EDITORIAL
No puede menos que
agradecerse a José Luis
Rocha Fernández, el autor del primer artículo
en el número de La Ciencia
y el Hombre que el lector tiene en sus manos, la visión panorámica
de lo que es la divulgación de la ciencia. Ya antes
hemos abordado
de distintas maneras este tema crucial, pero Rocha hila más
fino aún en el mismo, por lo que el lector comprenderá a
cabalidad
la importancia social y los empleos de la divulgación científica
y
tecnológica, propósito último de nuestra publicación.
Con el tono chispeante que le es característico, Angel Rodríguez
Kauth (y ponemos “Angel” sin acento, pues así lo prefiere él)
aborda las paradojas lógicas de un modo tal que, comenzando
por lo que se cuenta de Herodes el Grande, concluye con lo que
ocurre en el consultorio del psicoanalista. El lector no puede
dejar
de tener una sonrisa leyendo —y seguramente releyendo— el
texto del docto argentino.
Curiosamente, un músico de renombre, Fernando Ávila,
nos
lleva por el camino de los descubrimientos matemáticos,
para lo
cual nos ofrece una deleitosa anécdota en la que nos relata
cómo
pudo alcanzar la solución del conocido dilema del burro
de
Buridan —el que murió de hambre al no decidirse a comer
uno u
otro de los fardos de heno que tenía a cada lado— y
la indiferencia
que su logro mereció de sus amigos físicos.
A cincuenta años del descubrimiento de la doble hélice
del
ADN por James Watson y Francis Crick, Juan Corral Aguirre nos
habla de la importancia de este fundamental hallazgo, rescata
del
anonimato la invaluable contribución que al efecto hizo
Rosalind
Franklin, abunda sobre las implicaciones de aquél y
concluye su
artículo describiendo la encrucijada en que se halla
el hombre
moderno: “¿Podrá el hombre —se pregunta— darse
cuenta a
tiempo de la necesidad de cambiar su forma de vivir?”.
Angélica García Vega, tal como ya nos va acostumbrando,
nos
habla sobre acertijos y el llamado “pensamiento lateral”, para
lo
cual nos presenta tres casos: el de Romeo y Julieta, el de la
sopa
de gaviota y el de san Nicolás. El lector encontrará aquí,
además
de una comprensible lección sobre los tipos de pensamiento,
un
reto a su imaginación. Más adelante, esta misma
autora nos relata
cómo los robots se han comenzado a usar para explorar
las emociones,
la conciencia y la inteligencia humanas.
Valido de sus conocimientos sobre la inteligencia artificial
y de su versatilidad como escritor, Luis Martínez Negrete
nos da una
deliciosa muestra de cómo puede conceptuarse como sistema
un
ser que nos es muy familiar.
Noé Aguilar Rivera nos propone
a su vez el empleo de la biomasa como una importante fuente energética
que aliviará la
creciente contaminación y favorecerá el desarrollo
sustentable, tema
tan en boga hoy. Bien hará el lector en emprender la lectura
de
este texto para percatarse de la utilidad y usos de la biomasa.
En un sólido recuento histórico, Fernando Hernández
Baz nos
proporciona una valiosa descripción de los largos y añejos
esfuerzos
que se han realizado para adquirir una información veraz
y
precisa de la fauna veracruzana y, a la vez, de lo que falta
por
hacer y descubrir en este sugestivo campo. De algún modo
contribuye
a lo anterior el texto de Pedro Sáenz Martínez
cuando nos
ilustra sobre los pescados y mariscos del litoral veracruzano,
incorporando
—al igual que en el número anterior y en los que vendrán—
sabrosas recetas culinarias en cuya preparación se
emplean algunas de esas especies.
¿
Será posible alguna vez detener el proceso de envejecimiento
de los seres humanos?, se pregunta Julio Solís Fuentes,
y a partir
de ahí nos habla de la posibilidad futura de que la bioquímica,
la
genética, la biología molecular y otras ciencias
logren finalmente
ese propósito.
Cuatro breves artículos de este número tienen que
ver con el
campo de la medicina. En primer lugar, el de Carlos Bravo Matus,
que trata sobre las nuevas técnicas endoscópicas
que evitan hoy
día las operaciones invasivas; después, el de Pedro
Coronel Pérez,
que describe de un modo comprensible el método de Papanicolau
y su gran utilidad para prevenir problemas graves; en tercer
lugar,
el de Humberto Silva Mendoza, quien aborda el tema del infarto
cardíaco y su posible prevención mediante el empleo
de la proteína
C reactiva, y, por último, el de Tania Romo González,
quien
cuestiona con sólidos datos el que el virus de inmunodeficiencia
humana sea la causa del sida.
Lourdes Beauregard García examina con amplitud y gran
detalle en su interesante texto los textiles que se utilizan
hoy día en
nuestra entidad, no sin antes describir los empleados en el México
prehispánico, contra los cuales compara aquellos.
Para finalizar el conjunto de artículos “formales”, José Antonio
Hernanz Moral nos habla en su siempre inteligente sección
“Ciencia, tecnología y sociedad” acerca de la dimensión
social del
conocimiento, de cómo se genera, se promueve y se accede
a él.
Por último, en nuestra infaltable sección de “Curiosidades
científicas”,
nuestros permanentes colaboradores Heriberto G.
Contreras y Leticia Garibay Pardo abordan dos temas insólitos:
la
caligrafía como parte fundamental del desarrollo de la
humanidad
y... los malos olores: por qué se producen y cómo
los percibimos.
Como siempre, dada la variedad de los artículos que incluimos
en este número, nuestros lectores lo hallarán tan
interesante como
ya es costumbre.