LA CERÁMICA POPULAR EN EL MÉXICO ACTUAL EL TEXTIL ARTESANAL - LAS TÉCNICAS PARA HILAR Cerrar Ventana

EL TEXTIL ARTESANAL - LAS MATERIAS PRIMAS



La fibra suave más importante en la confección textil de México es el algodón. Se han encontrado filamentos de la planta, cuya antigüedad es de aproximadamente 5,800 a.C., mientras que los vestigios de telas más antiguos datan de entre 900 y 200 a.C. Desde tiempos prehispánicos se usa tanto el algodón blanco como el color ocre llamado coyuchi –color de coyote-. Y aunque algunos cronistas como Sahagún mencionan la presencia de algodón de diferentes colores naturales, lo cierto es que en la actualidad no existen evidencias que nos puedan confirmar su existencia.

EL ALGODÓN. Crece sobre arbustos de los cuales hay dos especies, una de producción anual y otra permanente. La fibra se encuentra en el interior de la planta que, al abrirse, expone los filamentos pegados a la semilla. Estos filamentos se cosechan -proceso que se llama pizca-, se limpian y se colocan en filas paralelas para luego ser suavemente golpeados con dos palos y así esponjar el material que ha de servir para ser hilado.

Actualmente la mayoría del algodón utilizado por las mujeres indígenas es hilado industrialmente y teñido con anilinas, sin embargo hay comunidades que todavía cultivan su algodón y lo hilan a mano, especialmente el coyuchi, cuya variedad es de hebras muy cortas para las máquinas hiladoras.

LA LANA. Constituye el otro material de gran importancia para la confección de la indumentaria indígena. Los primeros borregos fueron introducidos por el conquistador en 1526 y luego Antonio de Mendoza, el primer Virrey de Nueva España, introdujo ganado merino para mejorar la calidad de la lana, y aunque su uso se difundió rápidamente por todo el Virreinato, los telares de pedales estaban destinados a los hombres, quienes tejían las telas para las prendas de los españoles, los criollos y mestizos. Por su parte, las mujeres indígenas tejieron la lana pero con su técnica tradicional en telar de cintura para confeccionar su propia indumentaria.

Actualmente otras variantes influyen para obtener lana de buena calidad, como el tipo de alimentación del ganado y la parte del animal que se corta. Otro factor importante es la época de trasquila ya que durante las lluvias el pelo se llena de lodo dificultando su limpieza. En ésta última se le quita el lodo, las impurezas y la grasa que contiene el pelo. Después se desmenuzan los rizos y se esponjan las fibras con un cardador.

El cardador es una herramienta formada por dos tablas con puntas de alambre en su interior y un mango cada una. Se coloca lana en su interior y se jalan las tablas en sentido opuesto hasta obtener una fibra bofa que está lista para hilarse. Naturalmente esta herramienta fue introducida a México con el bagaje de implementos para procesar la lana, y es de uso generalizado en todo el país, sin embargo en el pueblo náhuatl de Hueyapan, Morelos, las hilanderas emplean cardenchas naturales -planta cuyos frutos tienen espinas- que ellas mismas plantan en sus solares.

Los requerimientos de hilo para las tejedoras y bordadoras indígenas son muy precisos. Cada una necesita un calibre adecuado a su labor, por lo que la lana utilizada en la confección de la indumentaria indígena es hilada a mano por ellas mismas, aunque algunas veces rehílan el estambre de lana industrial. Por contraste, en la mayoría de los lugares en donde se tejen sarapes y cuya demanda de lana es mayor, se utilizan hiladoras automáticas que agilizan el proceso.

LA SEDA. Posterior a la Conquista, ya con el flujo comercial generado por el Galeón de Manila, apareció la seda, y aunque pronto se inició su cultivo, éste se interrumpió debido a los intereses de los productores europeos. Algunos grupos indígenas sin embargo, continuaron practicando su cultivo.

La seda se obtiene del capullo que la oruga forma segregando hilos delgados y brillantes a su alrededor. Hay, como ya se mencionó, varias especies, entre las que destaca el gusano de la morera, de origen europeo y que representa la producción de seda clásica, sin embargo existen las variantes de orugas de encino rojo y madroño, de origen americano, que tienen una calidad similar a la de la seda clásica.

El procedimiento para el cultivo de la seda es el siguiente: las larvas deben alimentarse de hojas tiernas, hasta que adquieren el tamaño apropiado para tejer el capullo. Una vez terminado éste, la oruga se convierte en ninfa o crisálida –el tamaño intermedio entre oruga y mariposa- y es el momento ideal para cosechar los capullos. Se hierven en agua con ceniza -proceso en el que mueren las crisálidas- para blanquearlas y disolver parte del adherente que pega los filamentos entre sí. Se secan y se amasan con los dedos para hacerlos esponjar, obteniéndose un material pegajoso, de grosor irregular y con muchos nudos, sin embargo mediante este sencillo procedimiento, la seda está lista para ser hilada.

Actualmente sólo en las comunidades zapotecas de San Pedro Mártir y San Francisco Cajonos, en Oaxaca, se cultiva la seda para uso local. En San Mateo Peñasco se produce “hiladillo”, una especie de seda que se caracteriza por ser más gruesa que la seda clásica, para las tejedoras de la Mixteca de la Costa. Quedan pocos restos de la industria de la seda en el país, por lo que los reboceros de Santa María del Río, San Luis Potosí, y Tenancingo, Estado de México, utilizan sedas importadas para la elaboración de sus prendas.

EL CHICHICASTLE. Es una fibra larga especie de lino originaria de América, cuyas hebras se obtienen del tallo de la planta, mismo que se pone a hervir con ceniza de encino rojo. Era un material muy usado en el México prehispánico pero en la actualidad sólo se usa en algunos pueblos zapotecos y chontales de Oaxaca.

Actualmente la proliferación de fibras sintéticas y su producción masiva han afectado la elaboración de materias primas naturales para la industria textil. Es por ello que se utilizan muchas de esas fibras, principalmente las derivadas del petróleo, en la producción de textiles indígenas. El acrilán ha sustituido en ocasiones a la lana e inclusive al algodón, lo que afecta el colorido –cuyas combinaciones son cada vez más violentas-, la calidad y la tradición de las prendas. Eso sin considerar que la lana mantiene aire en su interior, conservándose su condición de material térmico que no tiene la fibra artificial.