ALGUNAS REFERENCIAS HISTÓRICAS DEL JUGUETE EN MÉXICO EL JUGUETE POPULAR EN EL MÉXICO ACTUAL Cerrar Ventana

LA DICOTOMÍA ENTRE EL JUGUETE ARTESANAL Y EL JUGUETE INDUSTRIAL


Cuando hemos disfrutado del encanto natural que tiene el juguete popular y hemos observado el cariño que los niños sienten por él, y luego lo confrontamos con el juguete industrializado, el que se produce en serie, nos obliga a establecer, necesariamente, sus diferencias, que son del orden técnico, del medio en que se elaboran, de la libertad con que los niños juegan con un juguete artesanal y de la condición a la que se sujetan cuando utilizan un juguete programado.

Ya hemos afirmado que los niños, cuando pequeños, se divierten con cualquier cosa, a la que dan el carácter de juguete. Su imaginación se mantiene activa y creadora mientras descubre que el mundo organizado por los adultos en el grupo social al que pertenecen, le brinda las alternativas de juego creadas para ellos. Hemos afirmado también, que el hombre ha utilizado los materiales y elementos que están a su alcance para crear objetos útiles en su medio ambiente, entre ellos los juguetes, y que ha desarrollado técnicas y sensibilidad para hacerlos más prácticos y bellos.

Sin embargo, la presencia de productos industrializados en el mundo ha revolucionado estos principios básicos de la creación humana. En el tema que estamos abordando, casi todos los especialistas afirman que este país es uno de que cuenta con la mayor variedad y cantidad de juguetes hechos a mano, lo que permite mantener una tradición juguetera nacional, a pesar de la presencia de los juguetes hechos por la industria que, basados en una gran tecnología, han invadido los mercados en todo el mundo.

Los elementos que fortalecen ese gusto por el juguete popular se basan en la identificación del niño con su entorno, ya que muchas veces este juguete tiene plasmados ciertos códigos relacionados con aquél. El niño se identifica con los materiales que le son conocidos, ya que como lo dijimos, el juguete popular se hace generalmente por los artesanos, con materias primas naturales propias de su región. Le gusta su juguete por ser una pieza única, ya que ningún juguete es exactamente igual a otro. Y le gusta también por su ingeniosa sencillez, sin complicados mecanismos, lo que le permite mantenerse activo desarrollando su inventiva, imaginación y fantasía.

Un importante factor que influye en la diferenciación entre un juguete industrial y el popular, es el económico. Los juguetes tradicionales son hechos por el pueblo y están destinados para el pueblo mismo, particularmente en las regiones del país cuya escasa economía no permite tener acceso al juguete industrializado, mecánico, eléctrico o computarizado, que generalmente es más caro. En este caso el juguete popular es tan barato como los materiales de que está elaborado y la mano de obra del artesano. Lo anterior, a pesar de que el productor, dueño de su ingenio y singular iniciativa, no se inhibe ante la modesta materia prima, de todos modos creará con sus manos, con su fantasía y conocimientos del medio, los más diversos e increíbles juguetes; así el valor de éstos radica en su originalidad ingenio y calidad plástica.

La elaboración de muchos de los productos hoy conocidos como artesanales es semejante a la de las viejas industrias, a diferencia de la actual producción ultra mecanizada cuyo desarrollo parece interminable. El artesano productor de juguetes populares, muchas veces de poblaciones y comunidades rurales, conoce su cultura, diseña la obra en su imaginación, colecta los materiales y la construye, le da sentido propio a su trabajo y lo desarrolla con cariño. Por contrapartida, el trabajador de una fábrica de juguetes, generalmente ubicada en los complejos industriales, es apenas parte –un pequeño engrane- de la enorme maquinaria que le obsesiona, que le preocupa y lo agobia. La rutina le bloquea el pensamiento y desconoce el mecanismo del proceso de manera integral.

La diferencia entre los productos es fundamental. Los juguetes industriales llegan a ser parte de una serie de miles o millones de ejemplares exactamente iguales; pero son, contradictoriamente al movimiento que les puede dar la electricidad o un circuito integrado, piezas deshumanizadas. Lo que cuenta en este proceso es la convergencia de las capacidades profesionales de quienes intervienen en él: los diseñadores que crean el prototipo; los técnicos especialistas que adaptan los mecanismos que impulsan la maquinaria que, de manera mecánica y rutinaria, produce sin parar. Y los obreros que cuidan del funcionamiento de la máquina, a los que sólo les está reservada esta tarea, sin que se les pida o permita aportación alguna referente al juguete, a su diseño, su funcionamiento o a la forma de producirlo.

Si se quieren rescatar algunos ejemplos notables de este tipo de productos, se puede mencionar la línea de juguetes didácticos de madera iniciada desde principios de siglo XX con los famosos Tinker toys, un producto del Bauhaus de Alemania. Posteriormente una serie de juguetes metálicos diseñados para construir máquinas de juguete, desde un enfoque de la ingeniería mecánica, conocidos como Meccano, que fueron fabricados en Inglaterra y Estados Unidos. Posteriormente, la invasión de los artículos de plástico, promovieron los juguetes didácticos a través de los cuales los niños en edad temprana eran estimulados para aprender las formas y los colores. Luego evolucionaron hacia modelos de ensamble en los cuales un personaje de plástico es el protagonista, sólo modificado en su indumentaria y los accesorios que complementan el llamado “kit” o grupo de juguetes.

Estos juegos se distribuyeron en prácticamente todo el mundo pero, paralelamente y a cambio de ellos, otros miles de juguetes, la mayoría de plástico, de mala y pésima calidad, sometidos a líneas de ensamble en los grandes centros maquiladores de las potencias industriales, especialmente en el Lejano Oriente, invadieron los mercados hasta los últimos rincones del planeta, impactando las tradiciones culturales de los juegos y los juguetes en cada región del mundo.

A cambio de todo lo mencionado, los juguetes de producción artesanal, si bien corresponden a una creación original que sirve de modelo, son diferentes entre sí, pues en cada uno se manifiesta la sensibilidad del productor, quien no siempre se somete a los patrones determinados, sino que, de manera espontánea, suele dar vuelo a su imaginación para volcar en la obra su instinto y capacidad creadora que, siendo innata, le permite crear y recrear su labor en cada ocasión. Este fenómeno, común en todas las manifestaciones artesanales, se acentúa en los juguetes pues a veces se producen con ironía o sarcasmo que permite entrever una intención crítica social motivada por lo desencantos históricos o las privaciones cotidianas. La elaboración de “judas” para la Semana santa es quizás el mejor ejemplo de ello.

Otra diferencia es el mecanismo de los juguetes articulados. En el caso del juguete industrial, y todavía más, el que incluye elementos computarizados que ordenan sus movimientos en una franca revelación del mundo robotizado, cualquier falla posterior a su venta, obliga a tirar al juguete en el bote de la basura porque no tiene reparación. Su mecanismo es complejo y quizás su defecto o inconsistencia esté en la fabricación; su vida está determinada por su eficiencia. En el juguete artesanal, en cambio, sus sencillas articulaciones, basadas en la física elemental de la inercia, la palanca, las poleas, las bandas, los clavos o los simples atados de una cuerda, permiten repararlos cuando se deterioran o, todavía más, cuando el juguete es viejo, pero forma parte de la vida sentimental de un niño, no importa que le falte una pieza, -una rueda en el caso de un carrito, o una pierna en el caso de una muñeca- siempre lo sacará a flote el código secreto que se establece entre uno y otro.

Se ha reiterado que la presencia de las computadoras y los juegos que derivan de ellas tienen un doble efecto sobre la existencia del niño. Por un lado se dice que permiten desarrollar una gran habilidad mental; pero por otro lado se afirma que ésta siempre es reiterativa, apenas impulsada por dos o cuatro teclas que la convierten en actividad mecánica. El niño, en consecuencia, juega por impulso y no por imaginación. Ganar o perder no está determinado por su ingenio, sino por la rapidez con la que aprende su mecánica rutinaria que lo enajena hasta molestarse consigo mismo por una derrota frente a algo que no tiene cara ni sentimientos. Se ha reiterado también, y por contrapartida, que el juguete popular, trátese de una pelota, un carrito, un animalito, muñeca o una simple cuerda para saltar, permite desarrollar diversas alternativas de juego, tantas como la imaginación del niño lo permiten. Esta condición es válida para todo juguete popular como los antes descritos, aunque no sean artesanales.

“Los juguetes populares reflejan –afirma Gabriel Fernández Ledesma refiriéndose a los de producción artesanal- esa gracia involuntaria que deja en ellos la mano del hombre como aliciente que nos seduce y nos atrae. Son obras de creación que con frecuencia nos cautivan por sus estrechos vínculos con nuestra vida pero principalmente por su valor estético, que a menudo traspone el lindero de las obras de arte.”




BALERO MEDIANO

BALERO DE COPA