MAGIA, HECHICERÍA, BRUJERÍA Y SANACIÓN EMBARAZO Y NACIMIENTO Cerrar Ventana

LA MEDICINA DURANTE LA CONQUISTA Y LA COLONIA

MEDICINA INDÍGENA AL MOMENTO DE LA CONQUISTA

En su "Historia general de las cosas de la Nueva España", Fray Bernardino de Sahagún destina el capítulo intitulado “De las enfermedades del cuerpo humano y de las medicinas contra ellas”, a su visión de las prácticas médicas por el pueblo conquistado.

La medicina azteca fue la que tuvo mayor importancia en el México antiguo. Por una parte, hay que recordar el poderío imperialista de esta cultura y desde luego, hay que considerar que estas mismas condiciones llevan a un sincretismo cultural en el que, unos y otros pueblos, combinan y enriquecen sus conocimientos para llegar a una rica medicina mesoamericana. Para los aztecas, la medicina era un arte y se conocía como ticicotl y ticitl era el médico.

La medicina prehispánica se desarrolla en un clima místico. Para los antiguos mexicanos el ser humano poseía tres espíritus o almas. El tonalli, que es luz y día, está en la cabeza o en las coyunturas y puede abandonar el cuerpo. Las otras dos almas del hombre no se separan del él mientras esté vivo. En el corazón, está el teyolia, alma que se enfría cuando la persona muere; y en el hígado está el ihiyotl, que cuando muere la persona se escapa convertida en gas.

Existen varios momentos en las que el tonalli abandona el cuerpo: durante el sueño, cuando se está enojado o “enmuinado”, durante el coito o cuando la persona se sorprende, se sobresalta o se angustia, lo que le produce el “mal de espanto”. Por último, la hechicería también puede hacer que el cuerpo pierda su tonalli. Un brujo o bruja, con la intención de causar daño, practica un maleficio y atrapa el alma de una persona, ya sea por su propia voluntad o pagado por otra para hacerlo. Cuando esto sucede, los seres del inframundo que necesitan calor y luz, lo aprovechan para robarse un tonalli.

Estas visiones de la escencia del hombre, siguen estando vivas en las creencias de algunos pueblos. Por ejemplo, entre los tepehuas de Veracruz, se cree que cuando el hombre muere, solamente se entierra el cuerpo, porque “su sombra” sigue vagando en el monte. Ésta se puede escapar, por poco tiempo, si la persona sufre un susto, en cuyo caso es importante levantarla y volverle a dar forma, es decir, meterla de nuevo al cuerpo. Cuando una persona pierde su sombra y no logra volverle a dar forma, significa que su muerte está próxima. Para los nahuas de hoy, el hombre es dual: materia y espíritu o cuerpo y tonal, sin el cual la vida no es posible porque aunque se puede sobrevivir temporalmente sin alma o itonalcholo, al cabo del tiempo, la muerte es inevitable. De hecho, los nahuas creen que este tonal es una sustancia invisible e infinita que sale del cuerpo de las personas mientras duermen, o si en un accidente sufren de pérdida de conciencia; sin embargo, las demás almas no la reciben porque llega antes de su hora y la obligan a regresar al cuerpo, momento en el que éste recobra “el conocimiento”. Por otra parte se dice que el tonal de los suicidas, como no esperó su hora y ya no puede regresar, es tratado con desprecio y sufre mucho. Para los tzotziles, el alma también tiene a veces espíritu aventurero y cuando se va, el curandero manda su propia alma a buscar el alma vagabunda del enfermo.

Existían espíritus o fuerzas, como los de las mujeres muertas en primer parto, quienes aprovechaban los días aciagos para afectar a las personas que estaban en los cruces de los caminos, llevándose su alma y causándoles enfermedades relacionadas con síndromes convulsivos. Otra posibilidad de causar daño consistía en la posesión del enfermo, para lo cual, le metían en el cuerpo objetos como piedras, espinas o insectos. Concluyendo, podemos decir que las enfermedades son castigos que se manifiestan de dos maneras: el robo del alma o la invasión de algun elemento dañino, ya sea objeto o espíritu.

Los sacerdotes tenían atributos sagrados y las fuerzas divinas intervenían tanto en las causas como en el diagnóstico de enfermedades y, por consiguiente, en su curación; es decir, la medicina se desarrollaba en el plano sobrenatural.

El conocimiento elemental y básico de las propiedades curativas de las hierbas, así como del tratamiento inmediato de las enfermedades comunes, formaba parte de la sabiduría popular.

Los padecimientos más graves ameritaban un tratamiento especial que solamente podía llevar a cabo el ticitl, médico agorero, que conocía el arte de “echar las suertes”. En tiempos de los aztecas, su trabajo era tan importante como riesgoso. Se sabe por las crónicas, que aquellos que fracasaban en su misión de velar por la salud y seguridad del pueblo, eran “sacrificados y abiertos por los pechos”.

Los indígenas, en términos generales, consideraban que las enfermedades eran castigos de los dioses o de los antepasados, provocados por actos de desobediencia, por ofensas o por no cumplir con los deberes religiosos. El médico, por lo tanto, tenía que descubrir quién era el que se sentía ofendido para tratar la dolencia acorde con ello. En primer término, era necesario resarcir el daño.

Otros pueblos del México antiguo, cuya cultura no alcanzaba la complejidad de la azteca, atribuían a la hechicería las causas de la enfermedad, y creían que no sanarían a menos que así lo deseara la persona que les provocó el mal.

Entre los indígenas, el arte de la medicina se transmitía de padres a hijos y el aprendizaje empezaba, como ahora, cuando los niños eran muy jóvenes. La razón es que, tanto para la interpretación de los signos adivinatorios, como para la aplicación de sustancias curativas, el universo de conocimiento es muy amplio.

En el mundo indígena, los hombres y las mujeres eran considerados igualmente aptos para practicar la medicina; aunque en el caso de las mujeres, se creía que ellas podían hacer pleno uso de sus facultades cuando hubieran pasado la menopausia y por lo tanto, no llevaran consigo la “impureza” implícita de los partos y las menstruaciones.

Dentro de la medicina había especialidades que dependían del método curativo aplicado: el “tepahtiani” era el más sabio de los médicos, el tlamatqui usaba la palpación y el masaje, el tetlacuicuilani succionaba el cuerpo del enfermo, el “tetonalmacani devolvía el “tonalli”, es decir, la ventura o la suerte, el “teixpatiani” trataba los padecimientos oculares, la temixihuitiani era la comadrona o partera, los “atlauhtlachixquie” pronosticaban las enfermedades examinando el agua, los tonalpouhqui interpretaban el calendario agorero y los que interpretaban los sueños eran los ololiuhqui; el sangrador se llamaba teitzminiqui; el huesero teomiquetzani y temazcalli era el nombre del sudador que curaba en el baño de vapor.

El médico agorero, cualquiera que sea su especialidad, se apoya en objetos y procesos con virtudes mágicas: usa pintura corporal, capas y abanicos; espinas de maguey, navajas de obsidiana, el ayauhchicahuaztli o divina sonaja, cuyo sonido produce la lluvia, etc. De todas las personalidades relacionadas con la magia, la medicina y la hechicería, el nahualli o brujo, fue y sigue siendo actualmente, uno de las más importantes. Ellos son seres que tienen el poder de esconderse bajo la apariencia de un animal.

CURANDEROS

Los curanderos, heredados del mundo prehispánico, tienen hoy en día, simultáneamente, las características y funciones de varios personajes de la sociedad indígena antigua: son a la vez sacerdotes, pedidores de lluvia, yerbateros, tlacatecolotl u “hombre búho” y nahuales.

Generalmente son muy respetados en sus comunidades y ejercen su profesión como una vocación de servicio y no como un mecanismo para adquirir riqueza y poder.

LA ADIVINACIÓN EN EL MUNDO PREHISPÁNICO (TLAPOALIZTLI)

El medio más empleado era la inducción del sueño mediante la ingestión de alucinógenos, especialmente el peyote, el teonanácatl u hongo divino y el tlápatl (planta psicotrópica).

Estas plantas son consideradas seres divinos y su ingestión es, por lo tanto, un acto de “canabalismo ritual”: el adivino se come al Dios para convertirse, durante un momento, en él. Mientras está en estado divino, posee la omnipotencia y omnisciencia necesarias para diagnosticar. Desde luego, el acto de comerse al Dios, es un acto peligroso y arriesgado y el médico tiene que estar preparado, tanto en conocimiento como en experiencia, para soportarlo.

VATICINIO (TETZAHUITL)

Para los aztecas, la capacidad de pronosticar era indispensable y desde el nacimiento era una de las variables más relevantes para determinar el futuro del individuo; sin embargo, el futuro era modificable, y contra un destino nefasto, se podían aplicar medidas para mejorarlo. De la misma manera, las malas acciones podían hacer que un destino estupendo perdiera su condición positiva. La gran diferencia entre el prónostico en el mundo americano antes de la conquista y el mundo occidental, es su sentido dinámico y su condición “reversible”.

Antes como ahora, es tan importante identificar la enfermedad y su cura, como su pronóstico, ya que el desarrollo favorable o desfavorable del paciente, es lo más importante para él y para su familia. Las técnicas de diagnóstico y pronóstico son muchas, pero la más socorrida es la de “echar los granos de maíz”.



HISTORIA Y EVOLUCIÓN DE LA MEDICINA EN LA NUEVA ESPAÑA

El dogma católico divide la personalidad humana en dos partes: el cuerpo y el alma. El cuerpo es la parte perecedera y material del hombre; el alma es lo inmortal, lo que al morir el cuerpo, puede acceder al cielo donde será juzgada según sus obras y consecuentemente, terminará o en el infierno para recibir castigo, o en el purgatorio para limpiar sus culpas o en el paraíso, donde descansará en placidez eterna.

Las almas que van al cielo o al infierno no mudarán, mientras que aquéllas a las que se les da la oportunidad de “purgar” sus deudas, podrán acceder al paraíso con la valiosa intervención de sus parientes vivos que orarán para que la Virgen y los santos intercedan por ellos. Las del purgatorio son las ánimas en pena. Ellas bajan a la tierra, materializándose en forma de aparecidos, visiones o fantasmas, para recordarle a los vivos que tienen necesidad de oración y penitencia; o para que un pecador sepa, mientras le arroja piedras en el techo de su casa, que prontó le llegará también su turno de abandonar este “valle de lágrimas”.

La división entre cuerpo y alma implica, simultáneamente, una dicotomía entre lo racional o natural (material) y lo sobrenatural o preternatural (espiritual). Todo pensamiento occidental responde a las dos categorias (espíritu y materia) y por lo tanto, la medicina tiene también en cuenta esta separación. La medicina medieval demuestra la veracidad de este postulado al considerar de manera diferente la “medicina aúlica”, enfocada a lo científico y racional y la “medicina callejera”, que centra la interpretación y tratamiento de la enfermedad en aspectos religiosos y emocionales.

Durante la Edad Media, la medicina de Hipócrates y Galeno resultaban demasiado “científicas” para la gente, ya que la mente y la vida humana, estaban sostenidas en la religión y apoyadas en la fe. Esto hacía que la enfermedad fuera patrimonio de la divinidad y obviamente, el tratamiento y diagnóstico estuvieran llenos de fórmulas mágicas y oraciones.

Al mismo tiempo, el mundo árabe disponía de otras actitudes de pensamiento y, tanto Avicena como Ar-Razí, lograron aplicar a la medicina la sabiduría greco-romana, de tendencia absolutamente científica y racional. La presencia de los árabes en España durante las Cruzadas, la Reconquista, el Renacimiento y la fundación de las Universidades, le devolvieron al mundo occidental la sabiduría de los antiguos y con ello, se abrió la puerta del estudio de la medicina y del hombre, desde una perspectiva más racional y científica. Durante el Descubrimiento y la Conquista de América, éstas eran las condiciones que prevalecían en el pensamiento español, por lo tanto, con los peninsulares llegó también una visión de la enfermedad que era explicada tanto desde la irracionalidad de la fe como desde la observación y el experimento científico. En esta convivencia conceptual, las causas de las enfermedades se explican como castigos que Dioses o Demonios infligen a los hombres, sin abandonar del todo la anatomía o la cirugía.

En este sentido, podemos citar varios ejemplos interesantes: El “Tratado de los monstruos y de los Prodigios”, de Ambrosio Paré, le dedica un capítulo a los procesos de brujería, a los hechiceros vengativos y a las posesiones demoniacas. Por su parte, la Iglesia Católica no estimula el desarrollo de la ciencia médica, y en 1163 prohibe a los eclesiásticos realizar operaciones quirúrgicas delegando “tan horrendos menesteres” a los barberos.

Para los españoles provenientes de ese mundo, lleno de limitaciones intelectuales y rebosante de temores y supersticiones, los médicos que encontraron en el Anáhuac les resultaron gratamente sorprendentes.

Del sincretismo creado en el encuentro de las medicinas occidental e indígena, surge una nueva medicina en la que, tanto las causas naturales como las prenaturales son responsables de las dolencias y de la muerte del hombre; de modo que alguien podría enfermar o fallecer, víctima de una enfermedad causada por un maleficio o un mal estríctamente físico.

La medicina más científica quedó reservada durante la Colonia a las altas esferas del poder, y al resto siempre se le trató por medio de prácticas de salud menos ortodoxas.

La medicina, llena de superstición, requiería de objetos mágicos y poderosos que ayudaran a aliviar a los enfermos. Éstos, desde luego, debían estar acompañados de oraciones y mucha fe.

DESHECHIZAMIENTO

Aunque la iglesia ve el hechizamiento como obra del Demonio, considera apropiado que se emprendan acciones en su contra, ya sea por medio de pócimas o bebidas y con la intervención de un hechicero; sea que éste acceda voluntariamente, con dinero o por la fuerza, y por medio de la oración.

La Iglesia tiene un repertorio enorme de oraciones que cumplen como fórmulas específicas al rompimiento de cada clase de hechizo y mal. Las oraciones son curativas y preventivas y además aumentan su efectividad si están apoyadas por ciertos objetos con poderes mágicos especiales. Se dice, por ejemplo, que cualquier persona que porte una oración, encontrada en el Santo Sepulcro de Jesucristo en Jerusalen, nunca morirá accidentalmente en la guerra ni en la cárcel, no sufrirá del corazón, y a las mujeres les asegura que tendrán partos sin problemas ni dolor y que nunca padecerán con sus maridos.

LAS RELIQUIAS

Los sacerdotes y las iglesias se precian de incluir siempre, entre sus tesoros, fragmentos del cuerpo y partes del madero de la cruz en el que murió Jesús y ropa de los Santos. No solamente los poseen, exhiben y coleccionan, sino que han recomendado ampliamente a sus fieles el uso y posesión de estos tesoros para el alivio de muchos males.

LOS EVANGELINOS

Son trozos de papel en los que hay un versículo sagrado impreso, que se envuelve en tela y se cose en la ropa interior del enfermo.

LOS AGNUSDEI (CORDERO DE DIOS)

Son corderos labrados sobre láminas gruesas de cera blanca, las cuales bendice el Papa el año de su elección y después, cada siete años. Se usan en casos especiales para prevenir contratiempos. Por ejemplo, si una mujer está a punto de parir, disuelve en agua tres trocitos de la figura y esto le asegura que no sufrirá ningún contratiempo.

LOS SANADORES

Los sanadores eran personas que estaban en la Gracia de Dios y los Santos, y por eso curaban con el puro contacto de su saliva o vaho, con el cuerpo del enfermo. Este método de curación, dice el Nuevo Testamento, lo utilizó Jesús cuando puso saliva sobre los párpados de un ciego al que le devolvió la vista.

En la Nueva España, la facultad terapéutica de la secreciones humanas tuvo un ejemplo notable en la ciudad de Puebla de los Angeles: el Santo Tribunal autorizó a los médicos para que usaran los fluidos contenidos en el cráneo de los ahorcados, para tratar los casos más graves de epilepsia.

POSEÍDOS POR EL DEMONIO

La gente llama “endemoniados” a los que, por blasfemar, Dios castiga permitiendo que el Demonio posea su cuerpo y su alma, aun cuando el pecador no haya pactado con él, ni lo haya invocado. La gente poseída sufre malestares y dolencias y, generalmente, son las mujeres jóvenes, en plena edad reproductiva, las que más a menudo dicen estar endemoniadas.

EL EXORCISMO

Ésta es una imprecación contra el Demonio, según fórmulas de la Iglesia. La medicina mística española actuó de manera preponderante en lo que respecta al Demonio y a su intromisión en el cuerpo humano. Cuando el Demonio tiene que elegir un cuerpo para poseerlo, tiende a preferir al de las mujeres. Durante la Edad Media hubo verdaderas epidemias de “demonopatía”.

La táctica para expulsarlo se llama exorcismo y, según la Biblia, el rey Salomón fue quien practicó éste método por primera vez. Según la misma fuente, Jesús y sus discípulos también se ocuparon, en muchas ocasiones, de practicar exorcismos a lo largo de sus viajes por Galilea.

Una medida preventiva contra el Demonio fue el bautizo, ya que, como lo refieren los Evangelios, Jesús dijo a sus discípulos: “El que creyere y fuere bautizado, será salvado.”

Los apóstoles, además de la Gloria, tenían la capacidad de “lanzar demonios en mi nombre [de Jesús], quitar serpientes, y si bebieren alguna cosa mortífera no les dañará; pondrán las manos sobre los enfermos y sanarán”. Los apóstoles le cedieron este poder a los sacerdotes de la iglesia y así, pueden realizar exorcismos.

El exorcismo es un conjuro de tipo imperativo. El sacerdote invoca a Dios y le ordena al Demonio, en Su nombre, que abandone al poseído. Lo primero que le pregunta al Demonio que posee el cuerpo, en latín, es su nombre y la fecha de entrada en el cuerpo de la víctima. Enseguida, se pronuncia el conjuro que expulsa del cuerpo del poseido al Enemigo del Hombre.

Los elementos que apoyan al exorcista son, además de los nombres de Jesús y María, la señal de la Cruz, el uso de reliquias de los Santos, el agua bendita y el “angusdei”. La ceremonia se realiza en la iglesia, con la puerta abierta y, de preferencia, se prohibe la entrada a mujeres. Como lo que más funciona es atormentar al Demonio, el exorcista pone mucha atención en lo que más le molesta, para repetirlo hasta que lo hace huír.

Los signos que demuestran que el Demonio ha abandonado el cuerpo son: el Demonio confiesa que ha salido, se oyen gritos, el poseso queda mucho tiempo tirado en el suelo, vomita o pasa mucho tiempo sin sufrir los síntomas ni ser molestado.
La Iglesia de San Cosme, en Guadalajara, fue una de las más reconocidas porque los exorcistas que prestaban allí sus servicios, eran famosos por la efectividad de sus tratamientos.

LAS EPIDEMIAS

La divinidad posee mecanismos para castigar al alma inmortal pecadora, pero también puede castigar al hombre vivo cuando sus pecados son tales que desatan su cólera. Desde luego, la divinidad, dadas sus características, no podría castigar ni ser víctima de la cólera y lo lógico es pensar que las epidemias y las enfermedades suceden sólo poque son mecanismos que le hacen llegar al hombre un aviso de Su inconformidad, permitiendo que el Demonio le haga sufrir y morir. Ésta es una manera de obligar a los pecadores a recapacitar.


MEDICINA AFRICANA Y AFROMESTIZA EN LA NUEVA ESPAÑA

La mayor parte de los africanos que llegaron en calidad de esclavos a México, provenían del Congo y Guinea.

Para ellos, el ser humano está formado por partes perfectamente distinguibles y separadas: En primer lugar está el cuerpo, que es la parte perecedera del individuo; en segundo, está el principio vital, que mantiene el cuerpo vivo y se concibe como el “aliento”; en tercer lugar está la personalidad, que entre los occidentales se conoce como el “subconsciente”, y es la parte que abandona al cuerpo mientras el hombre sueña o se distrae y en último término, está el “espíritu del muerto”, que es la parte que toma forma cuando al morir es liberado del cuerpo que le sirvió de cárcel durante su tránsito por este mundo.

El alma, una vez que alguien se muere, se convierte en un dios-ancestro revestido de poderes. Los dioses ancestros se llaman “orisha”, “loa” o “vudú”. La familia está integrada, tanto por los miembros vivos, como por los familiares difuntos, quienes están en permanente interacción con éstos. El más antiguo de los difuntos es el miembro más poderoso y sabio del clan. El culto a los antepasados es muy importante en las culturas negras, mucho más que en las europeas e indígenas americanas.

Para la cultura negra, el pecado y la transgresión de los tabúes causan las enfermedades, de manera que, lo primero que debe hacer el enfermo es un análisis de conciencia para saber qué falta cometió y contra cuál de sus ancestros. Definido esto, lo indicado es aplacar su ira y ganarse su buena voluntad mediante ofrendas, oraciones y sacrificios. Mientras eso no se haga, los medicamentos no tendrán ninguna efecto. Las yerbas, polvos y pócimas no son benéficos por sí mismos; sino que son medios empleados por seres invisibles para ejercer su poder.

Además de enfermedades, el hombre puede padecer debido a varios factores: hechizos o magias que se hagan contra él, el influjo negativo que sus propios deseos reprimidos ejercen sobre él y por ansiedad ante la muerte.

DIAGNÓSTICO

El dios-ancestro conoce la naturaleza emocional de la dolencia y la manera de interrogársele es la “posesión mística”. Ésta consiste en que él elige a un miembro de su familia para hablar a través de él, y el elegido solamente tiene dos caminos: aceptar con resignación su condición “temporal” de “médium” o resistirse, en cuyo caso, debe atenerse a que su negativa implique la posibilidad de padecer “locura”.

CEREMONIA DE LA POSESIÓN MÍSTICA

En el momento en el que el dios ancestro posee al individuo, y éste se lo permite, se convierte en yaruba, yawo o woyo, dependiendo del grupo tribal al que pertenezca. El elegido debe someterse a un rito en el que lo rapan y le hacen una incisión en forma de cruz en la cabeza para permitir que el dios entre. Esta ceremonia también se llama bautizo e implica que el hombre abandona su vida anterior para convertirse en intérprete del ancestro, a la vez que tratan de “ligarlos” para que pueda controlarlo. Después de la ceremonia, sigue un largo período de preparación, durante el cual, el iniciado se somete a un código de comportamiento muy estricto que implica frugalidad, abstinencia, castidad, temperancia y trabajo físico extremo; simultáneamente recibe bebidas, pócimas y baños que lo purifican por dentro y por fuera. Todo está encaminado a que el elegido logre “ver y oir” cabalmente lo que el dios que lo ha tomado le revele. El éxito total se alcanza cuando el iniciado puede, por su voluntad o por pedido del médico, invocar la presencia del dios ancestro y servir de enlace entre ambos mundos.

YARUBAS, YAWOS O WOYOS (POSEÍDOS)

El iniciado abandona su familia de origen y pasa a formar parte de la familia del médico o sacerdote. A él le corresponde elaborar los instrumentos, máscaras e indumentaria para las ceremonias mágicas y los ritos; es el encargado de la adivinación, del tratamiento de enfermos y de la preparación de medicamentos; también le corresponde la ejecución de los ritos propiciadores de lluvias y buenas cosechas, la interpretación de los sueños y la lectura de los presagios.

La diferencia entre el médico y el poseso por el dios-ancestro, es que el primero tiene que estudiar, mientras que el otro, obtiene su sabiduría por revelación directa y siempre olvida lo que ha sucedido durante el trance.