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Uso
o abuso del fórceps: ¿igual
a desuso?
Gustavo
A. Félix López1
Tomás G. Hernández Parra2
y María G. Nachón García3
El
nacimiento de un bebé es un evento que suele marcar la
historia familiar. Las ilusiones forjadas en su llegada llevan a
la pareja a informarse; dicha información frecuentemente es
incompleta, y ello se debe a que las fuentes son revistas y programas
de televisión informales. A menudo planeamos cómo será el
día y el momento en que ocurra el nacimiento, sin tomar en
cuenta las diferentes condiciones en que éste pudiera presentarse
y sin dar cabida a la posibilidad de que vaya a requerir maniobras
diferentes a las convencionales, como el parto normal o la cesárea.
La
utilización de instrumentos que faciliten el periodo expulsivo
en el trabajo de parto es necesaria en algunas ocasiones. Sin embargo,
el desconocimiento de la pareja acerca de la utilidad y seguridad
que brindan dichos aparatos los lleva a que se produzca en ellos
un temor injustificado ante su uso. Tan sólo el hecho de relacionar
el fórceps con el nacimiento de nuestros hijos genera angustia,
incertidumbre y una negación a la posibilidad de que se les
requiera. En efecto, en el instrumental médico usado en la
obstetricia destaca el fórceps, siendo su función la
de permitir la extracción de la cabeza fetal para abreviar
el parto.
El
fórceps es un instrumento en forma de pinza, diseñado
para tomar, sin traumatizar, la cabeza del feto dentro de la pelvis
materna durante el periodo expulsivo del trabajo de parto, con lo
que se abrevia el nacimiento, en beneficio tanto de la madre como
del producto. Al fórceps se le ha relacionado injustamente
con lesiones e incluso la muerte tanto del recién nacido como
de la madre. El fundamento de esta relación es que antes de
la aparición de técnicas quirúrgico-anestésicas
adecuadas y la administración de antibióticos y transfusiones
sanguíneas, el fin único al utilizar el instrumento
era lograr el nacimiento del producto por la vía vaginal,
sin importar sus condiciones físicas y neurológicas
al nacer. Pero las indicaciones de su uso han cambiado en las últimas
cinco décadas.
Existen
hoy día indicaciones claras y una descripción
de cuándo es indispensable emplear el fórceps en el
caso tanto de las madres como de los bebés. Con las primeras,
se utilizan cuando padecen enfermedades sistémicas, tienen
antecedentes de cicatriz quirúrgica y cuando el periodo expulsivo
se ha prolongado demasiado (en las nulíparas, cuando han transcurrido
más de dos horas sin anestesia regional o bloqueo epidural,
y en las multíparas más de una hora sin anestesia regional).
Las indicaciones fetales para la aplicación incluyen la falta
de rotación y descenso de la presentación, el sufrimiento
fetal y la retención de la cabeza en el parto pélvico.
Cualquier instrumento obstétrico tiene requisitos indispensables
para su uso correcto. Los más importantes son los siguientes:
1.
Que se domine la técnica
del instrumento a utilizar.
2.
Que la cabeza fetal esté encajada en la pelvis, descartando
la desproporción cefalo-pélvica.
3.
Que haya una dilatación
completa del cuello de la matriz.
4.
Que las membranas corioamnióticas
se hayan roto.
5.
Que la paciente esté sometida a una analgesia obstétrica
peridural.
6.
Que la vejiga de la parturienta se halle vacía.
7.
Que el médico esté preparado para abandonar el
procedimiento si fuera necesario, y capacitado también para
realizar una operación cesárea si está indicada.
Para
dominar la técnica de aplicación de cualquiera
de los instrumentos obstétricos se requiere una gran experiencia,
obtenida en un programa de entrenamiento, nunca de modo improvisado,
que comprende varias etapas: una observación explicada por
un mentor experimentado; una aplicación vigilada y comprobada
por ese mentor, y la aplicación sin supervisión una
vez obtenida la experiencia necesaria. Sobra comentar lo indispensable
del buen juicio y criterio tanto del mentor como del alumno, evitándose
con ello las aplicaciones innecesarias.
Los
beneficios actuales de la utilización de los fórceps
son los de abreviar el periodo expulsivo de un producto que tiene
la oportunidad de nacer por vía vaginal, pero que si permanece
por un tiempo prolongado en el canal de parto repercutiría
en las condiciones clínicas que tuviera al nacer, pudiendo
oscurecer el pronóstico a corto y a largo plazo. Además,
disminuir la frecuencia de operaciones cesáreas, indicadas
cuando hay sufrimiento fetal inicial y/o un periodo expulsivo prolongado.
Es innegable que la frecuencia del uso de fórceps tiende a
disminuir.
Esto
no debiera demeritar su clásico valor terapéutico.
Más bien, debe colocarse en los limites de lo que puede obtenerse
de él. Para interpretar adecuadamente su valor, los especialistas
deben ponderar la exactitud y la oportunidad de su aplicación,
así como la habilidad en su ejecución. Actualmente,
gracias a que contamos con técnicas quirúrgico-anestésicas
adecuadas, el uso de la cesárea ha facilitado una resolución
rápida y relativamente inocua del embarazo.
Pero
el personal médico adscrito a los servicios de toco-cirurgía
ha optado por realizarla aun cuando no se justifica, quitándole
así la oportunidad a la madre de tener un parto por vía
vaginal y, por lo tanto, un puerperio fisiológico con todos
los beneficios que ello representa. Tal situación ha favorecido
que la tendencia del uso del fórceps sea cada vez menos frecuente
y, por ende, que no se enseñe su utilización en los
programas de residencia, los cuales son la única vía
de preservar una actitud abierta a los beneficios de su uso. Por
lo tanto, la exactitud, lo oportuno de su aplicación y la
habilidad en su ejecución son las premisas que deben arraigar
en las mentes de los especialistas para interpretar adecuadamente
el valor de tan útil instrumento.
Sin
embargo, no es el uso del fórceps en sí sino los
resultados de su mal uso lo que ha generado la desconfianza y el
temor en las pacientes y sus familiares, lo que ha contribuido a
que se comience a descartar por parte del personal médico.

Esa
desinformación ha causado temores infundados, por lo
que en el control prenatal deberán brindarse las explicaciones
que orienten en forma satisfactoria a la pareja. Durante más
de 400 años, el parto instrumental ha sido parte importante
de la práctica obstétrica. Una inconmensurable cantidad
de parturientas y productos de su embarazo han recibido el beneficio
de los procedimientos realizados en forma correcta y oportuna, por
lo cual se recomienda reconsiderar el justo valor de la utilidad
del fórceps.
1
Instituto de Investigaciones Psicológicas, Dr. Luis Castelazo
Ayala s/n. Col. Industrial Ánimas
tel. 2288-125740.
2 Hospital de Gineco-Obstetricia, Ernesto Ortiz Medina y Tuxpan,
Fracc. Veracruz.
3
Instituto de Investigaciones Psicológicas, Dr. Luis Castelazo
Ayala s/n. Col. Industrial Ánimas
tel. 2288-125746.
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