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El
CEVIM* suma fuerzas para diversificar la industria cañera
Liliana
Calatayud y Sergio Jácome1
Para
nadie es un secreto que en los últimos años la
actividad cañera en nuestro país ha experimentado serias
dificultades. Buena parte de quienes viven de la industria del dulce
se halla más bien, y para decirlo claramente, “en la calle
de la amargura”. Explicaciones sobran: que si los excedentes en la
producción, que si la invasión de alta fructosa importada,
que si la reducción en los volúmenes de azúcar
que se exporta al vecino país del norte... Vaya, hasta el
uso cada vez mayor de edulcorantes artificiales en aras de conservar
la línea podría esgrimirse para tratar de entender
la crisis azucarera. Pero no bastan las explicaciones. Representan,
en todo caso, un referente importante para empezar a emprender acciones
que reviertan el problema. Hay datos contundentes que aun para quien
no es un experto en la materia permiten vislumbrar caminos alternativos.
Cada
año, México produce 5 millones de toneladas de
azúcar y, cada año también los mexicanos consumimos
4 millones de toneladas de este producto. En efecto, sobra un millón
de toneladas que se venden en el mercado exterior, pero al comercializarlas
en el mercado spot —como lo conocen los especialistas— el precio
está a expensas de las fluctuaciones que, en este caso, han
ido reiteradamente a la baja. Otro dato: uno de los derivados más
importantes del azúcar es el alcohol. México produce
anualmente un total de 45 millones de litros de este producto, pero
se consumen 164 millones. El resultado es evidente: necesitamos importar
más de 100 millones de litros de alcohol.
Si
con estos datos usted concluye que lo aconsejable es dejar de exportar
a
bajo precio
los excedentes de la producción azucarera
y utilizarlos para producir alcohol y reducir así las importaciones
de este producto, está en el camino correcto. Es justamente
lo que han propuesto los especialistas del Centro Virtual de Investigación
Multidisciplinaria (Cevim) de la Universidad Veracruzana. Pero van
más allá. Pretenden convertir a la caña de azúcar
en la materia prima que permita, a largo plazo, sustituir muchos
de los derivados del petróleo —incluida la gasolina—, además
de generar forraje de excelente calidad, fertilizantes que no contaminan
las aguas y muchas otras aplicaciones que nada tienen que ver con
endulzar el café, pero que ciertamente acabarán con
los tragos amargos que han debido soportar los productores azucareros
en los últimos años.
Creado
en julio de 2001, el Cevim ha puesto el acento en la agricultura
sustentable,
el
control ambiental y la formación de expertos,
así como en la capacitación y vinculación en
el ramo de la industria azucarera. Objetivos ambiciosos si se quiere,
pero alcanzables y urgentes si tomamos en cuenta los retos que enfrenta
el sector y que en el 2007 se abrirá totalmente al Tratado
de Libre Comercio de América del Norte. Coordinado por el
doctor Roberto Bravo Garzón, el Centro cuenta con la participación
de connotados especialistas en distintas áreas, como el doctor
Raúl Cortés García, el ingeniero Alejandro Ortiz
Vidal, el maestro en ciencias Ignacio Silva García, el doctor
Miguel Osvaldo Ascanio García y el maestro Daniel Romero Castillo,
además de un grupo de colaboradores situados en lugares tan
estratégicos como la Facultad de Ciencias Agrícolas
en Peñuela, la Facultad de Ciencias Químicas en Orizaba,
la Facultad de Veterinaria y Zootecnia en Veracruz, y la Facultad
de Ingeniería y el Instituto de Ciencias Básicas en
Xalapa.
Los
tropiezos de la caña,
antecedentes del CEVIM
El
doctor Roberto Bravo Garzón habla de cómo es que
se crea el Cevim y señala que tuvo que ver con la serie de
tropiezos que últimamente ha tenido la caña de azúcar
en todo el país, pero en especial en el estado de Veracruz.
Tropiezos que, a decir del coordinador del Centro, “van desde el
financiamiento, hasta el pleito con la alta fructosa y todas esas
cosas, lo que ha traído como consecuencia un problema social
muy agudo”. “En el país —precisa Bravo Garzón— hay
aproximadamente 3 millones de personas que dependen, directa o indirectamente,
de la caña de azúcar, y en nuestra entidad más
de un millón. Estamos hablando no nada más de los productores,
sino también cortadores, transportistas, almacenistas, obreros
de fábrica, distribuidores y empresarios, así como
de sus respectivas familias, esto es, de un grupo muy grande. Y cuando
en la Facultad de Economía se empiezan a orientar ciertos
trabajos de investigación y de tesis profesionales hacia el
problema cañero, nos damos cuenta de que no es posible revisar
el asunto sólo desde un punto de vista, sino que tenemos que
entrarle de una manera multidisciplinaria, con el apoyo de todos.
Cada
quien está en un lugar diferente; yo, por ejemplo, estoy
en el Instituto de Investigaciones Jurídicas; Ignacio Silva
y Daniel Romero son maestros de la Facultad de Economía; hay
un maestro de Córdoba; Raúl Cortés se halla
en el Instituto de Ciencias Básicas, Alejandro Ortiz en la
Facultad de Ingeniería y también en la Facultad de
Veterinaria nos están apoyando.” Bravo Garzón subraya
el carácter virtual del Centro, dado que los miembros que
aquí colaboran están adscritos a sus facultades e institutos
de origen. “No tenemos un espacio, sino que cada quien está en
su centro de trabajo original. Nos reunimos periódicamente,
pero siempre estamos trabajando en la misma línea; además,
la dirección del trabajo es colectiva. Ahí participan
químicos, agrónomos, veterinarios, ingenieros químicos,
gente de biología, de economía y de derecho. Estamos
enfocando un problema desde un punto de vista multidisciplinario.
Y es que tradicionalmente se ha analizado la caña de azúcar
desde muy diversos ángulos, pero casi todos son ángulos
muy particulares.
Entonces,
lo que tratamos desde el principio es enfocar el problema en su
totalidad,
como
un solo problema, con una gran cantidad de
enfoques diferentes; cada quien desde su área, desde su punto
de vista profesional, pero de común acuerdo respecto a lo
que cada quien tiene que hacer. De esta manera, los resultados se
van sumando a una experiencia colectiva, y las propuestas que estamos
haciendo están tamizadas y discutidas por el grupo”. Al hablar
de los orígenes del Cevim, el doctor Raúl Cortés
García recuerda que en alguna reunión alguien dijo
que ante el problema de los ingenios no se le podía decir
simplemente a la gente: “¿Saben qué?, que ya no se
produce más azúcar porque tenemos un problema de mercado,
de sobreproducción de azúcar; porque no somos competitivos
en el mercado internacional; porque nos está afectando la
fructosa”. “Así —añade Cortés García—,
empezamos a detectar que era un problema de mercado, financiero,
de productividad, técnico y jurídico; que, en suma,
era un problema con diferentes vertientes. Y entonces, alguien dijo:
‘Vamos a empezar a trabajar colegiadamente’, con una visión
optimista y además responsable. Porque desde el punto de vista
social, aun cuando hay una serie de factores de orden económico,
político, financiero y demás, no le puede usted decir
a millón y medio de veracruzanos que directa o indirectamente
estaban involucrados con el azúcar que simplemente ya se acabó”.
Como
resultado de las labores que lleva a cabo el Cevim, ya se han empezado
a
hacer propuestas
muy concretas tendientes a revertir las
condiciones de vida de los productores. Ante la Comisión de
Caña de Azúcar del Senado de la República se
propuso la creación de un Instituto de Investigaciones en
Caña de Azúcar que “a lo mejor podríamos traer
a la Universidad Veracruzana”, según apunta Bravo Garzón,
quien agrega: “Ya tenemos listo un diagnóstico que daremos
a conocer en un libro de próxima aparición; es un diagnóstico
y nuestras primeras propuestas. Obviamente, es un punto de partida,
pero tenemos que seguir trabajando”. Y es que cuando se revisan las
cifras no hay lugar para titubeos. A pesar de que quince estados
cuentan con ingenios, es en Veracruz donde hay una mayor producción.
Poco más de 3.8 toneladas de cada 10 que se producen en México
salen de nuestra entidad —casi un 40 por ciento—; y si a ingenios
vamos, en ella existen 22 de un total de 60 que hay en todo el país.
De ahí que los resultados que brinde el Centro Virtual de
Investigación Multidisciplinaria tendrán repercusiones
muy favorables para Veracruz.
México, país cañero
Otro
dato que conviene no pasar por alto es que México ocupa
el octavo lugar en el mundo, por arriba de países como Cuba,
que se ubica en el duodécimo lugar. Por eso, insiste Raúl
Cortés, es importante darle la justa dimensión al problema
cañero y encontrar soluciones realistas. “Al productor cañero
no se le puede decir: ‘Tú sigue produciendo caña indistintamente,
con la bendición de Dios’. Nada de eso; es mejor decirle qué tiene
que hacer en función de las actuales circunstancias, de la
vocación del suelo, de las variables que influyen en la producción
y en la comercialización, todo eso para que siga produciendo
caña, pero en mejores condiciones, sin perder de vista su
reconversión y diversificación”.
“Y
es que —interviene Bravo Garzón— hay quienes han sembrado
caña simplemente por imitación en lugares en donde
no es susceptible de sembrarse caña: como la caña está dando
dinero, pues vamos a sembrar caña. Y en muchos lugares, por
mucho que se hiciera, el costo para incrementar la productividad
la haría de suyo incosteable. Además, hay otros conceptos
que deben analizarse, que van desde si hay riego o si no lo hay,
los fertilizantes que se están usando, cuáles son los
más apropiados para ese tipo de terreno, cómo evitar
plagas; en fin, hay una gran cantidad de factores, tan sólo
en el aspecto agrario”. Un ejemplo muy claro de los alcances del
Cevim es lo que se está haciendo para diversificar la producción.
Países como Guatemala así lo han entendido y destinan
importantes recursos para producir alcohol que, incluso, exportan
a nuestro país. Pero México podría reducir drásticamente
sus importaciones de este producto si dedicara buena parte de la
caña que utiliza para producir un excedente azucarero que
cada vez tiene menos rentabilidad en el mercado exterior. Uno de
los problemas que tiene la producción de alcohol es la vinaza
que trae aparejada su elaboración. Se estima que por cada
litro de alcohol se producen 14 litros de vinaza.
El
problema es que este residuo suele ser un elemento altamente contaminante.
“En concentraciones
muy altas —explica Bravo Garzón—,
la vinaza mata la fauna y echa a perder los ríos; sin embargo,
se puede aprovechar. Esa es la buena noticia: que antes de cancelar
la producción de alcohol debido a los efectos contaminantes
de la vinaza asociada, hemos de buscar aprovechar justamente este
compuesto”. Los investigadores del Cevim han encontrado al menos
dos caminos más que recomendables para aprovechar la vinaza.
El primero de ellos consiste en elaborar metano, un biogás
que puede utilizarse como combustible y con el que, incluso, se puede
llegar a generar electricidad. La otra opción es secar la
vinaza para producir un polvo rico en proteínas y nutrientes
que resulta ser un extraordinario fertilizante. “En proporciones
adecuadas —explica Bravo Garzón—, la vinaza es un excelente
fertilizante orgánico. Si se tira al río se mata a
los peces, pero si se dosifica y se convierte en polvo, entonces
se obtiene un fertilizante no sólo para la caña de
azúcar, sino también para el café. De esa manera,
la vinaza no sólo no contamina sino que mejora los suelos.
En este momento hay una tendencia —sobre todo en el mercado europeo—
a tener una producción orgánica. Si nosotros podemos
lograr que haya producción orgánica en el campo veracruzano,
estaremos abriendo los mercados internacionales."
Cuando el destino nos alcance
Es
un hecho que, tarde o temprano, el petróleo —del que hemos
obtenido gran cantidad de beneficios — habrá de agotarse.
Es un recurso no renovable, así es que más vale que
vayamos pensando qué hacer una vez que llegue ese momento.
En el Centro Virtual de Investigaciones Multidisciplinarias ya lo
están pensando y han llegado a conclusiones muy interesantes:
la caña de azúcar puede convertirse en el sustituto
ideal del petróleo y de muchos de sus derivados. Desde hace
tiempo, en países como Brasil se producen con éxito
gasolinas a partir de alcohol de caña. Miguel Ovando Ascanio
apunta: “Hace solamente 30 años Brasil tenía 1.8 millones
de hectáreas sembradas con caña de azúcar. En
la actualidad hay en ese país alrededor de 150 a 180 ingenios
azucareros. Y es que en 30 años, que es un plazo muy corto,
tanto el sector privado como el sector gubernamental apostaron por
la problemática integral que hemos venido mencionando. Y hoy
en día Brasil produce 20 millones de toneladas de azúcar
contra cinco que se producen en México. Es primero a nivel
mundial. Pero lo más importante es la infraestructura que
tienen, que lo mismo pueden producir gasolina que etanol, o solamente
azúcar. Y esto en apenas 30 años; se dice muy fácil,
pero fue una inversión multimillonaria y que cambió la
faz de muchas regiones, de millones de habitantes de ese país.
”
En el Cevim ya se habla de la sucroquímica como una alternativa
a la petroquímica. “Si revisamos los productos que pueden
sintetizarse en laboratorio a partir de la sacarosa, vemos que son
casi los mismos que se producen con el petróleo —indica Raúl
Cortés—. Pero hay una diferencia, una gran diferencia: la
sucroquímica parte de un recurso renovable, que es el azúcar,
mientras que la petroquímica depende de un producto que se
va a terminar y que es el petróleo”. Lo anterior viene aparejado
a otros estudios. Por ejemplo, han descubierto un derivado de la
sacarosa que es 600 veces más dulce que la propia sacarosa.
Se trata del tricloruro de sacarosa o galactosacarosa. “Quiere decir
—asevera Cortés— que en lugar de emplear 600 kilos de sacarosa
solamente emplearíamos un kilo del derivado.
La
cantidad que sobre la podemos emplear para producir otros compuestos
químicos que nos van a hacer falta en el futuro”. Acerca del
empleo de la caña de azúcar con fines energéticos,
Cortés precisa que México forma parte de un grupo de
siete países que han elaborado un proyecto encaminado a la
producción de etanol con el propósito de utilizar alcohol
como combustible.
Bravo
Garzón aclara que en varios países ya se utiliza
el etanol combinado con gasolina, o inclusive solo, como sustituto
natural de la gasolina. “Lo importante —afirma— es que el bioetanol
no produce contaminación, a diferencia de la gasolina y del
compuesto llamado MTBE, que en México le ponen a la gasolina
como antidetonante”. Por si no bastaran las ventajas que el empleo
de alcohol como combustible genera en cuanto a la preservación
de un recurso no renovable como el petróleo y a la posibilidad
de prescindir del MTBE, que además de cancerígeno contamina
los mantos acuíferos, hay otro dato que conviene tomar en
cuenta: el litro de alcohol de etanol cuesta aproximadamente unos
cuatro pesos, en tanto que las gasolinas andan en alrededor de seis.
Bravo Garzón recuerda que “desde hace mucho tiempo Brasil
ha venido utilizando este combustible en sus automóviles comunes,
sin modificaciones de ninguna especie”.
*
Centro Virtual de Investigación
Multidisciplinaria.
1
Coordinación Institucional de Procuración
de Fondos
Universidad Veracruzana, tel. 2288-143340
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