más allá del fenómeno, ni tampoco como
algo que debería, en principio, reducirse a una eventualidad neurofisiológica.
Los sucesos de la experiencia interna como propiedades emergentes del proceso
cerebral llegan a ser en sí mismos justificantes de la construcción
causal en su propio derecho, interactuando en su particular nivel y con sus
propias leyes y dinámicas. El mundo entero de la experiencia interior
(el mundo de las humanidades), largamente rechazado por el materialismo científico
del siglo XX, tendrá que ser reconocido e incluido en el terreno de
la ciencia.
En las revisiones básicas del concepto de causalidad se incluyen las
que afirman que el todo, además de ser “una forma diferente y mayor
de la suma de las partes”, causalmente determina también el rumbo
de éstas, sin interferir con las leyes físicas y químicas
de las subentidades en su propio nivel. Consecuentemente, la ciencia física
no podrá seguir reduciendo al mundo a través de la mecánica
cuántica a cualquier otro elemento ultraunificador o al campo magnético.
Las propiedades cualitativas y holísticas en los diferentes niveles
llegan a ser realmente causales en su propia forma y tienen que ser incluidas
en la suma de la causalidad. La teoría cuántica, en estos términos,
no podrá seguir reemplazando o minimizando los mecanismos clásicos
sino, con toda justicia, alcanzarlos o complementarlos.
Los resultados han obtenido un cambio fundamental en el que la ciencia ha
trascendido la era del materialismo conductivo. El antiguo alcance de la
ciencia, sus limitaciones, su perspectiva del mundo, el punto de vista de
la naturaleza humana y su papel social como fuerza intelectual, cultural
y moral, han sufrido un cambio profundo. Donde usualmente existía
un cisma y un conflicto irreconciliable entre el punto de vista científico
y el humanístico tradicional del hombre y el mundo, ahora se percibe
un continuum. Un nuevo marco de interpretación y unificación
surge con el impacto de largo alcance, no sólo para la ciencia sino
para las creencias y principios en los que la humanidad ha tratado de vivir
y encontrar significado.
Traducción
de Laura Beverido
1 Discurso
de recepción del Premio Nóbel en Fisiología
y
Medicina, Suecia, el 8 de diciembre de 1981, publicado
originalmente en Bioscience Reports (Gran Bretaña),
2: 265-276, 1982