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EL PAPEL AMATE ENTRE LOS NAHUAS DE CHICONTEPEC

El especialista en el tema del papel Hans Lenz afirma tener noticias de que los mayas manufacturaban papel unos 500 ó 1000 años antes de nuestra era, pero no precisa la época en que el papel amate se comenzó a usar en Mesoamérica. El autor asegura que el papel se producía en vastas regiones como las de Yucatán, Chiapas, Veracruz, las Huastecas, Oaxaca y partes de Guerrero, Morelos y del Valle de México. Afirma también que los pueblos de Anáhuac consumían papel en grandes cantidades, lo que se demuestra con la nómina de tributos de Moctezuma, en la que aparecen poblaciones tributarias que debían entregar miles de rollos anualmente.

Entre los pueblos de Mesoamérica los principales usos del papel fueron para elaborar libros en forma de biombo, que conocemos como “códices”, y como vestido, en lugar de las pieles de animales, aunque después fue sustituido por los tejidos de ixtle y algodón. Como indumentaria o accesorio tuvo una importante variante destinada a los usos rituales.

Fr. Bernardino de Sahagún afirma, al hablar de la fiesta del sol en el signo nahui ollín: “...cuando la noche siguiente a la media noche habían de comenzar a hacer sus oficios: antes un poco de la medianoche, diéronle sus aderezos al que se llamaba Tecuciztécatl; diéronle un plumaje llamado aztacómitl, y una jaqueta de lienzo; y al buboso que se llamaba Nanahuatzin tocárosle la cabeza con papel, que se llamaba amazontli, y pusiéronle una estola de papel y un maxtli de papel; y llegada la media noche, todos los dioses se pusieron en rededor del hogar que se llama teotexcalli: En este lugar ardió el fuego cuatro días.”

Ya durante el Virreinato disminuyó su uso entre otros motivos por la persecución de la magia y la hechicería, prácticas en las que el papel se utilizaba como medio para transmitir los mensajes. Luego a pesar de que el papel importado de Europa y de China reemplazó al producto nativo, el papel de amate no desapareció totalmente y siguió teniendo su producción tradicional y sus usos ceremoniales. Muestra de ello es que en la actualidad se sigue haciendo bajo el mismo procedimiento de la época prehispánica. Con él se elaboran figuras recortadas utilizadas para la hechicería y las curas tradicionales, así como para ofrecer a los espíritus una alternativa de armonía.

El papel indígena hecho de la pulpa de la mora y de una especie de higuera silvestre, conserva su nombre original de amate. Es muy conocida la producción de la comunidad otomí de San Pablito, municipio de Pahuatlán, en la sierra norte del estado de Puebla. Sin embargo hemos de consignar el papel de amate elaborado exclusivamente para usos rituales en la comunidad otomí de Texcatepec y sobre todo las comunidades nahuas del cerro de Postectitla, zona de Chicontepec, en el estado de Veracruz.

Existen dos variantes de papel, el que se produce con la corteza de la mora y que brinda un color blanquecino, y el de la higuera silvestre del que se obtiene el papel oscuro; la intensidad del color del papel depende de la edad del árbol, mientras más viejo más oscuro. La corteza se recoge de preferencia durante la primavera y cuando la luna está “tierna”, lo que facilita el trabajo y daña menos a los árboles. Los hombres recogen la corteza y las mujeres fabrican el papel.

La corteza se hierve en agua con ceniza, o en agua de nixtamal, y cuando las fibras están suaves se enjuagan en agua limpia y se conservan en una batea con agua. El papel se hace en una tabla de madera en la que se extiende una capa de fibras que son golpeadas con una piedra para fusionarlas. Entre los nahuas de Chicontepec se usan otates de maíz quemados al fuego en lugar de las piedras. Las tablas con las fibras húmedas se ponen a secar al sol y una vez secas se desprenden fácilmente las hojas de papel.

El papel blanco se considera como “bueno”, ya que se utiliza como amuleto para invocar protección, mientras que el papel oscuro se usa para la magia negra. En el grupo social solamente el brujo o el curandero tienen el poder y la habilidad para oficiar estos asuntos, ya que su conocimiento de las propiedades medicinales de muchas plantas, contribuye al éxito en las curaciones.

El papel se utiliza para recortar muñequitos “mágicos”. A los de papel oscuro se les llama “diablos”, y representan a los malos espíritus; mientras que los muñecos de papel claro representan a los espíritus buenos y a las personas que hacen las promesas. La figura femenina tiene unos mechones en la cabeza, que la distinguen de la del hombre. Algunas figuras tienen cuatro brazos y dos cabezas de perfil, otras tienen cabeza y cola de animal. Las figuras con zapatos se identifican con las ánimas de mestizos o con gente mala que murió en riñas, accidentes o ahogados; también de mujeres que murieron en el parto y niños que no habían respetado a sus padres. Los muñecos descalzos representan las ánimas de indígenas o de gente buena, que murió de enfermedad o de vejez. Los muñecos de papel oscuro se queman después de cada ceremonia posiblemente para finiquitar las malas influencias del espíritu en cuestión, mientras que las figuras de papel claro se conservan como amuletos.

El mundo indígena está llena de espíritus con los que el hombre tiene que vivir en armonía, por eso les brinda ofrendas con papel de amate recortado para tener salud, prosperidad o buenas cosechas. El “Señor de la Noche”, el “Señor del Relámpago”, el “Señor del Monte” entre otros, se recortan en papel de amate. Los “Espíritus” de las semillas: el “Espíritu del Mango”, el “Espíritu del Plátano”, el “Espíritu del Jitomate” y de cuanto producto se siembra -de cuyos brazos y piernas brotan los frutos que representan-, se recortan en papel considerado ritual y que por tener funciones mágicas, no se hace con fines artísticos, pero sus diseños muestran una capacidad asombrosa de estilización y síntesis.


BIBLIOGRAFÍA


• Báez-Jorge, Félix y Arturo Gómez Martínez. “Tlacatecolotl, Señor del bien y del mal (la dualidad en la cosmovisión de los nahuas de Chicontepec)”, en Cosmovisión, Ritual e Identidad de los Pueblos de México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes-Fondo de Cultura Económica, México 2001.
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• Sahagún, Fray Bernardino de. Historia General de las Cosas de la Nueva España, Editorial Porrúa, S.A., 4ª. Edición, México 1979.