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Curiosidades
Científicas
Saber de perros
Heriberto G. Contreras y Leticia Garibay
Desde
que el hombre apareció en la Tierra, ha luchado a toda
costa por los espacios en contra de otras especies. Paralelamente,
ha exterminado decenas de miles de plantas y animales que lo rodean,
como consecuencia de su expansión o explosión demográfica.
En el mejor de los casos, los humanos hemos domesticado en vez de
matar a otro gran número de animales. Entre estos se encuentra
el perro, conocido como el mejor amigo del hombre, especie que no
obstante resultar demasiado útil sigue siendo subvalorada.
Pero,
como la mayoría de todos los seres vivos no humanos,
los perros aportan un sinfín de respuestas cuando de aclarar
nuestras propias dudas se trata —llámese salud, viajes al
espacio o misiones de alto riesgo—, pues una vez más los perros
nos demuestran cuán importantes pueden ser. Un grupo de científicos
ha alimentando a varios perros con una dieta que contiene el mismo
tipo de grasas que podemos encontrar en la comida frita. Dichos investigadores
utilizaron perros para realizar sus estudios porque su periodo de
desarrollo inicial es rápido, mientras que su cuerpo no es
demasiado diferente al nuestro. El objetivo fue averiguar cómo
contribuyen estas grasas al envejecimiento y al desarrollo de enfermedades
humanas, como la arteriosclerosis y el cáncer.

Uno
de los grupos recibió una dieta de lípidos altamente
oxidados, otro un nivel moderado de este mismo tipo de grasas, y
el último grupo un nivel relativamente bajo. Después
de unos días, los investigadores de la Universidad de Purdue,
al mando del doctor John Turek, comprobaron que los animales de los
dos primeros grupos habían visto reducidos su crecimiento,
la formación de hueso y la función inmunológica.
Los investigadores sabían que las dietas con elevado contenido
de grasas oxidadas contribuyen a la aparición de la arteriosclerosis
y otras enfermedades en las personas, pero no tenían claro
cómo afectan a largo plazo estas dietas durante la etapa de
crecimiento. Se preguntaban si el crecimiento de los tejidos y los órganos
se verían perjudicados, y si los niños desarrollarían
enfermedades geriátricas en un momento más temprano
de sus vidas.
En
el mundo actual, regido en gran medida por la economía,
los costos son cada vez más altos. Cada vez hay más
dinero pero también más pobres, y hay una gran cantidad
de complementos alimenticios, pero más personas con hambre.
Como los precios se elevan, cada vez con mayor frecuencia vemos cómo
en los restaurantes y los establecimientos de comida rápida
utilizan alimentos fritos como oferta principal. Esto añade
una gran cantidad de grasa oxidada a la dieta del ciudadano, lo que
provoca disfunciones corporales que apenas ahora empezamos a comprender
con exactitud.

El
proceso que forma lípidos oxidados también ocurre
de forma natural en los procesos metabólicos del cuerpo. Los
radicales libres —un componente de la oxidación de los lípidos—
dañan las proteínas, otros lípidos, el ADN y
las células, es decir, provocan enfermedades. Por eso es muy
importante consumir alimentos frescos, como frutas y vegetales, que
tienen un nivel bajo de lípidos oxidados y un alto contenido
de antioxidantes. Hasta ahora, muchas de las investigaciones se hacían
en roedores. No obstante, los perros proporcionan una visión
más exacta de lo que ocurre en nuestro cuerpo, sobre todo
en el de los niños, que se hayan en la etapa de crecimiento.
Durante
los primeros días de vida, los perros crecen de prisa,
añadiendo una cantidad considerable de masa ósea y
músculo, algo comparable a lo que experimentan los humanos
durante las fases de crecimiento rápido, como la pubertad.
Los perros, al consumir dietas con alto grado de grasas oxidadas,
ganaron menos peso y grasa corporal que sus compañeros del
grupo con dieta moderada o baja. Además, vieron reducida su
función inmunológica y la presencia de vitamina E,
un antioxidante que reduce los radicales libres. El ritmo de formación ósea
descendió de la misma forma.
En
este experimento se utilizaron 24 perros, todos ellos de dos meses
de edad, los
cuales
fueron sometidos al régimen dietético
descrito durante 16 semanas. Y aún así, los seguimos
discriminando.
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